SINESIO DE CIRENE
INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
FRANCISCO ANTONIO GARCIA ROMERO
EDITORIAL GREDOS
BIBLIOTECA CLÁSICA CREDOS, 205
Asesor para la sección griega: Carlos García Gual,
Según las normas de la B. C, G, la traducción de esta obra ha sido revi-
sada por Concepción Serrano Aybar.
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1995.
Depósito Legal: M. 16299-1995,
ISBN 84-249-1682-4.
Impreso en España. Printed in Spain.
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1995. — 6766.
CARTAS
INTRODUCCIÓN
1. Breve recorrido por la epistolografía cristiana griega
hasta Sinesio
En estas líneas nos limitaremos a repasar exclusivamente
la producción cristiana griega en este género hasta enlazar
con la figura de Sinesio, cuyo epistolario se convierte en un
claro espejo donde vemos reflejadas sus inquietudes, privadas
y oficiales (como en la correspondencia, sin ir más lejos, del
emperador Juliano), la geografía y la historia de su entorno,
las creencias filosóficas del neoplatónico y las religiosas del
obispo, y muchas cosas más.
Debemos comenzar, en este campo que hemos deslindado,
a partir de las cartas neotestamentarias: las trece paulinas
(con inclusión de la dirigida a Tito y de las dos a Timoteo),
la Epístola a los Hebreos y las siete llamadas «católicas» o
«canónicas» (una de Santiago, dos de Pedro, tres de Juan y
una de Judas). Contamos, luego, con las obras de este
género (auténticas o atribuidas) de los Padres Apostólicos
(Clemente, Ignacio, Bernabé y Policarpo) y, ya en el si-
glo IV, con las de Serapión, las de los grandes capadocios
(Basilio y los dos Gregorios), Eusebio de Cesárea y Juan
10
CARTAS
Crisóstomo1. Es la retórica aticista la que prima en toda
esta producción y seguirá prevaleciendo posteriormente.
Así, y pasando por alto aquellos otros de cuyas cartas no
conservamos nada o casi nada, llegamos a la ingente recopi-
lación (de más de dos mil) de Isidoro de Pelusio y a los
corpora, muy similares en número, de Sinesio y Teodoreto
de Cirro (o Ciro), este último discípulo del pagano Libanio 2,
como también lo eran Teodoro de Mopsuestia y los ya
mencionados Basilio el Grande, Juan Crisóstomo y Gregorio
de Nacianzo, quien fue, por cierto, según parece, «el primer
autor griego que publicó una colección de sus propias car-
tas» 3.
2. El corpus sinesiano
«L'epistolario b certamente Topera piü suggestiva di Si-
nesio: per la varietá, l'immediatezza, l'eleganza» 4. Estas pa-
labras de A. Garzya, extraordinario conocedor y editor de la
obra sinesiana, revelan bien a las claras la importancia de las
ciento cincuenta y seis piezas5 de esta colección que nos
ocupa.
1 Habría que añadir las apócrifas que conservamos: la Carta de los
Apóstoles (s. ii d. C), la Illa los Corintios (anterior al s. m), la Carta a los
Laodicenses (anterior al s. iv) y la llamada Carta de Tito. No poseemos los
originales griegos (aunque tampoco pueden asegurarse en todos los casos).
La correspondencia entre Pablo y Séneca incluye ocho cartas de este último
y seis del apóstol en respuesta, que fueron escritas en latín en el s. m o
antes.
1 De quien conservamos, por cierto, más de mil seiscientas cartas.
3 Cf. Quasten, Patrología II, pág. 273. Incluso propone, en sus Cartas
51 y 54, cuatro características exigibles: brevedad, claridad, gracia y simpli-
cidad.
« Ed. Garzya, 1989, pág. 13.
5 El mismo número para Migne, pero ciento cincuenta y nueve en la
edición de Hercher, por incluir éste al final tres cartas apócrifas (aunque
INTRODUCCIÓN
11
No hace falta insistir en que el epistolario encierra un
tesoro inapreciable de datos sobre la propia personalidad
del obispo, sobre sus concepciones en materia de filosofía y
religión, sobre las circunstancias históricas del Bajo Imperio
y, en particular, de la Pentápolis líbica; en una palabra,
sobre su vida.
Más de cuarenta son los destinatarios 6; el más frecuente,
su hermano y, diríamos, amigo íntimo, Evoptio. Casi las dos
Terzaghi defendía la autenticidad de la 159 en «L'Epistola 159 di Sinesio»,
Rendiconti Acc. Lincei 26 [1917], 624-633).
6 Cf. índice I de destinatarios de las Carias. Las cartas remitidas a
Hipatia nos muestran a un Sinesio muy nostálgico de su etapa de estudios
alejandrina y de las enseñanzas y compañía de su veneradísima maestra.
Hipatia prácticamente aparece ya con esa aura legendaria, casi divina (cf.,
por ejemplo, C. 10, 11: «... tu alma divinísima...»), que la nimbará a partir
del epigrama atribuido a Páladas [Antología Palatina IX 400; cf. Rist,
«Hypatia», Phoenix 19 (1965), 214-225; y ed. Garzya, 1989, pág. 9, n. 2] y,
ya en los siglos xix y xx, en Ch. Kinosley (Hypatia or New Foes with an
Oíd Face), W. A. Meyer (Hypatia von Alexandria) y M. Luzzi (Libro di
Ipazia). Contamos, además, con el reciente y original estudio de G. Beretta,
Ipazia d'Alessandria, Milán, 1993. No nos resistimos a incluir aquí unos
brevísimos fragmentos del poema titulado La muerte de Hipatia de E.
Ferrari (tomados de La ilustración española y americana, año XXXIII,
núm. 1, Madrid, 8 de enero de 1889, págs. 11 y 14):
Entre aquel bullicioso clamoreo
De franca admiración que por doquiera
Resonando de Hipatia en la carrera
Sigúela hasta las puertas del Museo...
Ven con ira y terror cómo á la magia
De aquella voz divina,
Eco de un mundo cuyo fin presagia,
La veleidosa turba alejandrina...
En tanto, grave, como nunca bella,
Ya en el lugar acostumbrado ocupa
Puesto eminente la gentil doncella,
12
CARTAS
terceras partes del corpus tocan temas privados (la 56 y la
136, por ejemplo, son un reflejo de la decepción que le causó
Atenas), aunque sus líneas de carácter particular se transfor-
man a veces en una verdadera «carta abierta», como en el
caso del riquísimo testimonio contenido en la 105, donde
Sinesio expone con absoluta sinceridad su postura ante la
elevación al episcopado (y cf. C. 1 1). Un número considerable
de epístolas (41, 78, 122, 130, etc.) se reserva o alude a la
transcendente cuestión de la lucha contra los bárbaros y
otras a los asuntos eclesiásticos, incluidas entre ellos la
primera excomunión formal de la historia de la iglesia (la
del praeses Andronico en las Cartas 41 y 42) o sus palabras
contra la herejía eunomiana o arriana (en la 4, 66 y 128). A
todas éstas se añaden las qué contienen variados y curiosos
cuadros de la realidad cotidiana.
Su correspondencia se extiende desde la última década
del siglo IV hasta el año presumible de su muerte, el 413. Es
evidente que no fue nuestro autor el encargado de publicar
sus cartas. Sólo la intervención de un editor postumo 7 explica
ciertas incoherencias 8 y la falta de un orden cronológico o
de otro tipo9. Este editor sólo se habría preocupado de
«respecter la versión authentique» 10, seleccionando de entre
Mientras en torno de ella
El haz de sus discípulos se agrupa...
También Castelar elogió a Hipatia en sus grandiosos discursos en el
Ateneo.
7 «L'exécuter testamentaire de l'évéque», escribe Lacombrade (ed. Him-
nos, pag. XLIV). Cf. Seeck, «Studien zu Synesios», Phihlogus 52 (1893),
442-483.
8 Cf. Cartas 41, 63, 64, 82, 84-86, 119.
9 Sólo en las Cartas 137-146, dirigidas a Herculiano, observamos un
cierto orden.
10 Cf. Lacombrade, loe. cit.
INTRODUCCIÓN
13
una colección más amplia", recogida quizá dentro de ese
diario privado que menciona el propio Sinesio n.
3. Su influencia
De la admiración que la posteridad sintió por «el encanto
de sus cartas» 13 hemos hablado en otro lugar. Por su estilo
ático característico, por sus cualidades intelectuales y espiri-
tuales Sinesio se convirtió en una verdadera autoridad y, así,
en época bizantina y postbizantina su obra y, en especial, su
epistolario constituye todo un «best seller» ,4. Pruebas irrefu-
tables de ello son el gran número de manuscritos 15 conserva-
dos (doscientos sesenta y uno) y las abundantísimas citas de
las Cartas que pueden leerse en más de cincuenta autores
desde el siglo V al XVI. Nos limitaremos a nombrar a Juan
Filópono, Hierocles, Páladas, Pablo Silenciario (estos dos
últimos en la Antología Palatina), Proclo, Esteban de Bi-
zancio, Nicetas Magistro, Teofilacto, Miguel Pselo (quien
escribió, por cierto, más de quinientas cartas), Eustacio de
Tesalónica, Miguel Itálico, Eustacio Macrembolites, Teodoro
Pródromo, Juan Tzetzes, Nicéforo Grégoras, Jorge Lacapeno,
Teodoro Metoquites y Tomás Magistro, entre otros mu-
11 Cf. Quasten, Patrología II, pág. 120.
12 Las ephemerides de la Carta 5, 259 y del tratado Sobre los sueños 153
a. Para la existencia de variantes de autor, cf. ed. Garzya, 1989, pág. 60,
n. 2.
13 Cf. nuestra Introducción general (II. Sinesio y la posteridad) en el
tomo Sinesio de Cirene, Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993.
14 Como se lo califica en ed. Garzya, 1989, pág. 60.
15 Un completísimo estudio sobre el texto, códices y ediciones puede
encontrarse en A. Garzya, Synesii Cyrenensis, Epistolae, Roma, 1979.
Hemos hecho un resumen en nuestra Introducción general (III. l.c) Cartas)
en el tomo citado de la BCG.
14
CARTAS
chos 16. También es importante su presencia en la lexicografía
(Hesiquio, Suidas, Etymologicum magnum, Zonaras, etc.)
y, luego, en los humanistas, como Poliziano, Erasmo y
Rabelais
Podríamos detenernos aún en los numerosos escolios
existentes, históricos, geográficos, gramaticales, etc. (publi-
cados por A. Garzya 18), las glosas, las paráfrasis o los co-
mentarios, testimonios seguros todos ellos de su influencia.
4. El texto de nuestra versión
Hemos seguido la edición (y la numeración de líneas) de
A. GARZYA, Opere di Sinesio di drene. Epistole, Operette,
Inni (Turín, 1989) 19, que para las Cartas reproduce el texto
de A. Garzya, Synesii Cyrenensis Epistolae (Roma, 1979),
cuyo aparato crítico manejamos. Traducimos también las
indicaciones de lugar y fecha que, por lo general, encabezan
las cartas.
16 Para un registro detallado de obras y autores, cf. A. Garzya, ibid.,
págs. 319-330 (Index auctorum, qui Synesii Epístolas laudaverunt).
17 Poliziano, Cartas VI 50; Erasmo, Adagios 1599; Rabelais, Panta-
gruellV 32 (en Sinesio, Cartas 1, 15 s.; 3, 22).
18 Cf. ed. Garzya, 1989, pág. 63, nn. 2-4.
19 Incluimos en la bibliografía la reciente edición (con traducción y
comentario) de los Himnos (1991) de Gruber y Strohm (Reseñas: J. G.
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1
A NICANDRO
Desde drene a Constantinopla
Como a hijos engendré yo mis libros ': unos nacieron de
la venerabilísima filosofía y de la que habita en el mismo
templo que ella, la poesía2; otros, de la retórica popular3.
Pero cualquiera podría reconocer que todos tienen un solo
padre, que unas veces se inclina a lo serio y, otras, a lo
placentero. A qué grupo pertenece el presente libro4 lo re- 5
velará su argumento. Por mi parte goza de un cariño tan
especial que con muchísimo gusto lo incluiría en lo filosófico
1 Cf. Platón, Fedro 278 a, Banquete 177 d, 210 a; Aristóteles, Ética
a Nicómaco 1168 a 1 ss.; Miguel Pselo, Carta a Juan Jifllino, etc.
2 «II est significatif que, comme les premiers philosophes de la Gréce,
les néo-platoniciens des IV8- Ve s. aient jugé indissociables philosophie et
poésie» (Lacombrade, ed. Himnos, pág. XII, n. 2). Nicandro, a quien va
dirigida la carta, era, al parecer, un poeta de prestigio: cf. C. 75, 2 y 11.
3 Sobre filosofía y retórica son interesantes las palabras de Sinesio en
el Dión 35 a ss. (capít. I).
4 Se trata, como lo confirman los escolios, del Elogio de la calvicie (que
es un ejercicio retórico y sofístico), compuesto alrededor del 396. Cf. la
Carta 74, 1.
20
SINESIO DE CIRENE
y lo aceptaría entre mis legítimos descendientes. Pero esto se
niegan a permitirlo incluso las leyes del estado, pues son
10 acérrimas protectoras de la nobleza de nacimiento. Posee,
aun así, todas las ventajas que yo haya podido concederle a
escondidas y le he aportado mucho de seriedad.
Pues bien, si te parece, dales a conocer el libro a los
griegos y, en el caso de que voten en su contra, devuélvelo al
15 remitente. Pues aseguran que las monas, cuando han parido,
fijan la vista en sus crías como en estatuas, admiradas de su
hermosura — tan amantes de sus hijos son por naturaleza — ,
mientras que a las crías de las demás las ven como lo que
son, monitos 5. A otros, entonces, se les debe encomendar el
que enjuicien nuestras producciones, pues la benevolencia
tiene una prodigiosa capacidad para amañar los votos 6. Por
2o eso, Lisipo le enseñaba a Apeles 7 sus obras y Apeles a Lisipo.
2
, A JUAN8
La mayor liberación de los temores consiste en temer las
leyes; tú, sin embargo, siempre te has avergonzado de parecer
s No pocos autores bizantinos imitarán este pasaje (cf. aparato de
referencias en ed. Garzya, 1979, pág. 4). Y, ya en los ss. xv y xvi, cf.
Poliziano, Cartas VI 50, y Rabelais, Pantagruel IV 32.
6 Es decir, para falsear nuestras opiniones. Esta expresión va en conso-
nancia con la empleada mas arriba («en el caso de que voten en su contra»),
7 Lisipo fue uno de los más célebres escultores del s. IV a. C. (junto con
Praxíteles y Escopas), retratista de Alejandro Magno; y Apeles, un gran
pintor de finales del s. IV y principios del m (posterior, por tanto, a Parrasio
y Zeuxis), que también trabajó para Alejandro.
8 Cabe identificarlo con el destinatario de las Cartas 43, 63 y 64.
CARTAS
21
temeroso de ellas. En consecuencia, ten miedo de tus enemigos
y, junto con ellos, de los jueces, siempre que éstos no obren
furtivamente 9. Y, aun cuandó así obren, deberás mostrarte
no menos precavido, no vayas a ser tú el que más pague; 5
pues resulta que están defendiendo las leyes incluso cuando
aceptan a los corruptores 10.
■ 3
A SU HERMANO EVOPTIO 11
Dos días después del entierro de Esquines vino por pri-
mera vez su sobrina a visitar la tumba — pues no es costum-
bre, creo, que las novias ya prometidas salgan para un
funeral12 — , pero, incluso en esa ocasión, con un vestido
púrpura, una mantellina transparente y adornos de oro y
piedras preciosas que colgaban alrededor, a fin de no cons- 5
tituir un fatídico presagio para su prometido. Pues bien,
sentada en una silla de manos con cojines a uno y otro lado
para apoyar la cabeza y, según dicen, patas plateadas, no
hacía sino quejarse de la inoportunidad de aquel azar, con la
idea fija de que aquél debería haberse muerto o antes aún o
ya después de su boda, y se enojaba con nosotros por la
9 Es decir, a menos que sean corruptos.
10 Misthodótas en el original, «a los que dan una paga».
11 Preferimos esta transcripción a «Evopcio».
12 Ya las leyes de Solón (cf. Pseudo-Demóstenes, Contra Macártato
XLIII) ponían ciertas limitaciones a la presencia de mujeres en la casa del
difunto o en la comitiva fúnebre. El luto exigía el color negro o gris, aunque
también tenemos noticias de atuendos blancos.
22
SINESIO DE CIRENE
desgracia que sufríamos. Así que esperó apenas una semana,
10 hasta el día en que celebramos el banquete fúnebre 13 , se
montó con esa vieja chicharra, nodriza suya, en un carro
tirado por mulos y, a media mañana 14, marchó pomposa
con todos sus atavíos en dirección a Teuquira'5 con la
intención, sin duda, de venir de regreso una semana después
15 cubierta con cintas y una corona mural, como Cíbele 16.
Y no es que estas cosas nos ofendan, salvo el hecho muy
claro de que tenemos unos parientes demasiados faltos de
tacto. El ofendido es Harmonio, el padre del «guardián de la
puerta», como diría Safo17, un hombre que fue, por lo
20 demás, sensato y modesto en su vida, pero sin dejar nunca de
competir en nobleza con Cécrope 1S. A la nieta de aquél, un
varón, como él era, superior a Cécrope, la entregó Herodes,
tío y guardián suyo, a Sosias y Tibios a menos que no
13 Solía tener lugar después del entierro en casa del pariente más
cercano (cf., por ejemplo, Demóstenes, XVIII 288). Al menos en época
clásica y postclásica, también se celebraban ritos fúnebres los días tercero
(ta tríta), noveno (ta énata) y trigésimo (ta triakóstia) después del funeral,
y luego cada año. Petau, en sus notas a las Cartas de Sinesio (ed. 1612,
págs. 45 s. del apéndice de notas), trae a colación los siete días de luto
prescritos por las Sagradas Escrituras (Eclesiástico 22, 12; Génesis 50, 11).
14 En el original, la conocida expresión griega plethoúsés agorás: «cuando
el ágora estaba llena».
15 Hoy Tocra, al oeste de Ptolemaida (Tolmeitia en la actualidad).
16 Pyrgophóros, lat. turrigera o turrita (cf., por ejemplo, Propercio,
III 17, 35; IV 1 1, 52), por la corona almenada o mural con que se representa
a esta diosa (el adjetivo también se aplica a Rea y a Deméter).
17 Cf. Safo, Fr. 110 (a) Lobel-Page, versos referidos a un novio (cf.,
también, el Fr. 111 L.-P.).
18 Mítico primer rey (o quizá primer hombre) de Atenas. La «tierra
cecropia» es el Ática (cf. Euripídes, Hipólito 34).
19 Típicos nombres de esclavos (cf., por ejemplo, Teofrasto, Caracteres
XXVIII 2) con que se aludía a gente de baja estofa: cf. Erasmo, Adagios
1599.
CARTAS
23
tengan razón quienes nos encarecen al novio con respecto a
su filiación materna, asignándole una genealogía proveniente
de la famosa Lais. Lais — ya lo refirió un historiador 20 — era 25
una esclava hicaria comprada en Sicilia y de ella descendía
esa madre de bellos hijos21, la progenitora de nuestro cele-
brado novio. Ella, tiempo atrás, fue concubina de un arma-
dor, que era su amo; luego de un rétor, también amo suyo;
en tercer lugar, después de éstos, de un compañero de escla-
vitud, tanto a escondidas de la ciudad, como, posteriormente, 30
coram populo, y fue una eminencia en ese arte. Cuando por
culpa de sus fofas arrugas dejó el oficio, instruía a las
jóvenes y se las presentaba, en vez de sí misma , a los
forasteros. Su hijo, en efecto, el orador, asegura que está
exento de la imposición legal de mantener a su madre pros-
tituta como es. ¡Déjate de leyes! Que para quienes han
nacido así la madre está a la vista; es el otro progenitor el
que se presta a discusión. Por eso, todo aquello a lo que 35
para con ambos están obligados los nacidos legítimamente,
se lo deberían hacer llegar a sus madres los hijos sin padra
conocido.
20 Según Plutarco (Nicias 15, 4) la hetera Lais nació en Hícara (Sicilia),
fue vendida como esclava (tras la victoria de Nicias en Siracusa) y llevada
al Peloponeso (concretamente a Corinto, en Pausanias, II 2, 5). AJcibíades
fue uno de sus amantes. También es célebre otra cortesana del mismo
nombre, nacida en Corinto (cf. Ateneo, IV 137 d), entre cuyos amantes se
contaba Aristipo de Cirene (cf. Plutarco, Sobre el amor 750 d), que
escribió un A Lais (cf. Diógenes Laercio, II 75 y 84 s.). A menudo los
textos no las distinguen: cf., por ejemplo, Antípatro, Antología Palatina
VII 218; Propercio, II 6, 1.
21 Sinesio emplea el adjetivo kallipais, principalmente utilizado en
poesía.
24
SINESIO DE CIRENE
4
A LOS SACERDOTES
A los sacerdotes de la Pentápolis. Desde Ptolemaida.
Contemporánea de la C. 44
«Mejor es confiar en el Señor que confiar en un hom-
bre»22. Oigo decir23, sin embargo, que los secuaces de la
impiadosísima herejía de Eunomio, poniendo por delante a
uno de nombre Quintiano y ese valimiento en la corte 24 que
5 ellos tanto repiten, están de nuevo amancillando a la
Iglesia y que algunos falsos maestros 25 les están tendiendo
un lazo a las almas de los demasiado inocentes: para indu-
cirlos a esto mismo han arribado hace poco los emisarios de
Quintiano. Su litigación, en efecto, no es sino un disfraz de
su impiedad, o, más bien, una lucha en pro de la impiedad.
Así que, estos presbíteros espurios, recién llegados apóstoles
ío que son del diablo y de Quintiano, no vayan a saltar, sin
darnos cuenta, sobre el rebaño que pastoreáis ni, sin daros
cuenta, vayan a sembrar cizaña en medio del trigo 16 . A la
vista de todos están sus guaridas. Sabéis qué campos podrían
acogerlos. Sabéis qué casas tienen abiertas estos bandidos.
22 Salmos 118 (117), 8.
23 Quizá se trate de una alusión a Isidoro de Peluso, Carta 1241
(dirigida a Sinesio): cf. ed. Garzya, 1989, pág. 71, n. 2. Eunomio, obispo
de "Cícico, en Frigia (360 d. C), fue el principal defensor de la herejía
arriana de los anomeos (del gr. anómoios, porque, para ellos, el Hijo era de
naturaleza diferente a la del Padre).
24 El término stratópedon no es aquí el campamento, sino el palacio o
la corte (como en Juliano, Carta 46): cf. C. 110, 13; 118, 2; 127, 7.
25 Cf. 2 Pedro, 2, 1.
26 Cf. Mateo, 13, 25.
CARTAS
25
Perseguid a estos ladrones husmeando su rastro, sed celosos 15
de esa bendición mosaica27 con la que fueron bendecidos los
hombres que movieron su corazón y sus brazos para avanzar
en formación contra los impíos. Conviene, hermanos, que
os diga esto: que lo bueno se haga bien, que se suprima la
rivalidad por el lucro, que de todo lo que se emprenda sea
Dios el motivo. No deben ser los mismos los cimientos de la 20
virtud y el vicio. En pos de la piedad es la carrera, por las
almas28 hay que luchar, para que de ninguna sea despojada
la Iglesia, cosa ésta que ya se ha hecho costumbre. El que,
estando al frente de la Iglesia, engrosé su bolsillo y el que,
bajo la apariencia de ser útil en situaciones que exigen
medidas drásticas, se procure valimientos, ése es al que 25
nosotros expulsamos de la comunidad cristiana. No hizo
Dios imperfecta la virtud. No necesita ella aliarse con el
vicio. A Dios no le faltarán soldados idóneos para las iglesias.
Encontrará aliados que aquí no tendrán paga, pero que en
el cielo recibirán su paga completa: sois vosotros. Bien está
tanto unirse en oración con quienes van por el camino recto
como imprecar a los transgresores. Así pues, quien flaquee 30
y se rinda traidoramente y quien salga a la confrontación
pero con vistas a apoderarse de algo ajeno, que no quede sin
culpa ante Dios. Una sola cosa trasladad al centro de vuestra
atención: a esos banqueros perversos que falsifican el dogma
divino como si fuera moneda, sacadlos a la luz. Dejadles
claro a todos quiénes son. Y, luego, con tal descrédito, que 35
salgan de las fronteras de Ptolemaida, llevándose intacto 29
todo lo que con ellos ha venido.
27 Cf. Números 25, 10 ss.; 31, 13 ss,
28 «De los fieles», se sobreentiende.
29 Ameiagdgéton: «no colocado en la balanza», «no tocado» (el verbo
meiagógéa, designa el hecho de poner sobre el platillo de la balanza el
cordero destinado al sacrificio).
26
SINESIO DE CIRENE
El que obre en contra de esto sea maldito ante Dios.
Quien vea una reunión impía y haga la vista gorda o quien
oiga y haga oídos sordos o quien con afán de lucro se deje
40 corromper por aquéllos, a ésos nosotros ordenamos que se
les trate como a los amalecitas 30, cuyos despojos no era
lícito traerse. De quien los cogió, Dios dice: «Me pesa haber
hecho rey a Saúl» 31 . Que respecto a vosotros, en cambio, no
tenga nada de lo que apesadumbrarse; al contrario, que sin
ningún pesar32 Dios se preocupe de vosotros y vosotros os
preocupéis de Dios.
5 "
A SU HERMANO
Desde el puerto Azario a Alejandría,
28 de enero o mayo del 402
Zarpamos del Bendideo33 antes del amanecer y casi a
medio día pasamos de largo el Mírmex de Faros 34, después
30 Cf. 1 Samuel, 15, 18 s.
31 1 Samuel, 15, 11 (Sinesio escribe metamemélemai en vez del para-
kékUmai de los LXX).
32 En estas líneas nuestro autor juega con los verbos meíaméló y méló
(cf., también, la n. anterior). Nuestra traducción intenta reflejarlo.
33 Había en el puerto de Alejandría un santuario de la diosa tracia
Bendis (identificada con Ártemis), como también en el puerto ateniense del
Pireo, según Jenofonte, Helénicas II 4, 11 (cf. Platón, República 327 a).
34 Además del que se encontraba en las inmediaciones de Faros (cf. Od.
IV 355: la isla del célebre faro de Ptolomeo Filadelfo situada frente a la
ciudad de Alejandría y posteriormente unida a ésta por un malecón),
CARTAS
27
de que nuestra nave encallara dos o tres veces en el fondo del
puerto. Ya desde el primer momento, pues, esto parecía un
mal augurio y hubiera sido prudente desembarcar de una
nave a la que, desde su misma arrancada, no favorecía la 5
buena suerte, pero sentimos vergüenza de que por vuestra
parte se nos acusara de cobardía y, por eso, «ya no era
posible en modo alguno ni retroceder por miedo ni reti-
rarse» 35. Así que, en el caso de que algo nos ocurra, perece-
remos por culpa vuestra. Y, sin embargo, ¿tan terrible hubiera
sido que vosotros os rierais mientras nosotros quedábamos
fuera de peligro? Pero, en Epimeteo —dicen—
previsión no había, arrepentimiento es lo que sí había16 10
como en nosotros. Y es que entonces se nos hubiera permitido
salvarnos; ahora, en cambio, «lloramos a coro» 37 en playas
desiertas, mirando, en lo posible, hacia Alejandría y hacia
nuestra madre, Cirene: una de ellas la teníamos y la abando-
namos; la otra no podemos encontrarla, tras haber visto y
sufrido lo que «ni siquiera en sueños» 38 hubiéramos esperado. 15
Para que no te pases todo el tiempo divirtiéndote, escucha,
pues, primero, cuál era la situación en lo relativo a los
también se conoce, por ejemplo, el Mfrmex (myrmex, «escollo») de la costa
de Tesalia (entre Esciato y Magnesia: cf. Heródoto, VII 183) y el de
Esmirna (cf. Plinio, Hist. Nal. V 119).
* //. VII 217.
36 Trágica Adespota 564 f Kannicht-Sneix. De nuevo se contraponen
en el original los verbos mélein y metamélein (cf., arriba, n. 32). Para
Epimeteo, cf. Hesíodo, Teogonia 511 s., Trabajos 85 ss.
37 Cf. Aristófanes, Caballeros 9; Gregorio de Nacianzo, Discursos
XIV 13.
38 Cf., por ejemplo, Demóstenes, Discursos XIX 275.
28
SINESIO DE CIRENE
tripulantes. El patrón deseaba morirse, de endeudado que
estaba. De los doce marineros allí presentes — eran trece con
20 el piloto — , más de la mitad y también el piloto eran judíos,
pueblo desleal a cualquier pacto39 y convencido de estar
obrando piadosamente cada vez que causan la muerte del
mayor número de griegos posible. El resto era una chusma
de campesinos que el año pasado aún no habían cogido un
remo. Éstos y aquéllos tenían algo en común: el estar total-
mente lisiados al menos en una parte de su cuerpo. Y, por
eso, cuando ningún peligro nos amenazaba, todos hacían
25 chistes y se llamaban unos a otros no por sus nombres sino
por sus taras: el cojo, el hernioso, el manco, el bizco. Cada
cual tenía una señal distintiva, cosa que nos proporcionaba
no poca «diversión». Pero en los momentos de apuro ya no
reíamos sino que nos lamentábamos por esos mismos moti-
30 vos, siendo como éramos más de cincuenta pasajeros, la
tercera parte aproximadamente mujeres, en su mayoría jó-
venes y de hermoso aspecto. Pero no nos envidies, pues nos
separaba cual muro una cortina, y muy recia que era: un
trozo de vela desgarrado no hacía mucho, toda una «muralla»
de Semíramis''0 para hombres de templanza. Quizá hasta
Príapo 41 se hubiera templado al navegar con Amaranto 42,
35 puesto que no había ocasión en la que nos dejara librarnos
del temor al peligro supremo. Él, en primer lugar, una vez
39 Sobre la infidelidad como característica de los judíos, cf,, por ejemplo
(aparte de la controversia antijudaica del Diálogo con Trifón de Justino),
la Carta de Bernabé XIV 1 ss., y Cirilo de Alejandría, Cartas pascuales
I, IV, X, XX, etc.
40 Es decir, un lugar inexpugnable. La expresión es afín a la de «muralla
de Jericó» (cf. Josué, 6, 5 y 20).
41 Dios itifálico del campo y la fertilidad.
42 El patrón de la nave.
CARTAS
29
que doblamos el emplazamiento de vuestro santuario de
Posidón43, arrancó a toda vela con el propósito de navegar
en dirección a Tafosiris 44 y de desafiar a Estila45, ésa que en 40
las composiciones escolares es objeto de aversión. Pero, al
comprenderlo nosotros, comenzamos a prorrumpir en gritos
y él desistió de emprender aquel combate naval contra los
escollos, aunque a la fuerza y de mala gana y no antes de que
ya nos encontráramos al mismo borde del peligro.
Entonces dio la vuelta, como por un repentino cambio
de opinión, y se lanzó hacia alta mar, exponiéndose, mientras
pudo hacerlo, al embate de las olas. Pero, luego, vino a 45
coadyuvar un impetuoso viento del sur, con el que pronto
perdimos de vista la tierra y también pronto nos encontramos
entre esos cargueros de dos mástiles 46 que no tienen ninguna
necesidad de nuestra parte de Libia sino que navegan por
otra ruta. Y, como nosotros nos quejábamos y llevábamos
muy a mal el estar tan alejados de tierra, Amaranto, cual
nuevo Jápeto 47, de pie en el puente profería, al modo trágico, 50
las más violentas imprecaciones. «¡No, no volaremos! — de-
cía— , pero, ¿cómo podría alguien manejarse con vosotros,
que desconfiáis tanto del mar como de la tierra?» «Si con
éstos ese alguien supiera manejarse bien, ¡Amaranto, el
perfecto! — le replicaba yo — , no habría desconfianza. Nin-
43 Posiblemente se encontraba en el extremo oeste de la isla de Faros.
44 La «Tumba de Osiris» (así en Plutarco, Sobre Isis y Ósiris 359 c),
localidad cercana a Alejandría (cf. Estrabón, XVII 14).
45 Monstruo con pecho y cara de mujer y con seis cabezas de perro y
doce patas que le salían de la cintura (cf. Od. XII 89 ss., 234 s.). Estaba
situada enfrente de Caribdis (en el estrecho de Mesina, según la tradición).
46 Meta ton holkádón... tón diarménón (Pétau: «ad actuarías binis velis
instructas»): cf. C. 130, 39, y Plutarco, Marcelo 14 (holkás triármenos).
47 Uno de los Titanes, padre del famoso Prometeo.
30 SINESIO DE CIRENE
55 guna falta nos hacía Tafosiris, 'vivir sí que nos hacía falta'48.
Y, ahora — le seguía diciendo — , ¿qué falta nos hace ir por
alta mar? ¡Venga! Naveguemos en dirección a la Pentápolis,
alejándonos de tierra sólo moderadamente, a fin de que, si
topamos con alguna adversidad, lo que es, por cierto, propio
del mar —y, por supuesto, imprevisible, como también decís
60 vosotros — , algún puerto cercano pueda acogernos». Pero
no lograba convencerlo con estas palabras; el maldito se
hacía el sordo. Y fue así hasta que saltó un fuerte viento del
norte que, levantando un oleaje alto y quebrado, se abatió
sobre la vela hinchándola en sentido inverso: de convexa
que estaba la puso cóncava y la nave llegó a empopar casi
hasta voltearse.
65 Pues bien, a duras penas la enderezamos y Amaranto
con un quejido grave exclamó: «¡Esto es dominar el arte de
la navegación49!». Y es que él, según dijo, desde mucho antes
estaba a la espera de recibir el viento de esa parte y de ahí
que navegara por alta mar. Y añadió que en aquel momento
ya sólo quedaba avanzar con rumbo oblicuo50, porque la
distancia a la que nos encontrábamos nos daba la posibilidad
70 de prolongar la travesía; y que ésa de entonces no sería
nuestra ruta de haber hecho una navegación de cabotaje,
pues habríamos fracasado contra la costa. Y nosotros acep-
tamos sus palabras mientras fue de día y no hubo peligro.
Pero sí comenzó a haberlo con la llegada de -la noche, a
medida que el oleaje iba haciéndose cada vez mayór.
48 Cf. Sófocles, Filoctetes 418.
49 Literalmente: «¡Esto es navegar con arte (téchnei)h. Cf. Ovidio, Arte
de amar I 3, Arte citae... rates... moventur.
50 Respecto al viento.
CARTAS
31
Pues bien, aquel día era para los judíos paresceve$í.
Consideran éstos como un todo esa noche y el día siguiente, 75
durante el cual no se le permite a nadie poner mano en
ningún trabajo, y es que, para darle especial realce a la
jornada, la dedican al descanso. Así pues, el piloto quitó las
manos del timón en cuanto se imaginó que el sol había
abandonado la tierra y, echándose en la cubierta,
se dejaba pisotear por cualquier marinero51. so
Nosotros no nos percatamos al momento de la causa real
de aquello y, creyendo que el hecho era un signo de desánimo,
nos acercamos y nos pusimos a instarle a que no perdiera
aún la última esperanza. Pero la verdad era que, en efecto,
las olas, como triplicadas, se nos venían encima, al tiempo
que el mar se rebelaba contra sí mismo. Tal ocurre siempre 85
que, al amainar el viento, no cesan a la vez las olas por él
provocadas, sino que, con aquel preludio 53 de su agitación
poco a poco fortalecido, se enfrentan a la pujanza del soplo
y contrarrestan sus embates (y tenía necesidad de emplear
términos pomposos para que males tan grandes no quedaran
expuestos de una manera demasiado fútil). Para los que 90
navegan, pues, en tales circunstancias, «la vida — dicen —
pende de un hilo fino» 54. Y si, por añadidura, el piloto era
51 Paraskeué (también así en griego moderno): la «preparación» (del
sábado), el viernes.
52 Sófocles, Áyax 1 146.
53 Es decir, el primer impulso que el viento le ha dado a las olas para
que se encrespen. Tó endósimon es un término propio del vocabulario
musical («la nota que da el tono»): Aristóteles, Retórica 1414 b 24;
Eliano, Historia de los animales XI 1, etc.
54 Expresión proverbial: cf. Corp. Paroem. Graec. II 298, 9.
32
SINESIO DE CIRENE
doctor de la ley55, ¿cómo podía uno sentirse? Así que, cuando
comprendimos la razón de su abandono del gobernalle (en ,
efecto, mientras nosotros le pedíamos que salvara la nave
«dentro de sus posibilidades»56, él continuaba leyendo el
libro), desistimos de la persuasión para recurrir ya a la
fuerza. Incluso un soldado bizarro (pues navegaban con
nosotros bastantes árabes del escuadrón de caballería) des-
envainó la espada y amenazó al sujeto con cortarle la cabeza
si no volvía a hacerse cargo del barco. Pero aquel auténtico
Macabeo 57 era capaz de mantenerse firme en sus creencias.
Y ya a media noche él mismo se persuade a colocarse en su
puesto. «Ahora es el momento — decía — en el que la ley lo
permite, porque ahora está claro que el peligro lo corremos
'por nuestra vida'58». En esto se levanta de nuevo un tumulto:
clamor de hombres, ulular de mujeres; todos invocaban a la
divinidad, gritaban y se acordaban de los seres más queridos.
Sólo Amaranto se mostraba animoso, en la idea de que muy
pronto daría carpetazo a lo de sus acreedores. A mí, en ese
trance (te lo juro por la divinidad a la que venera la filosofía),
me inquietaba el que pudiera ser verdad aquello de Homero:
que la muerte bajo el agua acarrea la aniquilación también
de la propia alma. Pues hay un verso de sus poemas en el
que dice:
55 De la ley de Moisés, nomodidáskalos: Lucas, 5, 17; Hechos 5, 34;
/ Timoteo 1, 7.
56 Ek ton enóntón: es decir, «con los medios a su alcance» o «de aquellas
circunstancias en que estaba» (cf. Demóstenes, XVIII 256).
57 O sea, «judío», por la celebridad de esta importante familia de
patriotas del siglo n a. C, que lucharon por la independencia y contra la
helenización.
5» Cf. //. XXII 161. : •
CARTAS
33
Y quedó ,Áyax aniquilado al tragar el agua salobre59,
suponiendo así que la muerte en el mar es el aniquilamiento
más absoluto. Y de ningún otro afirma que fuera aniquilado,
sino que todo aquél que muere «marchó al Hades»60. Por
eso, en las dos Evocaciones de los muertos 61 tampoco se ha
introducido a Áyax el menor en ningún momento de la
acción, por el hecho de no estar su alma en el Hades. Incluso
Aquiles, el más animoso de los hombres y el más amigo del
peligro, se acobarda ante la muerte en el agua y llega a
llamarla «calamitosa» 62.
Mientras les doy vueltas a estos pensamientos, veo que
todos los militares han desenvainado las espadas y, al pre-
guntarles el motivo, me enteré de que, según ellos, es hermoso
exhalar el alma cuando todavía están al aire libre sobre el
puente, y no con la boca abierta contra el oleaje. Consideré
yo que éstos eran homéridas63 de pura cepa y aprobé su
parecer. Luego, alguien proclama que quienes tengan objetos
de oro se los cuelguen; y quienes tenían se los iban colgando,
tanto los objetos de oro como cualquier cosa de valor seme-
59 Od. IV 511 (el comienzo de hexámetro que cita Sinesio difiere del
texto homérico): cf. D. A. Christidis, Hellenica 38 (1987), 285 ss. Áyax el
menor, el hijo de Oileo, pereció ahogado en la costa euboica: cf., por
ejemplo, Od. IV 499 ss.; Apolodoro, Epítome VI 6; Quinto de Esmirna¿
XIV 532 ss.
«° //. XVI 856, XXII 362; Od. III 410, XI 65, etc.
«> Cf. Od. XI y XXIV.
62 Cf. //. XXI 281 ss. Esta creencia se encuentra también en otros
escritores de la antigüedad tardía: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 81, n. 22.
63 Propiamente los Homerídai eran una familia de rapsodos profesionales
de la isla de Quíos que pretendían descender de Homero, aunque ya en
Platón el término designa en general a los seguidores del poeta o a los
amantes de su poesía.
34
SINESIO DE CIRENE
125 jante. Las mujeres se ataviaban ellas mismas y repartían
cordones entre los que carecían de ellos. Es cosa bien sabida
que esto se hace de antiguo y su sentido es el siguiente: ei
muerto en un naufragio debe llevar encima el precio de su
entierro. Por supuesto, quien lo encuentre y se lucre habrá
de sentir un miedo reverencial ante las leyes de Adrastea64
por no reservarle una pequeña parte a quien tanto le ha
favorecido.
13o Y en eso estaban mientras yo, sentándome a un lado, me
puse a llorar por la sufrida bolsa de dinero que me confió mi
huésped65; y no lo hacía, bien lo sabe el Hospitalario66,
porque fuera ya a morir, sino porque pudiera verse privado
de sus riquezas aquel tracio ante quien yo, aun después de
muerto, me hubiera debido avergonzar. Sin duda que enton-
ces era una ganancia sucumbir, sucumbir con todos y con
135 todos escapar, así, de la conciencia. Aquello por lo que el
peligro estaba pisándonos los talones no era otra cosa sino
el hecho de que la nave se movía a velas desplegadas: no nos
era posible acortarlas y, después de haberlo intentado muchas
veces con las drizas, hubimos de renunciar porque éstas se
quedaban enganchadas en las armellas. Además, si salíamos
vivos del oleaje, otro miedo no menor fondeaba en nosotros 67:
14o el de aproximarnos a tierra de noche en las condiciones en
las que estábamos.
64 Cf. Sinesio, Sueñ. 139 c, n. 93.
65 Su amigo de Constantinopla («el tracio» de la línea siguiente), Proclo:
cf. C. 70, 129 y 134.
66 El dios Xénios, de la hospitalidad, por lo general Zeus desde II XIII
625 y Od. IX 271.
67 Sinesio emplea el verbo hyphorméd, «estar anclado», seguramente
con ironía. Lo único que estaba bien anclado y firme era ese miedo.
CARTAS
35
Pero llega el día y vemos el sol, tan grato para nosotros
como no sé si alguna otra vez lo ha sido; el viento se hizo
más suave al aumentar el calor y, a medida que el rocío iba
desapareciendo, se nos permitía usar las drizas y manejar la
vela. Desde luego, cambiar la vela por otra de respuesto no
podíamos (pues la habían empeñado), sino que la reparamos 145
como si se tratara de las arrugas de una túnica y, antes de
cuatro horas, nosotros, que habíamos esperado la muerte,
estábamos desembarcando en un paraje remoto desierto del
todo, que no tenía cerca ni ciudad ni labrantíos (la distancia
a ellos era de unos ciento treinta estadios). La nave, en efecto, iso
como aquel lugar no era un puerto, permanecía balanceán-
dose en alta mar con una sola ancla, pues la otra68 la había
vendido Amaranto y no había comprado una tercera. Nos-
otros, en cuanto tocamos la queridísima tierra firme, nos
pusimos a abrazarla, como si fuera la viva imagen de nuestra
madre, y, al ofrecer, como de costumbre, el sacrificio de
nuestros himnos 69 de acción de gracias a la divinidad, añadi- 155
mos en ellos también lo de nuestra reciente peripecia, de la
que, de forma inesperada, salimos sanos y salvos. Después,
durante dos días, aguardamos a que el piélago depusiera su
furia y, dado que era imposible coger un camino en razón de
que no se veía a ningún hombre, nos atrevimos a echarnos
de nuevo al mar. Levamos anclas nada más rayar el alba y 160
fuimos navegando viento en popa todo aquel día y el si-
guiente. Cuando ya éste declinaba, nos abandonó el vahaje
68 Normalmente los barcos antiguos fondeaban con dos anclas, una a
proa y otra á popa: cf. Píndaro, Olímpicas VI 101; Demóstenes, LVI 44;
Luciano, Zeus trágico 51.
69 Cf. Sinesio, //. I 2 y (0 s.
36
SINESIO DE CIRENE
y nos afligimos. ¡Pero luego íbamos a añorar aquella calma
chicha!
Pues bien, era el día decimotercero de la luna men-
guante 70y se cernía sobre nosotros un peligro tamaño, porque
estaba a punto de coincidir la conjunción del sol y la luna71
165 con la aparición de la renombrada Osa Mayor n, a la que ningún
navegante — aseguran — se ha atrevido a desafiar. Y, aunque
debimos permanecer resguardados en un puerto, inadverti-
damente nos lanzamos otra vez al mar. Comenzó la pertur-
bación con vientos del norte y fue mucho lo que llovió
durante aquella noche del novilunio 73. Luego iban destem-
170 plándose los vientos y el mar se había revuelto. Nuestra
situación era la lógica en tales circunstancias, dicho sea para
no referir dos veces los mismos desastres. Y, estando así,
vino a sernos provechosa la propia magnitud del temporal.
La entena crujía y nosotros pensábamos hacernos con el
navio tensando los estayes 74, cuando aquélla se partió por la
70 Triskaidekáte phthínontós: toutéstin eikosi októ, en los escolios (se
esperaría tríté (menos) phthinontos: cf. A. Garzya, Storia e interpretazione
27 = «ScoR inediti alie Epistole di Sinesio», Epet. Het. Byz. Spoud. 30
(1960), 214-280). Quizá un martes 28 de mayo (o de enero) del 402, por
diversas apreciaciones no sólo astronómicas: cf. ed. Garzya, 1989, págs.
84, n. 26.
71 El novilunio: cf. Ch. Lacombrade, «Encoré la Lettre IV [V] de
Synésios et sa nouvelle lune», Rev. Étud. Grec. 91 (1978), 564-567.
72 Seguimos la traducción de Garzya. Para los problemas textuales
que presentan estas líneas y su interpretación, especialmente synódou
(Garzya elimina tdn ástrdn) y stoicheidn (con el que este mismo autor
corrige el tychaídn de los codd.), cf. A. Garzya, «Problemes textuels dans
la correspondance de Synésios», Byzantine Studiesj Études byzantines 5
(1978), 125 ss.
73 Literalmente: «durante la noche de la conjunción».
74 Protonízein ten naün: cf. la metáfora de Esquilo, Agamenón 897,
«estay (prótonon) salvador de la nave» (en medio de las aduladoras palabras
que dirige Clitemestra a Agamenón).
CARTAS
37
mitad y estuvo a punto de matarnos a todos; pero, como no
nos mató, lo que hizo fue, precisamente, salvarnos, y es que 175
de otra forma no hubiera sido posible soportar la fuerza del
viento. De nuevo estaba la vela sin control y no era fácil
amainarla. Pues bien, así, tras zafarnos, sin haberlo supuesto,
de la desmesurada violencia de aquel embate, navegamos
todo el día siguiente y toda la noche y, en su transcurso, a la
hora ya del segundo canto del gallo, por poco chocamos, sin iso
darnos cuenta, con una punta rocosa que sobresalía de
tierra como una pequeña península. Hubo un grito al avisar
alguien que nos acercábamos a tierra y se levantó un vocerío
enorme y de lo más disonante, mientras los marineros se
mostraban preocupados y nosotros, en nuestra inexperiencia,
tocábamos las palmas y nos abrazábamos, sin saber cómo
controlar aquella inmensa alegría. Podría decirse que ése íss
era el peligro mayor de todos los que nos rodeaban.
Al clarear ya el día, nos hace señas un fulano vestido a la
usanza de la región, indicándonos con la mano los lugares
peligrosos y aquellos otros de los que había que fiarse. Y, al
final, se llegó a nosotros, solo, en una chalupa de dos remos,
la ató al barco y tomó el gobernalle (el sirio75 le cedió el 190
puesto gustoso). Recorrió no más de cincuenta estadios,
fondeó la nave en un puertecito encantador (Azario 16 , creo,
lo llaman) y nos hizo desembarcar en la orilla entre nuestras
aclamaciones de «salvador» y «genio tutelar» Poco después
trajo hasta allí otro navio y, luego, otro y, antes del atardecer, 195
75 Amaranto, el piloto.
76 Aziris (cf. Heródoto, IV 157), hoy Wadi-el-Chalig, cerca de Derna
y Tobruk.
77 Probablemente este daímon agathós (cf. Aristófanes, Avispas 525,
Caballeros 106; Pausanias, IX 39, 5; etc.) esté ya aquí muy cerca del «ángel
de la guardia»: cf. Sinesio, H. II 264 ss. y n. 30.
38
SINESIO DE CIRENE
fueron cinco los cargueros salvados por aquel sublime anciano
que se dedicaba a todo lo contrario de Nauplio78 (pues no
acogió éste, precisamente, de la misma manera a quienes
escaparon de la tempestad). A la mañana siguiente otros
arribaron, algunos de los cuales habían partido de Alejandría
200 un día antes que nosotros, y éramos entonces una flota
completa en un pequeño astillero.
Y, cuando ya se nos agotaron los víveres (pues, como no
estábamos acostumbrados a tales infortunios ni esperábamos
sobrepasar la duración prevista de la travesía, cargamos
sólo unas provisiones moderadas y, además, las administra-
mos sin la debida moderación), fue también el anciano
205 quien puso el remedio, no porque nos diera nada (que no se
asemejaba en absoluto a un pudiente), sino porque nos
indicó unas rocas en las que nos dijo que estaban escondidos
el alimento y la comida de cada día para todos aquéllos
dispuestos a esforzarse. Dése ese momento y durante siete
día estuvimos viviendo de la pesca: los adultos capturaban
morenas y langostas muy grandes; los muchachos eran felices
210 con coger gobios y julias; el monje romano 79 y yo tomábamos
fuerza a base de lapas (la lapa es un molusco de concha
cóncava que, cuando se agarra a una roca, queda firmemente
adherido).
78 Nauplio era padre de Palamedes e hijo de Posidón. Odiseó, injusta-
mente, acusó de traición a Palamedes en Troya, lo que motivó su muerte.
Nauplio, en venganza, encendió una antorcha en el cabo Cafereo de Eubea
durante la tempestad del regreso, para que los griegos creyeran que existía
allí un puerto y naufragaran en las rocas: cf. Apolodoro, Epítome III 7, VI
7; Quinto de Esmirna, V 197 ss., XIV 614 ss.
79 Este threskeutís puede ser el anciano o algún pasajero de la nave: cf.
ed. Garzya, 1979, pág. 23, n. ad loe.
CARTAS
39
Así pues, al principio vivíamos mal que bien de estas
capturas porque cada uno se guardaba lo que conseguía, sin
que nadie le diera nada a nadie. Pero, luego, todos nadamos
en la abundancia por el siguiente motivo. Fue cosa de mujeres 215
con mujeres: las libias habrían estado dispuestas sin duda a
ofrecerles a las que navegaban con nosotros hasta «leche de
pájaro» 80. Les ofrecían cuanto les proporcionaba el aire y la
tierra: queso, harina, tortas de cebada, carne de cordero,
gallinas y huevos. Una llegó a dar ya incluso una avutarda,
ave extraordinariamente sabrosa: un campesino, al verla, 220
diría que es un pavo. Aquéllas transportaban a la nave sus
regalos y las nuestras los aceptaban para compartirlos después
con quienes se los pedían. Otros nos regalaban ya parte de
sus capturas y venía uno tras otro (un niño y detrás un
adulto y, luego, un adulto y detrás un niño) a traernos
siempre un obsequio: uno un pescadito enganchado en el
anzuelo y otro cualquier otra cosa, pero, eso sí, exquisita, de 225
entre todo lo que proporcionaban aquellas rocas. Lo cierto
es que a mí no me gustaba recibir regalos de las mujeres, y
eso lo hacía por ti81, para que por mi parte no hubiera
ningún trato con ellas y no me viera más tarde en el aprieto
de tener que afirmar lo contrario cuando me fuera preciso
negarlo bajo juramento. Pues, ¿qué obstáculo había para el
desenfreno con todos aquellos recursos? ¡Tantos y de tantos 230
sitios nos llovían!
Esta benevolencia que los lugareños muestran hacia los
huéspedes, tú, seguramente, la atribuirás a su virtud, pero el
asunto es muy otro y merece que se explique, dado que
80 Expresión proverbial: cf., por ejemplo, Aristófanes, Avispas 508 y
Aves 734.
81 Cf., arriba (líneas 30 ss.), lo dicho acerca de las mujeres del barco.
40
SINESIO DE CIRENE
ahora se nos presenta la oportunidad. La cólera de Afrodita,
a lo que puede conjeturarse, hace presa en esta región: su
desgracia es algo así como la de las lemnias82. Y es que
tienen ellas los senos de un tamaño muy por encima de lo
235 normal y su pecho es desproporcionado, de tal manera que
se echan las mamas a la espalda y sus recién nacidos, mientras
chupan, no están en brazos sino en los hombros. Acaso se
podría decir que Amón y la tierra de Amón no es mejor
criadora de ganado que de niños y que la naturaleza les ha
concedido, lo mismo a los seres humanos que a las bestias,
240 manantiales de leche más copiosos y exuberantes y que,
para ello, se necesitan ubres y cavidades también más exube-
rantes. Lo cierto es que, al enterarse por medio de quienes
han mantenido contacto con gente de allende sus fronteras,
de que no todas las mujeres son así, no lo creen y, en cuanto
tienen a mano a una extranjera, le prodigan su benevolencia
y no paran hasta hacerle un examen minucioso de la parte
245 del pecho. La que ha podido verlo lo cuenta y se llaman
unas a otras como los Cícones 83. Concurren ellas para con-
templar el espectáculo y con ese fin traen los regalos. Con
nosotros estaba una pequeña esclava de las del Ponto, en la
que arte y naturaleza se aunaron para mostrar un talle más
recortado que el de una hormiga. A su alrededor se concen-
25o traba todo el interés y era ella la que mayores ganancias
conseguía de manos de las mujeres. Tres días antes habían
mandado a buscarla, una detrás de otra, las señoras ricas de
82 Se trata del olor fétido con que Afrodita castigó a las mujeres de
Lemnos por no rendirle culto: cf., por ejemplo, Apolonio Rodio, 1 609 ss.;
Apolodoro, Bibliot. I 9, 17.
83 Para unir sus fuerzas contra Odiseo y los suyos: cf. Od. IX 47 s.
CARTAS
41
los campos vecinos. ¡Era tan sumamente fresca que incluso
se desnudaba!
Para ti este drama, convertido en cómico de trágico que
era: así nos lo aparejó la divinidad y yo te lo he descrito en 255
estas líneas. Ya sé que me he extendido en la carta más de lo
normal, pero me pasa lo mismo cuando estoy junto a ti en
persona que cuando te escribo: que no me harto. Y, además,
como ya no tengo la esperanza de poder conversar contigo,
ahora que se me permite, me dejo llevar u. Pero, también, de
incluir la carta en mi diario85, en el que pongo todo mi
interés, podría disponer de unas memorias que abarcan un 260
buen número de días.
Adiós. Mis mejores deseos para tu hijo Dióscoro junto
con su madre y su abuela, a las que amo y cuento entre mis
hermanas. Saluda cariñosamente a la muy venerable filó-
sofa 86, la predilecta de la divinidad, y a ese feliz corrillo que
disfruta de su divina voz y, más que a nadie, al santísimo 265
padre Teotecno y a mi compañero Atanasio 87. A Gayo, el
más íntimo de mis amigos, sé bien que lo tienes en tanta
consideración como yo y que lo cuentas entre nuestros
parientes. Recuerdos para el admirable gramático Teodosio,
84 El tópico de la carta como conloquium absentium (cf. C. 105, 12) ha
sido estudiado por A. Garzya, «L'epistolografia letteraria tardoantica» = //
mandarino e il quotidiano. Saggi sulla letteratura tardoantica e bizantina
(«Saggi Bibliopolis» XIV), Nápoles, 1985, 132 ss. También en un tratado
como la Epídeixis (capít. 1) Ireneo pretende «conversar por escrito» con su
amigo Marciano, a quien dirige la obra: cf. E. Romero Pose, S. Ireneo de
Lión. Demostración de la predicación apostólica, Madrid, 1992, pág. 52.
85 Cf. Sinesio, Sueñ. 153 a, y nuestra introducción a las Cartas (2. El
corpus sinesiano),
86 Hipatia.
87 Sacerdote alejandrino y un amigo de Sinesio, respectivamente: cf. C.
16, 10 s.
42
SINESIO DE CIRENE
quien, por cierto, me ocultó que era adivino (pues me pro-
nosticó lo que me iba a pasar y declinó el propósito de
270 acompañarme en el viaje), pero yo lo amo y lo saludo
también. Y tú, ¡no vayas a navegar nunca! Y, si alguna vez
te es absolutamente necesario, ¡no lo hagas a final de mes!
6
A ANISIO 88
Desde Ptolemaida, a comienzos del 411. Anterior a la C. 14
Camas todavía sigue dando largas y ni voluntariamente
ni a la fuerza retorna a la justicia. Es preciso que venga para
que veamos qué dice y con qué ojos nos mira a la cara a
nosotros, después de haber considerado digno comprarnos,
aun contra nuestra voluntad, un caballo que él mismo nos
5 ha robado, para no ser — decía — un soldado sin caballo.
Nos está ofreciendo muy poco dinero y, si no se lo
vendemos, no nos lo cede89; al contrario, él cree que, con
toda justicia, el caballo es de su propiedad. Y eso sin ser
Agatocles o Dionisio 90, a quienes el régimen tiránico permitía
ser tan sumamente malvados, sino sólo Camas el cafarodita,
10 a quien no es difícil llevar a los tribunales. Así pues, si acaso
lo conducen a tu presencia, que no deje yo de saberlo, para
88 Comandante militar de Libia: cf. Sinesio, Disc. I (Catástasis minor).
89 Me apodidoménois ouk apodídósin: «si no se lo damos a cambio (del
dinero), no nos lo da él».
90 Tíranos de Siracusa: cf. Juliano, Simposio 33, 332 c.
CARTAS
43
que pueda hacer venir de Cirene a quienes testifiquen contra
él en persona.
7
A TEODORO Y A SU HERMANA 91
A Teodoro (¿?), esposo de su hermana, y a su hermana
(¿Estratonice?). A Constantinopla (¿?)
¿Os imagináis cómo «me ha roído el corazón» 92 la noticia
que se ha propagado por la ciudad acerca de que estabas
luchando contra una oftalmía aguda y más que aguda, que
amenazaba con poner en peligro tu vista? Luego esa noticia
se ha demostrado que era falsa. Supongo que ha sido un
fulano cualquiera, el muy miserable, quien ha tomado como 5
pretexto la palabra oftalmía para extender el rumor, hacién-
dolo cada vez mayor, y darle tintes trágicos. ¡Así se vuelvan
contra él los embustes que ha inventado contra vosotros!
Hay que agradecer a Dios el que nos haya permitido oír
mejores nuevas. Pero lo que es menester es que, de todo lo
vuestro, no nos enteremos, como suele decirse, por las señales
de los astros93 ni nos informemos por lo que cuentan los
9> Por supuesto, la hermana de Sinesio. Quizá deba escribirse «Teodosio»,
marido de Estratonice (cf. C. 75, y Fr. X. KRAUS, «Studien über Synesios
von Kyrene I», Theol. Quartahchr. 47 (1865), 407). De lo contrario, y dado
que el esposó de su otra hermana se llama, según parece, Amelio (cf. C.
145, 6), habría que admitir no dos sino tres hermanas de nuestro autor.
92 Cf. Sinesio, Real 2 a, n. 1. Realmente no queda claro si el rumor
acerca de la enfermedad se refería a su hermana o al esposo.
93 Expresión proverbial.
44
SINESIO DE CIRENE
10 rumores; lo mejor, por el contrario, sería teneros a nuestro
lado y, si no, leer vuestras cartas y saber de vosotros por
vosotros mismos. Pero no os preocupéis de nosotros dema-
siado, quizá sea eso lo que Dios quiere.
8
, A SU HERMANO
Desde Ptolemaida, después de la Pascua del 411
No me dirás que te pasó desapercibida la llegada del
portador de la carta de la festividad pascual 94. Más bien lo
viste pero has hecho la vista gorda y no te pareció que
valiera la pena acordarte de tu hermano y despacharle una
carta que le informara de cómo te va y en qué situación
5 estás. Y es que para mí saber de ti no es algo que me sea indi-
ferente, pues, como en todo lo mío no hallo más que tristeza95,
querría al menos alegrarme con lo tuyo. Pero hasta ese
consuelo me has quitado. Y no habrías debido hacerlo.
Pues, aun en el caso de que no hubiéramos nacido de los
mismos padres, ¿no han sido comunes nuestra crianza y
10 educación? ¿Y qué es lo que no hemos tenido en común?
Todo en todo nos ha unido íntimamente al uno con el otro.
Pero, como suele decirse, la malandanza es cosa terrible y,
94 Era el patriarca de Alejandría (Teófilo, a la sazón) quien por carta
comunicaba (pocos días después de Epifanía) la fecha de la Pascua a los
obispos sufragáneos. Esta costumbre databa del siglo m (desde Dionisio de
Alejandría): cf. Quasten, Patrología I, pag. 418, y II, pág. 56.
'5 Cf. C. 41, 79.
CARTAS
45
cuando a uno le llegan tiempos difíciles, entonces se ponen
a prueba, aparte de todo lo demás, también los sentimientos
de los hermanos y amigos 96. Lo que es a mí me bastará con
tener noticias tuyas por medio de otros. Que Dios sólo te
dispense cosas buenas, que eso es lo que deseo oír acerca 15
de ti.
9
AL ARZOBISPO TEÓFILO
Desde Ptolemaida a Alejandría, en el 411-412
¡Ojalá te aguarde una vejez larga y radiante!91 ¡Oh tú, el
más santo y sabio! Pues para mí sería una ganancia el que te
mantuvieras vivo, entre otras razones, principalmente, porque
resulta una grandísima contribución a la doctrina de Cristo
ese número de hojas pascuales tuyas que se incrementa con
los años98. Así, el escrito enviado en esta ocasión ha sido 5
para nuestras ciudades tan ameno como provechoso: esto
por la gravedad de los pensamientos, aquello por la donosura
del lenguaje.
96 Cf. Teognis, 499; Isócrates, A Demónico 25. Amicus cerlus in re
incerta cernitur, dirá Cicerón (De la amistad 64) citando a Ennio.
97 Cf. Antología Palatina VII 163, 7 (Leónidas).
98 Teófilo escribió al menos veintiséis cartas pascuales, que no sólo
fijaban la fecha de la Pascua (cf., arriba, n. 94), sino que contenían una
enseñanza teológica y doctrinal: cf. Quasten, Patrología II, pág. 111.
46
SINESIO DE CIRENE
10
A LA FILÓSOFA HIPATIA99
Desde Ptolemaida a Alejandría, a comienzos del 413.
Contemporánea de la C. 16
A ti 10°, querida señora, te saludo cariñosamente y, por
medio de ti, a mis queridísimos compañeros. Hace tiempo
ya os habría reprochado esta situación de que yo no merezca
que me escribáis unas letras, pero ahora sé que todos vosotros
habéis apartado de mí vuestra mirada no por cometer yo
ninguna falta sino por sufrir tantos infortunios como es
5 capaz de sufrir un hombre. Sin embargo, si pudiera leer
vuestras cartas y enterarme de qué vida lleváis (sin duda
estáis mejor y disfrutáis de una suerte más favorable), lo
pasaría mal sólo a medias, ya que en vosotros cifraría yo mi
dicha. Pero, lo que es ahora, esto de no recibir noticias
vuestras es también uno de los pesares que me atenazan. He
perdido a mis hijos 101 y a mis amigos y la benevolencia de
parte de todos y, lo que es lo más importante, tu alma
divinísima, lo único que yo esperé que se me mantuviera
firme para superar los «varapalos» 102 de la fortuna y los
embates del destino.
99 Preferimos esta transcripción a «Hipacia».
100 En algunas cartas (como la 9 y la 10) y en ciertos lugares de las obras
sinesianas (por ejemplo dentro del tratado Sobre la realeza) no sería en
absoluto desacertado emplear en la traducción el tratamiento de respeto y
cortesía («A usted, querida señora, la saludo...»).
101 Sobre la muerte de sus tres hijos, cf. C. 41, 174; 70, 5; 79, 90; 89, 6;
126, 2.
102 Cf T uciano, Sobre una falla cometida al saludar 1.
CARTAS
47
11
A LOS SACERDOTES
A los sacerdotes de la Pentápolis. Desde Ptolemaida,
a comienzos del 411. Algo posterior a la C. 96
Ni anteriormente quedé yo por encima de vosotros re-
chazando con todas mis fuerzas y recursos este sagrado
cargo103, ni ahora vosotros habéis prevalecido sobre mí.
Más bien era cosa de la providencia el «aún no» de entonces
y el «ya sí» de ahora. Yo, con todo, habría preferido mil
veces la muerte antes que aceptar este ministerio, pues con- 5
sideraba que la dignidad de la tarea excedía mis posibilidades.
Pero, como Dios me impuso no lo que yo le pedía sino lo
que él deseaba, le ruego que, siendo como ha sido el pastor
de mi vida, sea también patrono de este deber que se me ha
asignado. Y es que yo, que dediqué mi juventud al ocio 104
adepto de la filosofía y a la contemplación 105, ajena a toda
actividad práctica, de los seres abstractos, y que sólo me vi
envuelto en preocupaciones en tanto en cuanto consagré 10
una mínima atención a esta vida corporal y al hecho de ser
ciudadano de esta ciudad, ¿cómo me bastaré para afrontar
desasosiegos continuos? ¿Y, si me entrego a un tropel de
asuntos, cómo me aplicaré a las bellezas del intelecto, cuyos
frutos únicamente puede recogerlos un ocio bienaventurado,
103 En el verano del 410 el pueblo de Ptolemaida lo aclama obispo, pero
Sinesio se toma unos meses para pensarlo (en Alejandría), hasta que acepta
y es consagrado a principios del 411: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 12, n. 4.
104 Cf. Sinesio, C. 41, 85; H. IV 34 s. Para las líneas 3 s. y 6 ss. Cf. C.
96, 2 ss.
105 Cf. Id., Dión 45 c ss. (cap. VII).
48
SINESIO DE CIRENE
sin el que, para mí y los semejantes a mí, es cualquier tipo de
15 «vida invivible» I06? Yo no sabría; pero para Dios, dicen,
«todo es posible» 107, incluso lo imposible. Levantad, pues,
por mí vuestras manos suplicantes a Dios y encomendadles
a todos, tanto a la población de la ciudad como a quienes
habitan en el campo y en las iglesias de las aldeas, que, no ya
20 en común sino incluso en privado, hagan súplicas por mí.
Y es que si Dios no me deja solo, entonces reconoceré que el
sacerdocio no supone un distanciamiento de la filosofía sino
un encumbramiento 108 hacia ella.
12
A CIRILO 109
Desde Ptolemaida, después del 15 de octubre del 412
Vuelve, hermano Cirilo, junto a tu madre la Iglesia, de la
que no fuiste separado de un tajo, sino que se te apartó
durante un período que está determinado por la consideración
que merecen tus faltas. Creo que sabes con certeza que esto
también lo habría hecho antes nuestro padre común110, de
106 Cf. Id., Dis. II (Catástasis maior), 304 a, y n. 25.
Mateo, 19, 26 (cf. Job 42, 2; Od. IV 236 s„ XIV 444 s.).
108 Los términos griegos son apóbasis y epanábasis. Este último lo
utiliza Plotino, Enéadas VI 7, 27, para designar la búsqueda de principios
elevados: cf. C. 96, 5 s.
109 Se trata de un obispo del que nuestro autor no da más detalles que
los que aquí leemos (cf. Lacombrade, Synésios de Cyréne..., págs. 251 s.).
No debe ser confundido con Cirilo de Alejandría, sobrino y sucesor de
Teófilo en la sede metropolitana.
110 Teófilo, el patriarca de Alejandría, murió el 15 de octubre del 412.
CARTAS
49
santa memoria, si la fatalidad no se hubiera apresurado a
alcanzarlo. Y es que el hecho de imponerte un castigo tan 5
comedido era lo propio de un ánimo inclinado a otorgarte
prontamente el perdón. Así pues, considera que ha sido él en
persona, aquel santo sacerdote, quien te ha concedido el
regreso y acércate a Dios con un alma libre de toda aflicción
y dispuesta a olvidar los males. Por otra parte, conserva
también un fausto recuerdo de aquel santo presbítero, amado
por Dios U1, que te designó guía"2 de tu pueblo. ¡Que tam- 10
poco esto te sea en absoluto desagradable!
13
AL SACERDOTE PEDRO
Coadjutor del obispo Sinesio. Desde una ciudad de la Pentápolis a
Ptolemaida, antes de la Pascua del 412
¡Guíe Dios toda acción y palabra mías! 113 Al portador de
las cartas pascuales "4, que comunican que el día solemne de
la festividad es el diecinueve del mes de farmuti 115, con la
idea de que en la noche precedente se celebre el misterio de
111 Theophile presbyten en el original, jugando con el nombre propio
del patriarca.
112 El término próedros es utilizado a veces en las obras patrísticas para
referirse al obispo.
"3 Cf. Jenofonte, Memorables II 3, 15.
114 Cf., arriba, nn. 94 y 98.
115 El 14 de abril del 412. Farmuti es un mes egipcio que corresponde a
marzo-abril: cf. Plutarco, Rómulo 12 y O'Callaghan, Cartas..., pág. 195
(la carta 30 está fechada el 1 de farmuti, el 27 de marzo).
205. — 4
50
SINESIO DE CIRENE
5 la resurrección, a ese portador, tanto a la llegada como al
regreso, consideradlo digno de toda vuestra amabilidad y
mandadlo de vuelta proporcionándole caballos de refresco
en cada ocasión. Él, en interés de que no quede abandonada
una costumbre antigua y ancestral de las iglesias, se ha
puesto en medio de los enemigos armados, atreviéndose a
pasar por un territorio peligroso. La carta también exhorta
10 a tu ciudad 116 a rogar por mí. Y es que desde ahora es pre-
ciso que ésta tome conciencia de la insensatez que ha cometido
en mi caso, al llamar al sacerdocio no a quien tiene confianza
para presentarse ante Dios y suplicarle por todo su pueblo,
sino a alguien que necesita, para salvarse él, las peticiones de
15 su pueblo. Y esto coincide también con el sínodo que, con
gran cantidad de sacerdotes, se celebra aquí117 y que se ha
reunido justo en el momento en el que yo me dispongo a
escribiros. Si no supiera decir nada de lo que ya estáis
acostumbrados a escuchar, esto no sería sino una solicitud
de perdón para mí y un reproche para vosotros, porque
habéis preferido a uno que no conoce las palabras de Dios 118
en vez de a los que sí las conocen.
116 Debe de ser Ptolemaida: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 100, n. 4.
117 En Cirene, Apolonia o alguna otra ciudad entre Alejandría y Cirene:
cf. ibid., n. 5.
118 Ta logia toú theoü: «Sacra scrittura» (Garzya). Cf. Carta de Aristeas
158 (A. Díez Macho, Apócrifos del Antiguo Testamento II, Madrid, 1982,
pág. 42, n. ad loe: ta logia — el conjunto de la Escritura); LXX, Salmos 11,
6; Romanos 3, 2; Hebreos 5, 12; I Pedro 4, 1 1 . El término lógia es utilizado
con este sentido también por los neoplatónicos, por Clemente de Roma,
Filón o el Pseudo-Dionisio Areopagita: cf. J. Donavar, The Logia in
Ancient and Recent Literature, Cambridge, 1924.
CARTAS
51
14
AANISIO
Desde Ptolemaida, en la Cuaresma del 411, después de la C. 6m
¡Así es como defienden los hijos a sus progenitores! Te
doy las gracias. Camas se ha convertido en un suplicante
para conmigo y esta súplica suya Dios la ha hecho más
digna de respeto. ¿Cómo permitir, pues, que, por propia
sugerencia de un sacerdote, a un hombre se le lleve arrestado
en días de ayuno cuaresmal? Así que, quienquiera que fuese
el que llevaba a este hombre, no lo dejó ir, sino que se lo 5
arrebataron. Por tanto, si he de pagar mi pena por haber
usado de violencia contigo, ten en cuenta que me dispuse a
ser benévolo con quienes me han ofendido y a ofender a
quienes en nada me ofenden.
15
A LA FILÓSOFA
A la filósofa Hipaíia
Me encuentro tan sumamente mal que necesito un areó-
metro 12°. Manda que fabriquen uno de bronce y lo monten.
119 Aquel año la Pascua cayó el día 26 de marzo.
120 Este hydroskópion, inventado por Sinesio, buen testimonio de las
enseñanzas en ciencias aplicadas de Hipatia, es el precedente del moderno
areómetro o densímetro (que sirve para medir la densidad de un líquido o
la concentración de una disolución). Parece, por las palabras iniciales de la
carta, que Sinesio se encuentra enfermo y necesita el citado instrumento
52
SINESIO DE CIRENE
Es un tubo cilindrico con la forma y dimensiones de una
flauta. En línea recta lleva unas incisiones por las que deter-
5 minamos el peso de los líquidos. Por üno de los extremos lo
cierra, en efecto, un cono adaptado en posición idéntica, de
manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del
tubo121 (y esto es propiamente el «pesito» m). Pues bien,
cuando sumerjas en el líquido ese tubo que es como una
flauta, se mantendrá recto y te será posible contar las inci-
siones que son las que dan a conocer el peso.
16
A LA MISMA
A la fiósofa Hipatia, desde Ptolemaida a Alejandría.
Junto con la C. 10, son éstos los últimos suspiros
de un Sinesio ya a punto de morir
Postrado en la cama dicto esta carta. Ojalá, al recibirla,
te encuentres bien de salud, madre, hermana, maestra, bene-
para preparar su medicina. Según Proclo, Hypoi. astron. posit., pág. 42,
Herón de Alejandría (s. I d. C.) escribió un tratado en cuatro libros Peñ
hydroskopeidn (cf. Galeno, 5, 68 Kühn, donde el hydroskópion es un
instrumento hidrostático).
121 Tenemos una descripción muy parecida en Pseudo-Prisciano, Pon-
der. 103-105, incluido el «cono», que hoy se substituye por dos bolitas
huecas, una de mayor tamaño para que el instrumento flote y otra, la del
extremo, más pequeña y llena de mercurio o perdigones para que, con el
peso (cf. la n. siguientes), se mantenga recto.
122 Hemos optado por traducir asi baryllion (pondusculum), en vez de
«pesalicores»: cf. G. W. H. Lampe, «Baryllion (Synesius, Ep. 15)», Classical
Review 62 (1948), 114-1 15. Recuérdese que el funcionamiento del areómetro
se basa en el principio de Arquímedes.
CARTAS
53
factora mía en todo, y todo lo que para mí tiene valor en
dichos y hechos m. La debilidad de mi cuerpo está ligada a
una causa anímica. Poco a poco me va consumiendo el
recuerdo de mis niños que se me han ido m. Sinesio habría
debido vivir sólo mientras no hubiera tenido que experimentar
los males de la existencia. Fue como un torrente, represado
hasta entonces, que arrambló de un tirón, y se trastrocó la
dulzura de esta existencia mía. Quisiera o dejar de vivir o de
pensar en la tumba de mis hijos. Pero tú ojalá te encuentres
bien. Saluda cariñosamente a mis felices compañeros, co-
menzando por el padre Teotecno y el hermano Atanasio 125
y después, a todos los demás. Y si se les ha agregado alguno
que te sea especialmente dilecto, preciso es que también yo
le deba gratitud por el solo hecho de serte tan dilecto:
salúdalo, pues, de mi parte como al mejor de mis amigos.
Tú, si algo te preocupas de mis cosas, haces bien; y, si no te
preocupas tú de eso, tampoco me preocupo yo.
A HELIODORO 126
Mucho y bueno le deseo a éste 127 , que nos trae el fausto
recuerdo de tu venerable dignidad y que ha llenado de
123 Cf. //. VI 429 s.: Buehring, «Zum Topos Hom. Z 429 f.», Gymnasium
62 (1954), 418.
'» Cf. n. 101. i
125 Cf. C. 5, 265 s. y n. 87.
126 Un sofista.
12' Al portador de la carta, según aclaran los escolios: cf. ed. Garzya,
1979, pág. 37, n. ad loe. Traducimos semnoprépeia por «venerable dignidad»
54
SINESIO DE CIRENE
alabanzas a ti los oídos de todos, esas alabanzas que se les
deberí a tu alma y a tu lengua de oro. Pero de inmediato
5 correspondes tú al favor de estos elogios. Y es que, a cambio,
hablan bien de él tantos y tantos admiradores tuyos, con
todos los cuales disputo yo por la primacía o, mejor dicho,
no disputo, pues todos consienten en ello.
18
A SU HERMANO
En el 405
Esta persona 128 es un senador de la ciudad 129 en la que-
engendré a mis hijos (la verdad es que, en cierto modo, a
todos los alejandrinos conviene que nosotros los honremos
y miremos como a conciudadanos nuestros). Ocurre también
que es pariente del bienaventurado 130 Teodoro, al que siempre
5 tengo muy presente en el recuerdo y a quien no deben
olvidar los que ocupan los primeros puestos del gobierno de
esta ciudad. Son éstos quienes lo han conducido ante mí
ahora que va a llevaros el dinero de la paga de los soldados
y me han rogado que os lo despache con una carta mía para
(cf. C. 21, 1), aunque podría preferirse «excelencia», dado que semnoprepés
aparece en ciertos ejemplos tardíos como epíteto honorífico: cf. Preisigke,
Worterbuch... III, Abschn. 9, Ehrentilel, pág. 199.
128 Es decir, el portador de esta carta de recomendación: el senador
Amonio (cf. C. 20, 5).
129 Alejandría.
130 El término griego es makarítes, que se emplea para referirse a los
difuntos.
CARTAS
55
el viaje m, convencidos de que todo le irá bien si por mí se
consigue que tú y esta persona os pongáis en relación. Yo he 10
hecho lo que me han pedido; si no ha sido en vano, vosotros
me lo demostraréis.
19
A HERODES Y MARTIRIO
No creo que se me acuse de hacer que tengáis que com-
partir entre los dos esta carta. Pero, si en este escrito mío
hubiera separado a los que en mi corazón están unidos, de
eso sí se me podría acusar. Recibid, pues, mi saludo, ex-
traordinarios amigos, y al que os entrega esta carta, enviado
con la misión oficial de llevaros el dinero, acogedlo de la 5
manera más calida posible, porque me ha sido recomendado
por el consejo senatorial en pleno y quisiera ser yo para él la
causa de algún beneficio. Y la verdad es que no sé a quién
más que a vosotros puede parecerle digno el preocuparse de
mí y de todo lo que yo acaso vaya a emprender.
20
A DIÓGENES 132
Durante su vida el bienaventurado 133 Teodoro fue como
el huésped oficial 134 y común de todos los pentapolitanos. A
131 Una carta de recomendación.
132 Primo de Sinesio.
133 Cf. n. 130.
134 Próxenos era el título honorífico de quien hospedaba a ciertos
personajes importantes en nombre del Estado.
56
SINESIO DE CIRENE
mis progenitores, especialmente, se los ganó con el celo que
demostraba en todo y, además, con su bien decir y su
encantadora conversación. Y lo cierto es que en la persona
5 de su primo Amonio 135 podemos renovar en nuestra memoria
ese provechoso encanto de tantas y tan gratas cualidades
suyas. Pues bien, yo he cumplido mi parte (¿y, estando lejos,
qué podía hacer sino recomendarlo a quienes están cerca de
él?). Ahora es cosa vuestra el que su estancia ahí no le resulte
penosa.
21
AL GOBERNADOR 136
Desde Alejandría
Si el recuerdo de Teodoro aún lo conserva tu venerable
dignidad 137 (¿y cómo no?), haz el favor de dispensarle a su
primo el aprecio de que el difunto gozaba. Pues, de ser así,
no sólo habrás tratado bien a un buen hombre, sino que
5 habrás complacido al senado de nuestra gran Alejandría,
porque todos sus componentes en pleno me lo han presentado
con encarecimiento y me han pedido para él unas líneas que
le sirvieran de, recomendación. Pues bien, entregar la carta
está en mi mano, pero que le reporte ese servicio es lo que tú
has de tratar.
135 Cf. C. 18, n. 128.
136 No sabemos a qué praeses proviticiae se refiere.
137 Cf. n. 127.
CARTAS
57
22
A ANASTASIO
Desde drene a Constantinopla, antes del 408
Me he alegrado. ¿Pero por qué crees tú? Mucho me he
alegrado, en efecto, desde lo más hondo de mi corazón, al
enterarme de que esos «áureos hijos»138 por mandato del
emperador han venido a ser legalmente hijos tuyos 139. Y,
más que nada, me he alegrado porque te amo (¿pues a quién
podría yo amar con más razón?) y, luego, porque odio a los
malvados, cuyas oscuras y furtivas esperanzas se han visto
desbaratadas por la buena suerte de esos niños. 5
23
A DIÓGENES 140
Desde drene a Siria, después de la C. 134
Tal es la molicie de los sirios 141 : los hace olvidar a sus
parientes y amigos. Y es que ya se cumple el quinto mes
desde que me saludaste por escrito, aun habiéndote concedido
138 Píndaro, Olímpicas XIII 8.
139 La interpretación es dudosa: o Anastasio se ha convertido en el tutor
de los hijos del emperador Arcadio, o el emperador le ha permitido legitimar
a sus hijos ilegítimos. Cf. P. W., RE I, 2067, s. v. «Anastasios» 2.
"» Cf. C. 20, n. 132.
141 Cf . Posidonio, Fr. 62 a, Edelstein-Kidd; Juliano, Misopog. 20,
350 b.
58
SINESIO DE CIRENE
la naturaleza la capacidad no sólo de dictar cartas de negocios,
5 sino también otras con las que poner algo de manifiesto e
incluso rivalizar. Pero, con que tú, tus «áureos hijos» 142 y la
madre de esta bella prole estéis sanos, con eso tengo bas-
tante.
24
A SIMPLICIO143
Desde drene a Constantinopla, después de la C. 134
Verdaderamente el encumbramiento de la fortuna no
debería ir unido al del carácter, ni tampoco se debería
considerar que el recuerdo de los amigos de antaño es algo
que carece de importancia ante la dignidad de que en el
presente uno goza. Pero tú sí te has olvidado de nosotros
durante mucho tiempo y no habrías debido hacerlo, siendo
5 como era tan fuerte esa predisposición que nos ligaba al uno
con el otro.
25
A HELIODORO
Mi afecto se acrecienta y va a más con los años. Si a ti te
pasa lo mismo pero, debido al sinfín de tus ocupaciones, no
142 Cf. C. 22, n. 138.
143 Jefe militar y poeta: cf. C. 134, 20.
CARTAS
59
dispones de ocio para honrar, como corresponde, con unas
líneas de vez en cuando a quienes corresponde, substrayéndote
a los asuntos públicos, tan sólo el tiempo que basta para la 5
extensión de una carta, si es así, házmelo saber. Pero, si
reconoces que es verdadera la sospecha de haberme olvidado
que sobre ti pesa, corrígete tras el debido arrepentimiento y
reintégrate a mí.
26
Á TROILO 144
Desde drene a Constantinopla, después del 402
Aunque ni los cireneós ni las ciudades vecinas te den las
gracias que mereces por todo eso que el admirable Anasta-
sio 145 les escribe, desde luego sí estará contigo la gracia de
Dios, a quien te ganas con tu participación en empresas
benéficas. ¡Que seas feliz tú, el mejor de los filósofos! Pues 5
así me gusta llamarte, tal como lo dictan tus hechos.
27
A CONSTANTE
Si honras la virtud de la filosofía, la honrarás no sólo en
los que al presente participan de ella sino también en los
144 Un solista.
145 Un amigo de Sinesio que no debe identificarse con el de la C. 22.
60
SINESIO DE CIRENE
difuntos. El divino Aminciano, el que una vez estuvo entre
nosotros y que ha pasado a mejor vida 146, a mí en particular
me parece que está presente aun pareciendo que está ausente.
5 Un primo hermano suyo sufre las ofensas de vuestro Soté-
rico. Demuestra tú que te preocupas de Dionisio y Sotérico
dejará en eí acto de ofenderlo.
28
A SIMPLICIO
Dice Dios que hay que perdonar las deudas I47. Uno debe
un préstamo de dinero, otro ha de pagar una pena. Pues
bien, el que, a la hora de exigir la pena, hace la vista gorda,
ése está obedeciendo a Dios.
29
A PENTADIO, EL AUGUSTAL 148
Desde drene a Alejandría. Anterior a la C. 127
De esa cantidad de gente y de problemas que de parte
nuestra te llega, echáte la culpa a ti mismo, pues te empeñaste
en que a todos les quedara bien claro el que me tenías en
146 Literalmente: «que ha obtenido mejor suerte».
Cf. Mateo, 6, 12 s.; 14 s. (y 18, 21-35); Lucas, 11,4.
148 Prefecto augustal de Egipto del 403 al 404.
CARTAS
61
grandísima estima y, con ello, les abriste el camino a todos
los que estaban en apuros para que vinieran corriendo a mí.
¿Sabes ahora cómo conseguir que los dos dejemos de ser
molestados, yo por todos éstos y tú por mí a causa de todos
éstos? Aun cuando lo que te pida aquél, en cuyo favor te
escribo, esté totalmente dentro de lo correcto y humanitario,
y aupque sea, ajuicio de todos, quien más merece obtenerlo,
haz tú que salga no menos contrariado que si fuera un sujeto
muy vil y pidiera cosas muy viles. También, por tanto, en el
momento en que yo llegue ante ti con las peticiones de rigor,
ordénales a tus siervos que me cierren la puerta en mi misma
cara. Con sólo que alguien vea lo ocurrido o escuche a quien
lo haya visto, desde ese mismo instante tú y yo disfrutaremos
de una paz absoluta, porque en el futuro ya nadie correrá
hacia mí para lamentarse. Pero si te vas a apocar y no vas a
querer qué se tenga conciencia de esto, acepta entonces
hacer el bien muchas veces al día a todo aquél que venga a
suplicarte en nombre mío y de Dios. Mas yo sé que tú no
renunciarás a hacer el bien, ni yo tampoco a procurarte
asuntos adecuados a tu natural manera de ser.
30
AL MISMO
Desde drene a Constantinopla, en el 402
Estoy preocupado por ti y por él: por ti, no vayas a
cometer una injusticia; por él, no vaya a recibirla. Pero si
estás de acuerdo con Platón en que «cometer injusticia es un
62
SINESIO DE CIRENE
mal mayor que recibirla» 149 , creo favorecerte a ti más que a
él si intercedo por este hombre que se somete a un juicio por
una falta en la que no ha incurrido.
31
A AURELIANO 150
Desde drene a Constantinopla, en el 402
Si existen, y es verdad que existen, unas almas que velan
por las ciudades, almas que son divinas y portentosas m, ten
por seguro que te están agradecidas y que recuerdan los
beneficios que a todo el mundo le has procurado durante el
desempeño de aquel alto cargo I52. Piensa, entonces, que esas
mismas en cada ocasión están a tu lado como abogadas y
aliadas, y a nuestro común Dios le ruegan que alcances la
recompensa que te mereces por imitarlo dentro de tus posi-
bilidades. Y es que hacer el bien es lo único en común que
tienen Dios y los hombres y la imitación supone un parentesco
y vincula al imitador con el imitado. Toma, pues, la actitud
149 Platón, Gorgias 469 b, 473 a, 474 b, 509 c; ef. Elio Aristides,
Contra Platón: En defensa de la retórica (II Behr = XLV Dindorf) 261 ss.
150 Aureliano fue praefectus praetorii Orientis en el año 399 y del 402 al
404, y cónsul en el 400: cf. nuestra introducción a los Relatos egipcios o
Sobre la Providencia en Sinesio. Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993.
151 No creemos que aquí el término daimónioi (theiai te kai daimónioi:
«divina e spirituale», traduce Garzya) tenga un sentido especial, en relación
con los daimones: cf. Sinesio, H. VI 36, ri. 10; Sueñ. 137 c.
152 Cf. arriba, n. 150.
CARTAS
63
que corresponde al haber conseguido estar emparentado
con Dios gracias a esa comunión en intenciones benéficas.
Sustenta gratas esperanzas, las que corresponden a una
disposición de alma como la tuya, oh tú magnificentísimo 153,
como se te llama con razón a ti solo o acaso a pocos más.
Por medio de tus venerabilísimas palabras de padre saludo
con cariño al joven Tauro, tu hijo, feliz esperanza de los 15
romanos.
32
A SU HERMANO
El camino más corto para enriquecerse lo ha tomado
Atanasio I54. Se ha dado cuenta de que tiene que salirle al
encuentro a los moribundos y que tiene que sacarles, con
persuasión o a la fuerza, todo de lo que sea capaz. Así que
no se le podría pasar desapercibido un notario que sea
llamado para un testamento, sino que se precipita junto con
él dentro de la casa.
153 O «excelentísimo». Megaloprepéstatos se utiliza como epíteto hono-
rífico en griego tardío, sobre todo en los siglos v-vn: cf. Preisigke, Wdr-
terbuch... III, Abschn. 9, Ehrentitel, págs. 186 s.
154 Un heredípeta.
64
SINESIO DE CIRENE
33
AL MISMO
El día dieciséis del mes de atir155 el bienaventurado 156
Castricio pasó a ser uno de éstos, después de haber visto en
sueños y descrito una horrible aparición.
34
A ANISIO
Desde Ptolemaida, en el 411. Contemporánea de la C. 94
Juan I57, a quien yo amo porque él te ama a ti, ha luchado
contra una grave enfermedad. Pero lo terrible para él no era
la enfermedad, sino el estar lejos de tu sagrada persona, y el
hecho es que también ahora está igual que antes. Y a esto se
añade un tercer factor que agrava aún más esa enfermedad.
Todo su afán es hacer lo que corresponde a un soldado y se 5
encuentra a disgusto por su forzosa inactividad.
155 El 12 de noviembre. Athyr (o también Hathyr), nombre derivado de
la diosa Hathor, es el tercer mes del año egipcio que corresponde a finales
de octubre y a casi todo noviembre (1 de atir = 28 de octubre: E. J.
Bickerman, Chronology of the ancient world, Londres, 1980, pág. 48). Cf.,
por ejemplo, Plutarco, Sobre Isisy Osiris 356 d y 366 d y O'Callaghan,
Cartas..., pág. 80, carta 13, líneas 14 y 22.
156 Cf. n. 130.
157 Cf. C. 94, 13.
CARTAS 65
35
A AURELIANO
Desde drene a Constantinopla, en el 402
Creo que tu divina alma ha sido enviada aquí con esta
expresa finalidad, la de constituir un bien común para todos
los hombres y la de mostrar agradecimiento a aquéllos que
te recomiendan a personas con justas demandas, porque te
procuran asuntos adecuados a tu natural manera de ser I5S.
No es, en efecto, porque sea pariente mío Herodes 159, sino 5
porque demanda lo que es justo: por eso te recomiendo a
este joven. Él, que de rancio abolengo tiene su ilustrísima
condición y que ha heredado una hacienda paterna sujeta a
tributo senatorial, ha sido hecho alto funcionario y sostiene,
que, desde entonces, contribuye como los senadores recién
nombrados y que, por tanto, su carga es doble: una por su
patrimonio y otra por el puesto que ha ocupado.
36
A SU HERMANO
Me arrastran hacia ti la añoranza y la necesidad. Me
pregunto, pues, si realmente vas a esperar mi llegada.
158 Cf. C. 29, 18 s.
>» Cf. C. 19.
66
SINESIO DE CIRENE
37
A URANIO
Desde su finca
Te he mandado como regalo un caballo de raza que
despunta en todas las cualidades que a un caballo convienen.
De él podrás servirte para competir en las carreras y también
cuando salgas de caza y en la lucha contra el enemigo y
5 cuando guíes el desfile triunfal por la victoria líbica. La
verdad, no sé en qué destaca más, si en la caza o como
animal de competición o en el desfile o en la guerra. Y si, en
su aspecto, es de peor estampa que los caballos niseos I60, por
tener la testuz prominente y los lomos carnisecos, será quizá
porque, como les ocurre a los hombres, tampoco a los
caballos se lo da «todo junto» 161 la divinidad. Y acaso esto
10 también complementa aquellas cualidades suyas: el hecho
de que, en el reparto de su cuerpo, la naturaleza le asignó
menos a lo blando que a lo duro, siendo como son los
huesos más resistentes a la fatiga que la carne. Así que
vuestros caballos son superiores en lo que toca a la carne y
los nuestros en los huesos.
i«) Nisea es una región de Media, famosa por sus caballos de gran
alzada, veloces y resistentes: cf. Heródoto, III 106, VII 40.
161 77. IV 320; con variantes en Od. VIII 167 s., o Tito Livio, XXII 51,
4; Elio Aristides, Contra Platón: En defensa de la retórica (II Behr = XLV
Dindorf) 321: cf. A. Otto, Die Sprichwórter und sprichwórtichen Reden-
sarten der Rómer, Hildesheim, 1971 (= 1890), págs. 254 s.
CARTAS
67
38
A UN AMIGO
Te he fletado una nave propia de personas nobles que
navegan por el mar fiándose más de su pericia que de la
suerte. Sí, los buques carpatios 162 tienen fama de haber sido
construidos a conciencia, como los de los antiguos feacios 163,
antes de abatirse sobre su isla la cólera divina m. 5
39
ACLEDONIO
Desde drene a Ptolemaida. Contemporánea de la C. 49
Un pariente mío está sufriendo una injusticia. A ti, que
eres mi amigo, te ha tocado juzgar el caso. Así que, con una
sola actuación podrás cumplir contigo, conmigo y con las
leyes. Por tanto, que Asfalio retorne a ser el poseedor de sus
vasijas, obteniendo una sentencia favorable al testamento de
su padre, sin que la acusación vaya a impedir en el mismo 5
instante la vista de la causa. Pues, ¿cuándo se debe administrar
justicia sino en el momento en el que precisamente estamos,
más que nunca, suplicándole a Dios?
162 De la isla de Cárpatos, hoy Escarpanto, en el mar Egeo (Dodecaneso).
Cf. Isidoro de Sevilla, XIX 1, 11 (y XIV 6, 24) Lind.: ... Carpasiae naves
magnae et spatiosae.
163 Cf. Od. XIII 166 (y VIII 555 ss.).
164 Cf. Od. XIII 171 ss.
68
SINESIO DE CIRENE
40
A ANASTASIO
Desde drene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 102
A Sosenas lo convenció alguien, sea divinidad, discurso
o demonio, de que, según los lugares, existe algo que a los
hombres les procura o deja de procurarles la benevolencia
de Dios. Así pues, como entre nosotros se encontraba mal y
había roto tajantemente con el entorno familiar,
decidió salir navegando hacia las tierras de Tracia,
para allí reconciliarse con la Fortuna m.
Si estás, por tanto, en amistosas relaciones con dicha
divinidad, recomiéndale a este joven con el fin de que le
proporcione alguna «entrada de dinero» 167 . Es fácil, con tal
que ella quiera. De hecho, las propiedades de Nono, el
10 progenitor de Sosenas, se las transfirió a otros sin mayor
dificultad. ¡Que a Sosenas, entonces, lo designe heredero del
padre de otro! Pues, así, de una injusticia resultaría algo
justo.
166 Quizá un fragmento cómico, aunque Porson (en su comentario a
Eurípides, Medea 139 s., ed. Leipzig, 18022, pág. 363) ya combatió esta
suposición.
167 Cf. Pseudo-Jenofonte, La república de los atenienses III 2.
CARTAS
69
41
CONTRA ANDRONICO, A LOS OBISPOS 168
Discurso pronunciado en Ptolemaida, ante el pueblo y los sacerdotes
de la Pentápolis, en el 412. Posterior a la C. 96
Las potencias maléficas contribuyen a los planes de la
providencia en el universo (pues castigan a quienes merecen
ser castigados), pero, no obstante, reniegan de Dios y son
abominables.
Movilizaré — afirma el Señor — contra vosotros un pue-
blo 169 y de él os vendrán mil y un sufrimientos; y acaba afir- 5
mando que también va a marchar contra esos mismos a
quienes hace entrar en campaña, porque, cuando os tuvieron
en su poder, no mostraron piedad ni os trataron humana-
mente. La verdad es que no me aprendí al pie de la letra las
palabras sagradas, pero estoy seguro de que hay un pasaje
de las escrituras en el que Dios se presenta diciendo esto. Y
no habló así para no obrar luego en consecuencia170, sino 10
que el rey de Babilonia asoló la ciudad de Jerusalén y
esclavizó al pueblo y él mismo no mucho después enloque-
ció m: quedó, pues, por la justicia de Dios la ciudad yerma
hasta el punto de que puede ponerse en duda si en aquel
lugar alguna vez existió una ciudad.
168 Esta carta parece realmente un discurso público sobre el asunto de
Andronico, mientras que la siguiente es ya una encíclica con el decreto de
excomunión del gobernador.
"» LXX, Jeremías, 27, 9.
i™ LXX, IV Reyes 24, 1 ss.
171 Nabucodonosor II murió de enfermedad, según nos cuenta Flavio
Josefo, Contra Apión I 146.
70
SINESIO DE CIRENE
15 Hay que tener, entonces, la osadía de preguntarle a Dios:
«¿Por qué levantas en armas a unos hombres, cual vengadores
tuyos, contra aquéllos que han pecado, y, después de haber
obedecido la voluntad divina y haberse hecho verdugos de
todos ésos contra quienes se les envió, justo cuando debe
pagárseles la recompensa por sus servicios, entonces, preci-
samente, sufren tu castigo?» ¿O será que él nos ha atizado de
20 esta manera en respuesta a nuestras demandas?
En efecto, desde el momento en que, hollada aquí la ley
divina, el mal ha pasado a la humanidad, las fuerzas del mal
devienen especialmente malignas, pues al sobreabundar su
naturaleza se hacen también más activas. Por tanto, una vez
que el mal ha sobrevenido (dado que es tarea de la sabiduría,
25 virtud y potencia divinas no sólo hacer el bien — pues ésta
es por así decirlo, la naturaleza misma de Dios, como es la
del fuego calentar y la de la luz alumbrar — , sino incluso,
más que nada, la de llevar a cabo un fin bueno y útil por
medio de los males concebidos por algunos, y servirse pro-
vechosamente de lo que parece despreciable), siendo así m,
lo propio de una sabiduría bien dotada de recursos es «va-
30 lerse» en la ocasión oportuna «hasta de los males» m. Pues
bien, siempre que Dios necesite agentes que castiguen, puede
valerse ya de los demonios que guían nubes de langostas, ya
de los que causan epidemias, ya de un pueblo bárbaro, ya de
un gobernante malvado: en una palabra, de naturalezas
aptas para obrar el mal común. Él, sin embargo, las aborrece
por el hecho mismo de ser aptas para eso. Y es que Dios no
172 Hemos mantenido la construcción sintáctica del original con todos
sus incisos, aunque añadimos este «siendo así» a manera de epítome.
173 Plotino, Enéadas III 2, 5, 23.
CARTAS
71
crea instrumentos de calamidad, sino que se vale resuelta- 35
mente de quienes están por sí mismos predispuestos a eso.
Y es el hecho de que tú hayas resultado ser útil para ese
fin, esto en particular, lo que te separa totalmente de Dios.
Del mismo modo existen también objetos para usos nobles
e innobles 174 y así se les considera, pues a cada uno se le
califica de acuerdo con el empleo para el que sirve. Una 4o
mesa es una cosa sagrada porque, por medio de ella, se
honra al Dios de la amistad y la hospitalidad175 (fue su
amistad para con los huéspedes lo que hizo de Abraham el
anfitrión de Dios 176) y un látigo es algo abominable (pues
está al servicio de la ira) y uno, en cuanto lo ha usado, se
arrepiente. No obstante, Dios se preocupa de quienes sufren
castigo y no es en absoluto poca cosa esto de merecer la 45
atención de Dios y quedar por medio de la expiación limpio
de pecado.
Las naturalezas vengadoras están totalmente vueltas de
espaldas a Dios, pues lo destructivo es siempre hostil al
creador. Y no está en absoluto el vengador, sea hombre o
demonio, en disposición de ofrecer sus inclinaciones como so
un servicio a Dios, sino que lo que hace es dar gusto a la
perversidad de su naturaleza e ir en pos de la calamidad
pública.
Pues bien, por mucho que la ciudad debiera padecer el
infortunio que tú le causaste, no por eso debes tú librarte de
la pena, pues también esto habría podido alegarlo en su
defensa Judas. Que a Cristo se le crucificara por los pecados 55
174 2 Tim. 2, 20.
175 Cf. las expresiones Zeus phílios, Zeus xénios (por ejemplo, Platón,
Fedro 234 e; //. XIII 624 s.).
176 Cf. Génesis 18, 1 ss.
72
SINESIO DE CIRENE
de todos, era algo que tenía que ser, pero también tenía que
ser lo que Dios dice: «¡Ay de aquél por cuya culpa ocurre
esto! Más le valdría a ese hombre no haber nacido»177. La
parte visible del asunto fue que de su traición se derivó como
consecuencia la horca, pero la parte invisible nadie podría
comprenderla, pues la comprensión humana no es capaz de
60 concebir cuál podría ser el castigo para el traidor de Cristo.
Desde luego, lo de haber servido al destino en la forma
. en la que tenía necesariamente que ocurrir, no es una defensa
muy fina. Es preciso, pues, que, cuanto antes, los ausuria-
nos 178 y Andronico paguen la pena que se merecen por lo
"65 que nos han hecho. Y es que contra las langostas179 que
arruinaron nuestra cosecha, devorando la mies hasta el tallo
y los árboles hasta la corteza, se levantó un viento que
soplaba hacia el mar y las arrojó en mitad del piélago: así
que, frente a esta plaga, Dios puso en formación al noto y
contra los ausurianos ya está elegido, de su parte, un coman-
dante180.
70 ¡Ojalá sea éste para nosotros el más piadoso y el más
justo de todos los comandantes que de su parte nunca se nos
haya enviado! ¡Ojalá pueda yo felicitarlo por su victoria
177 Cf. Mateo, 26, 24. Pero cf. Ireneo, Adv. Haer. I 31, 1.
178 Seguramente se trata de los Austoriani de Amiano Marcelino,
XXVI 4, 5 y XXVIII 6, 2 (cf. Filostorgio, Hist. ecl. XI 8). Puede
consultarse la obra de J. Desanges, Catalogue des tribus africaines de
l'antiquité classique a l'Ouest du Nil, Dakar, 1962, págs. 152 y 259. Sobre
esta invasión ausuriana y sobre los abusos de Andronico, cf. nuestra
Introducción general en Sinesio. Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993 (I.
7. El episcopado y los últimos años).
179 Sus plagas eran devastadoras en la Cirenaica: cf. Sinesio, Disc. II
{Catástasis maior) 304 a y ed. Garzya, 1979, pág. 55, n. ad loe.
180 Se trata de Marcelino que sucedió a Inocencio en el cargo de dux
Lihyae: cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior).
CARTAS
73
sobre los enemigos! «Feliz — se dice — el que les pague con
la misma moneda que le pagaron. Feliz quien estrelle a sus
niños contra las piedras» ¿Cuál, cuál será la perdición
que le espera a Andronico, azote de nuestra tierra? ¿Cuál 75
sería la pena merecida por un alma tan malhechora? Lo que
es para mí, de todas las plagas con las que Dios persiguió
nuestros pecados, Andronico es con mucho más gravoso
que ninguna. Y es que, además de las calamidades comunes,
él es un mal particular mío. Por medio de él me acosa el
tentador para que deserte de mi servicio al altar. Pero he de 80
remontarme un poco más atrás en mi relato para que así,
añadiendo a lo que ya sabéis aquello que no todos conocéis,
pueda daros un informe coherente de ciertas cosas acerca de
mí. Y en vista, pues, de lo que sigue, me viene bien que esto
lo escuchéis vosotros de mi boca.
Desde niño se me representó a mí que eran un bien 85
divino el ocio y el desahogo, esto que alguien sostuvo como
propio de las naturalezas divinas 182: esto mismo, para quien
lo poseyera y recogiera sus frutos, significaba cultivar el
intelecto y estar unido a Dios. Así, de todas esas ocupaciones
que existen o surgen para los niños, yo apenas me interesé,
y tampoco de las que tienen los adolescentes y los jóvenes. Y, 90
después de haber reclamado mi mayoría de edad, no me
desvié de aquel gusto, ya de la infancia, por la desocupación,
sino que, como si me pasara la vida en una fiesta solemne,
durante todos estos años he mantenido un estado de ánimo
plácido y bonancible.
Pero no por eso me ha hecho Dios inútil para los hom- •
bres, sino que, muchas veces, tanto particulares como ciuda- 95
181 Salmos 137 (136) 8 s.
182 Cf. Platón, Teeteto 172 d.
74
SINESIO DE CIRENE
des han solicitado mis servicios en lo que necesitaban. Y es
que Dios me ha concedido la capacidad de realizar las
mayores cosas y de querer las más bellas. Nada de esto me
arrastró lejos de la filosofía ni truncó mi feliz ocio. Que
100 obrar entre empellones, afanes y apuros, eso es malgastar el
tiempo y sumergir el alma en preocupaciones materiales.
Pero, en cualquier momento en que lo único conveniente sea
hablar y en que acompañe la persuasión y el discurso resulte
eficacísimo, ¿por qué escatimar palabras si se puede librar a
alguien de una desgracia? Animal valioso es el hombre:
valioso sin duda si, como realmente sucedió, por él fue
crucificado Cristo.
105 A mí, pues, hasta el presente año, persuadir a los hombres
fue quizá la parte que me asignó Dios y quizá la he ido
llevando a cabo con éxito, aunque de mala gana me he
dedicado a estas ocupaciones. (La verdad es que este hecho
ahora parece desmentido). Junto con otras muchas cosas,
que claramente eran obra de Dios, esto también lo atribuía
no yo a él y vivía con buenas esperanzas como un animal suelto
y libre en el recinto sagrado del universo, repartiendo mi
existencia entre las plegarias, los libros y la caza. Pues, para
que alma y cuerpo estén sanos, es necesario lo uno esforzarse,
lo otro rogar a Dios. En medio de semejante desahogo fui
pasando los años hasta la aceptación del sacerdocio m, ante
el que yo he resultado ser el más pusilánime de quienes
115 alguna vez lo asumieron. Pongo por testigo al Dios que está
por encima de todas las cosas, con cuyos inefables misterios
he cargado por vuestra causa: bien lejos de ambiciones e
intereses humanos, en la soledad me acerqué yo a él, en
muchas ocasiones y lugares, y le supliqué cabizbajo y de
183 Tras ser aclamado como obispo en el verano del 410.
CARTAS
75
rodillas, prefiriendo la muerte antes que el sacerdocio 184. Y
es que era como una reverencia y un afecto lo que me 120
mantenía sujeto al ocio filosófico, en cuya defensa pensaba
yo que eran necesarios todos mis esfuerzos y palabras. Pero,
después de sucumbir ante Dios yo, el que prevalecía sobre
los hombres, como corría el rumor de que quien era consi-
derado digno de este ministerio venía a ser un conocido de
Dios, fui sobrellevando, aunque a regañadientes, este nuevo
lance de mi vida: de hecho, cuando ya estaba dispuesto a
huir185, atajó mi intento la esperanza de futuros bienes y el
temor de cosas peores. Escuché también a algunos santos 125
ancianos que me decían que Dios era mi pastor 186 y uno de
ellos, en una conversación, declaró que el Espíritu Santo era
alegría y, por eso, alegraba a quienes participaban de él y
añadió que los demonios se habían disputado con Dios la
posesión de mi persona y que yo los afligía al decantarme
hacia el mejor partido. «Aun en el caso de que ellos te
pongan en aprietos — afirmaba — , un filósofo consagrado no
sacerdote no está dejado de la mano de Dios». Así que yo
(puesto que no soy propenso a envanecerme ni a darme
lustre a mí mismo) le eché la culpa a mi mala suerte, pero no
a la intervención del demonio de la envidia (pues no creo
que me pertenezca una virtud tan grande que pueda provocar
ojeriza I87). En cambio, lo que más temía era que yo, debiendo
184 Cf. C. 11, 3 s.
185 Sinesio se encontraba en aquel momento en Alejandría: cf. C. 96.
186 Me theós poimainei: cf. LXX, Salmos 22, 1 (Kyrios poimaínei me.
187 Estamos ante una nueva versión, diríamos, del antiguo tema de la
envidia de los dioses: cf., por ejemplo, Od. IV 181 s.; Heródoto, I 32;
Píndaro, Piticas X 19 ss.; Eurípides, Hipólito 20; también Isaías, 10, 12
ss. (pero cf. la oposición de Platón, Fedro 247 a, Timeo 29 e; Aristóteles,
Metafísica 983 a).
76
SINE5IO DE CIRENE
135 como debía pagar la pena por mis pecados, no fuese capaz
de tratar dignamente los misterios de Dios. Además, ya
preveía esa mala suerte con la que dentro de poco iba a
tropezar. Fue presentarme aquí y, a la vez, presentarse
también todos los espantos posibles, y el que llevaba la
batuta de todos ellos era Andronico, un demonio belicoso,
insaciable de calamidades, volcado sobre los despojos de la
ciudad. ¡Ay! Por todos los rincones de la plaza lamentos de
140 hombres, gemidos de mujeres, llantos de niños. Él le había
dado el aspecto de una ciudad conquistada: la parte más
hermosa de ella la hizo trizas, con lo que fue el causante de
que se la llamara «lugar de la venganza», y el pórtico regio,
el antiguo tribunal de justicia, lo convirtió en sala de torturas.
145 Se la ofreció como altar y mesa188 a los demonios vengado-
res189, a quienes él mismo, sí, se había asignado. ¡Ay! ¡A
cuantas lágrimas de ciudadanos los convidó!
¿Qué escitas de la Táurica, qué lacedemonios honraron a
su Ártemis 190 con tanta sangre de azotes? Todos corrieron
150 derecho hacia mí y por todas partes me lancé derecho a oír
y ver males. Lo amonesté sin convencerlo, con mis reproches
sólo conseguí irritarlo. Las circunstancias de aquel momento
pusieron en evidencia mi debilidad, que Dios hasta entonces
había mantenido oculta a los hombres. Y es que, al haber
siempre cosechado el mérito de los éxitos que se aceptaban
como tales, llegué a crear en mi patria respecto a mí una
188 Cf. 1 Corintios 10,21.
189 Cf. Plutarco, Cuestiones romanas 51, 277 a,
190 En relación con los escitas de esa zona (la Crimea actual) y sus
costumbres sólo hay que recordar la obra de Eurípides, Ifigenia entre los
tamos (y cf. Heródoto, IV 3). De sacrificios humanos a Ártemis Ortia
entre los laconios nos habla Pausanias, III 16, 6 ss., basándose en el autor
trágico.
CARTAS
77
presunción de poder. Y lo más grave de todo lo que me ha
sucedido es esto: el hecho de que se me juzga desde la
esperanza que en mí han depositado los que no me conocen,
pues no logro convencerlos diciéndoles que no tengo ningún
poder, sino que se me considera capaz de conseguir toda
cosa justa. El resultado, por tanto, es que me siento aver-
gonzado y triste. Derecho en mi alma han entrado el sufri-
miento y las más diversas preocupaciones 191 y problemas
imaginarios, y Dios está lejos.
Si esto que ocurre por causa de Andronico es producto
de la acometida de los demonios, han logrado todo lo que
querían. En mis plegarias ya no he percibido yo esa habitual
dulce sensación, sino que de plegarias sólo tienen la forma,
mientras yo por doquier me agito entre problemas, dividido
como estoy entre la ira, la tristeza y todo tipo de sufri-
mientos.
Sin embargo, por medio del intelecto estamos en relación
con Dios, mientras que la lengua está al servicio de los
hombres en lo que a los hombres atañe. Pues bien, si he
tenido la desgracia de no haber prestado atención en mis
plegarias, la prueba de ello está a la vista. La verdad es que
de este cambio de mi vida no sólo he sacado el perjuicio de
topar con cosas materiales a raíz de esa falta de atención
mía, sino que además yo, que hasta hace poco he vivido sin
penas, he visto el cadáver de aquél a quien yó supliqué a
Dios preceder en la muerte. Con tan amargas ceremonias de
entrada en la sede me ha acogido la ciudad "2. Así van las
cosas de los hombres, ahora arriba y ahora abajo, y viene
una corriente y al azar lo arrastra todo junto, ya sea favorable
"i Cf. Teognis, 729.
192 Ptolemaida.
78
SINESIO DE CIRENE
o ya desfavorable. Pero cuando me sobrevino el infortunio
de perder al más querido de mis hijos 193, yo habría llegado
175 incluso a hacerme algo terrible a mí mismo: hasta tal punto
se había apoderado de mí el sufrimiento. Sí, yo en lo demás
me comporto como un hombre (y lo digo entre quienes me
conocen) y mucho de todo lo mío 194 se somete a la razón¿
pero lo cierto es que ante el afecto sucumbo de tal modo que
la irracionalidad domina a la razón. No ha sido con doctrinas
180 filosóficas como he dominado el presente sufrimiento, sino
que ha sido Andronico quien me ha hecho tomar otro giro
y poner mi atención en las calamidades comunes. Por tanto,
unas calamidades se han convertido para mí en consuelo de
otras calamidades: me arrastran hacia sí y «repelen un sufri-
miento con otro sufrimiento» IW. ., ,
Además, me asalta el recuerdo de los bienes pasados
185 junto con la amarga sensación de las presentes circunstancias:
después de aquéllos, en éstas me encuentro y vivo lleno de
angustia, tras haber sido privado a un tiempo de todas las
cosas. Pero, de cierto, el mayor de los males, el causante de
que mi vida carezca de esperanza, es el hecho de que yo,
acostumbrado a que nunca me faltara la respuesta de Dios
a mis súplicas, ahora por primera vez sé que mis plegarias
190 son en vano y, luego, contemplo mi casa en tan mala situación
y me veo forzado a habitar en mi patria sumida como está
en la desgracia. Estoy «a disposición de todos» 196 , por venir
a mí todos y cada uno para llorar y lamentarse de lo suyo,,
pero sólo puedo compadecerlos con una compasión que es
193 Hesiquio, que murió en la primavera del 411.
194 «La mayoría de mis impulsos», podríamos traducir. Cf. C. 72, 20,
n. 416.
195 Cf. Sinesio, Egipc, 107 c, n. 72; C. 79, 96.
196 Cf. Sinesio, Dión 55 a, n. 104; C. 79, 108.
CARTAS
79
inservible. A esto se añade también la vergüenza que siento
porque a un ciudadano, víctima de las calamidades y del
robo de dinero público, Andronico le ha reclamado más de
diez mil estateras 197 y ha decidido, sin concederle plazo 195
alguno, condenarlo a muerte por mil que le quedaban por
pagar o, más bien, por mi causa. Sí, por mi causa lo tiene
encerrado en una fortaleza inexpugnable, como aquélla en
la que los poetas198 imaginan que están encarcelados los
Titanes 199. Y, según dice, para que yo no lo saque de ahí,
hoy hace cinco días que a este hombre, por orden suya, no
se le da de comer, después de haberles prohibido a los
carceleros que le llevaran pan a la celda. Pero es que, hace 200
poco, todos le han oído gritar que más útil que mil estateras
será la muerte de este funcionario. Por eso también a quienes
lo visitan para la compra de terrenos, los atemoriza, inquieta
y aleja con cualquier medio. No creo, pues, que le urja el
dinero, lo que le urge es que ese hombre muera. Yo ni tengo 205
fuerzas para atacar unos muros tan sólidos ni maña para
deslizarme dentro y sacar a ese hombre de la calamidad.
«Nadie — como se dice — deja pasar a nadie» 200 . Y es que,
aunque los alcaides sean quienes son por naturaleza, ahora,
sin embargo, viven teniendo también como modelo a An-
dronico, que se sienta en el primer puesto para deshonrar 210
a la Iglesia.
Y de lo que son sus acciones contra mí no hago cuenta:
que incluso debería yo estarle agradecido, por recibir sus
ofensas para ofrecérselas a Dios, como un martirio. Recordad
197 Las estateras (o, mejor, los estateros) de oro valían, según los
sistemas, entre veinte y veintiocho dracmas; los de plata, entre dos y cuatro.
198 Literalmente «los hijos de los poetas»: cf. Sinesio, Calv. 78 d, n. 1 14.
Cf. II. VIII 479 ss.
200 Un proverbio según el escolio.
80
SINESIO DE CIRENE
además vosotros quién era él hasta hace poco y ponedlo en
comparación conmigo, que, si no otra cosa, al menos des-
ciendo de aquéllos cuya línea de sucesión, desde Eurístenes m,
215 el que condujo a los dorios de nuevo a Esparta, hasta mi
padre, ha sido grabada en las tablas públicas m. Este hombre,
por el contrario, no sabe decir el nombre de su abuelo y ni
siquiera el de su padre, según dicen, salvo que se lo imagine,
y a la carroza de gobernador saltó desde una atalaya de
atunes203.
Por tanto, después de quedar admirado ante el esplendor
220 de la ciudad, qüe se avergüence de sus propios defectos. Yo,
por mi parte, hasta llegar al sacerdocio estuve colmado de
honor y nunca experimenté la deshonra, pero ahora ni
podría complacerme en la honra ni me afligiría por el des-
precio, pues ni lo uno ni lo otro parece ya que vienen de su
promotor a recaer sobre mí, sino que ambas cosas se remon-
225 tan a Dios. Por eso este hombre, que se atreve a todo, como
no pudo ni con sus palabras ni con sus actos causar ninguna
conmoción, se apartó de mí para embestirle a Dios mismo y
ante el pueblo congregado a su alrededor prorrumpió en las
voces que muy pronto vais a escuchar, en cuanto se dé
201 Hijo de Aristodemo y primer rey de Esparta (junto con su hermano
Proeles): cf. Heródoto, IV 147; Apolodoro, Bibliot. II 8, 2 ss.; Pausanias,
III 1, 7 s.
202 En Atenas, originariamente, las kyrbeis eran unas pirámides giratorias
de tres caras en las que se grababan las leyes (identificadas a veces, por esta
razón, con los áxones). Luego el nombre se aplicó a tablas o columnas con
inscripciones de diverso tipo. A su noble alcurnia Sinesio también se
refiere en H. III 38 s., Disc. II (Catástasis maior) 303 a, C. 113, 15 ss.
203 Desde el thynnoskopéion un pescador vigilaba la llegada de los
bancos de atunes: cf. Eliano, Historia de los animales XV 5; Opiano, De
la pesca III 637 ss.
CARTAS
81
lectura a la carta enviada a las iglesias de todos los lugares
de la tierra.
Tal es el comportamiento de una naturaleza sin cultura 230
cuando detenta el poder: su empeño es «golpear el cielo con
la cabeza»204. ¡Sea!, que ejerza su poder, que se abandone a
sus instintos en la ocasión propicia, que mate, que encarcele
a cualquier ciudadano que se le antoje. A mí me basta con
permanecer en el puesto en que me colocó Dios, lo que se
reduce a mantenerme lejos de la compañía de los malvados, 235
conservar mis oídos puros de doloroso blasfemia 205
y desentenderme de la protección de quienes sufren injusticia,
una vez que haya alegado en mi defensa ante vosotros y el
pueblo los intentos que hice en vano. Propio de alguien con
una gran talla intelectual hubiera sido obrar así incluso
antes de haber tenido esta experiencia. Ahora, sin embargo,
yo he aguardado a que, a raíz de los hechos, corroboréis mi 240
opinión, porque combinar las dotes políticas con el sacerdocio
es conciliar lo inconciliable206.
La antigüedad admitió que una misma persona fuera
sacerdote y juez. En efecto, sobre los egipcios y el pueblo de
los hebreos durante mucho tiempo reinaron sacerdotes 207.
204 Fr. Com. Adesp. 531 Kock (cf. Sinhsio, C. 79, 6). La expresión tiene
valor proverbial y hace referencia a la soberbia del gobernante injusto.
205 Hexámetro de autor desconocido.
206 La expresión (synkléthein... ta asynklota) se encuentra luego en
Juan Filópono, In Arist. Phys. Comment. 34, 14.
207 Cf. C. 121, 38 ss. Respecto a los egipcios, cf. Plutarco, Sobre Isis
y Osiris 354 b. En cuanto a los hebreos, Sinesio se refiere a la unción (y, por
tanto, al carácter sagrado) de los reyes de Israel. El rey era «el ungido de
Yahvéh» (cf. 1 Samuel 24, 7; 26, 9 etc.). David es rex sacerdos en Prudencio,
Cathemer. IX 4.
82
SINESIO DE CIRENE
Luego, me parece, cuando la obra divina se fue realizando
245 de forma humana, Dios disoció los dos géneros de vida y
una se mostró como propia de los sacerdotes y otra de los
gobernantes: así, a éstos los volvió hacia la materia, a aquéllos
les encomendó un puesto junto a sí mismo. Por tanto, a
unos se les ha encomendado ocuparse de los asuntos públicos,
a otros, como yo, de las plegarias. Pero a ambos les reclama
250 Dios el bien. ¿Por qué, entonces, procedes al contrario? ¿Por
qué lo separado por Dios intentas reunirlo tú, considerando
cosa digna no que yo gobierne sino que «me entremeta en el
gobierno de otro» 208? ¿Qué podría ser para mí más penoso
que esto? ¿Necesitas un protector? Dirígete al que administra
las leyes del estado. ¿Necesitas algo de Dios? Dirígete al
sacerdote de tu ciudad, rio pensando que entonces podrás
255 conseguirlo todo, sino qué yo pondré mi empeño. Pero en
el caso de que se me permita estar tranquilo, quizá algún día
sea capaz incluso de aquello, pues en cuanto uno vuelve la
espalda a la materia también se vuelve hacia Dios 209.
La contemplación es el fin propio de un sacerdocio que
no desmienta su nombre. Pero la contemplación y la acción
no se dignan coexistir210. Y es que el comienzo de toda
26o acción es el impulso211 y ninguno hay exento de pasión,
pero, por el contrario, sí es necesario que esté vacía de
pasiones el alma que va a ser receptáculo de Dios. «Pues a
lo impuro — según dicen — , que no le sea lícito tocar lo
208 Cf. Plutarco, Preceptos políticos 817 d.
209 Cf. Plotino, Enéadas I 6, 6, 13 etc.; Porfirio, Sententiae 7 (y
Platón, Fedón 67 d).
210 A pesar de estas palabras, Sinesio supo conjugar de forma óptima el
bios theoretikós y el bios praktikós: cf., por ejemplo, lo que dice en Dión
45 c ss. (cap. VII). :
2" Cf. Platón, Timeo 27 c.
CARTAS
83
puro»212. «Sosegaos y reconoced que yo soy Dios»213. Un
ocio sosegado necesita el que es sacerdote y, a la par, filósofo.
No condeno a los obispos que se ocupan en asuntos públicos, 265
sino que, consciente como soy de apenas alcanzar a uno de
los dos menesteres, admiro a quienes pueden con ambos.
No soy yo capaz de «servir a dos amos» 214. Pero si hay
alguien que no se vea impedido para este descenso simultáneo
con aquella elevación215, éste podría no sólo ser sacerdote
sino también gobernar ciudades. Un rayo de sol, aunque se
meta en el fango, permanece puro e impoluto, pero, si esto 270
mismo me pasa a mí, necesitaré las fuentes y el mar216. Y si
a un ángel le fuera posible vivir más de treinta años entre los
hombres sin complacerse en el mal de la materia en razón
del apasionamiento por ella217, ¿para qué se habría necesitado
que descendiera el hijo de Dios? Lo que denota un poder 275
superior es frecuentar las cosas peores y permanecer en la
propia condición natural de uno sin apasionarse de ningún
modo218. Esto no es sino un canto de alabanza a Dios, pero
lo que el hombre ruega es evitarlo, precavido contra la
debilidad de su naturaleza.
212 Platón, Fedón 67 b (y cf. Plutarco, Sobre Isis y Osiris 352 d;
Sinesio, Dión 50 a, C. 137, 44 ss.).
213 Salmos 46 (45), 11.
214 Mateo, 6, 24.
2,5 «Tuttavia, se qualcuno non si senta menomato dal dover contempo-
ráneamente stare in alto e discender verso il basso (apó tes synkatabáseós),
...» (Garzya). Quizá podría entenderse también de la siguiente manera:
«...impedido para condescender con lo terreno...».
216 Es decir, «necesitaré el agua de todas las fuentes y hasta del mar para
quedar limpio».
217 Cf. Porfirio, Sententiae 32, Sobre la abstinencia 131.
218 Porfirio, Sententiae 29, Sobre la abstinencia I 42.
84
SINESIO DE CIRENE
Dentro de estos términos conviviré yo con vosotros y,
28o por supuesto, no me privaré de escoger la ocasión oportuna
para, cuando me esté permitido, ir «descendiendo sin des-
cender»219, o sea, para hacer un gran bien con sólo una
vuelta220 que me pueda dar (así es también la política de
Dios).
Lo terrible es quedarse apegado221: esto no lo tolera ni la
285 naturaleza de Dios ni nadie que hacia Dios se enderece. Si
he puesto toda mi preocupación en mi dinero y en mis
posesiones, si os consta que yo recibo las cuentas de mis
gastos diarios o anuales y luego escatimo el tiempo en
vuestros asuntos, entonces soy un impostor y no merezco
perdón. Si, por el contrario, me he despreocupado de mis
asuntos particulares y, antes que nada, he ordenado mi vida
290 a actuar de acuerdo con el intelecto, ¿por qué va a ser terri-
ble que yo considere merecido exigiros lo mismo? Pero,
como con esto no os complazco, por haber otros que son
capaces de manejarse igual de bien en ambos campos, en
vuestra mano está decidir lo mejor para la ciudad, para la
Iglesia y para mí. Por supuesto que no voy a renunciar al
295 sacerdocio: ¡ojalá nunca tenga Andronico tanto poder como
para eso!
Pero, lo mismo que no he sido un filósofo corriente ni he
buscado el aplauso de los teatros 222 ni he abierto una escuela
(aunque, por eso, no era yo menos filósofo y, de hecho,
desearía serlo aún), así tampoco quiero ser un sacerdote
corriente.
215 Es decir, bajar al grado inferior sin abandonar el superior (cf. arriba,
n. 215). Este proverbio también puede leerse en Sinesio, Sueñ. 143 c.
22° Cf. n. 209.
221 A lo propio del grado inferior, se sobreentiende.
222 Cf. Sinesio, Dión 54 d s,
CARTAS
85
No todos lo pueden todo 223. Yo, en esta convivencia mía 300
conmigo mismo y, por medio del intelecto, con Dios, cuando
desciendo de la contemplación sólo puedo tener unas rela-
ciones no inútiles con uno o dos individuos, y no de ésos de
la masa, sino personas de tal clase que, ya sea por la condición
natural que les tocó en suerte o por la educación que feliz-
mente recibieron, se sientan admirados del intelecto antes
que del cuerpo. Y, además, si me aplico a los asuntos públicos, 305
pero con largos intervalos de descanso y con arreglo a mi
comodidad, podría ser útil justo en el momento oportuno.
Pero, si me dejo enterrar por aquéllos, seguro que me olvido
de mí mismo y lo que causo es el descalabro de esos asuntos:
que no es posible hacer bien lo que uno odia. Pues quien
hace algo que no tiene decidido con plena voluntad, va sin
ánimo a la acción al frente de la cual debe ponerse; en 310
cambio, aquél para quien el ocio no es algo familiar y que no
sabe cómo aprovechar su ociosidad, es, por esto mismo
precisamente, el hombre que más provecho rinde al pueblo,
el alma con más cabida para satisfacer las preocupaciones
de todos. Sin duda, quien por naturaleza es así y quiere, ése
incluso les estaría agradecido a las circunstancias que lo
arrastran a sus pies, por estar haciéndole el favor de darle 315
argumentos a esa predisposición natural suya. Y es que el
mejor expediente para el éxito es el amor al propio deber.
Así que debemos escoger todos nosotros a un hombre más
resolutivo y escogerlo en mi lugar, pues yo apenas soy capaz
de salvarme a mí mismo.
¿Por qué esos gritos? ¿Es que porque aún no se haya
hecho esto, no merece la pena hacerlo ahora? Mucho de lo 320
223 Cf. Teognis, 902; Eurípides, Reso 106; y, por ejemplo, Virgilio,
Bucólicas VIII 63.
86
SINESIO DE CIRENE
que era necesario el tiempo lo ha descubierto y enderezado:
no todo acontece según el mismo plan. Cada una de las
cosas que han acontecido tuvo un origen y, antes de existir,
no existía. Merece más la pena preferir lo útil que lo impuesto
por la costumbre: demos nosotros comienzo a una mejor
manera de proceder. Debemos, pues, escoger a alguien en
325 mi lugar o escogerlo para que esté a mi lado, pero, en todo
caso, escogerlo. Quienquiera que sea, se mostrará en política
muchísimo más sabio que yo y sabrá, en provecho vuestro,
cómo tratar y manejar a esos miserables hombrecillos.
No obstante, si todavía no os parece bien, aplacémoslo
330 para otra ocasión, pues podéis meditar sobre ello individual-
mente y, también, unos con otros. Ahora escuchad con qué
medidas el concilio le ha salido al paso a la locura de
Andronico 224.
42
Decreto de excomunión contra Andronico,
expedido desde Ptolemaida a la diócesis pentapolitana.
Contemporáneo de la C. 41
A Andronico de Berenice 225, nacido, criado y crecido
para desgracia de la Pentápolis y que consiguió, comprándolo
con dinero, el gobierno de la tierra que lo dio a luz, nadie lo
5 considere ni lo llame cristiano, sino que se le expulse, junto
224 El decreto, nacido del concilio o de una asamblea del clero en
general presidida por el metropolitano (cf. ed. Garzya, 1989, pag. 140, n.
42), se lee en la carta siguiente.
225 Una de las ciudades de la Pentápolis líbica, hoy Bengasi.
CARTAS
87
a toda su familia, de toda iglesia por haber pecado contra
Dios. Y no porque él haya resultado ser la plaga para
rematar a la Pentápolis, tras el terremoto226, la langosta227,
el hambre, el fuego y la guerra, persiguiendo hasta el fin a
quienes salieron vivos de todo esto, e introduciendo por
primera vez en el país géneros y formas de castigo insólitos 228
(ojalá sea él, podría decirse, el único en utilizarlos): empul-
gueras, torturapies, prensas, aferranarices, agarrotaorejas y
retuercelabios (a quienes previnieron el tener que probarlas
y verlas, aunque fuera por haber perecido antes en la guerra,
se les calificó de dichosos por parte de quienes, para su mal,
lograron salvarse); no es por esto, digo, sino porque él ha
sido el primero y el único de nosotros que, con hechos y
palabras, ha blasfemado contra Cristo. Con hechos, desde el
momento en que en la puerta de la iglesia clavó sus disposi-
ciones: a los maltratados por él les impedía el derecho de
suplicar asilo ante la mesa de altar229, mientras a los sacerdotes
de Dios les lanzaba imprecaciones que habrían vacilado en
proferir incluso Fálaris de Agrigento, Cefrén el egipcio y
Senaquerib el babilonio 230, el que mandó embajadores a
226 No sabemos en qué año se produjo el seísmo.
22' Cf. C. 41, 65, n. 179.
228 Con respecto a las torturas, cf. el Codex Theodosianus XII 1, 39 y
85 (leges de curialibus puniendis).
229 Si atendemos de nuevo al Cod. Theod. (IX 40, 15; XI 36, 31 etc.),
podemos deducir que el edicto de Andronico estaba respaldado por lá ley
(sabemos que el derecho de inmunidad de las iglesias no fue sancionado
hasta el 21 de noviembre del 419). Sinesio sería consciente de ello, pues el
Codex Paímiacus 706 nos transmite una redacción posterior y abreviada de
la carta en la que faltan estas líneas y algunas otras más: cf. ed. Garzya,
1979, pág. 73, n. ad loe.
230 Fálaris fue tirano de Acragante o Agrigento en Sicilia (s. vi a. C);
Cefrén (Kefrén, Sefrén o Jafra), faraón de Egipto de la IV dinastía (c. 2550
88
SINESIO DE CIRENE
20 Jerusalén para injuriar a Ezequías y a Dios. Aquel día yo
afirmo que él llevó a cabo la segunda crucifixión de Dios,
pues para injuriar a Cristo colgó él de la sagrada puerta
aquel ultrajante libelo. El sol lo vio y los hombres lo leyeron,
y no en el tiempo en que Tiberio Claudio poseía el mando
25 del estado, cuando a Pilato se le envió a gobernar Judea,
sino en el momento en que sostiene el cetro de los romanos
la pía prole de Teodosio 23i, de quien Andronico, a escondidas,
ha solicitado para sí el cargo, con los mismos propósitos que
Pilato. El escrito era cosa de risa para los gentiles que por
30 allí pasaban, como lo era para los judíos lo que se escribió
en el título puesto en la cruz de Cristo. Así y todo, la
inscripción de la cruz, aun nacida de una mente impía, tenía
algo de respetuoso en la expresión, porque Cristo era pro-
clamado rey232. En éste, por el contrario, el lenguaje y la
mente coincidían. Pero, sin duda, lo de después fue más
grave que aquel ofensivo bando poco antes notificado 233. Y
35 es que cuando encontraba alguna excusa contra un enemigo
(y una enemistad entre ellos podía surgir de que uno preten-
diera un matrimonio y el otro se lo impidiera), lo torturaba
con aquellos abominables castigos. ¡Ojalá éstos no se trans-
mitan con el paso del tiempo, sino que se acaben con él,
a. C); Senaquerib, rey de Asiría (ss. vm-vii a. C). La crueldad de los tres
se hizo proverbial: cf., respectivamente, Píndaro, Píticas 1 95; Herodoto,
II 127 ss.; LXX, IV Reyes 18, 13 ss.
231 Teodosio II (emperador del 408 al 450), hijo de Arcadio y nieto de
Teodosio el Grande.
232 En el tltlos o titulus de la cruz como es sabido: cf. Juan, 19, 19.
233 Intentamos recoger el sentido del verbo stéliteúd (ton próen este-
liteuménón). Téngase en cuenta que las estelas se empleaban, entre otros
fines, para grabar el nombre de aquellas personas a quienes se quería
infamar: cf. Isócrates, XVI 9; Demóstenes, Contra Filipo III 45.
CARTAS
89
como con él comenzaron, y que estas notas características
del gobierno de Andronico queden para la posteridad en un
mero rumor!
Así pues, en cierta ocasión en que a un hombre bien 40
nacido se le estaba torturando, no por sus delitos sino por su
mala suerte, con aquellos instrumentos (y esto se ejecutaba
a pleno sol del mediodía 234, para que sólo fueran testigos de
su muerte los verdugos), al enterarse Andronico de que la
Iglesia mostraba su compasión hacia aquél, y no por otra
cosa sino porque yo, nada más saberlo, salí corriendo, tal
como estaba, con el fin de situarme a su lado y compartir su
desgracia, se pone él entonces rabioso cuando llega a sus 45
oídos que un obispo ha osado tener piedad de un hombre a
quien él odiaba. Y, tras cometer con la fanfarronería propia
de un joven muchas iniquidades, instigado por el más audaz
de sus servidores, Toante235, a quien utilizaba como brazo
ejecutor para la calamidad pública, al fin añadió a su locura
las palabras más blasfemas, diciendo que vanas esperanzas 50
abrigó aquél en la Iglesia y que nadie escaparía de las manos
de Andronico, ni aunque se abrazara con fuerza a los pies
del propio Cristo.
Con esa mente suya falta de toda educación, tres veces
profirió esas palabras, después de lo cual no hay que amo- 55
nestar más a este hombre sino tan sólo cortarlo, como un
miembro ya incurable, y apartarlo de nosotros, no vaya a
ser que, por contagio, se corrompa también lo que está sano.
Pues la infección lo que hace es transmitirse 236 y quien toca
lo contaminado lo único que gana es ponerse a suplicar 237.
234 Cf. Platún, Fedro 242 a.
235 Otros ayudantes de Andronico se mencionan en la C. 79, 29 ss.
236 Temistio, Discursos VII 101 a.
237 La limpieza o purificación de esa mancha, se sobreentiende.
90
SINESIO DE CIRENE
Es preciso ser puros de mente y cuerpo ante Dios. Por
eso la Iglesia de Ptolemaida a las demás de toda la tierra,
60 hermanas suyas, les ordena lo siguiente:
A Andronico y a los suyos, a Toante y a los suyos, que no
se les abra ningún templo de Dios. Que se les cierre todo
lugar y recinto sagrado. No hay sitio para el diablo en el
65 paraíso: si entra a escondidas, se le expulsa. Así pues, exhorto
a todos los particulares y a los dignatarios a que no reciban
a Andronico ni bajo su mismo techo ni en su misma mesa,
y especialmente exhorto a los sacerdotes, que no deberán
hablarles en vida, ni acompañar su cortejo fúnebre cuando
mueran. Y, si alguien menosprecia a nuestra Iglesia, por ser
la de una pequeña ciudad, y acoge a los excomulgados por
70 ella, entendiendo que no es necesario obedecer a un pobre,
sepa él que ha dividido ala Iglesia que Cristo quiere que sea
una sola. El tal, ya sea diácono 23?, presbítero u obispo, será
tenido por nosotros en la misma consideración que Andro-
nico: ni le ofreceremos la mano ni comerá nunca de nuestra
75 misma mesa, y muy lejos estaremos de hacer partícipes de
los inefables misterios divinos a quienes pretenden ser parti-
darios de Andronico y Toante.
43
A JUAN 239
Contemporánea de la C. 52
Tal como muchas otras veces te fui útil en la ocasión
precisa y, con palabras y obras, mitigué las contrariedades
238 El término griego es leuiies (lat. levita, ¡evites), «levita» y, luego,
«diácono», dado que los levitas se encargaban de los servicios auxiliares del
culto.
239 Cf. C. 2, n. 8.
CARTAS
91
de la fortuna, según aconsejaron mis fuerzas en cada mo-
mento, también ahora en los problemas que te han sobreve-
nido me parece que debo aportar mi opinión, ya que no 5
puedo hacer nada. Pues no es de ley que Sinesio, mientras
tenga aliento y pueda, no esté dispuesto a hacer el bien, de
cualquier manera que sea, a sus amigos. Por tanto, escucha
lo que considero conveniente decirte.
Si la fama es una diosa240, como afirma alguno de nuestros
poetas, tú eres quien ha dado muerte al bienaventurado 241 10
Emilio, no por haber cometido el asesinato sino por haberlo
planeado: maquinaste una intriga brutal y pusiste en marcha
al sicario, el más cruel de tus guardias. Sí, esto dice la fama
y no le es lícito mentir, siendo como es una diosa. Pero, si
Hesíodo no tiene razón en lo que dice y muchas de sus
palabras son vanas, también esto tuyo no es sino uno de sus 15
muchos cuentos (yo así querría que fuese, pues menos me
importa perder el dinero que perder a un amigo) y, si ahora,
sin ser culpable, oyes hablar mal de ti, entonces es que eres
un desdichado y no un criminal (¡ojalá ni siquiera fueses un
desdichado!). En aquel caso merecerías odio con toda justicia;
en éste, piedad. Por mi parte, tan susceptible como soy a las
relaciones amistosas, creo que, en aquel caso, también debe- 20
ría odiar tu acción; pero de ti, sin embargo, tener piedad. Y
lo propio del que tiene piedad es ayudar en la medida de sus
fuerzas y descubrir de qué manera podría, en su opinión, ser
de provecho. Así que, en uno y otro caso, me toca aconsejarte
lo que me parece mejor. Pienso que, ya seas culpable o
inocente, lo que te conviene es lo mismo. 25
240 Hesíodo, Trabajos y días 764.
241 Cf. n. 130.
92
SINESIO DE CIRENE
Preséntate ante la ley y entrégate al juez con el conjunto
de tus guardias, si algún interés sientes por ellos. Y, si
cometiste ese horrible hecho, ruega, suplica, implora, no
dejes de postrarte a sus pies, hasta que, a raíz de la sentencia,
30 acabes por venir a manos del verdugo y pagar tu pena. Bien
te estará, amigo Juan, llegar al juicio de allá abajo después
de purificarte aquí. No creas que son palabras vanas las de
esta exhortación mía ni consideres que me estoy burlando
de ti (¡así pueda yo gozar de la santa filosofía y, además, de
35 mis hijos!). Si no me fueras tan querido, no te habría aconsejado
algo que no les deseo a mis enemigos. ¡Qué nunca se les
ocurra que para el criminal es mejor afrontar el castigo por
propia iniciativa, sino que no cesen de disfrutar con sus
crímenes, para que así sean malvados durante más tiempo y
estén obligados a expiarlo todo allí abajo!
40 Por mi amistad contigo me arriesgo incluso a decirte algo
que es secreto: no es lo mismo pagar la pena en este nuestro
cuerpo craso 242 que en esa imagen que es el alma. Más fuerte
es Dios que los hombres y lo humano es sólo una sombra243
de todo el orden divino. Precisamente lo que en los estados
son los verdugos, brazos de la ley, esa misma función la
desempeñan en la ordenación natural del universo los espíritus
45 del castigo244. Son demonios purificadores que ejercen con
las almas el mismo oficio que los bataneros con las ropas
sucias 245. ¿Es que, si las ropas tuvieran sensibilidad, crees tú
242 Es decir, el cuerpo material o terreno (pachys). De la materia crasa
también se habla en los escritos gnósticos.
243 Cf. Píndaro, Píticas VIII 95 s.
244 Las Poinaí (también en singular) aparecen personificadas como
diosas de la venganza en los autores griegos clásicos y postclásicos (lat.
Poenae, las Furias) y también en el propio Sinesio, Egipc. 123 b («Castigos»).
245 Cf. Platón, República 429 d s.
CARTAS
93
que podrían soportar que las pisaran, las lavaran con natrón
y las cardaran de todas las formas posibles? ¿Con cuántos
dolores quedarían limpias de sus antiguas manchas 246 y de
las inmundicias que estaban adheridas? Y omito decir que 50
en muchas está la porquería tan sumamente agarrada en lo
más hondo que no se puede quitar y antes llegarían a estro-
pearse que a regresar a su estado primitivo, porque esa tacha
se ha integrado en su naturaleza, ya sea por el largo espacio
de tiempo, ya por su magnitud. A un alma que se encontrara
en tal situación le convendría ser corruptible. 55
La verdad es que los pecados guardan analogía con las
manchas que no se pueden limpiar, pero no así el alma con
esa ropa sucia que no resiste el lavado, sino que, por ser ella
inmortal, la pena que paga es infinita, en el caso de que
cometa pecados de esos que calan hasta fijarse y son imbo-
rrables. Pero, si uno paga la pena de sus pecados en la
misma vida en la que los cometió, esa tacha, aun después de 60
pegársele, no se le adhiere del todo, sino que su alma, al
estar, podría decirse, recién teñida, se limpia rápidamente 247.
Por tanto, debe pagarse la pena lo más rápido posible, y
ante hombres encargados de castigar, no ante demonios 24S.
Se dice también — y personalmente esta hablilla me con-
vence— que los agraviados tienen el poder de infligir el
castigo más tarde e incluso de acortar este plazo 249. Por 65
tanto, es lo mismo hacerle a uno solo un gran mal que
comportarse injustamente con muchos en pequeñas cosas,
pues cada uno, por turno, saldrá al encuentro, y se debe
246 Para el término kélís, cf. Sinesio, H. I 551 y Oráculos caldeos, Fr.
196 Des Places.
247 Cf., por ejemplo, Platón, Fedón 113 e s.
248 Cf. Platón, Gorgias 476 a ss. (y, arriba, líneas 43 ss„ n. 244).
249 Cf. Platón, Fedón 114 a s.
94
SINESIO DE CIRENE
estar dispuesto a resarcirlos a todos. Pero, en tal caso de que
exista posibilidad de curación, ante el juez tiene gran valor
70 el hecho de que el alma haya expiado de antemano lo bas-
tante como para alcanzar la piedad de aquellos que sufrieron
injusticia. Entonces, ¿cuándo puede esperarse que obtengas
el perdón de parte del alma bienaventurada250 de Emilio?
Yo creo, o más bien sé con absoluta claridad, que todo
suplicante que se haya castigado a sí mismo, es digno de
respeto. En cierta ocasión se presentó ante mí uno para
75 defenderse de una culpa: por el hecho de anticiparse a reco-
nocer su responsabilidad y admitir que merecía el castigo, se
libró del castigo. Por el contrario, deleitarse con los agravios
que uno ha cometido, ya sea contra bienes o contra personas,
lleva al agraviado a una mayor pesadumbre.
¿Y qué será de ti cuando, tras abandonar el cuerpo, ya
sea a consecuencia de una ejecución o de cualquier otro
so modo, contemples luego tu propia persona reducida sólo al
alma251, sin que tu lengua pueda negar cosa alguna y con la
marca grabada de tu delito? ¿No sentirás vértigo 252? ¿No te
verás sin salida? Serás arrastrado en silencio y quedarás
expuesto al juicio, tú, yo y todo aquél a quien no haya
85 purificado de antemano un acto público de arrepentimiento.
Pero hay que comportarse como un hombre, noble amigo
(¡que ojalá seas noble!), y despreciar los placeres que nos
procuramos a base de injusticias. No hay que sentir vergüenza
ante los hombres, sino confesar el delito ante el juez y'
aplacar con una expiación inmediata a los espíritus del
250 Cf. n. 130.
251 El original griego es muy gráfico: ... auten ten psychén auúi t£i
psychh theasámenos (Garzya: «quando... ti toccherá di osservare ridotto
alia sola anima te stesso»).
252 Cf. Platón, Gorgias 486 b y 526 e s.
CARTAS
95
castigo de allá abajo 253. Pues, si el mayor bien es no pecar,
el segundo es someterse a la justicia.
Al que lleva mucho tiempo cometiendo injusticias impu-
nemente debe considerársele desgraciadísimo: de él ni Dios
ni los hombres se preocupan.
Míralo también de la siguiente manera. Se dice y se oye
que la falta de castigo se relaciona con el mal; entonces, el
hecho de ser castigado lo está con el bien: que la razón
dispone aquello de «lo contrario con lo contrario»254. Si yo,
pues, hubiera estado allí presente, no habrías tenido tú la
necesidad de enfrentarte, sin que te salieran los colores, a
esta desagradable situación255 ni de denunciarte a ti mismo,
sino que yo me habría encargado de hablar en tu favor y te
habría llevado, como es costumbre entre los médicos 256.
Cualquier mentecato, sin duda, habría dicho: «Sinesio está
acusando a Juan». Pero tú te habrías dado cuenta de la
verdad: que yo tomaba tu defensa con todo mi respeto y
preocupación por ti, para que te encontraras mejor en medio
de aquellas desgracias. Pero esto sería así de haber existido
por tu parte algún delito, cosa que ojalá no haya existido,
por tu bien y el de tu ciudad. Pues toda ella quedaría man-
chada de sangre, si se hubiera llegado al atrevimiento de
derramar la de uno de la misma estirpe. Mas, si tu mano y
tu mente están limpios (¡y ojalá sea así!), ¡malditos los que
han conspirado contra ti! También a éstos los aguardan los
castigos de bajo tierra, porque no hay otra conducta tan
253 Cf. n. 244.
254 Expresión ya proverbial: cf. Hipócrates, Sobre las ventosidades 1;
Gregorio de Nacianzo, Discursos XL 24 (lat. contraria contrariis curantur).
255 Cf. Aristófanes, Nubes 1216.
256 Mantenemos la concisión del original (Garzya: «... e ti avrei accom-
pagnato dai giudici come si accompagna dal medico un ammalato»).
96
SINESIO DE CIRENE
odiada por Dios como la del murmurador, que daña a
escondidas. Siendo como es el más vil, lo que por encima de
110 todo hace es el mal y hasta se dice que va ligada a todos ellos
una cierta reputación de sodomitas y que tienen un grandí-
simo dominio de lo concerniente a estas artes, por más que
en otras muchas sean también expertos y hábiles. De manera
que, si a uno se le sorprende inventando habladurías sin
fundamento, con eso basta, no preguntes ni vaciles: aunque
H5 parezca que es un tipo durísimo, atrévete y deja al descubierto
al hombre afeminado que es, un auténtico cofrade de Cotis 257 .
De ti depende, a raíz de estas palabras, sacar a relucir la
calumnia, y lo harías si tú y los tuyos os entregarais a la
justicia. Preséntate y di lo siguiente: «Algunos acusadores
120 míos hay ocultos, que ya de antemano se han condenado a
sí mismos al considerar digno esconderse. Sin embargo lanzan
contra mí muchas y graves acusaciones y puede que conven-
zan a alguien: tan insidiosos y hábiles son en dar falsas
razones para sus habladurías». Luego, explica los motivos
por los que oyes hablar mal de ti: un matrimonio y un impío
asesinato. Y, como dicen, según creo, que mandaste a un tal
125 Espátalo 258 a perpetrar el asesinato, tráelo también a él y
suplícale al tribunal, incluso implorándole de rodillas, que
no lo deje ir sin una investigación previa ni lo condene sin
haber comparecido. «Sin duda, ¡oh, tú, el más poderoso de
los prefectos! — dirás — , por el hecho de que nadie haya
presentado una acusación pública no por ello dejas de estar
obligado a recurrir a todo tipo de examen en busca y captura
no de la verdad. El tan pregonado Espátalo, éste es. Aquí lo
25' Cf. Sinesio, Calv. 85 c, n. 167 (y C. 45, 8).
258 Es decir un lascivo o disoluto (spátalos: cf. de Bardesano, el hereje,
en Eusebio, Preparación evangélica VI 10).
CARTAS
97
tienes. Dispon de su cuerpo para la tortura. Si es culpable,
hoy necesariamente se va a revelar como acusador mió y de
sí mismo».
Y aun cuando él no se deje convencer por tales palabras,
al menos a nosotros, que somo hombres de a pie, con esto
nos basta. Pero, si se muestra benévolo y te concede una 135
audiencia sobre el asunto, entonces puedes de todo punto
defenderte brillantemente a la vez que avergüenzas y acallas
a los murmuradores. Desde luego a ese Espátalo no le
dejarás que se vaya tan fresco, sino que se le atará, se le
colgará y se le abrirán en canal los costados. Hábiles son, de
cierto, los torturadores a la hora de desenmascarar la simu-
lación: han inventado ellos unos garfios que tienen la infali- 140
bilidad de los silogismos científicos, de manera que, cualquier
cosa que salga a la luz cuando éstos se enganchan, ésa es la
pura verdad.
Si se te declara inocente y se te absuelve, te marcharás
del tribunal victorioso y ufano, limpio de culpa y con buena
reputación. Pero si, aun habiéndote yo recomendado lo que 145
creo que te conviene, tú no lo haces y no te presentas ante el
juez, la verdad la ve y la sabe la Justicia. Es totalmente
seguro que el ojo de la diosa259, el que a todas partes llega,
ha observado Libia, la hondonada aquella y el rumor aquel,
ya sea real o ficticio, y la carrera de Emilio para huir, lo que
ha sufrido y por obra de quién, y lo que dijo y lo que oyó, 150
si es que dijo y oyó algo. Y sabe ella que, si se da el caso de
que, en tu interior, seas inocente y puro ante Dios, por no
haber cometido ni maquinado ninguna acción execrable, no
lo serás, sin embargo, ante nosotros, los hombres, hasta que
259 Cf. Solón, Fr. 3, 15 s. Adrados; y Fr. trag. adesp. 421 Nauck2.
Sobre Díke, cf. Sinesio, Egipc. 121 d, n. 110.
98
SINESIO DE CIRENE
te defiendas en regla. Ni te ofreceremos la mano ni comerás
155 de nuestra misma mesa, pues, si nos contagias y nos im-
pregnas de impurezas 26°, tememos a los espíritus vengadores
de Emilio. También llevamos nostros nuestras propias man-
chas: no debemos echarnos más.
44
A OLIMPIO
Desde Ptolemaida. Contemporánea de la C. 4
Unos malvados ajenos a la Iglesia la están afligiendo.
Avanza contra ellos: que «los clavos se sacan a golpes con
otros clavos»261.
45
A SU HERMANO
Desde drene a Ficunte 262
A ese esclavo de nombre y de disposición, que, en mi
ignorancia, les he comprado a los herederos de Teodoro
para que sea mi profesor de gimnasia, de antiguo le viene la
vileza (pues su nacimiento y crianza han sido malos y no le
260 Así traducimos el término prostropí (la súplica para librarse de
algo): cf. C. 42, 58 y n. 237.
261 Corp. Paroem. Graec. II 1 16, 9.
262 El antiguo puerto de Cirene. Esta carta es toda ella una «variación»
sobre Arquíloco, Fr. 4 West: cf. Garzya, «Una variazione Archiloquea
in Sinesio», Maia 10 (1958), 66-71; íd., Studi sulla lírica greca da Akmane
al primo Impero, Mesina-Florencia, 1963, págs. 161 ss.
CARTAS
99
faltó una educación digna de sus inclinaciones naturales,
rondando como estuvo desde niño las peleas de gallos, los 5
dados y las tabernas). «Pero ahora — habría dicho Lisias 263 —
ha acabado con todo, ya toca fondo, es el colmo de lo
desagradable». Lo que es con Hermes y Heracles, patronos
de la palestra, no tiene él ni una pequeña relación; es a
Cotito 264 y a los otros lascivos dioses 265 áticos a quienes sirve
y, por supuesto, de las demás divinidades que haya de este 10
cuño 266 , de todas ellas se preocupa y todas ellas de él. En
cualquier caso, no le impondría yo otra pena, pues el vicio
ya es suficiente castigo para el vicioso. Pero, una vez probado
que él no es apto para convivir con amos que sean filósofos,
envueltos como están ellos en la vergüenza dentro de su
propia casa, que regrese a la ciudad que lo dio a la luz. Pues, 15
quien vea a este rufián pavoneándose por la plaza, con una
corona y perfumado, borracho y entre bailoteos, entregado
a todo tipo de desenfreno y cantando canciones dignas de su
género de vida, les echará la culpa a sus dueños. Entrégalo,
pues, como sea, a un capitán de buque y así lo obligarás a
navegar derecho a la ciudad qué lo dio a luz: más justo es 20
que sea ésta la que lo soporte. Y, durante la navegación, que
vaya atado sobre la cubierta y que no baje a la bodega,
porque, de lo contrario, no te extrañes de que te pueda dejar
medio vacías muchas de las ánforas de vino. Y, si el viaje se
prolongara, podría tragarse el aromático caldo hasta las
mismas heces y persuadir a los marineros a hacer lo mismo: 25
que, aparte de otras cosas, el mal es lo más persuasivo que
263 Fr. 102 Scheib.-Th.
264 Cf. Éupolis, Fr. 93 Kassel-Austin; y, arriba, n. 257.
265 Konísalos era un dios parecido a Príapo, como se desprende de
Aristófanes, Lisistrata 982.
266 Cf. íd., Ranas 889 s.
100
SINESIO DE CIRENE
hay cuando guía hacia los placeres. ¿Y, de todos los que
surcan el mar por un sueldo, quién es tan serio como para
no relajarse en el momento en que esta inmundicia se ponga
a bailar el córdax 267 mientras la copa circula? Y otras muchas
serán sus chocarrerías, contra las que tendrá que protegerse
30 el capitán del buque. Odiseo, en efecto, para que el placer no
lo corrompiera, atado costeó el cantil de las Sirenas268. A
éste, en cambio, habrá que atarlo, para que no corrompa
con el placer a los marineros, por morigerados que sean.
: 46 ;
A LA FILÓSOFA
Me parece que estoy haciendo lo propio del eco. Las
voces que he captado las devuelvo. Ante ti alabo al admirable
Alejandro... 269.
47
A AURELI ANO
A Constantinopla, en el 399 ó 402 210 .
La providencia aún no se preocupa de los romanos271,
pero ya se preocupará y no se quedarán para siempre dentro
267 Danza lasciva propia de la comedia antigua.
268 Cf. Od. XII 49 ss., 158 ss.
269 Sólo conservamos el comienzo de la carta. Para thaumastós
(«admirable»), cf. n. 297.
270 Cf. n. 150.
271 Es decir, al escribirse esta carta Aureliano aún no es el prefecto del
pretorio de Oriente (en uno de sus dos períodos). Quizá Sinesio esté
aludiendo a su tratado Relatos egipcios o Sobre la Providencia, compuesto
entre el 399 y el 402.
CARTAS
101
de sus casas quienes pueden salvar al estado. Al menos en
opinión de ese orador, que se crió conmigo, tu actual poder
es suficiente para la necesidad en que se encuentra. Aprové-
chese, pues, de esto ahora él solo y, posteriormente, de 5
aquello otro en unión de todas las naciones.
48
A ANASTASIO
Desde Ptolemaida a Constantinopla. Posterior a la C. 79
No estuvo bien que Amasis se abstuviera de llorar por
las desventuras de Polícrates, las que él previó que sucede-
rían272. Pero, con aquello de haberle enviado un heraldo,
cuando éste aún gozaba de buena fortuna, para comunicarle
que renunciaba a su amistad, dejó claro que sólo habría
llorado si la desventura hubiera precedido a su renuncia. 5
También tú, mientras no tuve tropiezos, permaneciste unido
a mí en la próspera fortuna, para luego alejarte junto con
ella. Y es que, por medio de quienes llegan de Tracia, se va
corriendo el rumor de que tú ni piensas ni hablas bien de mí.
Así pues, esto no es en absoluto una mera renuncia a la
amistad sino toda una declaración de hostilidades. Ya hubiera
sido bastante, si acaso, el hecho de no compartir mi pena; lo
pero añadir otras penas es algo que está más allá de todo
espanto y no es digno ni de Amasis ni de ningún hombre en
absoluto. Pero quizá hayas mirado mejor por tus propios
272 Cf. Heródoto, III 43. Sobre esta carta, cf. n. 421.
102
SINESIO DE CIRENE
asuntos. Haz lo que debes hacer, con tal que lo hagas
gozoso. Que el mal se reducirá a la mitad si con mis sufri-
mientos complazco a mis amigos.
49
A TEOTIMO 273
Desde drene a Constantinopla.
Anterior a la C. 91 y contemporánea de la 39
A Pedro cuéntalo también entre los desasosiegos de la
Pentápolis: un hombre que incluso sin maña alguna busca
transgredir las leyes. La verdad es que también odio a quien
busca hacerlo con mafia. Dios y Dioscúrides lo saben. Pero
aquél es más temerario que esté último; pues, cualquier cosa
5 que desee, primero la agarra y la pone bajo su poder, luego
instruye el proceso y, aunque en la votación salga vencido,
la retiene a la fuerza. Así lo ha hecho ahora. Primero agarró
un ánfora y uno lo denunció y probó su culpabilidad. Pero
él no sólo no la devolvió sino que hasta amenazó con
golpear a los ejecutores de la sentencia. Irritado yo por todo
10 esto y en la convicción de que no es posible la vida allí donde
ciertos individuos tienen más fuerza que las leyes, he procu-
rado que los hombres más ilustres hagan caso a mi reclama-
ción y corran en auxilio de la constitución del estado. Pues,
si él saliera con éxito, dentro de poco veríamos a muchos
Pedros. Le doy las gracias al admirable Martirio porque ha
compartido mi enojo más que nadie y me ha ayudado con
273 Un poeta.
CARTAS
103
mejor predisposición que ningún otro. ¡En pago de esto ojalá 15
le venga de Dios todo lo bueno! De parte de Antemio 274 bien
estaría que no recibiera él mal alguno, si Pedro le pone la
demanda, tal como lo amenazó. Y, para que eso no ocurra,
te lo ruego, te lo ruego encarecidamente, a ti y, por medio de
ti, a ese hombre admirable, al filósofo Troilo 275: impedidle a
este réprobo que actúe contra la ley con el concurso de la 20
propia ley. Me preocupa no sólo la Pentápolis sino también
el hecho de no convertirme en el causante de la desgracia de
un amigo. Descubrir cómo cortarle los pasos a este calum-
niador276 no es cosa mía sino tuya. ¡Qué tú eres el más
expeditivo de todos cuando se trata de buenas acciones!
50
A PILÉMENES 277
Desde drene a Isauria
Haces bien en regresar a la ciudad 278 en la que reside el
emperador. Pues, aunque en los montes de Isauria te haya
274 Fue magister offiáorum con Aureliano. Llegó a cónsul en el 405,
para pasar luego a prefecto del pretorio de Oriente del 405 al 415. Otro
Antemio fue emperador de Occidente del 467 al 472.
275 Troilo de Side era un sofista consejero de Antemio (conservamos
una obra suya: cf. Rhetores Graeci VI 42 ss. Walz).
276 Literalmente, «sicofanta». Los sicofantas eran delatores profesionales
que pronto se ganaron muy mala fama por perseguir a los inocentes o hacer
chantaje (cf. Lisias, XXV 3; Isócrates, Antídosis 313).
277 Un abogado.
278 Constantinopla. Isauria es una comarca de Asia Menor, en la región
del Tauro, entre Pisidia y Cilicia.
104
SINESIO DE CIRENE
acompañado una suerte próspera, no obstante esa prosperi-
dad es menos próspera en vista de aquel lugar. En cierta
forma, a mí personalmente me interesa que te encuentres
5 bien junto a la propia corte: viviendo allí podrás recibir y
•podrás enviar cartas, la más preciada para mí de todas las
mercancías exportables de Tracia.
51
ATEOTIMO
Desde drene a Constantinopla, al menos después del 404
Más provechoso le fue a Hierón el trato de Simónides
que a Simónides el de Hierón279. Y, por el dios de la amistad
que nos une a ti y a mím, que no te felicito a ti por tu
amistad con el gran Antemio más que al propio Antemio, el
5 grande, por la suya contigo. Pues, para un hombre con
poder, ¿qué posesión hay más bella que un amigom dotado
de un carácter franco, como yo sé que es Teotimo, una
persona afabilísima y amada por Dios? Pero tú a Simónides
lo superas en esto, en que Simónides mismo se avenía a
conversar por dinero J82; y tienes en común con él lo siguiente,
que Simónides consolidó a Hierón en el transcurso de los
279 Cf. Platón, Cartas II 311 a (y el Hierón de Jenofonte).
280 Platón, Akibíaáesl 109 d. Ese dios es Zeus Phíliós.
281 Menandro, Monástico 575 JAkel; y cf. Jenofonte, Ciropedia VIII
7, 13; Dión de Prusa, De la realeza I 30.
282 Cf. Simónides, Fr. 623 Page; Aristófanes, Paz 698 s.; Calímaco,
Fr. 222 Pfeiffer.
CARTAS
105
siglos y Antemio, gracias a la poesía de Teotimo, será un io
nombre importante en los círculos literarios, mientras haya
griegos. ¡Ojalá él incremente la prosperidad de los romanos
y tú su propia fama! Que Dios le concedió al arte poética
dispensar la gloria y su encanto te envuelve.
52
A SU HERMANO
A Alejandría, quizá desde Ptolemaida, alrededor del 407
Unos dicen que Juan283 ha matado a Emilio; otros, que
sus enemigos en las tareas públicas inventaron todo esto
contra él. Pues bien, la verdad la sabe la Justicia284 y el
tiempo la descubrirá. Por mi parte, aun siendo incierto el
caso, creo que es necesario alejarse en conjunto de todos
éstos: del uno, porque es un hombre de tal clase que, aunque 5
no haya hecho nada, podría haberlo hecho y, por eso, ha
recibido una acusación en consonancia con sus costumbres;
de los otros, porque, aun no habiendo inventado nada, lo
podrían haber inventado y es una tentativa digna de ellos.
Cuando exista alguna sospecha de un comportamiento im-
propio, aunque muchos se conjuren para atestiguarlo, no
por ello habrá que prestarles más crédito. Por ejemplo, si lo
uno acusara de prostituido a Áyax, la risotada sería grande:
Alejandro 285, en cambio, si no sodomita, afeminado sí fue y
283 El destinatario de la C. 2.
™ Cf. C. 43, 148, n. 259.
285 París, según el escolio. Pero podría tratarse de Alejandro Magno: cf.
Sinesio, Calv. 85 b, n. 165.
106
SINESIO DE CIRENE
dio pie a esta acusación. A Sísifo y a Odiseo 286 los odio, pues
aun cuando hubieran podido decir alguna verdad, eran tales
como para mentir la mayoría de las veces. Yo, dentro de mi
15 infortunio, soy muy afortunado por estar libre de conciuda-
danos de tal clase, sean enemigos o amigos. Parapetado
permanezca yo contra todos éstos, sin tener nada que ver
con ninguno de ellos. ¡Ojalá viva como un extranjero entre
extranjeros!
Nuestras costumbres, antes que el lugar de nacimiento,
son las que nos separan de los demás. Lloro por el glorioso
20 suelo de Cirene, el que antaño habitaban los Carnéades y los
Aristipos 287, y ahora los Juanes y los Julios 288: entre éstos
me encuentro desazonado y, lejos de ellos, en mi sazón. En
cuanto a ti, ni me escribas más sobre los problemas que allí
tenga nadie, ni me recomiendes a individuos que estén pro-
cesados, pues a ninguno de éstos me ofrecería. Sí que sería
yo el colmo del infortunio si me viera privado de los bienes
25 de mi queridísima patria y, por el contrario, tomara parte en
disputas y problemas que me arrastraran fuera del recreo
filosófico 289 y si, además, después de haber escogido la po-
breza como única ganancia de mi inactividad 290, tuviera que
ocuparme gratis de los males ajenos.
286 Ejemplos proverbiales de astucia y falsedad: cf. Corp. Paroem.
Graec. II 191, 7.
287 Carnéades (214-129 a. C), posterior a Arcesilao, pertenece a la
llamada Academia Nueva. Aristipo (435-355 a. C), discípulo de Sócrates,
fundó la escuela cirenaica o hedonista.
288 Julio es un decurión a quien Sinesio se refiere en varias ocasiones.
289 Aquí el término empleado es rhaistóné en vez de scholé, «ocio»: cf.
C. 11, 8 ss. (y 41, 85 ss.).
290 Sobre esta «inactividad», cf., de nuevo, C. 11, 8 ss.
CARTAS
107
53
AL MISMO
Desde la isla de Faros a Ficunte, a comienzos del 405
Zarpamos de Ficunte291 al despuntar el alba y, ya avan-
zada la tarde, atracamos en el golfo de Eritra292. Allí nos
detuvimos lo indispensable para beber y hacer aguada (hay
manantiales en la misma orilla que dan agua pura y agrada-
bilísima) y, de nuevo, apremiados por los carpatios 293, 5
nos dirigimos hacia alta mar. Aprovechamos un viento suave,
pero siempre de popa, y pusimos nuestras esperanzas en no
tener que llevar a cabo día a día nada fuera de lo común.
Así, sin darnos cuenta, todo lo necesario quedó ultimado y
al quinto día vimos esa luminaria294 que se levanta sobre la
torre como señal para los que quieren arribar y, en menos de
lo que se tarda en decirlo, desembarcamos en la isla de
Faros. Es una isla miserable, en la que no se dan ni espesuras 10
ni frutos, aunque sí algunas salinas 295.
291 Cf. n. 262.
292 Etre Apolonia y Darnis (hoy Derna).
293 Afamados marineros: cf. C. 38, 2, n. 162.
294 Se trata del célebre faro de la isla de este nombre: cf. C. 5, 2, n. 34.
295 La descripción concuerda con otras que conservamos: cf. Estrabón,
XVII 791 s.; Pseudo-Escílax, Fr. 107.
108
SINESIO DE CIRENE
54
AL MISMO
Desde drene a Ficunte
Se cuenta que ha llegado de Atenas el vendedor de
calzado a quien me parece que compraste el pasado años tus
zapatillas caladas. Ahora dicen que comercia con mayor
número de artículos, que trae vestidos de confección ática,
trajes ligeros para el calor que te van bien a ti y para mí
5 capas de verano. Por eso, antes de que lo liquide todo
volando o, al menos, lo de mejor hechura (pues quienes se lo
encuentran primero está claro que no se dignan mirar por
los que vienen detrás sino sólo por sí mismos), ¡vamos!,
llama al extranjero y cómprame tres o cuatro de esas capas.
En cualquier caso, el precio que pagues yo te lo restituiré
multiplicado.
55
AL MISMO
Desde drene a Ficunte, en el 405
Una carta larga denuncia falta de familiaridad con el
portador m. Pero el admirable 297 Acacio sabe tanto como yo
296 La teoría epistolar antigua exigía la brevedad de la carta (cf. nuestra
introducción a las Cartas, n. 3). Era el portador de la misma el encargado
de exponer los detalles oralmente al destinatario: cf. C. 84, 1 s. (y ed.
Garzya, 1989, pág. 232, n. 1).
297 Thaumastós podría considerarse a veces (cf . C. 46, 2) como un título
CARTAS
109
y te dirá más aún de lo que sabe, porque siente por ti mucho
cariño y tiene una lengua que sobrepuja los hechos. De
modo que esta carta te la entrego más por la formalidad de 5
saludarte que por precisión. El hecho de comunicarte, acerca
de tu hijo Dioscorio 298, que goza de salud y que lee y está
pegado a los libros, éste será el único valor de la carta.
Le hemos ofrecido una agrupación de hermanos, tras
haberle sumado a Hesiquio un par de varones 299 . Ojalá Dios 10
les conceda la felicidad a éstos, a todos los hermanos, a la
casa de sus padres, al resto de la familia y a las ciudades
patrias.
56
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 395 y el 399.
Anterior a la C. 136
Muchos de los cercanos a mí, tanto seglares como sacer-
dotes, a base de fingir ciertos sueños a los que ellos llaman
revelaciones, me parece que, en plena vela, me van a hacer
la vida imposible como no llegue yo cuanto antes a tomar
tierra en la sagrada Atenas. Conque, cada vez que llegues tú
a encontrarte con un patrón de buque del Pireo, escríbeme, 5
honorífico. Thaumasié tatos (y thaumásios) ya se encuentra con este valor
en el siglo v d. C: cf. Preisigke, Worterbuch... III, Abschn. 9, Ehrentitel,
pág. 190.
298 Se educaba en casa de Sinesio, su tío.
299 Hesiquio, el primogénito de Sinesio, nació en el 404 y, al año
siguiente, los dos gemelos.
110
SINESIO DE CIRENE
que allí me encontraré yo con tus cartas. De mi viaje a
Atenas no sólo me beneficiaré por el hecho de librarme de
los presentes conflictos 30°, sino también por no tener ya que
hincarme de rodillas, en materia de cultura, ante quienes
regresan de allí. Éstos no se diferencian de nosotros, los
mortales (no, al menos, en cuanto a comprender a Aristóteles
10 y a Platón), pero entre nosotros se conducen como semi-
dioses entre «semiasnos» m, porque han visto la Academia,
el Liceo y el lugar en el que Zenón filosofaba, el Pórtico
Pintado 302, que ahora ya no está pintado, pues el procónsul
retiró los paneles 303, con lo que les impidió que presumieran
de sabiduría.
57
AL MISMO 304
Desde drene a Alejandría
En el momento en que soltaste amarras, detuve yo las
muías en el litoral del oeste. Pero, al bajar del carro, te
300 En el 395, por ejemplo, Sinesio tuvo que hacer frente a una invasión
de los ausurianos.
301 Cf. Platón, Alejandro 51, 25. Intentamos mantener el juego de
palabras: en hémiónois («entre mulos») hémüheoi.
m La Estoa Pécile (poikílé, «pintada») o Pisianactea (Pisianacte, suegro
de Cimón, la mandó construir) estaba decorada con pinturas de Polignoto
y dio nombre a los estoicos (cf. C. 136, 12). Zenón de Citio comenzó a
deambular por allí y a pronunciar sus discursos hacia el 301 a. C: cf.
Diógenes Laercio, VII 5.
303 Todavía estaban en su sitio en torno al año 360, según atestigua
Himerio (Discursos LIX 3).
304 Garzya (ed. 1979, pág. 97, n. ad loe, y ed. 1989, pág. 171, n. 1) se
pregunta si habrá que pensar en una fuente común para esta carta y la Oda
I 3 de Horacio.
CARTAS
111
hinchó ya la vela el viento de popa. No obstante, mis ojos os
acompañaron hasta donde pudieron llegar. Mucho les hablé
a los vientos en favor de la persona amada, recomendándoles
la nave a la que yo había confiado esa valiosísima carga.
Ellos, que no son ingratos con la bondad, me prometieron
tu feliz ida y venida: siendo como son divinidades benévolas,
jamás mentirían. Tú, lo mismo que les suplicaste al partir de
aquí, suplícales también cuando de allí regreses hacia acá:
mucho más propicios te resultarán entonces.
58
AL MISMO
Desde drene a Alejandría. Posterior a la C. 55
Cometes injusticia conmigo tú, divina y sagrada persona,
porque, después de haber empujado a un alma como la mía,
simple y conquistable por el roce, a amarte extraordinaria-
mente a ti y a nuestra sobrina 305, ahora me separas de ti y de
nuestra sobrina. Lo cierto es que cuando estaba con ella era
una doble imagen la que veía: por medio de la joven se me
hacía presente el tío. Ahora todo lo que amo se ha ido y a mi
305 Sé te ka) ten adelphidén: en la C. 145, 5 s., Sinesio habla de una
sobrina, hija de un tal Amelio, quien, a su vez, sería el esposo de una
hermana de Sinesio distinta de Estratonice: cf. C. 7, n. 91 (y ed.
Lacombrade, Himnos, pág. VIH; Garzya, sin embargo, traduce: «... ad
amare straordinariamente te e la figlia di tuo fratello, la separi ora e da te
e dalla ñipóte»). El destinatario de esta carta podría, entonces, no ser
Evoptio (de quien sólo conocemos un hijo llamado Dioscorio): cf. O.
Seeck, «Studien zu Synesios», Philologus 52 (1893), 442-483.
112
SINESIO DE CIRENE
propia naturaleza le reprocho su desmesurada propensión a
ser víctima de injusticia. Y, si alguna ventaja tiene la filosofía,
me reintegraré de un carácter más viril y, en adelante, me
encontraréis duro como un roble e impertérrito.
59
A ANISIO 306
Desde Ptolemaida a Constantinopla, después del 411
Aquél a quien he dado la carta es filósofo de alma y
abogado de profesión 307. Pues bien, mientras Anisio estuvo
aquí y hubo una Pentápolis 308, él aún ejercía esa profesión
entre nosotros. Pero cuando, después de ti, vinieron esas
fechas que nos entregaron en manos de los enemigos y
5 dejaron en calma los tribunales, decidió navegar hacia otro
foro, «donde una lengua en venta, mercancía propia de
abogados», hace del abogado un personaje conocido. Pro-
cúrale tú la amistad de alguien que ocupe el gobierno de una
provincia y, por el dios de la amistad que nos une a ti y a
mim, aquél, a quien pidas el favor, te estará agradecido
cuando lo pongas a prueba.
306 En el 411 Anisio abandonó el cargo de dux (comandante militar) de
Libia: cf. Sinesio, Vise. (Catástasis minor).
307 El portador de la carta es Pilémenes (cf., arriba, n. 296). Sobre este
personaje, cf. C. 71, 4 s.
308 Las consecuencias de la tercera invasión bárbara (a partir de la
primavera del 41 1) fueron funestas: cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior).
3°» Cf. n. 280.
CARTAS
113
60
A AUXENCIO
En el caso de que te denuncie por un crimen de lesa
amistad, siendo Dios y hombres piadosos quienes juzguen,
venceré por la totalidad de los votos. Pues, ¿qué hago yo
metido en medio de esa enemistad entre mi hermano y tú?
Porque lo cierto es que a mí no me parecía oportuno que en
su actuación política él siguiera al bienaventurado 310 Faos 5
contra Sabacio. Tú, al no convencerlo con tus palabras,
volviste tu enojo contra mí y me causabas todo el mal de que
eras capaz. También yo acepté (pues en aquel entonces
podía) esa invitación a la contienda, pero ahora ni puedo ni
quiero. Y es que los años hacen bien en extinguir mi afán de
porfía y las leyes sagradas, según dicen, lo prohiben.
Además, me acuerdo de nuestra común crianza y educa- 10
ción y de la estancia en Cirene, cosas que debemos considerar
más importantes que el litigio con Sabacio. Mantén, pues, la
amistad, que es algo precioso, y recibe mi saludo: creo
suficiente castigo para ti el tiempo que he estado en silencio,
aunque corroyéndome (¿o cómo te crees tú?). Sin embargo
perserveraba en la medida de lo posible: ¡un mal tan grande 15
es el afán de porfía!
310 Cf. n. 130.
114
SINESIO DE CIRENE
61
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla, ya avanzado el 402
Cuando tuve que dormir delante del palacio imperial311,
el taquígrafo 312 Asterio vio y me pidió el gran tapiz egipcio
que yo llevaba no para tenerlo echado bajo un cobertor sino
' para que él sólo me sirviera de cobertor. Le prometí que, al
5 irme, se lo dejaría como regalo, pues en aquel momento no
me era posible complacerlo, expuesto como me hallaba a las
nieves de Tracia. Se lo envío ahora, dado que entonces no
pude dejárselo. Tú se lo entregarás con mis excusas: de esta
justificación mía tú mismo darás testimonio con tal que
recuerdes las circunstancias en las que abandoné la ciudad,
ío Dios se puso a sacudir aquel día la tierra muchas veces 3I3,
mientras una enorme cantidad de gente rezaba de bruces,
pues el suelo no cesaba de temblar. Yo, en ese momento,
considerando más seguro el mar que la tierra, aprieto a
correr hacia el puerto, sin decir palabra a nadie excepto al
bienaventurado 314 Focio, y eso gritándole de lejos y hacién-
dole señales con la mano de que iba a partir. Quien se fue sin
311 Durante la embajada (399-402).
312 Los conocimientos de taquigrafía (también los de derecho y latín)
eran usuales en la burocracia del siglo v: cf. A. Garzya, «II Dione di
Sinesio nel quadro del dibattito cultúrale del iv secólo d. C», Riv. Filol.
Istruz. Class. 100 (1972), 32-45.
313 Se trata del seísmo de Constantinopla del año 402, del que tenemos
algunos testimonios (quizá, entre otros, Orosio, III 3, 2): cf. ed. Garzya,
1979, pág. 101, n. ad loe.
314 Cf. n. 130.
CARTAS
115
saludar a Aureliano, querido amigo y cónsul 315, queda excu- 15
sado de esto mismo ante su asistente, Asterio.
Así fue como entonces sucedió. Y si es verdad que desde
mi regreso de allí éste es el tercer viaje de la nave hacia la
región de Tracia, también lo es que es la primera vez que
viaja por encargo mío. Ahora, pues, tan pronto como me ha
sido posible, estoy pagando mi deuda por mediación tuya. 20
Hazme el favor de encontrar a este hombre. Me he adelantado
a indicarte su nombre y ocupación, pero debo añadir algunos
datos más, pues podría ocurrir que hubiera alguien con el
mismo nombre y la misma profesión. Pero difícilmente va a
coincidir todo en el mismo sujeto, pues este otro tendría que
ser, a un tiempo, sirio de raza, oscuro de piel, enjuto de
rostro y de mediana estatura. Vive junto al palacio, pero no 25
la residencia oficial, sino la de enfrente, la que antes era de
Ablabio y ahora es de Placidia316, la hermana de los dos
emperadores. Y si se hubiera mudado (lo que bien pudo ser),
busca a Marco, una persona conocidísima, del despacho del
prefecto (él era quien entonces dirigía la sección de los 30
taquígrafos de la que formaba parte Asterio). Seguro que
por medio de Marco encontrarás a los de la sección, en la
que Asterio no era el último, sino el tercero o cuarto de
ellos, y ahora incluso podría ser el primero.
A él le darás este espeso tapiz y le dirás todo lo que yo te
he contado acerca de aquellas horas. Si quieres, puedes 35
incluso leerle la carta. Y es que la guerra317 no me deja
315 Aureliano en el 402 no era hypatos, «cónsul», sino hyparchos (o
hypatos hyparchos), «prefecto del pretorio»: cf. n. 150.
316 Ablabio fue cónsul en el 331. Gala Placidia era hija de Teodosio el
Grande y hermana, por tanto, de Arcadio y Honorio.
317 Seguramente sería el anticipo de la segunda gran invasión de los
nómadas que comenzó en el 405 (la primera fue en el 395: cf. n. 308).
116
SINESIO DE CIRENE
tiempo para escribirle también a él, pero lo que es ser justos
nada hay acaso que nos lo impida. ¡Ojalá nunca tengan
tanto poder las armas!
62 '7"'
AL MAGISTRADO
Desde Pío lema ida, en el 413
Recompensa de la virtud es el elogio 318 que tributamos al
ilustrísimo Marcelino 3", ahora que cesa en su cargo, ahora
que toda sospecha de adulación es ociosa. Él, que al llegar
encontró a nuestras ciudades hostigadas, desde el exterior
por una furiosa multitud de bárbaros, y desde el interior por
5 la indisciplina de la tropa y por la ambición de los oficiales,
apareció como un dios y a todos los hizo más cuerdos, a los
enemigos con una sola batalla, a los súbditos con su dedica-
ción diaria. De ambos peligros dejó tranquilas a las ciudades.
Desdeñó esas ganancias que la costumbre ha hecho ya que
parezcan legítimas. No maquinó contra los ricos, no ultrajó
10 a los pobres; para con Dios fue piadoso, para con sus con-
ciudadanos justo, para con los suplicantes humanitario. Por
eso, no se avergüenza de elogiarlo un sacerdote filósofo 320,
de quien nadie obtuvo jamás un testimonio falseado por
afán de complacer. Sin duda habríamos querido que estuviera
318 Esta especie de sentencia aparecerá posteriormente en las obras de
otros autores: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 176, n. 1.
319 Fue dux (comandante militar) de Libia hasta el año 413.
320 Cf. C. 41, 130.
CARTAS
117
también presente con nosotros el tribunal de justicia en
pleno, para que, tanto en común como individualmente, cada 15
uno de los ciudadanos de Ptolemaida le tributara en pago
una ofrenda dentro de sus posibilidades, aunque no fuese la
justa, ya que las palabras están siempre muy por debajo de
los hechos. En cualquier caso yo también hubiera pronun-
ciado entonces un discurso en nombre de la comunidad.
Pero, como coincide que él está más allá de nuestras
fronteras, en esta carta deposito para él nuestro testimonio
de alabanza, y no porque se nos insista importunamente
sino porque nosotros insistimos en hacerlo.
63
A JUAN 321
De la amistad de los poderosos se debe usar, no abusar.
64 "
AL MISMO
No pidas cosas grandes, porque una de dos 322: o las
consigues y afliges a otros, o no las consigues y te afliges a
ti mismo.
321 Cf. C. 2, n. 8. La C. 63 y la 64 son meras sentencias que probablemente
podían leerse en alguna carta perdida. Su consideración de cartas habría
que atribuirla al editor postumo del epistolario sinesiano: cf. ed. Garzya,
1989, pág. 59.
322 Literalmente: «para que no ocurra una de estas dos cosas».
118
SINESIO DE CIRENE
65
A SU HERMANO
Te he remitido los dos Dionisios 323, para que uno de los
dos libros lo recibas y el otro lo recobres.
66
A TEÓFILO
Desde Palebisca o Hídrax324 a Alejandría, en el 411.
Posterior a la C. 67
No es sólo que yo quiera sino que hay en mí una divina
necesidad de considerar como ley todo lo que esa tu sede
sancione 325. Por ello, después de haberme excusado de cele-
brar un oficio de difuntos, de haber sometido mi cuerpo,
aún convaleciente, a esfuerzos, de haber recorrido, como si
5 no fuera peligrosa, una ruta peligrosa, cercada de armas
enemigas, ahora me encuentro en Palebisca e Hídrax. Son
éstas unas aldeas de la Pentápolis, en los confines mismos
323 Seguramente se trate de Dionisio de Halicarnaso y de Elio Dionisio
de Halicarnaso.
324 Aldeas de la Pentápolis. Sinesio, por mandato de Teófilo, el patriarca
de Alejandría, hace una visita pastoral para comprobar la situación de estas
lejanas comunidades (expuestas al arrianismo) y examinar si el obispo allí
existente merece la aprobación o debe ser sustituido.
325 El verbo aquí empleado, thespizó, «profetizar» y el sustantivo thés-
pisma, aparecen en el Bajo Imperio para referirse a disposiciones o leyes
decretadas por el emperador.
CARTAS
119
del desierto libio 326. Al llegar aquí convoqué a los habitantes,
les leí una carta y les entregué otra (pues la una iba dirigida
a ellos y la otra, que también trataba sobre ellos, a mí). 10
Pronuncié luego un discurso que se adaptaba a la elección
de prelado, con el fin de convencerlos y, si fuera conveniente,
obligarlos a tomar en consideración el asunto del obispo,
pero no pude quebrantar el favor del pueblo hacia el piado-
sísimo Pablo 327.
Pretendo que me creas, padre: no querría yo haber hecho
este viaje en vano. Choqué contra un pueblo que me apreciaba 15
mucho: si alguno de sus próceres puso el grito en el cielo o
si alguno, tras levantar una tarima y subir a ella, pretendió
ser el abogado defensor de todos y extenderse en un discurso
al respecto, yo lo entregué, por venal y por conspirador, en
manos de los alguaciles, después de ordenar que lo bajaran
de allí rodando y lo expulsaran de la asamblea. Al pueblo, 20
confuso como estaba, una y mil veces me lo concilié y le
impuse orden y por todas las vías posibles vine a glorificar
con mis palabras esa tu sede patriarcal y a convencerlos de
que al rechazarte u honrarte a ti, se rechaza o se honra a
Dios 328. Ellos entonces con voces de respeto invocaron el
beato 329 nombre de tu piadosa persona y, postrados, te 25
326 Literalmente «de la sedienta Libia».
327 Obispo de Eritro. ,
328 Cf. 1 Tesalonicenses 4, 8.
329 El empleo del adjetivo makários como sinónimo de makarítés (cf. n.
130) es casi exclusivo de los siglos v al vm d. C. (pero ya en Platón, Leyes
947 e; y cf. las líneas 56 y 71 de la presente carta). Sin embargo, como aquí,
también se podía aplicar a los vivos con el valor de epíteto honorífico,
según se atestigua en Hipólito, Refutación IX 12 o en Eusebio, Hist. ecl.
VI 11, 6 y en las cartas cristianas griegas del siglo v. Cf., al respecto,
O'Callaghan, Cartas..., págs. 121 s. y 136 (cartas 27 y 33).
120
SINESIO DE CIRENE
suplicaban, como si estuvieras presente, con gritos y lamentos.
Pues bien, entre los hombres la cosa fue menor, aunque vino
a parar más allá de lo que yo esperaba; pero las mujeres, que
son lo más inmanejable que hay, levantaban los brazos
ofreciendo a sus recién nacidos y cerraban los ojos, como
3o para no tener que fijarlos en aquella sede vacía de su prelado
habitual, y poco faltó para que provocaran en mí un senti-
miento parecido, a pesar de que mi postura era contraria a
la suya. En el temor de que me fuera a ocurrir esto (pues me
daba cuenta de que me estaba dejando llevar), disolví la
asamblea y ordené que volviera a reunirse tres días después,
al tiempo que imprecaba con las más violentas imprecaciones
35 a todo aquel que por dinero, por conveniencia, por complacer
o, en general, por algún interés privado profiriera alguna
cosa de las que promueven la desobediencia a la Iglesia.
Llegó el día señalado y el pueblo se presentó de nuevo
con actitud hostil y combativa. Ni siquiera aguardó a que se
le preguntara, sino que de inmediato el tumulto fue total y
se produjo un vocerío confuso, en el que los oídos, por el
enorme retumbo, eran incapaces de distinguir nada. En
4o cuanto los heraldos eclesiásticos 330 impusieron silencio, los
gritos acabaron tornándose lamentos. Oírlos y demudarse el
rostro de tristeza era todo uno: lamentos de hombres, gemidos
de mujeres, llantos de niños331; uno decía que añoraba a su
padre, otro a su hijo, otro a su hermano332, y así, según la
edad, se repartían los diversos nombres de parentesco. Y
45 cuando, entretanto, me disponía yo a hablar, se me muestra
330 Podríamos traducir hierokérykes por «silenciarios».
331 Cf. C. 41, 139 s.
332 Según el escolio ad loe. (cf. ed. Garzya, 1989, pág. 182, n. 2), estos
términos hacen referencia al obispo Pablo.
CARTAS
121
un escrito que había salido del centro de la muchedumbre y
uno me pide que se lo lea públicamente a todos. En él se me
conjuraba a que dejara de tantear por la fuerza a la muche-
dumbre y a que aplazara mi deliberación hasta que ellos
pudieran enviar a tu beatísima 333 persona un embajador con
su dictamen acerca del asunto. Se me solicitaba además que
hiciera un alegato por escrito en el que informara de lo que
yo, a mi vez, me había informado. 50
Se decía, en efecto, por parte de los sacerdotes del sínodo
y de toda la muchedumbre en público (y el escrito exponía
esto mismo circunstanciadamente) que era tradición ancestral
y apostólica 334 el hecho de que estas iglesias pertenecieran a 55
la de Eritro, pero que se distanciaron respecto del beato 335
Orion por ser demasiado anciano y por pesar sobre él la
imputación de que era el colmo de la benignidad (y es que
estojia sido siempre una mácula ajuicio de quienes pretenden
que el sacerdocio sea una salvaguardia en todo lo relacionado
con los hombres y que se ocupe de asuntos muy diversos 336).
También decían que, como su vida337 se prolongaba, no 60
se resignaron a esperar el fin de aquel justo, sino que propu-
333 Cf. n. 329.
334 para Cirene en el Nuevo Testamento, cf. Marcos, 15,21; Hechos 2,
10; 11,20; 13, 1.
335 Aquí makários con el sentido de makarítes, referido a un difunto: cf.
n. 329. Orión fue otro obispo de Eritro.
336 Realmente las carencias del poder civil en esta época obligaban a los
obispos a encargarse de cometidos que iban más allá de lo puramente
religioso, como la asistencia social, la administración de justicia, asuntos
políticos y militares etc.: cf. A. di Berardino, Patrología III, págs. 16 s.;
H. von Campenhausen, Los Padres..., págs. 165 s.; F. A. García Romero,
«El episcopado en los siglos iv y v. El ejemplo de Sinesio», Actas del III
Congreso Andaluz de EE.CC. (en prensa) y cf., abajo, nn. 486 y 644.
33' La de Orión.
122
SINESIO DE CIRENE
sieron para la dignidad al bienaventurado 338 Siderio. Les
parecía éste un hombre joven y activo, que regresaba del
servicio militar en el ejército del emperador Valente 339 para
encargarse de la administración de las tierras por él solicita-
das, una persona capaz de causar el mal a sus enemigos 340 y
65 servir de provecho a sus amigos. En aquel entonces también
se estaba consolidando lo de las herejías 341, pues iban preva-
leciendo gracias a una multitud de seguidores. Era la ocasión
oportuna para la habilidad, que es el instrumento de la
inteligencia. Así pues, fue él, única y exclusivamente, el
designado como obispo de Palebisca. Pero la designación
no fue legal. En efecto, se hizo ilegalmente, según al menos
lo que he oído contar a los ancianos, porque ni fue ordenado
70 en Alejandría ni por tres obispos aquí342, aunque de allí se
había dado el permiso convenido para la elección343. Y es
338 De nuevo el adjetivo makárítés: cf. nn. 130 y 329.
339 Emperador desde el año 364 al 378.
340 Para la relación de esta linea con Arquíloco, Fr. 23, 14 s. West, cf.
A. Garzya, en Síudi... A. Ardizzoni, Roma, 1978, pág. 383.
341 Se trata concretamente del arrianismo (el plural del texto griego, de
necesitar alguna explicación, podría deberse a la existencia de diferentes
partidos dentro de la herejía: anomeos, homeos, homeusianos y pneumató-
macos o macedonianos). Arrio era de origen libio y había muerto en el 336.
La difusión de sus ideas entre el pueblo fue enorme (cf. Quasten, Patrología
II, págs. 10 s.). El mismo Siderio, al menos en un principio (cf. ed. Garzya,
1989, pág. 184, n. 6), abrazó la secta. De los godos arríanos (recuérdese que
el obispo godo Wúlfila o Úlfilas propagó estas doctrinas entre sus compa-
triotas a partir del 341), que ocupaban importantes puestos en la corte
imperial, ya habla Sinesio en sus tratados De ¡a Realeza y Relatos egipcios.
342 Cuando no consagraba el propio patriarca, se requería que fuera un
mínimo de tres obispos quienes llevaran a cabo la ordenación, según el
Canon de Nicea (4, 6) (pero dos o tres según Cánones Apostólicos 1
[Constituciones Apostólicas VIII 47]).
343 El término griego es cheirotonia, «votación a mano alzada, elección»,
aunque más propiamente se trata de la consagración u ordenación. Ya a
CARTAS
123
que afirman que el beato 344 Filón fue el único que se resolvió
a proclamar a su compañero de sacerdocio. Era este Filón
cireneo el de mayor edad, tío y homónimo del más joven; un
hombre, por lo demás, cual se esperaría que fuera un alumno
de Cristo, pero, en cuanto a mandar y ser mandado, más 75
bien audaz que estricto con la ley. Pido, no obstante, perdón
por esta referencia a la sagrada alma del anciano. Éste fue el
único que vino a designarlo y a ubicar en la sede 345 al
bienaventurado 346 Siderio.
Pero la verdad es que, en tiempos sin libertad, el sino es
transgredir el rigor de la ley. Por eso el gran Atanasio 347 so
cedió ante las circunstancias y no mucho después, siendo
como era necesario abrigar aquella pequeña chispa de orto-
doxia que aún existía en Ptolemaida y encenderla más,
ordenó que a este hombre, apto para mayores empresas, se
le trasladara allí para encomendarle la regencia de la Iglesia
metropolitana348. Pero la vejez lo llevó de nuevo a las erigidas
en las aldeas 349. Allí falleció y él, que no vino a suceder a 85
nadie, tampoco tuvo sucesor. Palebisca e Hídrax fueron
restablecidas en su antiguo estado y reincorporadas a Eritro
finales del siglo iv (cuando era Atanasio patriarca de Alejandría) la Iglesia
alejandrina concedió este derecho a todas las demás de África: cf. ed.
Garzya, 1979, pág. 108, n. ad loe.
344 Cf. n. 335,
**5 De Palebisca o Hídrax.
345 Cf. n. 339.
347 Patriarca de Alejandría del 328 al 373. Con respecto a las líneas 81-
83 de la carta, recuérdese que Atanasio, uno de los grandes Padres de
Oriente, fue el más enérgico defensor de la ortodoxia y la fe de Nicea (cf.,
por ejemplo, su tratado Contra los paganos y los tres discursos Contra los
arríanos).
348 Siderio pasó a convertirse en el metropolitano de Ptolemaida.
349 A las iglesias de Palebisca e Hídrax.
124
SINESIO DE CIRENE
por resolución, según afirman, de tu venerable persona.
Ellos, en efecto, insistían sobre todo en que no se debía anular
aquella consagración que partió de ti. Así que les pedí ese
escrito tuyo, pero no pudieron mostrármelo y presentaron
como testigos a los obispos del sínodo; éstos afirmaron que,
en obediencia a una carta remitida desde ahí, habían pro-
puesto al pueblo la cuestión acerca de Pablo y, dado que les
pareció bien a todos tenerlo como obispo, unos hicieron el
informe al respecto y otros fueron los consagradores.
Y, si me permites decirlo, padre reverendísimo 349 bis, aqué-
lla habría sido realmente la ocasión de considerar el asunto,
pues desposeer de algo es más penoso que no concederlo.
Pero que prevalezca también ahora lo que pueda parecerle
bien a tu paternal autoridad. Pues, si lo que a ti entonces te
pareció justo lo fue también para ellos, y eso es lo que
alegan, el hecho de que ya no te parezca justo cambia la
situación, de tal modo que, lo que tú decidas, eso es lo justo
para la masa del pueblo. Que la obediencia es vida y muerte
la desobediencia. Y esto es por lo que no alzan contra ti sus
manos, sino que te suplican no quedar huérfanos, estando
aún vivo su padre: así es como se expresan.
Por mi parte, a este joven350 no sé si elogiarlo por la
benevolencia que todos le muestran o felicitarlo. Que fruto
es de su habilidad o del poder o de la gracia de Dios el
propiciarse de esta forma a los hombres y ganarse al pueblo,
hasta el punto de que, sin él, a todos les parece «la vida
invivible»351.
Por ello, acerca de esto tú querrás decidir de una manera
más humana, conforme a lo humano de tu naturaleza; yo
349 ws Cf. n. 383.
350 El obispo Pablo.
351 Cf. C. 11, 15 y n. 106.
CARTAS
125
debo regresar a la ciudad 352, y allí esperaré el acuerdo sobre
lo que ha de hacerse.
Por supuesto, en relación con todo lo que he despachado
durante los cuatro días de estancia en estas localidades de
aquí, no dejarás de saber de qué tipo era cada uno de los
asuntos con que me encontré. Y no te extrañes si a veces 115
ocurre que de un mismo sujeto hablo bien y mal, pues ni lo
uno ni lo otro recae sobre los propios hombres: son sus
acciones las que se elogian o censuran.
Una disputa entre hermanos en Cristo bien está que
jamás nazca y, si nace, bien está que al poco tiempo cese 353.
Por esto, pues, y en obediencia a la carta por ti remitida me 120
resigné a mediar como árbitro y he prestado oídos a la
siguiente discusión.
En la aldea de Hídrax hay un emplazamiento, el más
elevado de ella, que antaño era un alcázar fortificadísimo
pero, después de que Dios lo azotara con un terremoto, ha
venido a ser un montón de ruinas abandonadas. Pues bien,
125 hasta ahora algunas partes del mismo, pocas, habían sido
dispuestas para distintos usos; pero la presente situación de
guerra lo convierte en inestimable para sus poseedores, porque
podría ser amurallado y retornar a su antiguo uso. Éste era
entre nuestros hermanos, los piadosísimos 354 obispos Diós-
130 coro 355 y Pablo (y ya antes también entre algunos otros), el
352 Ptólemaida.
353 Parece que Sinesio está adaptando aquí los versos 425-427 de Teognis
(cf. la célebre respuesta de Sileno a Midas, por ejemplo en Clemente de
Alejandría, Stromateis III 15, 1).
354 Eulabéstatos se usa como epíteto honorífico (sobre todo en los siglos
vi y vil d. C.) limitado al ambiente eclesiástico: cf. O'Callaghan, Cartas...,
pág. 44 (carta 4, línea 1) y Preisigke, Worterbuch... III, Abschn. 9,
Ehrentitel, pág. 189.
355 Obispo de Derna.
126
SINESIO DE CIRENE
motivo por el que se reñía. Y es que el de Derna había
acusado al de Eritro de fraguar las mayores intrigas para
apropiarse- de lo que no le pertenecía: que había consagrado
a Dios un lugar ajeno y, de esta forma, se había agarrado a
ese culto como a un argumento a su favor, para defender ya
entonces a viva fuerza su fechoría. Contra esto el piadosísimo
135 Pablo ha intentado aducir algunas réplicas: que él había
ocupado antes la colina y que antaño se había utilizado
manifiestamente como iglesia, antes de que el piadosísimo
Dióscoro se presentara como dueño manifiesto de aquel
lugar.
Pero, si uno pusiera mano en la investigación sin enco-
gerse, pronto quedaría clara la verdad, tal como, de hecho,
140 ya todo aquello se ha mostrado inconsistente. Pues el que
unos hombres durante una incursión enemiga se refugien
allí para rezar por sus necesidades, eso no determina la
consagración del emplazamiento; o todos los montes y todas
las quebradas serán iglesias y no habrá alcázar que pueda
evitar convertirse en un sitio público: en todos ellos, cuando
los enemigos vengan a saquear, habrá rogativas y celebra-
os ciones sacras. ¡Cuántas casas acogieron rogativas y celebra-
ciones sacras en aquellos días impíos de los secuaces de
Arrio 356! Pero ahora son no menos privadas que antes. Y
también aquello era refugiarse y también aquéllos eran ene-
migos. Yo, por otra parte, me he puesto a indagar la fecha
de la fundación, si fue a raíz de una donación o de un
permiso de sus propietarios. Lo que se me ha revelado
150 meridianamente es todo lo contrario. De los dos obispos,
uno reclamaba la posesión y el otro, que era el propietario,
no la concedía. Al final, el uno se marcha con las llaves y el
356 Cf. n. 341.
CARTAS
127
otro descerraja, trae una mesa y consagra una pequeña
casita en aquella espaciosa colina. Pero a la casita no se
puede llegar sino atravesando la explanada entera, de modo
que resultaba ser una maniobra para procurarse toda la 155
colina.
A mí el asunto me parecía que era espantoso y más que
espantoso, y que había que indignarse tanto en nombre de
las leyes sagradas como incluso del derecho civil. Y es que
todo en conjunto se confunde, por una parte, si se viene a
idear un nuevo procedimiento de confiscación y, por otra, si
se dirimen por medio de lo más execrable las cosas más
santas: rezo, mesa y velo místico, instrumentos que serían de 16o
una irrupción violenta. Sobre esto ya se había deliberado en
la ciudad. Pues se dio el caso de que, a excepción de unos
pocos, todos los obispos se habían reunido entonces en
Ptolemaida para examinar ciertos asuntos públicos. Y, al 165
enterarse, reprobaron el hecho pero estuvieron indecisos a la
hora de modificar la situación. Yo estimo que la superstición
debe distinguirse de la religiosidad: es un vicio encubierto
con una máscara de virtud y la filosofía ha averiguado que
es la tercera especie de impiedad 3". Desde luego, ni sacro ni
lícito considero yo lo que no lo sea de una manera justa y
lícitamente sagrada358. A mí en absoluto se me pasaba no
por la cabeza sentirme horrorizado de esta así llamada
fundación. Pues no encaja en las ideas cristianas el que la
357 Cf. Plutarco, Sobre la superstición 11, 170 s., etc.; Sobre el adulador
y el amigo 25, 66 c; Gregorio de Nisa, Ep. can. (PG XLV) 225 c.
358 Es decir, lo que no esté sancionado por la ley humana y divina.
Hemos intentado mantener, dentro de lo posible, el paralelismo hierón...
hósion I dikaíds... hosíós del texto, en el que se aprecia un quiasmo (hierón
I hosíós; hósion / dikaiós) si se atiende al distinto sentido que, como ya se
sabe, el adjetivo hósios adquiere según se oponga a hierós o a dikaios.
128
SINESIO DE CIRENE
divinidad tenga forzosamente que ir detrás de estos objetos
materiales y voces de ceremonia, como si poseyeran un
cierto atractivo físico (cosa que sí le ocurriría a un espíritu
mundano), sino que sea tal como para estar con el talante
175 imperturbable 359 propio de Dios. Allí donde la ira, el deseo
irracional y el sentimiento de funesta discordia son los guías
de la acción, ¿cómo va a presentarse el Espíritu Santo? Y,
aun en el caso de que ya de antes haya estado habitando ahí,
lo deshabitará al introducirse aquéllos. Pues bien, estaba yo
a punto de declarar el desalojo 36°, cuando se dio a conocer
180 que aquél361 poco antes había prometido hacerlo y había
garantizado su promesa con un juramento.
Agarrándome a esto, ya me excusaba gustosamente yo
de declarar la sentencia, en tanto que a él lo declaraba juez
de sí mismo y lo compelía a cumplir su propio juramento.
Pero, como él lo iba aplazando y dejando pasar el tiempo y
dado que yo me encontraba allí mismo para una inspección
185 eclesiástica, fue preciso que le echara una mirada al lugar y
reexaminara el asunto. De nuevo se hallaba presente un
grupo de obispos de los alrededores, allí reunidos cada cual
por un menester distinto. Ante todos ellos y ante mí quedaron
claramente señalados los límites que separaban la parte del
obispo de Derna; por otro lado, el testimonio de los ancianos
190 y la conformidad de quienes hasta entonces lo contradecían
declararon al piadosísimo Dióscoro dueño del emplaza-
miento. A instancia del hermano Dióscoro, ha sido necesario
que ante todos se diera pública lectura al injurioso escrito
359 Hendíadis: literalmente, «con la imperturbabilidad y el talante». Cf.
Sinesio, Dión 45 c.
360 Así traducimos ten metáthesin: «a disporre la recessione dall'occu-
pazione» (Garzya).
361 Pablo.
CARTAS
129
que, en forma de carta, el piadosísimo Pablo había compuesto
contra tu santidad 362: un libelo 363 obsceno y ofensivo hacia
un hermano, cuya vergüenza recae no sobre quien oye hablar 195
tan mal de sí mismo, sino sobre quien pronuncia tan malas
palabras.
Pero, en efecto, el segundo mayor bien364 es éste: aver-
gonzarse. Pues la ausencia de pecado es algo absolutamente
propio de la condición y naturaleza divinas, y podría decía- 200
rarse que el sonrojo por lo que no está bien hecho lo es de
la modestia365. Sobre estas bases, en la presente situación, el
piadosísimo Pablo dio claras muestras de un cambio en sus
opiniones particulares más contundente que cualquier retó-
rica. Y es que el reconocer su error y el mostrarse afligido
con tan atroz aflicción por los males que voluntariamente 205
llevó a cabo, le procuró la benevolencia y la buena disposición
de todos nosotros. Y lo nuestro no es sorprendente; ahora
bien, el piadosísimo obispo Dióscoro, cuando vio tan humilde
a quien hasta entonces porfió con presunción, se dejó vencer
por el sentimiento, aun habiendo salido ganador por el
dictamen de todos, y al piadosísimo Pablo le fue permitido
hacer cuanto quisiera, conservar o ceder la colina, consin- 210
tiendo así el admirable 366 Dióscoro en varias opciones que
en ningún caso habría soportado oír antes de su arrepenti-
miento. Lo cierto es que sugirió la venta sólo de la colina y,
362 HagiótSs aquí se emplea como título honorífico (en latín sanctitas,
como tratamiento de los obispos): cf. Concilio de Éfeso, Actiones 7;
Teodoreto, C. 11.
363 Komoidían en el original.
364 Cf. C. 43, 89 s.
365 Cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco 1128 b 13; Diógenes Laercio,
VI 54.
3«« Cf. n. 297.
130
SINESIO DE CIRENE
también, dar a cambio toda la propiedad entera y otras
muchas cosas, prodigándole soluciones con las que ya uno
previamente estaría complacido. Pero el otro 367 vacilaba y 215
pretendía substituir él mismo al hermano Dióscoro en la
compra y ocupar su puesto, en los mismos términos, como
dueño de aquella propiedad. Se convirtió, así, en el amo de
los viñedos y olivares, además de la colina. A aquél368 le
quedó su magnanimidad, una posesión en vez de otra, «una
220 mayor en vez de una más pequeña» 369. Como un bien común
a ambos ha subsistido el amor fraterno y el estar dentrp de
lo que son las leyes evangélicas, que declaran la actitud
caritativa como el más firme de los mandamientos 37°. Esto
es lo único que hubiera valido la pena recordar, el testimonio
de la reconciliación y la concordia entre los dos hermanos,
225 y habríamos tenido que omitir todo lo que hubo en medio:
el hecho de que a alguien que era obispo se le había cogido
cometiendo un error. Pues, lo que no se hubiera debido
hacer, eso bien está entregarlo al olvido. Sin embargo, para
que el hermano Dióscoro no llevara las de perder en todo y
por todo, he accedido a tu petición de referirlo todo detalla-
damente, para que tu devota piedad 371 no ignore nada. Y no
230 era de poca monta sino de total importancia el que tú, por
367 Pablo.
368 Dióscoro.
369 Cf. Platón, Teeteto 172 b (y la expresión contraria en Sinesio,
Dión 44 b). .
3TO Mateo, 22, 37 ss. (= 12, 30 s. y 133=Lucas, 10, 27); Juan, 13, 34.
371 Para theosébeia como tratamiento de obispos, sacerdotes, etc., y
también del emperador, cf., por ejemplo, Atanasio, Apol. ad Constantium
2; Basilio de Cesárea, C. 48; Teodoreto, C. 19 y O'Callaghan, Cartas...,
págs. 37 y 119 (cartas 2 y 26). Theosebéstatos es un epíteto honorífico
frecuentemente aplicado a los obispos: cf. Preisigke, Worterbuch... III,
Abschn. 9, Ehrentilel, pág. 190.
CARTAS
131
lo acontecido, te convencieras de que él no porfió por algo
injusto. Por mi parte, a este hombre lo elogio por otras
cosas (y es que en el carácter se parece mucho a mí), pero
más que nada lo admiro por su reverencia a esa tu sede. Y,
¡te lo juro por tu querida y venerable persona!, creo que sus 235
compañeros de pobreza372 de Alejandría, cuyos campos él se
aplica a labrar, le deben una enorme gratitud porque se
presenta de inmediato en cualquier sitio, saca provecho de
lo infecundo y se aviene a las circunstancias.
De modo que así fue como llegó a su término lo de la
rivalidad entre los dos obispos. Pero me encargaste que
escuchara también a Jasón, el cual afirmaba estar sufriendo 240
muchas injusticias por obra de sus compañeros de sacerdocio.
Pues bien, las cosas están así. Jasón hizo que Lamponiano
quedara convicto del delito; éste confesó, anticipándose a la
acusación, y se sometió a su pena, apartado de los sínodos
de la Iglesia373. Sin embargo, ante las lágrimas de arrepenti-
miento que derramó, el pueblo suplicó el perdón para él.
Yo, con todo, me he atenido a la sentencia y le he remitido 245
a la sede patriarcal 374 la facultad de absolverlo. A mí sólo me
he concedido esta licencia: si se le aproxima a Lamponiano
el trance fatal y si parece que le llega su hora, he dispuesto
que a todo sacerdote que en ese momento esté presente se le
permita darle la comunión375 (¡y ojalá que nadie muera
372 Con toús... symptéchous quizá se aluda a una comunidad de tipo
cenobítico.
373 Synodos (Ekklesiastikon synódón) se emplea como término específico:
cf. ya Concilio de Nicea, Can. 5; Cánones Apostólicos 37 (Constituciones
Apostólicas VIII 47); y, en general, en los Padres del siglo iv. Lamponiano
quedaría así apartado de la comunidad eclesiástica.
374 Así traducimos hieratikén (Garzya: «alia cattedra pontificia»). Se
trata de Alejandría.
375 Koinónta se emplea aquí como término específico para el acto de
132
SINESIO DE CIRENE
encadenado por mi causa!); pero que, en caso de recobrar la
250 salud, de nuevo quede sujeto a la misma pena y espere de tu
alma divina y caritativa la señal de perdón. Lo cierto es que
ni siquiera el propio Jasón está totalmente libre de culpa. Es
un hombre de lengua impulsiva y ha topado con un individuo
de mano aún más impulsiva, con lo que — como suele de-
cirse— ha pagado la pena más grave por culpa de la cosa
255 más ligera, la palabra376.
Y en cuanto a lo que se le reclama — un asunto del que
yo he tratado—, Lamponiano reconoce tenerlo en su poder
y no consiente en aprovecharse del naufragio, accidente éste
26o que dejó sin validez el compromiso 377, sino que solicita un
plazo para vender su cosecha y afirma que, despreocupándose
de todo lo demás, sólo en ésto pone su atención, en cómo
restituir ese dinero de los pobres, ciento cincuenta y siete
sueldos de oro 378.
He de informarte también sobre esto que ha sucedido
265 entre nosotros, para que deje de suceder. Sacerdotes acusan
a sacerdotes de actos ilegales. Si la acusación es falsa, aún
no quiero decirlo, pero desde luego obran con mala intención:
recibir el sacramento de la Eucaristía (así ya en los Padres del siglo iv: cf.
Basilio de Cesárea, Epitim. 217, Can. 81, etc.). El verbo empleado por
Sinesio es metadoünai, como, posteriormente, en Evagrio Escolástico,
Hist. eccles. I 13 (pero cf. ya Teodoreto, Interpret. I Cor. 11, 25). Otra
interpretación podría ser: «hacerlo partícipe de la comunión de la Iglesia»
(cf. Hechos 2, 42).
"6 Cf. Platón, Leyes 717 d, 935 a; Eliano, Var. hist. IV 28.
377 El incumplimiento de un compromiso no era perseguido por la ley
cuando este se debía, entre otros motivos, a una desgracia imprevista: cf.
Platón, Leyes 920 d.
378 El nómisma o «sueldo de oro» (lat. solidus) fue llamado también en
el siglo IV d. C. holokóttinos, que en el siglo v valía 2.250 miríadas de
denarios: cf. O'Callaghan, Cartas..., pág, 43 (n. a la carta 3, 10).
CARTAS
133
no para exigir el castigo, sino para procurarles ilícitas ga-
nancias a los jefes militares. Y son mis hombros sobre los
que recae necesariamente toda la carga. Por eso, te lo ruego, 270
escribe y ordena que a nadie se le permita hacer nada
semejante. Con ello no sólo me complacerás a mí, sino que
protegerás a la gente pacífica que sufre tales desgracias y, lo
que es más importante, les causarás un beneficio a los mismos
culpables, si es verdad que un bien mayor es quedar libre de
un mal mayor y que «un mal mayor que recibir injusticia es
cometerla» m. Pues, de los dos males, éste es propio nuestro, 275
aquél ajeno.
Pero ni yo he declarado quiénes son, ni tú, aunque los
conozcas, debes inculparlos nominalmente, para no conci-
liarme el odio de mis hermanos: con ellos Dios mostrará
indulgencia, aun cuando yo privadamente, en su misma
cara, los haya abrumado con mis censuras. Por tu parte,
deja ver en la carta dirigida a mí que lo único que condenas
es el hecho; que yo, con la ayuda de Dios, sin afligir a nadie 280
sabré conseguir que ya no siga avanzando más esta infamia
nuestra, por no decir de la Iglesia.
Pero todavía queda un punto por tratar antes de poner
fin a mis palabras. Andan por ahí entre nosotros algunos
«vacantivos» 38°, y me permitirás que por una vez utilice un
3" Cf. C. 30, n. 149. i :
380 No se sabe quiénes son estos bakántiboi (lat. vacantivi; «absentee
bishop»: cf. G. W. H. Lampe, A Patristic Greek Lexicón, Oxford, 1961, s.
v.). San Jerónimo (Ep. 22, 34 Lab.) habla de tres tipos de monjes en
Egipto: sahues, anacoretas y remnuoth (ieriium genus est quod dicunt
remnuoíh, deterrimum atque neglectum...). Estos últimos quizá puedan
identificarse con los de la carta sinesiana. San Agustín (Ep. 43, 9, 24
Goldb.), por su parte menciona a los circumcelliones (... caedes et incendia
circumcellionum...). En cualquier caso se trataría de una especie de clerici
vagantes o gyrovagi (el verbo empleado, perinostéó, también apunta a la
134
SINESIO DE CIRENE
285 barbarismo 381 para expresar más claramente, por medio de
un término bastante común entre la ciudadanía, la maldad
de algunos individuos. Éstos no quieren tener una sede fija
y han abandonado la que era suya, convirtiéndose en unos
vagabundos 382 no por ningún suceso que los obligue sino
por propia voluntad: van a la caza de honores y andan por
290 aquellos lugares donde pueda haber mayor ganancia.
Mi opinión, padre reverendísimo 383, es que se les debe
apartar de toda iglesia a quienes se apartaron de la suya
propia, y que, antes de que vuelvan a establecerse allí, nadie
debe acogerlos en su altar ni invitarlos a los sitios preferen-
295 tes 384, sino hacer caso omiso de ellos y dejarlos entre la mu-
chedumbre en los bancos del pueblo, cada vez que irrumpan
en una iglesia. Sin duda regresarán pronto, si ven que peligra
la honra de la que pretenden disfrutar en todas partes excepto
donde les corresponde. De proceder así con ellos, preferirían
esa honra allí antes que en ningún otro lugar.
E incluso en público hay que tratarlos abiertamente
30o como a simples particulares, siempre que también a tu vene-
rabilísima sede le parezca oportuna esta medida. Cómo
idea de vagabundear: cf. Aristófanes, Pluto 121, 494; Demóstenes, XIX
255) de muy desordenada conducta.
381 Anéxei... mou mikrbn hypobarbarísantos: literalmente, «me permitirás
que barbarice un poco». Sinesio se ha limitado a transcribir el término
latino vacantivi, sin emplear un equivalente griego.
382 El término empleado es metanástai, es decir, «unos que van cambiando
de lugar».
383 Páter sebasmiótate: el epíteto sebásmios (lat. augustus) se aplica
también al emperador. Sebasmiótés se utiliza como título a partir del si-
glo v d. C. (cf., arriba, línea 96). Patér para dirigirse a obispos y sacerdotes
se utilizó desde los primeros siglos: cf. líneas 14, 96, etc.
384 Proedría, «lugar de honor en la iglesia»: cf. Constituciones Apostólicas
II 58, 4.
CARTAS
135
tratarlos en privado y en nuestra casa lo sabremos cuando
de tu devota piedad 385 nos llegue la respuesta a esa cues-
tión 386 que recientemente le hemos planteado acerca de Ale-
jandro, un cireneo de nacimiento, obispo de una ciudad de
Bitinia387: fue expulsado de allí durante una revuelta y, 305
ahora que se le permite retornar, no lo hace, sino que se
queda en estas tierras entre nosotros.
Acerca de este asunto he escrito a tu santidad 38S, expli-
cando detalladamente todo lo ocurrido con este hombre y
pidiendo tu opinión sobre cómo conducirme con él. Pero,
puesto que no me ha llegado ninguna respuesta por escrito,
en la duda de que la carta se haya perdido o efectivamente
haya sido llevada hasta tu beata 389 persona, he conversado 310
acerca de todo esto con el admirable 390 obispo Dióscoro y él
ha ordenado a sus taquígrafos 391 que le entreguen una copia
de lo entonces escrito para que, si se da el caso de que no has
recibido la carta, puedas leer esa copia, juzgar y enviarme tu
contestación.
A más de todo esto, ruega por mí, que estarás rogando 315
por un hombre que está solo, abandonado por todos y
necesitado de tal ayuda. Yo no me atrevo a hablarle a Dios
de mí mismo. Y es que todo lo que me rodea se me pone en
contra por causa de esa temeraria audacia mía: porque yo,
385 Cf. n. 371.
386La C. 67.
387 Antigua comarca del Asia Menor entre la Propóntide (Mar de
Mármara) y el Ponto Euxino (Mar Negro). Alejandro era obispo de
Basinúpolis. Sobre este personaje y su ordenación, cf. la carta siguiente.
388 Ya hemos advertido que la carta a la que se refiere Sinesio es la 67
del corpus. Sobre hagiótes, cf. n. 362.
389 Cf. n. 329.
350 Cf. n. 297.
391 Cf. n. 312.
136
SINESIO DE CIRENE
un pecador criado fuera de la Iglesia392 y formado en otras
doctrinas 393, toqué los altares de Dios.
67
AL MISMO
Desde Ptolemaida a Alejandría, en el 411
Me propongo consultarte acerca de cierta cuestión, pero
antes quiero referirte el asunto sobre el que te voy a consultar.
Alejandro de Cirene, de rango senatorial, siendo todavía un
jovencito acogió la vida monástica. Y, yendo a más con la
edad su resolución 394 de vivir monásticamente, se le consideró
5 digno del diaconado y, luego, digno de ser sacerdote. Con
motivo de cierto encargo estuvo en la corte 395 y se relacionó
392 Estas palabras de nuestro autor, como advierte Lacombrade (ed.
Himnos, págs. IX s.), han de entenderse stricto sensu, en el contexto de esta
carta, y siempre en relación con su escasa competencia en Derecho Canónico
(cf. C. 67, 245). A pesar de que la educación de Sinesio fuera fundamental-
mente profana, es muy razonable, por diversos motivos, que creciera en un
ambiente cristiano (no nos atrevemos a decir «familia»). En defensa de esta
postura pueden aducirse su vida y su obra, su boda con una cristiana, el
hecho de que Evoptio, su hermano, quizá le sucediera en el obispado y las
sólidas bases del cristianismo en la Cirenaica y en Egipto ya en el siglo iv
(cf. L. Hertling, «Die Zahl der Christen zu Beginn des vierten Jahrhun-
derts», Zeitschrifffür katholische Theologie 58 [1934], 243-253, especialmente
251).
393 Agógen hetéran: aquí se trata del paganismo (cf. n. anterior). Por el
contrario, en su tratado Dión (53 a) Sinesio alude con estos mismos
términos al cristianismo (ek tes heteras agog&s).
m Énstasis: «questa vocazione» (Garzya).
395 Cf. n. 24.
CARTAS
137
con el bienaventurado 396 Juan 397 (hónrese por nuestra parte
la memoria del difunto, porque toda animadversión debe
extinguirse junto con esta vida); con él se relacionó, digo,
antes de aquellas desavenencias que hubo entre las Iglesias, 10
y por sus propias manos fue ordenado obispo de Basinúpolis
en Bitinia.
Al sobrevenir aquellas diferencias, permaneció fiel a quien
lo consagró y estuvo entre sus partidarios. Después de pre-
valecer la decisión del sínodo, persistieron durante algún
tiempo las desavenencias. Pero, ¿qué le voy yo a explicar a
quien ya lo sabe, es más, a quien lo arregló todo para la 15
reconciliación que tuvo lugar? 398 Pues lo cierto es que también
leí esas prudentes líneas que le escribiste, me parece, al
bienaventurado Ático 3", instándolo a que de nuevo acogiera
396 Cf. n. 130.
397 Se trata del célebre Juan Crisóstomo, que fue consagrado patriarca
de Constantinopla en febrero del 398 y murió en el destierro en septiembre
del 407. A continuación Sinesio se referirá a los problemas surgidos entre
Crisóstomo (empeñado en una reforma del clero y los laicos), la emperatriz
Eudoxia y Teófilo (el patriarca de Alejandría). Triste consecuencia de tales
enfrentamientos fue el destierro de Juan a Bitinia en septiembre del 403,
después de ser condenado por el Sínodo de la Encina (celebrado en un
convento de este suburbio de Calcedonia; a este sínodo se alude en la línea
trece de la carta). Aunque sólo veinticuatro horas después del suceso se le
pidió que regresara, sería nueva y definitivamente desterrado primero a
Cúcuso en junio del 404 y, luego, a Pitio (en el Ponto) en el verano del 407,
398 La reconciliación entre la Iglesia constantinopolitana y los llamados
«juanistas» (Ioanmtai) se produjo en el 406, en vida aún de Juan Crisóstomo
(o en el 408: cf. Lacombrade, ed. Himnos, pág. XLI, n. 3).
399 A Crisóstomo le sucedió como patriarca Arsacio y, a éste, Ático,
que ocupó la sede desde el 406 al 425. Makários (que en esta ocasión
traducimos por «bienaventurado» para evitar la cacofonía «beato Ático»)
se emplea aquí como epíteto honorífico y no como sinónimo de makarites
(cf. n. 329). De lo contrario, habría que pensar con Seeck {Philologus 52
138
SINESIO DE CIRENE
a aquellos hombres. Hasta aquí, en efecto, Alejandro y sus
compañeros de apostasía corrieron una suerte común. Lo
propio de él, o de unos pocos más, es que ahora ya se
20 cumple el tercer año desde la amnistía400 y la reconciliación,
y aún no se ha puesto en camino hacia Bitinia ni ha tomado
posesión de la sede que se le asignó. Permanece entre nos-
otros, como si nada le importara el hecho de que se le trate
igual que a un simple particular. Pues bien, ni a mí en el
25 pasado se me instruyó en legislación sacra 401 ni he llegado a
aprender mucho durante el año escaso que llevo en la lista
de obispos. Cuando veo, entonces, a algunos ancianos que
no procuran saber ellos mismos las cosas con certeza, sino
que se amilanan ante la posibilidad de transgredir, sin darse
cuenta, un canon cualquiera de la Iglesia y, por eso, lo402
30 tratan de una forma absolutamente rigurosa y, sobre la base
de inciertas sospechas, derraman sobre el extranjero la certeza
de su desprecio, no admitiéndolo bajo su común techo;
cuando los veo, digo, no los censuro, pero tampoco los
imito. Así que, ¿sabes cómo he procedido, padre reverendí-
simo 403? No lo he recibido en la iglesia ni le he administrado
la comunión404 de la santa mesa, pero en mi hogar le he
dispensado los mismos honores que a quienes no son culpa-
[1983], 461) que nuestro autor se equivoca y que la carta de Teófilo no iba
dirigida a Ático sino al anterior patriarca, Arsacio, muerto en noviembre
del 405.
400 A falta de otros datos, podemos deducir que esta amnistía se concedió
en el año 408.
401 Cf. n. 392.
402 A Alejandro.
403 Cf. n. 383.
404 El verbo koinónéó se emplea aquí (pero cf. C. 42, 75) con el sentido
específico que acerca de koinónía comentábamos en la n. 375.
CARTAS
139
bles de nada, que es también mi manera de comportarme
con los coterráneos. Cuando uno de éstos se presenta en mi 35
casa, me ajusto a todos los actos y palabras que sean honro-
sos, sin tomar en consideración las tonterías de quienes,
disgustados, dicen que estoy echando por tierra lo que es un
derecho de la metrópoli405. Sin embargo, por esta razón, yo
cargo sobre mis hombros con las preocupaciones de todos y 40
soy el único que no descansa trabajando por el descanso de
todos. Pero bueno resultará lo que me depare el hecho de
tener, ante Dios, abundancia de sufrimientos y escasez de
honores. A este Alejandro, siempre que voy a la iglesia,
quisiera no verlo en ninguna parte del ágora y, si coincide
que lo veo, vuelvo los ojos a cualquier otro lado y de
inmediato me salen los colores a las mejillas. Pero, en cuanto 45
cruza el umbral de mi casa y se encuentra bajo mi mismo
techo, le dispenso todos los honores adecuados. ¿Por qué,
pues, no soy consecuente conmigo mismo en público y en
privado, y en ninguno de los dos casos hago lo que parece
oportuno? Mira, en un sitio me someto a la ley; en el otro
condesciendo con mi naturaleza, que se inclina hacia lo
humanitario. Aun así, yo habría violentado mi naturaleza si 50
hubiera sabido con claridad la ley.
En definitiva, la pregunta a la que tú, con la autoridad
que tienes como sucesor de los apóstoles, debes responder
sencilla y claramente, es ésta y esto es lo que te planteo:
¿Hay que considerar a Alejandro obispo o no?
405 Ptolemaida.
140
SINESIO DE CIRENE
68
AL MISMO
Desde Ptolemaida a Alejandría, antes del 15 de octubre del 412
A quien he entregado la carta te lo mando para un
asunto que la ley divina no me permite exponer con detalle.
Pero, que desde joven él ha practicado la virtud, eso sí es de
justicia decirlo y es absolutamente cierto. En cualquier caso
podrás honrarlo como a un hombre de bien. En cuanto a la
acusación incoada por él, deja que se cumpla lo que su
5 propia suerte le depare. Pues ojalá tú nunca te veas impli-
cado en la justificación de un homicidio 406.
69
AL MISMO
Desde Ptolemaida a Alejandría, a mediados del 411
Te preocupas, sí, te preocupas de la Pentápolis. Leerás
sin duda la correspondencia oficial, pero, que han acontecido
más y mayores desgracias de las que aterrorizan a esas
cartas, lo oirás cuando te lo diga el portador de ellas 407. Y es
5 que te lo envío para solicitar de ahí ayuda militar. Pero los
enemigos408 ni siquiera han aguardado a que parta, sino que
406 Seguimos la traducción de Garzya.
4<" Cf. n. 296.
408 Se trata de la tercera invasión de los ausurianos.
CARTAS
141
se han apresurado a desplegarse en masa por nuestra tierra.
Todo se ha perdido, es el fin de todo. Las ciudades son lo
único que aún queda, lo que queda al menos hasta el mo-
mento en que estoy escribiendo: lo que ocurrirá mañana,
sólo Dios lo sabe. Por eso necesitamos tus plegarias, y me
refiero a esas plegarias que suelen alarmar a Dios. Yo le he 10
suplicado ya muchas veces tanto en privado como en público,
en vano. ¿Por qué digo «en vano»? Porque todo lo que me
rodea se me pone en contra409. Tan graves y numerosos son
mis pecados.
70
APROOLO410
Desde Ptolemaida a Constantinopla, en el 412
Desde hace un año no me llega ninguna carta de tu
sagrada mano. También esto lo cuento entre las desgracias
que me sobrevinieron en ese período. Y es que el año pasado
fueron muchos mis pesares y por muchos motivos: incluso
este invierno me ha arrebatado al hijito que aún me quedaba 5
para reconfortar mi alma411. Que mi sino era vivir feliz
mientras estuviera a tu lado y, lejos de ti, sufrir los reveses
del destino. ¡Ojalá tenga yo el consuelo de recibir de tu
paternal persona una carta, lo más valioso que de Tracia
puede acarrearse!
409 Cf. C. 66, 318.
410 Cf. n. 65.
411 Cf. n. 101.
142
SINESIO DE CIRENE
71
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla e Isauria
Son dos los recados que se refieren a ti. En efecto, estoy
escribiendo a la vez a Tracia y a Isauria, para que, de
cualquier manera, llegues a encontrarte al menos con una de
las dos cartas. El asunto de ambas es saludar a mi queridísimo
amigo Pilémenes, el filósofo, pues esto es lo que es, quiera o
5 no quiera. Y jamás podrá subyugar esa propensión natural
suya, ni apagará esa chispa del fuego divino, sino que la
reavivará un día, cuando ya se encuentre él muy por encima
de esta perversa forma de vida412.
72
A LOS OBISPOS
Desde Ptolemaida a la diócesis pentápolitana.
Algo posterior a la C. 41 y a la 42
Que Andronico, después de haberle mentido a lá Iglesia,
aprenda por experiencia que ella dice la verdad. Hace poco,
412 Con la expresión «chispa del fuego divino» (ton spinthha toü theíou
pyrós: cf. H. I 561) Sinesio alude a la filosofía y con «perversa forma de
vida» (tes mochthéras agogh: «perversa attivitá attuale» [Garzya]) a la
carrera judicial, a la que se había dedicado Pilémenes: cf. C. 103.
CARTAS
143
no hace casi nada, que él pecó contra Dios y ultrajó a los
hombres. Por ello le hemos cerrado las puertas de nuestras
iglesias y hemos dictado una carta dirigida a vuestra frater-
nidad 413 en la que se declara la sentencia en su contra. Él,
anticipándose a la misiva, hizo el papel de suplicante y 5
prometió arrepentimiento. Todos consideraban justo que yo
lo acogiera, todos menos yo. Y es que ya creía haber com-
prendido bien que este sujeto estaba dispuesto a cualquier
palabra o acto. Que él, a la primera ocasión, iba a retornar 10
a sus instintos naturales, era algo que yo esperaba y predecía;
pero, al menos, era lógico que, bajo la amenaza de la Iglesia,
se mostrara mucho menos audaz que si no subsistiera ninguna
sospecha contra él. Por eso, yo estaba decidido a perseverar
en aquella resolución, porque me había determinado a hacer
lo más piadoso para Dios y, también, lo más conveniente 15
para los ciudadanos.
Pero, sin duda, es algo temerario oponerse uno solo a
muchos414; a quienes son ancianos, uno que es más joven; a
quienes han consumido ya su vida en el sacerdocio, uno que
apenas lleva un año entregado a ese menester415. Cedí ante
quienes me pedían que aún no hiciera circular la carta y que
lo acogiese a condición de que no lanzara más su furia
contra sus iguales y de que pusiera la razón, en vez de la pa- 20
413 La caita a la que se refiere Sinesío es la 42. Contamos aqui con uno
de los primeros ejemplos del término adelphótés («fraternidad») como
tratamiento o título honorífico (por esta época también se emplea en
documentos vulgares: cf. J. O'Callaghan, Cartas..., pág. 79, carta 13, 16).
4,4 Cf. Od. XX 313.
415 Sinesio tendría en ese momento (en el 412) alrededor de cuarenta
años y llevaba uno en la cátedra episcopal (tras su aclamación en el verano
del 410, fue consagrado a principios del 411).
144
SINESIO DE CIRENE
sión416, al frente de su vida. «Si permaneces — le dije —
dentro de los límites que te he fijado, ahora rogaré yo por el
perdón de tus culpas y, en el futuro, me uniré a tus propios
ruegos. Pero, en el caso de faltar a tu promesa, te aguarda la
condena, que será publicada por todas partes y se prolongará
por tanto tiempo como se evidencie lo incorregible de tu
carácter»417.
Éste fue nuestro parecer. Él dijo que iba a dar y nosotros
íbamos a obtener una prueba. Sí, la ha dado y la hemos
obtenido: nos ha brindado argumentos de sobra para su
excomunión418. En aquel entonces aún no se había atrevido
a hacer confiscaciones ni había aún puesto mano en cometer
asesinatos. Hoy día, ¿cuántos son unos vagabundos por
culpa de éste?, ¿cuántos, hasta ayer hacendados, están men-
digando por culpa de éste? Pero poco es en comparación
con lo de Magno, nacido noble y muerto como un villano.
En tierra yace este hijo de un varón ilustrísimo, después de
haber contribuido con todos sus bienes a las necesidades de
416 La pasión (páthos) bajo la soberanía de la razón (noüs en este pasaje
de Sinesio, en vez de lógos) es un tema predilecto del Estoicismo. La lucha
entre ambas se ha interpretado de diversas maneras, de acuerdo con las
concepciones de cada autor: cf. F. A. García Romero, «Los obstáculos de
la razón. De Homero a San Pablo», Estudios Clásicos 91 (1987), 7 ss.
También el Libro cuarto de los Macabeos (sobre todo 1, 1-3, 18), errónea-
mente atribuido a Flavio Josefo (cf. ya Eusebio, Hist. eel. III 10, 6),
pretende demostrar que «la razón piadosa (ho ensebes logismós) es dueña
absoluta de las pasiones (ton pathón)» (1, 1; y cf. 1, 7). Cf. M. López
SalvA, «Libro cuarto de los Macabeos», en A. Diez Macho (ed.), Apócrifos
del Antiguo Testamento III, Madrid, 1982, págs. 121 ss. Cf. C. 41, 177 s.
417 Cf. n. 229.
418 El término empleado es apokírixis (también, Sócrates, Hist. eel. I
6, 40): cf. apokiryktos, apokéryssó (y ekkéryktos, ekkeryssó) y n. 434.
CARTAS
145
la ciudad y haber sido carnaza de la envidia de un hombre
hacia otro. Andronico le pedía dinero y él, al no dárselo, fue
golpeado y, al dárselo, también fue golpeado, porque en él
encontró Andronico una mina. Y, ¿cómo no?, sus campos 35
no se los vendió a sus amigos sino al gobernador419. Mis
lágrimas se derraman por esa juventud suya, víctima de la
injusticia, y por las esperanzas frustradas que la ciudad puso
en ella. Pero más digna de compasión que su juventud es la
vejez de su madre, porque, de sus dos hijos varones, uno ha
marchado al exilio por culpa de Andronico y ella no sabe
dónde está, y lo que sí sabe es dónde ha sido enterrado el 40
otro. ¡Ay de las leyes violadas, en contra de las cuales están
gobernando aquéllos su propia tierra y en contra de las
cuales reciben dinero en préstamo ofreciendo como garantía
un cargo420! Pero lo cierto es que, de todo esto, Dios quiere
que sean otros los que se preocupen. A nosotros nos basta
con mantenernos puros entre lo que es puro, siempre que
podamos permanecer dentro de los recintos sagrados, y con 45
apartar de lo más sacrosanto a los execrables.
4,9 Por tanto Andronico se quedó con todas sus posesiones. Sinesio
emplea para éste el término stratégós (que ya en el siglo m a. C. se utilizaba
para el gobernador de los nomos egipcios) como equivalente de hégemén
(praeses).
420 Creemos que ésta es la mejor interpretación de ep' archéi: (reciben
préstamos) «sobre un cargo» (la expresión es válida en español), «con la
garantía de un cargo» (cf., por ejemplo, Aristóteles, Constitución de los
atenienses IX 1: epi tots sémasi). Estas líneas se repiten casi literalmente en
C. 73, 42 s. (cf., también, n. 424). Sobre el cohecho y la venalidad habla
Sinesio en Real. 30 c-d.
146
SINESIO DE CIRENE
73
ATROILO
Desde Ptolemaida a Constantinopla, en el 412
Tú eres, ya se sabe, filósofo y persona humanitaria; ante
ti, pues, debo yo lamentarme de las adversidades de la tierra
que me crió: tú la honrarás en virtud de ser un ciudadano
filósofo y sentirás compasión en virtud de tu benignidad
natural. En virtud de ambas cosas intentarás enderezarla
5 tras su caída. Y bien puedes, porque es Antemio 421 el que
tiene carácter, suerte y habilidad para salvar a las ciudades.
Y, siendo muchos los recursos con los que para ello cuenta
por don de Dios, el mejor de todos son sus amigos y de éstos
Troilo es el mejor. Por tanto, no vayas a aplicar sólo tus
ojos, sino también, y con absoluto interés, tu mente a estas
10 líneas, sobre las que yo he ofrecido en sacrificio muchas
lágrimas 422.
Pero, ¿cómo? Los fenicios no gobiernan a los fenicios, ni
los celesirios a los celesirios 423; los egipcios, por su parte,
gobiernan sobre cualquier país menos sobre el suyo, ¿y son
los libios los únicos que lo hacen sobre el suyo propio424?
421 Cf. n. 274. Tanto Troilo como Anastasio (cf. C. 48 y 79) estaban
muy cercanos al prefecto Antemio y a ellos se dirigirá en vano Sinesio
solicitando ayuda contra los abusos de Andronico.
422 O, simplemente, «sobre las que he derramado muchas lágrimas».
Pero pretendemos conservar el sentido originario de kataspéndo.
423 La Celesiria (la «Siria hueca», Koílé Syria) estaba situada entre el
Líbano y el Antilíbano.
424 Un gobernador no podía ejercer el cargo en la provincia de la que
era originario: cf., más abajo, líneas 31 ss., y Lacombrade, Synésios...,
pág. 230, n. 7.
CARTAS
147
¿Acaso los libios son los únicos que han mostrado el mayor
arrojo y que han resuelto ir contra las leyes? Sí, cuando más
numerosos y más terribles resultan los castigos para los
transgresores, precisamente entonces las naturalezas per- 15
versas se precipitan sobre aquéllas con mayor violencia.
Era preciso que fuera destruida de raíz la Pentápolis
cirenaica. El hambre y la guerra aún no han exterminado
todo lo que debían, sino que van consumiendo y aniquilando
poco a poco. Y, sin duda, hemos descubierto además lo que
faltaba para que ya de golpe quede arruinada. No es sino lo
que el oráculo425, antaño pronunciado, vaticinó sobre el fin
de la Pentápolis. A nuestros padres y abuelos se lo hemos 20
oído: «La maldad de sus gobernantes destruirá Libia». Y
esto es sólo una parte de aquel vaticinio. Pero, si así está
prefijado, ingeniáosla para lograr un aplazamiento del mal.
De cierto que los recursos de los médicos no pueden en
absoluto impedir la muerte de los hombres, dado que es una
imposición de la naturaleza, pero sí consiguen retrasar lo 25
inevitable. Esto mismo es lo que pedimos también de los
recursos del gobernante: que ayude a la naturaleza contra la
enfermedad y que no acelere la aniquilación.
No, lo ruego, no vaya a ocurrir en estos tiempos del gran
Antemio que una provincia romana sea borrada del mismo 30
centro de la diócesis. Háblale, háblale desde la razón: «¿No
has sido tú el promotor de que se pusiera en circulación esa
ley, recién promulgada en substitución de la antigua, que
hace que se ciernan muchas y graves penas sobre quienes
pretenden el gobierno de la tierra que los crió? ¿Cómo,
entonces, no te irritas con quienes ante ti se jactan de que-
425 De este oráculo (que lógicamente habría salido del santuario de
Amón en Libia: cf. Sinesio, Sueñ. 143 d) no tenemos otros testimonios.
148
SINESIO DE CIRENE
brantar tus mandatos426? Desde luego, si no se te pasan
35 desapercibidos, eres injusto; si se te pasan, eres negligente».
No debería proceder así el hombre más dotado de autoridad,
sino poner su atención, antes que nada, en una sola cosa: en
elegir a los indiscutiblemente mejores para que ejerzan la
prefectura. Es, de cierto, divina y sublime esa previsión427
por la que uno invierte todo su cuidado en escoger a un
4o hombre bueno. Pero es que de ello depende el que se pueda
cuidar de una nación entera. Pues bien, es importante haber
rechazado, de inmediato, a esos que arremeten contra las
leyes, en contra de las cuales están gobernando ellos su
propia tierra y en contra de las cuales reciben dinero en
préstamo ofreciéndonos a nosotros como garantía, como si
fuéramos propiedades suyas428. Detened el mal. Mandadnos
unos magistrados más legales, que no nos conozcan ni nos
45 sean conocidos, y que diriman los asuntos de acuerdo con su
idiosincrasia natural y no con sus sentimientos respecto a
cada uno de nosotros.
Ahora las cosas están de la siguiente manera. Está nave-
gando ya de regreso hacia acá un gobernador 429 cuya política
hasta ayer mismo era adversa a la ciudad y que litiga desde
los tribunales contra cualquier discrepancia en esta materia.
426 Cf. n. 424.
427 Las ideas aquí expresadas coinciden con las del discurso Sobré la
Realeza (29 d ss.). De hecho, nuestro autor toma casi literalmente una frase
de Real. 29 d. Creemos que la traducción que en su día ofrecimos de dicha
frase (Sinesio de drene. Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993) puede
retocarse a la luz de las líneas de la presente carta: «... porque esta previsión
(la de seleccionar con cuidado a los gobernantes) es divina y magnífica».
428 Eph' hemín hó'sper ept ktémasi: cf. C. 72, 41 s. y n. 420.
429 Andronico. El término empleado aquí es despótes, «señor», que ya
se utiliza en los siglos I y n para referirse al emperador (para Dios se va
reservando kyrios: cf. O'Callaghan, Cartas..., pág. 43, n. a la carta 3, 13).
CARTAS
149
¡Cuántos otros males brotan de ahí! 43°. En los banquetes se
lanzan calumnias431; por agradar a una mujer se le causa la 50
ruina a un ciudadano y se demanda 432 a un acusador; y todo
aquél que no denuncie a nadie por proponer medidas ilegales,
es condenado, a no ser que haya sufrido, antes de la condena,
el mismo castigo que los condenados. Vimos preso a uño
por no haber inculpado de hurto del tesoro público a aquél
que, hace poco, cesó en el más alto cargo 433; o, mejor dicho, 55
ni siquiera lo hemos visto, pues se le prohibieron las visitas
(como se hace con los excomulgados o con los enemigos del
emperador434), mientras ellos no consiguieran cuanto querían.
Aquel hombre pudo contemplar la luz del sol a condición de
que acusara a Genadio. Y, sin embargo, esta Pentápolis
nuestra ha recibido muchas veces muchos beneficios de
parte del sirio Genadio; y, el mayor de todos, éste: el haber
encomendado su gobierno a la razón 435 y a la persuasión y, 60
sin darnos cuenta nosotros, haber introducido en las arcas 436
del estado más dinero que los gobernadores más crueles y
más renombrados por su dureza. Por causa de tal dinero
nadie lloró ni nadie tuvo que vender sus campos. Justamente
se la podría llamar una contribución piadosa, que no vino
obligada por los ultrajes ni por el látigo. En lo que respecta 65
430 Cf. Platón, República 573 d; Tbmistio, Discursos 32, 360 b.
431 Sykophantéitai: cf. n. 276.
432 Ekkéleustos: «e messo al bando» (Garzya).
433 Genadio, el praeses a quien sucedió Andronico: cf; Sinesio, Disc. II
(Catástasis maior).
434 Aquí tois enagésin: cf. n. 418. Con la expresión «los enemigos del
emperador» se refiere Sinesio al delito de lesa majestad.
"35 Cf. C. 72, 20 s.
436 Más literalmente: «en las cuentas del estado» (tais démosíois psí-
phois).
150
SINESIO DE CIRENE
a los ciudadanos, ¡ay, qué nostálgico recuerdo de lo que ya
acabó!, ¡ay, qué amarga experiencia de lo que estamos
viendo ahora!
Así pues, nada extraordinario reclamamos: lo que hace-
mos es suplicarle a Antemio en pro de las leyes; a él, que es
su guardián, en pro de esas leyes, cuya antigüedad es digna
de reverencia (que también esto es un refrendo de la autoridad
70 de la ley), como dignas son, si así parece oportuno, las dis-
posiciones más recientes que se adscriben437 a una soberanía,
podría decirse, aún viva.
74 v
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 1
Te he enviado un libro 438 compuesto a la ática, de esme-
rada elaboración: sólo que lo dé por bueno Pilémenes, el
más crítico de los oídos que me escuchan 43?, eso es ya una
recomendación para el porvenir. Y si no parece una obra
seria, ten por cierto que uno puede escribir por diversión
divertimientos.
437 Epigraphómena: «llevan la marca o el sello», «revelan, delatan».
438 Lo más probable es que, como en la C. 1, 5 (cf. n. 4), se trate del
Elogio de la calvicie (paízein ta paígnia, se lee en la línea 4 de la carta),
aunque también se ha pensado en el Dión (cf. C. 154): cf. ed. Garzya,
1979, pág. 133, n. ad loe. (y ed. 1989, pág 214, n. 1);
439 Para Garzya (ibid., n. 2), «allusione alia lettura in pubblico delle
lettere».
CARTAS 151
75
A NICANDRO
Desde drene a Constantinopla
Ese famoso epigrama440 mío (¿y cómo no va a ser famoso
habiéndolo dado por bueno el gran Nicandro?):
Estatua de la áurea Cípride o de EstratoniceAU,
tú sabes bien, por lo que lees en el verso, que lo compuse
entonces para mi hermana. Ésta, la más querida de mis 5
hermanas 442, a la que consideré digna de la estatua y del
verso, tiene por cónyuge a Teodosio, de la guardia imperial,
quien443, por el tiempo que lleva y por su dedicación a la
milicia, ya hace mucho que podría haber conseguido un
puesto preeminente; pero las acciones de guerra cuentan
más que los años. Así pues, sé valedor suyo también en las
causas judiciales, si en alguna tiene que vérselas con Ante- 10
mió. ¡Que reciba él algún provecho del gran Nicandro!
440 Consta sólo de un hexámetro (al parecer, una inscripción)^
, 441 Cípride es Afrodita, que recibe este apelativo «porque nació en
Chipre, la de muchas olas» (Hesíodo, Teogonia 199). Este hexámetro se
incluye en la Antología Planúdea (79) y parece una imitación de Posidipo
de Pela, Ant. Plan. 68 (cf. E. FernAndez-Galiano, Posidipo de Pela,
Madrid, 1987, pág. 148).
442 Sobre las hermanas de Sinesio, cf. n. 91.
443 Aunque no es estrictamente necesaria, puede aceptarse la adición de
hós, propuesta por Hansen en su reseña de «Synesii Cyrenensis Epistulae.
A. Garzya recensuit», Byz. Zeitschr. 79 (1986), 347-348.
152
SINESIO DE CIRENE
76
A TEÓFILO
Desde drene a Alejandría, entre el 411 y el 412
Los olbiatas (habitantes que son de un pueblo de la
campiña) tuvieron necesidad de elegir obispo, después de
que el muy bienaventurado 444 Atamante concluyera su sa-
cerdocio a la vez que una larga vida. Me convocaron, por
tanto, también a mí para que fuera partícipe de su delibera-
ción. Y los felicité porque podían escoger de entre muchos
y muy buenos candidatos y mucho más felicité a Antonio
por su virtud, porque parecía ser más bueno incluso que los
buenos. Hacia él, en efecto, se decantó el voto de todo el
pueblo. A la opinión de la multitud se sumaron también los
dos piadosísimos obispos445: junto a ellos se había educado
aquél y por las manos de uno de los dos había sido ordenado
sacerdote. Coincidía, por otra parte, que tampoco para mí
era Antonio un total desconocido: por todas las palabras y
acciones que de él conocía lo elogié. Y, después de sumar a
los méritos que ya sabía los que estaba oyendo, también yo
di mi voto a aquel hombre.
Sería mi deseo también acogerlo y asociármelo446, con
la misma dignidad que yo, en el obispado. Así pues, aún
hace falta Una cosa, la más importante por cierto: tu sagrada
444 Cf. n. 329 (cf. el superlativo, por ejemplo, en Atanasio, Apología
contra los arríanos 58).
445 Cf. n. 354. Con Sinesio serian ya tres los obispos allí presentes (el
número requerido): cf. n. 342. ¡-
446 Seguimos de cerca la müy atinada traducción de Garzya.
CARTAS
153
mano. Esto es lo que les hace falta a los olbiatas; a mí, tus
plegarias.
77
A ANISIO
Desde Ptolemaida, a comienzos del 411
La luz y la tiniebla no quieren aguardarse la una a la
otra, sino que por ley natural se dan de cara. Cuando
regresábamos de acompañarte, nos encontramos con An-
dronico.
78 i
AL MISMO
Desde Ptolemaida, en el 411
Nada sería más ventajoso para la Pentápolis que honrar
con preferencia a los unigardas 441 , buenos como hombres y
como soldados, más que a todos los demás soldados: no
sólo más que a las tropas llamadas indígenas, sino incluso
más que a cuantos hayan podido venir a estas regiones para
integrar las fuerzas auxiliares. Y es que éstas, que son nume- 5
447 Estas tropas auxiliares también se mencionan en Sinesio, Disc. I
(Catástasis minor) 306 a y II (Catástasis maior) 300 a, n. 6.
154
SINESIO DE C1RENE
rosísimas, nunca se vieron enzarzadas en una lucha temeraria
contra los enemigos, que eran menos. Aquéllos, sin embargo,
que sólo son cuarenta, con la ayuda de Dios y contigo como
general, han formado ya sus líneas dos o tres veces contra un
grueso de más de mil hombres y han alcanzado las mayores
y más honrosas victorias. De los bárbaros que se les pusieron
10 a la vista, a unos los arrasaron, a otros los arrojaron448, y
todavía patrullan por las zonas altas del territorio, en guardia
contra las incursiones de los enemigos, como perros que
saltan fuera del cercado para que la fiera no se abalance
sobre el rebaño.
Así, nosotros sentimos vergüenza ante el hecho de que
estos proceres estén llorando, bañados en sudor por defen-
15 demos. Y es que, al escuchar la lectura de lo que ellos me
han escrito, yo no he podido quedarme impasible y estimo
que tampoco tú debes desatender su plegaria. Pues a ti te
suplican por mediación mía y al emperador por mediación
tuya con una súplica que hubiera sido razonable por nuestra
parte haber satisfecho, aun habiendo ellos permanecido en
2o silencio: la de no ser alistados en las unidades indígenas. Y
es que se volverían inútiles para sí mismos y para nosotros,
al verse desposeídos de las dádivas imperiales, si no pudieran
contar con cambio de caballos, ni con munición de armas, ni
con dinero suficiente para unas tropas de combate. Tú, al
menos, el mejor entre todos ellos, no mires con indiferencia
el que tus conmilitones vengan a parar a una categoría más
baja; por el contrario, que ellos, sin menoscabo de sus
448 En el original existe un juego de palabras (y paronomasia) entre
apolólekótes y apelelakótes, que intentamos reproducir, aunque de una
manera un tanto forzada.
CARTAS
155
privilegios, continúen asentados sobre las sólidas bases de 25
su anterior dignidad.
Bien podría esto suceder si, gracias a un informe tuyo,
nuestro humanísimo 449 emperador se enterara de cuán pro-
vechosos han sido ellos para la Pentápolis. Y, en nombre
mío, incluye en tu carta otra petición al emperador: que a
estos cuarenta se les añadan ciento sesenta hombres más.
¿Quién no sería de la opinión de que, con la ayuda de Dios, 30
doscientos unigardas, parejos en temple y fortaleza a éstos
cuya mansedumbre de carácter estamos no menos elogiando,
y comandados por ti, le bastarían al emperador para llevar
a término la guerra contra los ausurianos? ¿Y qué necesidad
hay de tantas levas y de esos dispendios que periódicamente
se hacen cada año para mantener un ejército aquí? Lo que se 35
necesita para la guerra son fuertes brazos y no una lista de
muchos nombres.
79
A ANASTASIO
Desde Ptolemaida a Constantinopla, a finales del 411
Yo no he podido serle útil a Evagrio, el sacerdote, ni
tampoco a ningún otro de los que han sido injustamente
tratados. Y es que nos gobierna Andronico de Berenice, «un
449 Philanthrópótatos: el término philanthropia se utiliza como trata-
miento honorífico para dirigirse al emperador (cf. Atanasio, Apología a
Constancio 2), que en estos años es Teodosio II (408-450).
156
SINESIO DE CIRENE
hombre nefasto» 450, con ánimo y lengua de criminal. Si a mí
5 me desprecia, eso no importa; pero me parece que él se
avergüenza incluso de honrar a la divinidad: «tanto golpea
el cielo con la cabeza»451.
Por tu sagrada y queridísima persona te lo juro: ha
cubierto a la Pentápolis con un traje de luto, inventando
empulgueras y torturapiés 452 y algunos otros insólitos tor-
io mentos, no para los delincuentes (que ahora quien lo desee
puede delinquir y mucho), sino para los que pagan impuestos
por su patrimonio y para aquellos otros que tienen cualquier
deuda. Es, en efecto, un hombre hábil en inventarse argu-
mentos dignos de su calaña y la de Toante453, a quien, de
encargado de la cárcel que era, se le encomendó la recauda-
ción del sueldo militar, llamado «de los reclutas» y a esto se
15 le añadió el tributo de palacio 454: siempre hay un nuevo mal
que se suma al antiguo, para la vejación de pueblos y na-
ciones.
No, ni siquiera a los hacendados y ricos les es posible
salir sin latigazos: mientras el esclavo va a casa a traer el
450 Éupolis, Fr. 332 Kassel-Austin (cf. Luciano, El fabo razonador o
sobre el término "apophrás" 32, etc.). Sobre Anastasio, cf. n. 421.
451 Cf. C. 41, 230 s., n. 204.
4" Cf. C. 42, 10.
«3 Cf. C. 42, 48.
454 Se mencionan aquí dos tipos de tributos mal conocidos. Por una
parte, el stratiotikdn chrysíon (toü s. ch. toü kalouménou tironikoü), que
quizá sea el aurum tironicum o tironum praebitio (lat. tiro, «recluta»; cf.
Cod. Theod. VII 13, 7), impuesto al que estaban obligados quienes no
podían proporcionar nuevos reclutas (cf. ed. Garzya, 1989, pág. 220, n. 3)
y que se empleaba para pagar a las tropas. Por otra, esos aulanaía,
identificables con el aurum coronarium (cf. Cod. Theod. XII 13, 2): cf.
Sinesio, Real. 2 c, n. 5.
CARTAS
157
dinero, al amo lo apalean y se queda sin alguno de los dedos.
Y, cuando aquél carece de un motivo de peso para invitarlo 455, 20
ahí están de reserva Maximino y Clinias: en estos dos se
despachan a su gusto sus desordenadas pasiones. Lo que me
parece es que un individuo tal obtiene la protección de
perversos demonios, los cuales quieren que disfruten de
alabanza y buena fortuna las más criminales almas, a las que
pueden utilizar como instrumentos para la común calami-
dad 45<s. Y es por eso que le procuran la gloria propia de un 25
hombre noble. Sin embargo, ¿cómo va a ser razonable que
se enaltezca al que está en alto y se humille al humilde 457? ¿Y
qué decir de que, a sus ojos458, toda persona de carácter
mesurado y afable sea tenido «en la misma estima que un
cario»459 y sea despreciada, mientras Zenas y Julio460 son los
únicos poderosos? Zenas es el que impuso el año pasado la 30
tributación doble y el que ahora amenaza a Anastasio, un
hermano para mí, con acusarlo y condenarlo por infidelidad
en su embajada. Aquél, no obstante, tiene poder con el
consentimiento de Andronico; Julio, por el contrario, lo
tiene sin su consentimiento y a pesar de sus quejas, y contra
nadie se ha mostrado tan enérgico como contra Andronico.
Dos o tres veces le ha gritado, «insultándolo como desde
una carreta» 461 y lanzándole todo tipo de amenazas, de las 35
455 Andronico a Toante, se sobreentiende.
456 Cf. C. 42, 49.
4« Cf. Mateo, 23, 12; Lucas, 1, 52; 14, 11; 18, 14, etc. :
458 Literalmente «en presencia de él», «ante él» (eph ' hoü). Seguimos la
traducción de Garzya («agli occhi di Andronico»).
45' 77. IX 378, y cf. Sinesio, Peonio 307 b, n. 1.
460 Dos decuriones, secuaces de Andronico: cf. C. 42, 48, n. 235.
461 Expresión proverbial (Aristófanes, Caballeros 464; Demóstenes,
XVIII 122; Luciano, Zeus trágico 44; cf. Corp. Paroem. Graec. I 453, 17)
158
SINESIO DE CIRENE
que yo mismo me sentiría totalmente honrado si fueran
pronunciadas por mi boca. A esa inmundicia de hombre la
ha dejado hecha un ratón en vez de un león462 y lo trata
como a un esclavo, en tanto en cuanto no se atreve ni
4o siquiera a murmurar por lo bajo en los rincones 463 contra su
amo (cosa que, por supuesto, pueden hacer los criados; pero
Andronico no, pues la irracionalidad nunca es valiente, sino
cobarde o temeraria, según la ocasión, o sea, siempre mala).
El admirable 464 Herón, de una manera digna de él, os hablará
de lo que le atañe, siempre y cuando siga vivo. Y es que en
tal estado se encontraba por el hecho mismo de convivir con
45 la perversidad de ese hombre y de verse diariamente que-
brantado por los horrores que escuchaba y sufría, que al
cabo, incluso una vez libre de esta mortífera convivencia,
desesperaba de llegar a ser dueño de su propia vida. Y, en
aquel entonces, aún no había regresado Toante de su famo-
so sísimo viaje 465. Pero, ahora, lo cierto es que él se ha forti-
ficado contra todos los nobles, cual nueva Decelea466, después
de haber traído la noticia de un misterioso sueño del pre-
que guarda relación con los ritos de los misterios eleusinos (que perduraron
hasta el 394, año en el que Alarico destruyó el santuario de Eleusis), en
concreto con la aischrología o intercambio de improperios y gestos obscenos
por parte de las mujeres (montadas en carretas) en ciertos momentos de la
procesión de Atenas a Eleusis, el 19 de boedromión.
462 Quizá otra expresión proverbial, relacionada con la fábula de Babrio,
82 Crusius («El león ofendido por un ratón»),
463 Cf. Platón, Gorgias 485 d.
464 Thaumásios: cf. n. 297.
465 A Constantinopla, para entrevistarse con el prefecto Antemio.
466 En el 413 a. C, durante la Guerra del Peloponeso, los espartanos
invandieron el Ática y se fortificaron en Decelea para tener en jaque a
Atenas: cf. Tucídides, VI 91, VII 19.
CARTAS
159
fecto 467, cuyo significado es que algunos de aquí deben
morir y otros quedar presos. Y presos quedan algunos hom-
bres de los nuestros por culpa de ese sueño misterioso y
otros mueren sin causa manifiesta. Y seguro que, si no han 55
muerto, morirán pronto. Unos, por los latigazos, han pere-
cido; otros, por su fuerza física, se mantienen aún con vida,
hasta este mismo día en que te envío la carta.
«Pero el gran Antemio — dicen — , el prefecto de los
romanos, no sanará ni dejará de tener fiebre mientras no 60
perezcan Maximino y Clinias.»
Esto es lo que Toante va repitiendo quedo. Por eso,
Andronico ni siquiera le permite a Maximino pagar su
contribución y ahuyenta a todos los que pretenden comprar
las propiedades de Leucipo. Que lo principal no es que se
llenen las arcas públicas sino que recobre la salud el pre-
fecto 46S, el cual, tras de hacer venir a su casa sólo a Toante 65
y en presencia — dicen — sólo del sofista469, le ha referido el
sueño. Y los puertos fueron cerrados — al menos eso jura
Toante — , hasta que él, después de zarpar a toda prisa,
pudiera referirle a Andronico aquel misterio, con el fin de
que no escapase a escondidas ninguno de los que merecían
morir por la vida de Antemio. A raíz, entonces, de lo que 70
otro ha visto en sueños o, mejor dicho, de lo que se cuenta
que ha visto, la Pentápolis, en plena vela470, ha llegado a
mala situación. Y es que Andronico, al habérsele confiado
467 Ton hypárchón en el original, en plural «per iperbole retorica» (ed.
Garzya, 1989, pág. 223, n. 11).
468 Toús hypárchous: cf. n. anterior.
469 Podría ser Troilo (cf. C. 26, etc.) o, también, un «onirocrita» o
intérprete de sueños.
470 Ónar... hy'par. cf. C. 56, 1 s.
160
SINESIO DE CIRENE
tales secretos y estar dispuesto a ser el benefactor de la feliz
casa del prefecto471,
preso es de una furia terrorífica, confiado
75 en Toante, y no conoce el respeto
a hombres ni a dioses: violenta rabia en él se ha hundido m.
En estas circunstancias en que se halla su patria, Evagrio
no ha tenido necesidad de un adivino para predecir el hecho
de que, si acude a los tribunales, va a escapar mal. Y el
propio Andronico le ha dado a conocer a las claras su
80 determinación, no a éste ni a aquél, sino al propio Evagrio,
y le ha exigido que peche con su obligación473, si es que
quiere obrar con sensatez; pues, de lo contrario, él, por
supuesto, pronunciaría una sentencia condenatoria.
Por mi parte, he alegado en mi propia defensa, ante
Dios, ante el divino Dioscúrides y ante todos los hombres,
85 que, de tanta honra como yo tenía, he pasado a sufrir esta
deshonra tan grande, al menos en lo humano, y que, de tan
fuerte como era, me he convertido en tan débil. Y, cuando
yo estaba ausente, Andronico velaba por mantener mi in-
fluencia, gracias a la cual dos veces se ha salvado de que lo
metieran en prisión en Alejandría. Pero, ahora que estoy
aquí, te juro por tu sagrada persona que me trata de tal
forma que, al sobrevenirme la pérdida del más querido de 90
471 Ton hypárchón: cf. n. 467.
472 77. IX 238 (con Thóanti y olde tíein en vez de Dií y tíei del texto
homérico) y 239.
473 lis leitourgías: podría tratarse aquí de un impuesto exigido a la
Iglesia o de una carga curial (cf. ed. Garzya, 1979, pág. 143, n. ad loe, y
ed. 1989, pág. 224, n. 14).
CARTAS
161
mis hijos 474, habría podido hasta quitarme la vida475, vencido
por el sufrimiento, y sin embargo fui yo, en realidad, quien
venció al sufrimiento, no por reflexionar racionalmente sino
porque Andronico hizo que me volviera atrás y que prestara
atención a las calamidades públicas. Y para mí estas calami-
dades han sido el consuelo de mis propias calamidades, dado 95
que aquéllas me arrastran hacia sí mismas y «repelen un
sufrimiento con otro sufrimiento» 476: ira mezclada con pena
es lo que repele la pena por mi hijito. Sabrás que mi muerte
estaba vaticinada para un día fijo de este año, y ha sido
aquél en que me hice sacerdote477. He notado un cambio en
mi vida: yo, que hasta entonces la festejaba, tras haber 100
gozado de honra entre los hombres y de la amable disposición
de todos, más que cualquiera de quienes han cultivado
nunca la filosofía, tanto en lo que respecta a los bienes
externos como a la actitud anímica, ahora estoy notando
que he sido despojado de todo.
Pero lo cierto es que la mayor de mis desgracias, la que
deja mi vida incluso sin esperanzas, es el hecho de que yo, ios
que no tenía costumbre de salir defraudado en mis súplicas
a Dios, ahora por primera vez sé que he suplicado en vano:
veo mi casa malparada y me encuentro forzado a habitar en
mi patria en medio de su infortunio. Soy «uno a disposición
de todos»478, porque cada cual viene a llorar ante mí y a
lamentarse de lo suyo, y, por añadidura, he tenido a Andro-
474 Hesiquio (Alejandría, 404-Cirene, 411): cf. n. 101.
4'5 La expresión exágein heautón para designar el suicidio ya está en
Crisipo, Stoic. Vet. Frag. III 188, y Porfirio, Vida de Plotino 11, 13.
4'6 Cf. C. 41, 182 s., n. 195.
477 Recuérdese que Teófilo lo consagra a principios del 411.
<™ Cf. C. 41, 190 s., n. 196.
162
SINESIO DE CIRENE
lio nico como «remate»479 de mis desgracias: por su culpa no
puedo recoger el fruto, «ni siquiera un poco»480, del ocio, ese
compañero con el que he crecido. Y yo, que no le soy de
provecho a nadie, debo, sin embargo, soportar a todos los
que se me acercan y me reprochan mi debilidad. Por eso os
pido, os lo pido a ambos481 con todas mis fuerzas, y especial-
115 mente a ti, mi querido hermano Anastasio (tú que tienes
fama de gozar de influencia sobre un hombre rabioso): si
con algún poder cuentas (y, en este caso, justo sería que lo
emplearas en favor de Sinesio más que de Andronico), libra
de su abatimiento a Ptolemaida, la ciudad a la que toqué en
suerte482, contra mi voluntad483 (y esto bien lo sabe el ojo,
no que todo lo ve484, de Dios). No sé en pago de qué estoy
expiando tan grandes penas, Y si con anterioridad — como
dijo aquél — «nos atrajimos la envidia de alguno de los
dioses, ya hemos sido bastante castigados»485. Pero estas
palabras también conviene decirlas en favor de Maximino y
Clinias, de quienes me parece que habría sentido compasión
hasta el más cruel de los demonios, excepción hecha de
125 Toante y Andronico, los únicos demonios implacables.
479 Cf. Platón, Eutidemo 301 e, Leyes 673 d, Teeteto 153 c.
480 Cf. Aristófanes, Avispas 541. Sobre el ocio, cf. C. 11, 8 ss. y
41, 85 ss.
481 Anastasio y Dioscúrides. Adelphós como hermano de fe (línea 115)
ya se usaba desde el siglo I.
482 Como obispo, se sobreentiende.
483 Cf., por ejemplo, C. 11, 3 ss.
484 Cf. Hesíodo, Trabajos 267.
485 Tucídides, VII 77, 3; cf. C. 41, 133 s.
CARTAS
163
80
A TEÓFILO
Desde Ptolemaida a Alejandría, entre el 411 y el 412
Yo estaba dispuesto a poner mi mano y mi voluntad al
servicio de tu paternal mandato, pero creo que Ampelio no
podría haber mirado por su propio interés mejor de lo que
Niceo lo ha hecho por quedar desposeído de lo suyo 486. Y es
que ni sé bien las razones por las que primero se marchó, ni 5
por qué retornó, ni por qué volvió a salir de su patria.
¿Cómo es que ni lo han visto ni sobre él se daba a conocer
ninguna noticia segura? La carta de tu sagrada mano fue
otro quien me la trajo y quien me pidió esta respuesta,
cuando ya Niceo había soltado amarras. Y ni yo lo vi ni el
gobernador 487 lo vio ni oyó nada, y tampoco aquél lo vio ni 10
oyó nada. Por tanto, ¿cómo es posible que Niceo resulte
vencedor, viviendo como está más allá de nuestras fronteras,
en el campo, y, por ello, con las muchas ventajas y ganancias
que las estaciones les reportan a los agricultores? Aún más
numerosas serían si también se adueñara de los bienes ma-
ternos.
486 Nuestro obispo aquí parece involucrado en un pleito por una herencia.
Recuérdese que, en esta época, los prelados también ejercían funciones
judiciales: cf. n. 336.
487 Genadio: cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior).
164
SINESIO DE CIRENE
81
A LA FILÓSOFA
Desde Ptolemaida a Alejandría, en el 413
Aunque el destino no puede arrebatármelo todo, ése es,
sin embargo, su propósito, al menos en todo lo que sí puede
él,
que me dejó privado de muchos y buenos hijos m.
No obstante, la capacidad, al menos, de escoger lo mejor
y ponerme de parte de quienes sufren injusticia, eso no me lo
arrebatará. ¡Que ojalá no pueda someter mi ánimo! Sí, odio
la injusticia489, eso está a mi alcance; pero querría impedirla
y, sin embargo, ésta es una de las cosas que se me han
arrebatado: la he perdido incluso antes que a mis hijos.
Antaño eran vigorosos los milesios490.
Hubo un tiempo en que también yo les servía de provecho
a mis amigos y tú me llamabas «el bien de los demás» 491, por
emplear en los otros el respeto que yo merecía entre los muy
488 //. XXII 44. En el 412 ya había perdido Sinesio a sus tres hijos: cf.
n. 101.
489 Cf. Salmos 119 (118), 163; Proverbios 28, 16.
•490 Proverbio ya citado por Anacreonte, Fr. 426 Page (a menos que
este verso se convirtiera posteriormente en refrán), y, luego, por
Aristófanes, Pluto 1002, etc.
491 Ninguna obra escrita conservamos de Hipatia y, como escribe J. M. ,
Rist, «Hypatia», Phoenix 19 (1965), 214-225, estas palabras son «the only
example of her conversation».
CARTAS
165
poderosos: para mí éstos eran como las manos. Ahora todos
me han dejado solo, a no ser que tú tengas algún poder; y lo
cierto es que, aparte de la virtud, eres tú a quien considero
un bien inviolable.
Tú, por supuesto, siempre conservas tu poder y ojalá 15
puedas utilizar ese poder tuyo de la mejor manera. Niceo y
Filolao, jóvenes excelentes y de la misma familia, cuida tú
de que vuelvan a ser dueños de sus propiedades: que de esto
se ocupen todos los que honran a tu persona, tanto particu-
lares como magistrados.
82 ■
A SU HERMANO 492
¿A quién, pues, a quién le corresponde la admiración de
aquéllos que son como tú? A uno prudente, mesurado,
amigo de la cultura y devoto de Dios, en una palabra, a
alguien como Geroncio.
Pues bien, aquí tienes a este hombre con mi carta: después
de tratarlo, no podrás decir que soy un vil adulador. 5
4,2 Aunque las cartas 82 y 84-86 aparezcan dirigidas a Evoptio, no se
comprende bien que Geroncio haya sido recomendado tantas veces a la
misma persona: cf. ed. Garzya, 1979, pág. 147, n. ad loe. Para la línea 5,
cf. C. 150, 14 s (y Teognis, 37 s.).
166
SINESIO DE CIRENE
83
A CRISES
Después del 405
No porque sea pariente de mis hijos el admirable 493
Geroncio, no por ello recomiendo a este joven ante un
amigo como tú (aunque también eso es verdad), sino porque
se aviene a las maneras del acrisolado Crises 494, si es que
debo emplear uno de esos fríos recursos gorgianos 495. Pero
5 más verdad que ninguna otra cosa es decir que tú estás
dentro de lo que supone cualquier tipo de virtud y que quien
te entrega esta carta es el más digno de gozar de tu trato.
84
A SU HERMANO
Una carta larga denuncia falta de familiaridad con el
portador496. Pero el admirable Geroncio sabe todo lo que yo
493 Cf. n. 297.
494 Intentamos reproducir el juego de palabras del original (toü chrysoü
Chrysou, literalmente, «del áureo Crises»).
495 Sinesio se refiere, precisamente, a ese juego de palabras: cf. C. 134,
35 (y Jenofonte, Banquete II 26). Gorgias, el célebre sofista de finales del
siglo v, fue un maestro en el arte de la retórica y empleó con destreza,
aunque a veces con «xageración y amaneramiento, las llamadas «figuras
gorgianas» (schemata Gorgíeia). Sinesio emplea el término psychrón, «frío,
soso, insulso» (aplicado al estilo o a ciertos recursos y escritores: cf.
Platón, Eutidemo 284 e; Jenofonte, Banquete VI 7; Sobre lo sublime III
4 y IV 5, etc.) quizá influido por la mención de Gorgias en Aristóteles,
Retórica 1406 a-b (concretamente al final del capítulo 3 del libro III,
aunque en este pasaje de Aristóteles no sólo hay crítica sino también
ponderación).
49« Cf. C. 55, 1 s., n. 296.
CARTAS
167
sé y, si no fuera la mentira algo impropio de él, te contaría
más cosas aún de las que están en su conocimiento, porque
me quiere y porque tiene una lengua acomodada a su mente.
Si lo miras con buenos ojos, lo estarás mirando como yo 5
deseo.
85
AL MISMO
Recibe con una carta viviente esta otra sin vida: me
refiero al admirable Geroncio y a estas líneas, que te han
sido escritas más por la mera formalidad que por una preci-
sión de dirigirte estas palabras 497. Del hecho de que en
nuestra existencia siempre está presente tu recuerdo, de eso
te podría hablar este joven con mucho mayor grandilocuencia 5
que mil cartas.
AL MISMO
Esta carta se la he entregado al admirable Geroncio para
tu sagrada y afloradísima persona: os dará ocasión para un
primer encuentro. Sí, en ese momento quizá te vayas a
mostrar deferente con él en atención a mí; pero, después de
tratarlo, eso lo harás con cualquier otro en atención a él.
497 Cf. C. 55, 4 s.
168
SINESIO DE C1RENE
87
AL MISMO
Desde Ptolemaida, después del 411
Aquél a quien he dado la carta es intendente y proveedor
de grano del batallón de los dálmatas. Y yo a todos los
dálmatas los quiero igual que a mis hijos: que ellos son
habitantes de la ciudad a la que toqué en suerte 498. A mí me
5 correspondía informarte; a ti, tratar a los míos como a los
tuyos.
88
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla. Posterior a la C. 71
Cuando recibí de Tracia499 estas cartas despachadas en
primavera, me arrojé conturbado sobre el paquete, por si
acaso alguna tuviera escrito a la cabeza el ilustre nombre de
Pilémenes, porque ningún otro papel merecía ser leído antes.
Pero no estaba por ninguna parte. Así pues, si coincide que
498 Como obispo, se sobreentiende. La ciudad es, por supuesto, Ptole-
maida (cf. C. 79, 118 s.). Sobre la Dalmatarum cohors, cf. PW, RE IV2,
2454 s., s. v. «Dalmatae» (cit. en ed. Garzya, 1979, pág. 150, n. ad loe).
499 Es decir, desde Constantinopla, situada en la orilla tracia o europea
del Bosforo. Pilémenes se encontraba en ese momento, según sabemos por
la C. 71, en Isauria. ,
CARTAS
169
te encuentras de viaje, que regreses pronto y bien; pero, si 5
te encontrabas en la ciudad cuando todos mis conocidos le
entregaron sus cartas a Zósimo, extraño sería que de alguno
me hubiera acordado más que de Pilémenes.
89
A SU HERMANO
Desde Ptolemaida a Alejandría, a finales del 411
Hasta ayer me iba bien. Ahora, como una corriente que
refluyera contra mí 50°, tanto los asuntos públicos como los
privados me afligen. Y es que vivo, no como un particular
cualquiera, en una tierra hostigada por los enemigos y tengo
que estar continuamente llorando las calamidades de cada
uno y, muchas veces al mes, saltar a las almenas 501, como un 5
mercenario contratado para tomar parte en la batalla, no
para rezar. De mis tres hijos ya sólo uno me queda502. Pero,
si tú «navegas con buen viento» 503 y vives feliz, no en todo
me aflige el destino.
500 Cf. Sinesio, Calv. 64 a.
501 Cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior) 303 c.
5°2 Cf. n. 101.
503 Cf. Polibio, I 47 2; Luciano, Lexifanes 15.
170
SINESIO DE CIRENE
90
A TEÓFILO
Desde Ptolemaida a Alejandría, ya avanzado el 412
Ha desaparecido la justicia de entre los hombres. Andro-
nico 504 antes cometía injusticia y ahora la recibe. La práctica,
sin embargo, de la Iglesia es la de «enaltecer al que se
humilla y humillar al que se enaltece» 505. Ella, en efecto,
odiaba a ese Andronico, por las cosas que hacía (razón por
5 la que ha permitido que se llegara a este punto), pero ahora
se compadece de él por el hecho de que ya se ha enfrentado
a cosas que superan cualquier maldición y porque también
a quienes ahora están en el poder los hemos importunado
por su causa. Por otra parte, sería terrible que nunca pudié-
ramos estar al lado de quienes viven días felices y sí estar
siempre derramando lágrimas con quienes lloran. Así pues,
ío lo hemos sacado allí de la odiosa tarima 506 y, además, hemos
aliviado en mucho sus desgracias. Y en el caso de que tu
devota piedad507 lo estime digno de consideración, eso lo
acogeré como la mayor prueba de que este hombre no ha
sido totalmente dejado de la mano de Dios.
504 Después de la excomunión de Andronico, Sinesio se muestra com-
pasivo ante la desgracia del antiguo praeses y le escribe estas líneas al
patriarca de Alejandría.
505 Cf. Mateo, 23, 12; Lucas, 18, 14; 1 Pedro, 5, 5 (y Job, 22, 29;
Proverbios 29, 23); y Quilón en Diógenes Laercio, I 69.
506 Acerca del término bSma aquí empleado, como lugar específico, cf.
ed. Garzya, 1979, pág, 153, n. ad loe. (poenitentiae locus in ecclesia?) y ed.,
1989, pág. 236, n. 3 («dal posto di penitenza»).
507 Cf. n. 371.
CARTAS
171
91
A TROILO
Desde Ptolemaida a Constantinopla.
Posterior a la C. 49, alrededor del 411
Antaño eran bastantes desocupadas mis conversaciones
con mis amigos, tanto por escrito como en persona. Y es que
vivía echado sobre los libros, sin estar dispuesto 508 a inmis-
cuirme, en cierto modo, ni en ninguna ciudad ni en política.
Ahora, en cambio, dado que Dios me impuso habitar en un
sitio preciso 509 y ocupar un puesto en la ciudad en medio de 5
un grupo humano bien determinado, quisiera, en efecto,
serles de provecho a quienes están unidos a mi suerte 510 y
hacerles todo el bien del que sea capaz, tanto a cada uno en
lo particular como a la ciudad en lo público, para que pueda
yo mirar con agrado y también así me miren los que son
(como cabría decir) «mis compañeros de navegación» 511 en
esta vida.
Desde luego, si Martirio sacara algún beneficio de esta
carta, escrita por su causa512, ten por seguro que me estás 10
complaciendo en la persona de alguien que se pasa el día
308 Puede haber un juego de palabras (que intentamos mantener) en las
líneas 3-5: ...asyntaktos... epétaxe... táxin... («...sin estar dispuesto... im-
puso... un puesto...).
509 Su sede, Ptolemaida.
510 Toís syllachoúsi: para Lampe (A Patristic..., cit. en n. 380, s. v.
syllanchánó 1) el participio debe interpretarse como «colleague, of fellow
clergy, colleagues in ministry».
511 Para ton... symplón toü bíou: cf. Sófocles, Antígona 541,
xymploun... toú páthous.
512 De nuevo se trata de una carta de recomendación.
172
SINESIO DE C1RENE
conmigo y que (sí, te lo juro por esas charlas que eran mi
diversión predilecta y la tuya) a estar junto a mí dedica
incluso gran parte de la noche.
92
A SU HERMANO
Desde su finca
No es poco el mal que me voy a acarrear con mi rustici-
dad 5I3, siendo como soy demasiado sincero al declarar esta
condición mía (tenlo por seguro) incluso en los confines de
Libia.
93
AHESIQUIO514
Desde Ptolemaida a drene, en el 411-412
Los atenienses elogiaban a Temístocles, el de Neocles,
porque, aun estando deseoso del poder político más que
cualquiera de sus contemporáneos, abominaba de todo cargo
en el que no pudiera conseguirles más cosas a sus conocidos
que a los extraños 5I5. Que el paso del tiempo haya hecho que
5U Cf. Sinesio, Calv. 66 d, n. 37.
5,4 Un condiscípulo de Sinesio.
515 Cf. Plutarco, Aristides 2, 5.
CARTAS
173
se reconozcan tus méritos y que por mediación tuya se 5
hayan introducido en la administración pública el nombre y
la función de un nuevo cargo 516, eso es algo de lo que me he
alegrado, como es natural entre quienes son compañeros ya
de antiguo, porque nos une recíprocamente la sagrada geo-
metría517. Pero eso de que consideres justo incluir también a
mi hermano en el número de los curiales 518 y no borres a su
familia del fatídico registro, a pesar de que haya precedido
algún que otro suceso relacionado con una anterior desgracia, 10
eso me lleva a afirmar que tú no estás obrando al estilo de
Temístocles ni de acuerdo con la divina geometría. Y es que
Evoptio debería haber sido considerado como uno de tus
hermanos, si realmente «dos cosas iguales a otra deben ser
también iguales entre sí» 5I9.
Pero si, por culpa del montón de asuntos que te han 15
llovido, has descuidado hasta ahora tu obligación, demués-
tramelo, nada más recibir esta carta, admirable amigo, de-
clarando a su suegra520 exenta, no sólo en el futuro sino
también en el pasado, de esta absurda multa. Y devuélveme
516 Seguramente se trata de la figura del exactor, como opina
Lacombrade: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 238, n. 2.
5,7 Ambos fueron, en Alejandría, discípulos de Hipatia, la «geómetra»,
como la llamará Damascio: cf. Lacombrade, ed. Himnos, pág. XVIII. El
padre de Hipatia, el matemático Teón, editó los Elementos de Euclides.
518 O «decuriones» (en tois bouleutais), cuyas gravosas cargas (a las que
alude la mención de ese poneroü biblíou, «fatídico registro» o «libro ñero»,
como traduce Garzya) y responsabilidades podían provocar la ruina eco-
nómica (quizá a eso se refiera el katá symphoran archaían de la línea 10),
razón por la que Evoptio se verá forzado a huir de su tierra (cf. líneas
18 ss.).
519 Cf. Euclides, Elementos I (comm. conc. I).
520 Era la suegra del interesado la que, llegado el caso, debía afrontar
las cargas: cf. Cod. Theod. XII 1, 6.
174
SINESIO DE CIRENE
a mi hermano, que por esto precisamente ha emigrado, bien
lo sabe Dios: lo que es ante mí, tan necesitado como estoy de
20 consuelo en medio de muchas desgracias, que tú no desco-
noces, él no alega ningún otro motivo.
94
A ANISIO
Desde Ptolemaida. Contemporánea de la C. 34
Anteayer, no bien llegué a enterarme de la grave noticia521
venida de Cirene, pensé yo entonces en mandar, con toda
rapidez, el aviso a Teuquira; pero se presentó un mensajero
diciendo que el general 522 ya había ocupado las zonas altas
del territorio. Y es que, en efecto, tú habías llegado a enterarte
5 antes que yo. ¡Que de parte de Dios obtengas recompensa,
ahora y en el futuro, por tu celo! Para elogiarte por esto
mismo te he escrito yo y también para enterarme de cuál es
tu situación: ojalá todo te vaya bien. Y es que me preocupo,
sí, me preocupo de la Pentápolis (¿y cómo no?), de la «madre
patria», como dirían los cretenses 523, pero no menos me
10 preocupo de ti y de tu reputación: lo cierto es que, por cada
uno de tus éxitos, todos estiman digno que yo me sume a tu
regocijo 324.
521 La tercera invasión dé los ausurianos (del 411).
522 Anisio: cf., por ejemplo, Sinesio, Disc. I (Catástasis minor) 305 d
ss., y C. 6.
™ Cf. Platón, República 575 d.
524 Eme pántes axioúsi synídesthai. Con la lectura emoi (de los códices
A, Av, C, I, U, V, Va) traduciríamos: «todos estiman digno (o desean)
sumarse a mi regocijo».
CARTAS
175
Así pues, dado que se me considera unido a ti 525, ¡oh tú
el mejor de los hombres y de los generales!, es justo también
que yo esté al tanto de tus cosas. A Juan 526 lo he persuadido
a que se comporte bien, tanto como pueda, y a que sea,
además, un soldado animoso, siempre que Dios se ponga de
su parte. Como brazo derecho dale a su hermano: su ayuda 15
equivaldrá a la de otros muchos. Ésta me parece la mejor
determinación, conociendo el carácter de ambos jóvenes y el
respeto que se tienen el uno al otro. Si también para ti esto
es evidente, autorízalo. Saluda a los amigos que están en
campaña. Y éste que se ha criado conmigo 527 que regrese
pronto con algún informe favorable acerca de la guerra. Él,
con todo lo miedoso que es, emprendió con arrojo el camino: 20
delante iban tus armas defendiéndolo. Devuélvele a Cirene
este par de hermanos, que ellos lucharán por la tierra que los
trajo a la luz y los crió.
95
A SU HERMANO
Desde Cirene, después del 405
Haces bien al pensar que yo me someto a tus órdenes
(que así es como me has escrito) y la opinión que tienes de
mí es la justa. Ojalá por ello te sobrevengan muchas cosas
525 En el original, muy expresivamente, ... en sol krinómenos...: «Appunto
perché mi si collega strettamente con te...» (Garzya).
526 Cf. C. 34, 1.
527 Juan.
176
SINESIO DE CIRENE
buenas, porque estoy recibiendo tu agradecimiento, si es
verdad que un hermano mayor le debe agradecimiento al
5 menor por su obediencia (lo que yo, al menos, no creo). Por
mi parte, para compensarme me basta con que no te sea
desconocida mi postura: de entre todos los vivientes tú eres
el único a cuya merced me encuentro.
Pero que tú afirmes saber con certeza que Julio está
impetrando mi amistad, eso ya no merece ser tomado en
consideración: esto es, sin duda, propio de un hombre que
10 está engañado; no diría yo de uno que quiere engañar. Y, de
hecho, a la vez que leía yo tu carta, otro me leía una de
aquél. Tú afirmas eso, éste lo contrario: que ha leído y ha
escuchado decir que Julio, en relación con nosotros, pro-
nuncia palabras inconvenientes. No tengo, en efecto, ningún
15 motivo para no creer a este varón cabal y, ni aun creyén-
dolo, te lo juro «por el dios que nos protege como herma-
nos 528», ni aun así me arrepentía del bien que le he hecho a
ese hombre, al esforzarme en quitarle de encima ayer mismo
al acusador que lo inculpaba de impiedad por cometer un
delito contra la familia del emperador529.
Y es que, te lo aseguro por tu sagrada persona, si no me
20 hubiera yo mantenido firme en sus continuas tentativas, de
un lado frente a la vileza del juez, que no admitía un cambio
de opinión en tal asunto, y, de otro, frente a la desesperación
del acusador que fingía estar obligado, pero que, en realidad,
estaba dispuesto a causar el mal y a sufrirlo; si no hubiera
sido como digo, a su esposa y a sus hijos les hubiera tocado
528 Zeus Homógnios: cf. Eurípides, Andrómaca 921; Aristófanes,
Ranas 750; Platón, Leyes 881 d, y Alcibfades 1 109 d (Zeus Phílios: ef.
Sinesio, C. 51, 2 s.).
329 Atcadio, probablemente.
CARTAS
177
la suerte más terrible, y también a muchos parientes y amigos
suyos, ricos y pobres: en suma, una «Ilíada de males» 530 se
habría cernido sobre nuestra ciudad por culpa de un hombre
sin esperanzas de salvación y deseoso de morir. Julio habría
vencido en una victoria para la que hubiera rogado no estar
vivo. Por todo ello pensé que yo tenía que hacer lo que he
hecho. ¡Que de mi carácter y mi manera de proceder se
aprovechen hasta mis mayores enemigos! Y es que para mí
es mucho mejor hacer el bien a quien no lo merece que mirar
con indiferencia cómo muchos, pudiendo yo impedirlo, van
a sufrir un mal inmerecidamente. De cierto que ni a la noble
mujer ni a los hijos de este hombre los odio; pero, es más, ni
siquiera él merece (bien lejos está de ello) sufrir ningún mal
de parte mía, por sus ultrajes hacia mí.
La verdad es que él odia y mucho, pues lo dice todo con
la intención de dañar y habla como para morder: su modo
de proceder no es inocente sino culpable. Sí, que lo sepa, o
mejor que no lo sepa, porque, entonces, podría dejar de
hacerme un bien. Tú, sin embargo, ten bien sabido ese
antiguo dicho: «hasta de los enemigos es posible aprove-
charse»531, que ahora se vuelve, en rigor, evidente. Pues,
¿con qué no va a contribuir este hombre a mi buena fama?
Todo aquel que desee elogiarme y no encuentre otra cosa
que mencionar, dirá esto, lo primero, lo único y lo más
importante: «Julio habla mal de él». En estas palabras, ¿qué
«enjambre532 de bienes» no hay? Y es que mostrarse opuesto
a cualquier tipo de maldad no es sino mostrarse familiarizado
con cualquier tipo de virtud. Desde luego, yo no afirmaría
530 Demóstenes, XIX 148, etc.
531 Jenofonte, Económico 1 15.
532 Cf. Platón, República 450 b.
178
SINESIO DE CIRENE
en conciencia nada tal, él es quien lo afirma; pues lo contrario
de lo que afirma, eso es lo que cree. Así que incluso debería
estarle agradecido.
50 Te lo juro por tu sagrada persona y por la salvación de
mis hijos, no hay favor más grande que él me pueda hacer
que ultrajarme; pues, en efecto, de parte de Dios y a ojos de
los hombres esto redundará para mí en la mayor de las
glorias. Pero él también pagará la pena de su mal proceder,
aunque no a mí; que acaso yo, aunque pudiera, no quisiera
55 y, aunque quisiera, no pudiera en absoluto. ¿Pues, ante
quien en este momento tiene el poder533, cuál sería la in-
fluencia de un hombre como yo, tan infeliz como para huir
de mi patria, al destierro, y sin albergar esperanzas de regreso,
por estar los enemigos acampados en mis propiedades y
sirviéndose de ellas como base de operaciones contra Cirene?
¿A quién, entonces, a quién le pagará la pena? A la propia
60 Justicia534. Sí, yo lo garantizo con seguridad, porque creo
saberlo bien. La Justicia lo perseguirá en nombre mío y de
nuestra común patria, por la que nuestra actuación política
ha sido opuesta y a causa de la cual nos hemos mutuamente
enemistado. Lo cierto es que no fue por ningún interés mío
particular (ni siquiera él sería capaz de decir esto), sino, lo
primero de todo, porque vi al ejército y al senado en actitud
65 servil e intenté oponerme, y, luego, estuvo, además, el asunto
de la embajada que ya claramente motivó nuestra disensión 53S.
533 Dynástés: el prefecto augustal de Egipto o, mejor, el praeses de la
Cirenaica (cf. ed. Garzya, 1989, pag. 244, n. 6).
534 Díké: cf. 259.
535 Están claras las razones de sus desavenencias;: Sinesio luchaba por
conseguir que el ejército y el senado de Cirene conservaran, como escribe
Garzya (cf. ibid., n. 7), «il carattere nazionale» y no cayeran en manos de
mercenarios; Julio, por su parte, se había opuesto a la embajada de Sinesio
a Constantinopla en el 399.
CARTAS
179
Omito lo relativo a mi compañero Dioscúrides, ya que fue
tratado con moderación y no como para provocar la ven-
ganza536 de Dios y de los hombres. A ésta, ciertamente, nos 70
referimos cuando cantamos al son de la lira:
Oculta, pisando los talones caminas,
la cerviz del orgulloso inclinas,
bajo tu brazo siempre la vida dominas 537
Pero, cuando hubo que votar, yo hice una propuesta a
favor de que, para bien de la patria, fueran excluidos del
ejército los extranjeros538, pero él se pronunció en contra, a 75
favor de Heladio y Teodoro. Y, sin embargo, ¿quién no sabe
que a los oficiales, que por naturaleza se comportan militar-
mente, esos extranjeros les cambian la mentalidad y los
transforman en mercaderes? Volví yo a hacer una propuesta
a favor de que fuera suprimida nuestra gobernación militar
(es esto lo que, precisamente, todos los hombres de aquí, al 80
unísono, reconocen que es el solo remedio de nuestros males:
que las ciudades retornen a la antigua prefectura, o sea, que
536 Theoü... némesin: Némesis es la diosa de la venganza entre los
griegos (cf. ya Hesíodo, Teogonia 223, Trabajos 200).
537 Mesomedes, Himnos III 9-11 Heitsch (1 1 bíoton metreis, adecuado
a la métrica del verso, frente al biotán kratéis del texto sinesiano). Se trata
de unos versos (dímetros anapésticos: catalécticos o paremíacos el 9 y el 10;
acataléctico el 1 1) del Himno a Némesis, una de esas pocas obras antiguas
de las que conservamos notación musical. Recuérdese que en los Himnos
de Sinesio se descubre la influencia de Mesomedes: cf. nuestra introducción
a los Himnos (I. Tradición y originalidad) en Sinesio de drene. Himnos.
Tratados, Madrid, BCG, 1993. Puede observarse en el original el homeote-
leuto (baíneis / Minéis / kratéis <metréis>).
538 Tales ideas están en la línea de las expuestas en los capítulos 19-21
del discurso de Sinesio, Sobre la Realeza (Real. 21 c-26 c).
180
SINESIO DE CIRENE
las libias sean colocadas bajo el mando del prefecto de
Egipto 539), pero él se pronunció en contra, a favor de sus
propios intereses, y directamente se atrevió a decir que era
provechoso el que los militares fueran gente baja.
«Pero, amigo — pues estimo conveniente dirigirme a él
por mediación tuya—, ahora por esta razón eres un maldito,
porque intentas ir en contra de la buena fortuna común: que
tú eres afortunado entre infortunados; yo, en cambio, me
uno al infortunio 540 de mi ciudad. Ten, sin embargo, bien
sabido que, por ley natural, las partes quedan abrazadas por
el todo. Cuando, por una enfermedad corporal, el bazo ha
aumentado mucho su tamaño 541, mientras el cuerpo entero
resiste, el órgano conserva la fuerza y va engordando, pero,
si aquél perece, éste también perece. Así, tú, que en el
momento presente te encuentras en buena situación, te con-
vertirás sin darte cuenta, por culpa de tus medidas de go-
bierno, en la fatalidad para tu patria y para ti mismo. «A
Lástenes se le llamó amigo de Filipo hasta que, a traición,
entregó Olinto» 542. ¿Y cómo esperar que un apátrida sea
feliz?».
539 Teodosio I había confiado el gobierno de la dioecesis de África,
integrada por cinco provincias (Aegyptus Iovia, Aegyptus Herculia, Thebais,
Libya inferior o Marmarica y Libya superior o Cyrenaica) al prefecto de
Egipto (llamado «augustal»; hypd ton Aigyptíón árchonta en el texto).
Después de haberse descentralizado este poder, los senadores de Cirene y el
propio Sinesio entendían que era preferible el antiguo sistema (eis ten
archaían hégemonian en el texto: el término hégemón también designaba al
praefectus Aegypti).
540 Intentamos mantener el juego de palabras del original: tyches...
eutycheis... atychoüsin, ... synatycho...
541 La «esplenomegalia» es propia de las enfermedades infecciosas.
542 En realidad, el texto de Demóstenes, XVIII 48 (en el catálogo de
CARTAS
181
96
A OLIMPIO
Yo pongo por testigo al dios al que veneran la filosofía
y la amistad: mil veces habría preferido la muerte antes que
aceptar el sacerdocio 543. Pero, como Dios me impuso no lo
que yo le pedía sino lo que él deseaba, le ruego que, siendo
como ha sido el pastor de mi vida, sea también patrono de
este deber que se me ha asignado 544, de tal forma que mi 5
tarea no parezca un distanciamiento de la filosofía sino un
encumbramiento hacia ella545., Entretanto, igual que, si me
hubiera acaecido algo agradable, yo te lo habría comunicado
a ti, a la persona que es para mí la más querida de todas, así
también te pongo al corriente de mis apuros, para que
conmigo te aflijas y, si te es posible, una vez que examines el
asunto en vista de mi carácter, me expreses tu opinión sobre 10
lo que debo hacer.
Lo cierto es que, por ahora, tanteo el asunto a distancia,
de manera que, ya después de seis meses de estar en el
brete 546, sigo residiendo lejos de la ciudad en la que seré
obispo, hasta que me dé perfecta cuenta de cuál es la natu- 15
traidores incluido en este discurso, el Sobre la corona) dice: «A Lástenes se
le llamó amigo hasta que, a traición, entregó Olinto». Lástenes y Eutícrates
eran comandantes de la caballería de Olinto (en la Calcídica) y, en el 348 a.
C, le facilitaron a Filipo la ocupación de la ciudad (cf. Demóstenes, VIH
40).
543 Cf. C. 11, 3 s. (y, también, 79, 97 ss.).
544 Cf. C. 11, 6 ss.
545 Cf. C. 11, 20 ss.
546 Ya sabemos que alrededor del verano del 410 Sinesio es aclamado
obispo de Ptolemaida. Nuestro autor, por tanto, escribió esta carta a
finales de ese año, cuando se encontraba en Cirene.
182
SINESIO DE CIRENE
raleza de tal menester. Y, en el caso de que éste tenga cabida
al lado de la filosofía, acometeré el asunto; pero, si es ajeno
a mi formación y a mis preferencias, ¿qué otra cosa me
queda sino partir navegando con rumbo a la gloriosa Grecia?
Pues, si rechazo el obispado, también tengo que renunciar a
20 mi patria, si es que no quiero ser, de precisión, mas deshonrado
y más maldito que nadie, moviéndome entre una turba de
gente que me odia.
97
AL MISMO
Desde drene a Alejandría. Poco anterior a ¡a C. 98
Al leer la carta en la que me hablabas de tu enfermedad,
al principio tuve miedo pero, al final, recobré el ánimo. Y es
que, después de amenazarme con un peligro, me anunciaste
mejores nuevas. De lo que me pediste que te fuera remitido
5 o llevado de parte mía, absolutamente todo lo posible te será
remitido o llevado. Qué es lo posible y qué no es, eso huelga
escribirlo, pues la propia entrega lo mostrará.
«¡Qué pases tu vida sano» 547 y dichoso, compañero grato
a Dios, amigo afloradísimo! ¡Que podamos estar juntos^
15 disfrutando de nuevo el uno del otro! ¡Y que no te vayas 548
antes de producirse nuestro mutuo encuentro! Pero, si Dios
lo tiene decidido de otra manera, acuérdate de mí aunque
547 Téano, Pythagoreor. ep. 7 ( = Hercher, Epistol. 606, 42 s.); cf.
Sinesio, C. 98, 13.
548 De Alejandría.
CARTAS
183
esté lejos. Pues, mejores que Sinesio encontrarás a muchos,
pero a nadie que te ame más que yo podrías encontrar.
98
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, en el 402-403
¿Cómo crees que yo, sediento como estoy 549, he leído tu
gratísima carta? ¿Sobre qué partes de la carta crees que no
me he derramado con toda el alma? A raíz de ella vine a
experimentar múltiples estados de ánimo y, dentro de no
mucho tiempo, esperó ver Alejandría, donde aún se encuentra
una persona que me es querida. En efecto, al haberte portado 5
bien con Segundo me has honrado a mí y, al dispensar tal
honra con lo que escribes, nos dejaste obligados contigo y
nos has hecho ser tuyos, en cuanto que, siendo como somos
de los que van arrastrándose por el suelo 55°, no nos conside-
ramos dignos de ser doblemente honrados, tanto por la
importancia de lo escrito como por el celo demostrado en
tus actos.
A mi señor conde551 le he escrito ya muchas veces, pero, 10
como en la carta que me enviaste por medio de tu criado me
549 Es decir, ansioso de encontrarse en Alejandría con su amigo Olimpio.
Este sentido metafórico del verbo dipsáó es corriente.
550 Ton chamal erchoménón óníes: es decir, «por ser humildes». La
expresión está tomada de II. V 442.
551 Se trata del conde Peonio, a quien Sinesio dedica su opúsculo Sobre
el regalo. Para la expresión toi despótei mou toi kóméti, cf. J. O'Calla-
ghan, Cartas..., cartas 20, 7; 40, 14; 55, 2; 56, 2 (Ho despótés mou ho kó-
més); 60, 1.
184
SINESIO DE CIRENE
reprendes por no haberle escrito, adjunté unas líneas dirigidas
a él en un envío a mi señor hermano 552 ■. Sigue tú viviendo
«sano y dichoso» 553, con todo tu interés puesto en la filosofía,
cuanto conviene que tenga quien se ha iniciado en ella
15 siguiendo divinos deseos. Te escribo desde el lecho, apenas
con fuerza para sostener el recado de escritura. Suplica lo
mejor para mí, justo lo que Dios apruebe como lo mejor. En
el caso de que me restablezca, partiré de inmediato hacia
Alejandría.
99
AL MISMO
Desde drene a Alejandría. No muy posterior a la C. 98
He puesto en práctica una nueva manera de utilizar las
cartas. Y es que no te he escrito para recomendar ante tu
amistad554 al portador de esta carta, sino para ofrecerte a
este hombre con el fin de que sea una ganancia no pequeña
5 para ti y para el gran Diógenes, tu predilecto. Y no te inco-
modes si pienso y digo que no sois vosotros una ganancia
552 Toi despótéi mou toi adelphoi: esta fórmula es usual en las cartas
cristianas. Cf. J. O'Callaghan, Cartas..., cartas 52 10 s.; 62, 1 s.; y cf. 5,
1; 11, 1 {kyridi mou adelphoi; pero a partir del siglo iv d. C. el término
kyrios se va reservando a Dios: cf. ibid., pág. 43, n. a 3, 13), etc.
553 Juliano, Cartas 10, 404 b; cf. Sinesio, C. 97, 8.
554 Cf. philía como tratamiento en J. O'Callaghan, Cartas..., carta
20, 5.
CARTAS
185
para Teotimo 555, sino que lo es Teotimo para vosotros.
Aquello, con todo, podría admitirse si este poeta, el más
inspirado 556 de los de ahora, necesitara la influencia de
alguien; pero es la influencia del arte poética la que cualquiera
necesitaría para que su fama llegara a la posteridad y no
quedara oculta para quienes están lejos. Pues los grandes 10
hechos, de no encontrar palabras que les sirvan de mensajeras,
se borran de la memoria y quedan cubiertos por el olvido:
sólo en el momento mismo de realizarse florece su esplendor
entre quienes los contemplan. Por eso, en efecto, debéis
apreciar este buen golpe de fortuna551 y ocuparnos de él
antes que de cualquier otra cosa, con independencia de
vuestro interés personal. Es por reverencia a las Musas por
lo que los sacerdotes de éstas 558 merecen ser rodeados de
atenciones y no quedar en un segundo puesto detrás de
quienes saben llamar a las puertas con adulación 559. Añádase, 15
además, un tercer motivo para que apreciéis a este hombre:
Sinesio lo admira en razón de todo aquello por lo que un ser
humano puede elogiar y considerar dichoso a otro.
«Que pases tu vida sano» 560, amigo a quien aprecio por
todo. A tu sagrada distinción 561 la saludan todos los que 20
555 Uno de los llamados «poetas itinerantes» que existían en el Egipto de
esa época: cf. D. T. Runia, «Another Wandering Poet», Historia 28 (1979),
254-256.
556 Éntheótatos: recuérdese Platón, Ion 534 a; Aristóteles, Retórica
1408 b 19.
357 Hérmaion: literalmente, «don de Hermes», cf., por ejemplo, Platón,
Banquete 176 c; y, abajo, C. 101, 55.
558 Es decir, aquí, concretamente, los poetas: cf. Sinesio, Dión 43 d (y
cf., también, Libanio, Discursos LII 42, hiereús philosophías).
559 La expresión original es muy gráfica: kolakeúein tas thyras. Seguimos
la traducción de Garzya.
560 Cf. n. 547.
561 Diáthesis, a partir del siglo IV d. C, se emplea como título
186
SINESIO DE CIRENE
habitan nuestra casa y, el primero de todos, tu Isión. También
nosotros saludamos a los que están contigo y, al primero, a
mi Abrahamio. Si vas a darle o no al conde lo que he escrito,
eso ya lo decidirás tú.
100
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla, después del 402
Éste 562 es el Anastasio del que tantas veces me he hecho
lenguas. De haber sido tú el presentado a él, yo habría dicho
de ti las mismas alabanzas. Así pues, como en mi interior yo
os considero unidos ya de tiempo atrás y este encuentro que
ahora tenéis no es sino un reconocimiento, expresaos vuestra
5 mutua amistad y considerad en común de qué manera vais
a hacerme un favor.
«El ocio es el mayor de los bienes» 563: de él podría decirse
que, como tierra fértil, produce todo tipo de cosas buenas
para el alma del filósofo. Recogeré el fruto del ocio siempre
que me sea posible poner fin a mi cometido con el gobierno
10 romano 564. Y eso ocurrirá cuando quede libre de esta maldita
de personas con algún cargo: cf. O'Callaghan, Cartas..., pág. 39, n. a la
carta 2, 23 (y cf. 2, 26 y 5, 4: en los tres pasajes con el verbo prosagoreúó,
como en Sinesio). Seguimos la traducción propuesta por este autor.
562 Es decir, el portador de la carta. Es el Anastasio de la C. 26.
563 Diógenes Laercio, II 31 (Sócrates) y cf. Jenofonte, Banquete IV
44. Sobre el ocio, cf. C. 11, 8, y n. 104.
564 Se trata de la embajada a Constantinopla, que concluyó en el 402.
CARTAS
187
prestación 565: en lo que depende del emperador, ya estoy
exento de ella, pero podría justamente acusarme yo a mí
mismo, avergonzado de haber obtenido provecho de un
empeño en beneficio propio. Así que también me defenderé
yo a mí mismo. Parecerá, pues, que voy de nuevo a llevar a
cabo la embajada: de nuevo, pues, mi lengua es la embaja-
dora. Y no replicará ninguno de los seguidores de Pitágoras, 15
que definió al amigo como «otro yo» 566.
101
AL MISMO
Desde drene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 103
Un hombre de Ficunte (Ficunte es un puerto de Cirene)
me entregó una carta que traía con tu nombre escrito en el
565 Tes leitourgías: Sinesio se está refiriendo a las cargas curiales. Tras
la embajada ante el emperador Arcadio, nuestro autor consiguió para su
país una reducción de impuestos y, para él mismo, la exención de las cargas
arriba citadas (cf. n. siguiente).
566 Ton philon állon heauton: cf., por ejemplo, Porfirio, Vida de
Pitágoras 33; Estobeo, Appendix 21; y, también, Aristóteles, Ética a
Nicómaco 1 166 a 31 s.; Cicerón, De la amistad XXI 80 (alter idem; otras
veces, alter ego). Sinesio pide a Pilémenes, el abogado constaritinopolitano,
que hable a su favor en el asunto de la exención de cargas curiales, a pesar
de que antes ha dicho que, «en lo que depende del emperador», ya está libre
de ellas. Lacombrade (ed. Himnos, pág. XXX) lo explica de la siguiente
manera: Sinesio se vio obligado a partir precipitadamente de la capital, por
las razones expuestas en la C. 61, 9 ss., y esto le impidió obtener, por
segunda vez y ya de hecho, del prefecto Aureliano la exención, dado que
Cesario, en el corto período en que detentó el poder, lo privó de tan ansiada
merced (cf. nuestra introducción a los Relatos egipcios o sobre la Providencia
en el tomo Sinesio de Cirene, Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993).
188
SINESIO DE CIRENE
encabezamiento. La leí con agrado y, a la vez, con admira-
ción: aquello era algo que se le debía por la afectuosa
5 disposición de tu alma y esto por la belleza de su estilo. Y lo
cierto es que me encargué de convocar en tu honor a un
auditorio griego de libios 567, comunicándoles que vinieran a
escuchar unas líneas escritas con elocuencia. Y ahora en
nuestras ciudades 568 ya es un personaje Pilémenes, el creador
de la divina carta. Sólo esto fue, a ojos vistas, lo extraño y
lo que chocó contra el parecer del auditorio: me pedías mis
Cinegéticas569, como si realmente hubiera en ellas algo de
10 valor. Lo que pareció fue que tenías un carácter chistoso y
rebosante de ironía, pues no se dignaban de creer que el más
inepto de ellos en el uso de la palabra hubiera compuesto un
divertimiento 570 digno para ti de algún valor. Pero de eso te
exculpaba yo, de la acusación de ironía, explicándoles que,
además de otras, tenías también esta cualidad, que eras
15 bondadosísimo y generosísimo en tus elogios; que en abso-
luto habías hecho la petición con el fin de burlarte, sino para
que me alegrara de sentirme estimado por esa prueba de
parte de alguien como tú.
567 Es decir, un auditorio de libios de habla griega. Estas líneas, como
también las de C. 105, 56 (y cf. Egipc. 88 a s., «Prefacio»; Dión 61 d ss., cap.
18), constituyen una clara muestra de la «'publicity' dell'epistola letteraria
tardoantica» (ed. Garzya, 1989, pág. 254, n. 1): cf. fd., // mandarino e il
quotidlano, Ñipóles, 1985, págs. 135 ss.
• 568 Las de la Pentápolis líbica: Apolonia, Arsínoe Teuquira, Berenice,
Cirene y Ptolemaida.
569 Obra en verso perdida, compuesta probablemente entre los años
392-395. Se cita también en C. 154, 11.
570 Paígnion, «una obra ligera»: cf., también, C. 74, 4, n. 438. Parece,
por otra parte, que Sinesio intenta recalcar ciertas ideas: spoudaion...
spoudés; exfoun... áxioñ.
CARTAS
189
Escríbeme, pues, cuantas veces te sea posible y a los
cireneos «dales un banquete de elocuencia» porque nada
podrían leer con más agrado que una carta de Pilémenes, una 20
vez que han sido víctimas de su mordedura572. Sin duda,
encontrarás a muchos que se dirijan hacia acá y, si no otros,
al menos los que vengan a ocupar nuestros cargos de go-
bierno, el menor, el mayor y el de los egipcios 573: los recono-
cerás, lógicamente, por el séquito de acreedores 574.
Y puesto que te interesa saber de mí, te diré, buen 25
amigo, que me dedico a la filosofía: esta soledad amiga575
es mi colaboradora, y no ningún hombre. No hay ni un
lugar en Libia donde yo haya oído a alguien pronunciar la
palabra «filósofo», a no ser el eco que repite mi voz. Pero,
como se dice, «adorna576 a la que en suerte obtuviste, a
Cf. Platón, Fedro 227 b, República 571 d.
572 En el texto de la ed. de Garzya de 1979 figura, creemos que por
error (cf. aparato crítico de dicha ed.), la lectura deígmatos. La lectura
dégmatos (que traducimos) es la que aparece en su ed. de 1989. El sentido
metafórico de este término ya está en Esquilo, Agamenón 791; Sófocles,
Fr. 841 Radt.
573 Respectivamente, Libyarum dux (por ejemplo, Anisio), Cyrenaicae
praeses (p. e., Andronico) y praefectus Augustalis Aegypto (p. e., Eutalio;
y cf. n. 539).
574 El tono critico de estas palabras parece evidente. Recuérdese que la
Pentápolis se vela esquilmada por los impuestos y que fue este un motivo
primordial de la embajada de Sinesio: cf. Real. 27 d ss. (cap. 25).
575 Creemos que la repetición en o gathé, ten eremían agathín puede
haberla buscado Sinesio intencionadamente (la soledad para el filósofo
sería tan amiga y tan querida como lo es el propio Pilémenes).
576 Parece, por lo que sigue, que así interpreta Sinesio el kósmei del
fragmento euripideo, con el sentido translaticio («honrar, enaltecer») que
tiene este verbo, por ejemplo, en Teoonis 947 o en el mismo Eurípides, Fr.
530, 3 Nauck2 (en vez de «poner en orden, regir, gobernar»: cf. Liddell-
Scott- Jones, j. v. kosméó II).
190
SINESIO DE CIRENE
Esparta» 577. Me parece que yo también me contentaré con
30 mi lote y adornaré yo mismo a mi propia patria, si considero
que esto de no abandonar a la filosofía en medio de su
infortunio representa para mi vida un reto y una piedra de
toque. Y de cierto que, a falta de otros, mi testigo es, en todo
caso, Dios mismo, cuya semilla578, el intelecto, ha llegado
hasta los hombres. Y me parece que incluso las estrellas
35 están en cada momento fijando en mí su mirada con bene-
volencia al ver que, en una extensión de tierra tan grande,
soy el único que las observa con afán científico 579. Suplique-
mos, pues, juntos: para mí, que me quede en la situación en
' que estoy; para ti, ¡tú que tan mal aprovechas tus dotes
naturales!, que abandones el ágora nefasta580.
Lo que pido con el mayor encarecimiento es que tú,
4o aunque lo de fuera te vaya bien, mires hacia lo de dentro581:
que el cambio de felicidad por bienestar 582 es el de «oro por
bronce» 583. Yo, por mi parte, me alegro de que se rían de mí
por el hecho de ser el único ciudadano particular entre
tantos parientes míos que aspiran a cargos públicos. Y es
que prefiero que mi alma sea escoltada por virtudes antes que
lo sea mi cuerpo por guardias, cuando, por las circunstancias,
ya no cabe que sea un filósofo quien esté al frente del
Estado. Y si ningún mayor beneficio has conseguido con lo
577 Cf. Eurípides, Fr. 723 Nauck2; y Corp. Paroem. Graec. I 314, 7
(también, por ejemplo, Cicerón, Cartas a Ático IV 6, 2, y cf. I 20, 3).
578 Spérma, ho noüs: cf. Sinesio, Sueñ. 138 c («la semilla intelectual»),
H. I 150 ss., 259 s„ y, al respecto, W. Theiler, Forschungen..., pág. 293.
579 Sobre la astronomía, cf. Sinesio, Peonio 310 c ss. (cap. IV).
580 Es decir, la profesión forense: cf. n. 412 y, para «ágora», n. 584.
581 Cf. Epicteto, Enquiridión XXIX 7.
582 Eudaimonía / eutychía: cf., por ejemplo, Epicteto, Enquiridión 1 4.
583 //. VI 235 s. (en el famoso pasaje de Diomedes y Glauco).
CARTAS
191
del ágora (como creo que no has hecho; y nunca abrigué 45
respecto a ti malas esperanzas porque fueras a despegarte de
ti mismo y a conformar tu carácter con el de esos escribientes
— pues no los llamaría yo oradores — que gozan de tanta
reputación; y, sin embargo, no es posible enriquecerse de
otra manera en vuestras ágoras, como no sea confundiendo 50
del todo la justicia divina y humana y volviéndose uno un
Cercope 584 en vez de un hombre libre), así que, si no eres
rico, dirige aún más tu mirada a la filosofía. Y si encontraras
a un hombre ocupado con empeño en la filosofía (y nada
reprochable sería recorrer tanto Grecia como el extranjero
en esta búsqueda), «comparte ese buen golpe de fortuna» 585
también conmigo. Pero si, como en el caso de una mísera 55
cosecha, te parece que basta conmigo, ven a echar mano de
mí y de lo mío «en iguales y las mismas condiciones» 586
(según reza la expresión espartana).
Saluda calurosamente de mi parte al reverendísimo 587
Marciano. Si, anticipándome a Aristides, hubiera dicho 60
que «entre los hombres se había presentado una imagen de
Hermes, el Dios de la elocuencia» 588, apenas habría atinado
584 Los Cercopes, hombres malvados de Éfeso, fueron vencidos por
Heracles y, luego, metamorfoseados en monos. «Cercope» vale por «bribón,
picaro, murmurador». Cf. la kerkópón agoró en Atenas (por ejemplo,
DlóGENES Laercio, IX 114) y, también, LXX, Proverbios 26, 22; Sinesio,
Egipc. 108 c; Corp. Paroem. Graec. I 99, 1 ss.; 262, 1 s.; II 10, 12; 76, 3 s.
585 Tó hérmaion koínosai: cf. la expresión koinós Hermes por ejemplo
en Aristóteles, Retórica 1401 a 21; Teofrasto, Caracteres XXX 9; y
Corp. Paroem. Graec. I 259, 1 (cf., arriba, n. 556).
5«6 Cf. Tucídides, I 27 (y I 145; Heródoto, IX 7).
587 Cf. n. 383. Marciano fue gobernador de Paflagonia, como leemos en
C. 119, 8.
588 Elio Aristides, Discursos XLVI 307 Dindorf; y cf. Sinesio, Dión
62 a (y nuestra n. 138 ad loe).
192
SINESIO DE CIRENE
a sus merecimientos, porque él es más que una imagen.
Aunque mi intención fue hacerle llegar directamente una
carta, me quedé parado, a fin de no rendirles cuentas a esos
65 sabelotodos 589 prestos a repulir 590 las palabras: que no es pe-
queño el peligro de haber leído una carta en el Panhelenio 591.
Así, en efecto, llamo al lugar en el que muchas veces me
entregué a profundas meditaciones, mientras concurrían allí
personas entendidas de todos los lugares para escuchar la
70 sagrada voz del anciano que iba rebuscando viejos y nuevos
relatos. También a mi amigo Eucaristo transmítele un saludo
de mi parte 592, y a todos cuantos te parezca conveniente.
102
AL MISMO
Desde drene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 40
Recomiendo ante tu amistad593 y protección al admira-
ble594 Sosenas, el cual, criado y crecido en medio de la
589 De esta manera traducimos toís pandéktais (Garzya: «dei pedan-
toni»), literalmente algo así como «receptáculos de todo saber», aquí con
ironía por parte de Sinesio. El término pandéktai se utilizaba para designar
a las enciclopedias: cf. Gelio XIII 9; Clemente de Alejandría, Stromateis
I 21 (y las Pandectas o Digesto de Justiniano).
550 Aparte de Sinesio, sólo emplean el verbo aposmihúó Juliano,
Sobre la realeza 77 a, y Temistio, Discursos XXI 251 b.
591 Era el nombre del théatron de Cirene (cf., arriba, líneas 5 y 9): cf. J.
A. O. Larsen, «Cyrene and the Panhellenion», Classical Philology 47
(1952), 7 ss.
592 Eucháriston chairein...: quizá aprovecha Sinesio el nombre de su
amigo para hacer un juego de palabras. Arriba, en la línea 59, había
empleado la forma próseipe.
5M Cf. C. 99, 2, y n. 554.
594 Cf. n. 297.
CARTAS
193
cultura, no tropieza con ningún bien de fortuna que guarde
proporción con ello 59S. La culpa, en efecto, se la echa a la
mala suerte de su patria y hay una cierta lógica que lo
convence de que es posible cambiar la suerte a la vez que el
lugar de residencia. Llegará a la ciudad en que habita el em-
perador596, en la idea de que, donde está el emperador, allí
también se encuentra, sin duda, la suerte y acaso ésta lo vaya
a reconocer. Si tú, además, tienes alguna influencia, ayúdalo
a llevar a cabo lo que quiera: que digno de ti es no sólo
tenerla sino incluso, cuando uno te necesita recomendárselo
a la buena suerte. En el caso de que él necesite de tus ami-
gos, tú mismo se lo presentarás.
103
AL MISMO
Desde drene a Constantinopla. Algo posterior a la C. 101
No, por el dios de la amistad que nos une a ti y a mi 597 ,
yo no me he burlado, Pilémenes, de tu cariño a la tierra que
te crió: no soy alguien tan desapegado de la patria y del
hogar. Lo que pasa es que tú entendiste mal el sentido de la
carta y me has acusado de lo que no merezco. Por mi parte,
que tú ames Heraclea598 y que estés deseoso de hacerle algún
bien a tu ciudad, es algo que yo alabo. Pero esas palabras las
595 En el original se repite el término lógos en las líneas 2, 3 y 4, y tyehé
en las líneas 3, 5, 7 y 9. En la 4, además, figura aklérían («infortunio, mala
suerte») y en la 7 tychón («quizá, acaso, con suerte»).
596 Constantinopla y Arcadio (a menos que se trate de Teodosio II).
597 Cf. n. 280.
598 Heraclea del Ponto, la patria de Pilémenes: cf. C. 150 y 151.
194
SINESIO DE CIRENE
escribí a favor de que prefirieras, necesariamente, la filosofía
a la ocupación forense 5". Con todo, me parece que tú crees
serle más útil a tu patria hablando en los juicios que filoso-
10 fando. ¿Cómo puede ser eso? Pues porque te sirvieron de
excusa tus sentimientos patrióticos para no mudar de pro-
pósitos. De lo que yo me he burlado, por tanto, no fue de ese
cariño tuyo, sino de que, equivocadamente, creas que, per-
sistiendo en la abogacía, vas a conseguir algo que te sea
provechoso para ese bello amor. Y lo cierto es que, si te
dijera que la filosofía se basta para enderezar las ciudades,
me desmentiría Cirene, por el estado de postración en que
15 en efecto se halla, mucho más grave que el de las ciudades
del Ponto. Pero sí podría afirmar que la filosofía, más que
la retórica y que cualquier arte o ciencia, dado que está por
encima de todas ellas, hace de quien la practica alguien útil
2o para los particulares, las familias y las ciudades 60°. Sin em-
bargo, ella no basta para procurarles por sí sola el bienestar
a los hombres. Pues la cosa, queridísimo Pilémenes, es así:
las bellas actividades son como unas fuerzas y disposiciones 601
del alma, algo tal que ya por sí solo aprovecha; las circuns-
tancias, por el contrario, y los golpes de fortuna llevan
arriba y abajo el estado de la ciudad, y que se encuentre
ahora así y luego de otra manera es algo necesariamente
25 impuesto por esa naturaleza de la que participa.
599 Cf. C. 101, 36 ss. Garzya (ed., 1989, pág. 31 y pág. 260, n. 3)
recuerda en este pasaje (y cf., abajo, líneas 16 ss.) aquella definición, quizá
aristotélica (cf. Juan Ítalo, Quaest. quodlibetales 1), que subraya la pre-
ponderancia de la filosofía: «arte de artes y ciencia de ciencias» (cf., también,
Sinesio, Dión 42 c).
600 Cf. n. anterior y los capítulos 4, 5 y 12 ss. del Dión sinesiano.
601 Dynámeis... km paraskeuái psyches: cf. Plotino, Enéadas IV 6, 3
(dynamis kái paraskeué, acerca de la memoria).
CARTAS
195
Tú eres, entonces, un patriota y coincide que yo lo soy
también. Tú cultivas la retórica y yo te consiento que prac-
tiques no aquélla sino esa otra recta y noble que ni siquiera
Platón, creo, intenta proscribir602; yo es la filosofía a la que
honro y la honro antes que a cualquier otro bien de los
hombres. Así pues, ¿qué más podrían esperar de nosotros 30
nuestras ciudades sino que sean incluso unas vidas las que
sirvan de fundamentos en correspondencia con estos propó-
sitos? Le hace falta, sin duda, un material conveniente y le
hacen falta unos instrumentos a quien está capacitado para
usarlos: la que suministra todo eso es la fortuna. Pues bien,
si crees que sólo de aquella forma, o sea, por medio de la
retórica, te asistirá la fortuna, de tal modo que un día te
permita ejercer un cargo público o el más importante de 35
ellos, el de prefecto, ¿por qué culpar del fracaso a la filosofía?
Y si con ambas por igual puede la suerte abandonarte o
estar a tu lado, ¿por qué, mientras, no escoges lo que parezca
mejor? Y lo cierto es que también tú afirmas que la filosofía
es algo en sí y por sí mismo superior a la retórica, pero la
precisión de tener que rendirle un provecho a tu ciudad 40
convierte en más necesario para ti lo que es inferior. Y, lo
que es ahora, hay esperanzas de algo mejor, pero con quien
se ha dedicado a la filosofía se enemistan todos los dioses y
no canalizan 603 la fortuna hacia él, de modo que ni siquiera
mantiene reservadas sus esperanzas. Yo hasta hoy no había
escuchado ni había tenido noticia de esto: que el lote asignado
por la divinidad a la venerable filosofía es el infortunio. 45
Ahora bien, aunque difícilmente concurrirían en una natu-
raleza mortal fuerza y prudencia604, puede, así y todo, ocurrir,
602 Cf. Platón, Gorgias 465 b (y Sijíesio, Dión 37 a ss.).
603 El verbo exocheteúó también lo emplea Sinesio en Sueñ. 149 c.
604 Cf. Sinesio, Real. 7a ss. (cap. VII).
196
SINESIO DE CIRENE
siempre que sea Dios quien las congregue. Con esta condición,
por tanto, es posible o, más bien, es totalmente necesario,
que una misma persona sea filósofo y patriota y que no
50 desconfíe de su suerte sino que aguarde cosas mejores en
virtud de su propio mérito.
No es menos cierto que, según el antiguo dicho, los
buenos únicamente superan a los malvados en esto: en buenas
esperanzas 605. ¿Cómo, entonces, consentiremos que lleven
ellos la peor parte? Y necesariamente sería así de rendirnos
nosotros ante ese argumento tuyo, que te ha inducido a
55 error hasta el punto de afirmar que, por mor de tu ciudad,
debes continuar con esa profesión.
Permíteme, pues, que transforme en acusación aquella
defensa mía de lo que, aun no siéndolo, antes te pareció que
era una burla; desde luego, creo que ahora ya no te lo
parece. Y lo cierto es que corro el peligro de quedar desacre-
60 ditado ante la sagrada Cirene por tu culpa, y eso que eres
una persona querida para mí. Pues, si las ciudades llegaran
al convencimiento de que la retórica es la única capaz de
transformar la calamitosa situación en que se hallan y que el
único timbre de honor es el de quienes socorren a los que
están metidos en juicios referentes a contratos, se indispon-
drían conmigo, dado que me preocupo de cualquier otra
65 cosa distinta de un tribunal. Así que sólo esto te digo yo a
ti y a todas las ciudades acerca de la filosofía: si la fortuna
la asiste y las circunstancias la han llamado a inmiscuirse en
los asuntos públicos, no hay ninguna actividad — ni siquiera
todas juntas — que pueda competir con la filosofía en armo-
nizar situaciones más tensas 606 y en reorganizar los asuntos
605 Pseudo-Isócrates, A Demónico 39.
606 tín syntonótéran harmósai: la expresión está tomada del vocabulario
musical (cf. Platón, República 591 d; Aristóteles, Política 1342 b 21).
CARTAS
197
para mayor beneficio de los ciudadanos. Pero, como el 70
curso del destino aún no va de esta manera, tiene más
sentido ocuparse de los propios asuntos sin «entremeterse en
el gobierno» 607 y sin la indigna pretensión de pelearse por el
cargo de mengano, cuando no exista una absoluta necesidad
de ello. Que «contra Necesidad — afirman — ni siquiera los
dioses luchan» 608.
Para mí son otras las cosas que merecen mayor venera- 75
ción. Y siempre que el intelecto se despreocupa de lo de
aquí 609 , viene a ocuparse de Dios. Y es que son dos las partes
de la filosofía: contemplación y acción610; y son dos, en
efecto, las fuerzas que las presiden, una a cada una de las
dos partes: sabiduría y prudencia. Ésta precisá de la fortuna,
mientras que la sabiduría es autosuficiente 611 y es irrefrenable so
el poder que hay en ella.
104
A SU HERMANO
Desde drene a Ficunte, en el 396
A los mismos individuos podría ocurrir que los vieras
audaces en la paz y cobardes en la guerra, o sea, siempre
607 Cf. C. 41, 250 s., n. 208.
608 Simónides, Fr. 542, 29 s. Page (cf. Platón, Protágoras 345 d;
Diógenes Laercio, I 76).
609 De las cosas terrenales.
610 La propia vida de Sinesio constituye un buen ejemplo de estas
palabras. Y cf., en sus obras Peonio 308 b ss. (caps. 2 y 3) o Disc. I 305a.
611 Cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco 1177 b 1; y Sinesio, Dión 48 d.
198
SINESIO DE CIRENE
ruines. De modo que, a mi parecer, con toda justicia debe
estársele agradecido a la guerra porque es una piedra de
toque infalible de la sangre que uno tiene en el corazón y
porque a muchos fanfarrones los coge y nos los devuelve
5 más modestos. La verdad es que, por eso, no creo que «vaya
a pavonearse por la plaza» 612 el malvado Juan 613, ni a pegarle
puñetazos ni a lanzarse a patadas contra ninguna persona de
bien. Fíjate, ayer con toda claridad le ha dado la razón al
proverbio o, mejor, al oráculo — sí, evidentemente un oráculo,
y lo sé con total seguridad — : «No hay peludo que no sea
polinizado» 614.
En efecto, de algunos días atrás se venía anunciando un
ataque de los enemigos. Yo estaba resuelto a enfrentarme a
ellos, mientras que a los balagritas 615 los hizo salir su co-
mandante en orden de batalla. Luego, nos apresuramos a
llegar616 y nos pusimos a esperar. Pero, como no aparecía
nadie, «hacia la hora de desuncir» 617 cada uno se retiró a su
15 casa, tras haber convenido en que nos presentaríamos de
612 Cf. Demóstenes, XXI 158.
613 El destinatario de las cartas 2, 43, 63 y 64 (cf„ sobre todo, C. 43, 10
ss.).
614 Cf. Sinesio, Calv. 85 d y n. 174, en la que explicábamos nuestra
traducción.
615 Los habitantes de Balagre, hoy el-Beida, al sudoeste de Cirene.
616 EXta phthásantes eis ten pedinén es la lectura de Va (Vat. gr. 1125, s.
xiv) que aquí traducimos. La inmensa mayoría de los manuscritos presenta
... an eis... (lectura que recoge Garzya en su edición), pero no está claro
aquí el valor de la partícula án (Garzya, de hecho, traduce: «Noi arrivammo
per primi sul campo...»), a menos que se entendiera así: «de ahí que
hubiéramos podido llegar los primeros...» o «luego, nosotros, que hubiéramos
podido llegar los primeros, ...».
617 Peri boulytón: es decir, por la tarde (cf., por ejemplo, Heliodoro,
Etiópicas II 19).
CARTAS
199
nuevo allí al día siguiente. El frigio 618 Juan, hasta ese mo-
mento, no estaba en ninguna parte (al menos no se le veía),
pero por lo bajo echaba a volar algunos rumores: «se ha roto
una pierna y se la están amputando» o «está enfermo de
asma» o «sufre algún otro mal desmesurado». Tales patrañe-
ros, quienesquiera que fuesen, iban y venían afirmando que
cada uno llegaba de un sitio distinto, para no dejar claro el
lugar donde aquél se había metido o estaba oculto.
En medio de lo que se pusieran a contar 619 se lamentaban
por la inoportunidad de la desgracia y se les saltaban las
lágrimas. «¡Ahora se necesitaba su bravo arrojo — exclama-
ban— , ahora se necesitaban sus brazos! ¿Qué cosa no hubiera
podido hacer? ¿Qué cosa no hubiera podido ocurrir?»; y,
después de decir cada uno de ellos, además de todo eso,
«¡ Ah, qué mala suerte!», dando una palmada, se marchaban.
Pero éstos eran individuos de los que, para nada bueno, ya
de antaño se venían criando a su lado, unos peludos tam-
bién620, sin nada de integridad 621
ladrones, en el propio pueblo, de corderos y cabritos 6M,
y, ¡por los dioses!, a veces hasta de mujeres. Tales eran los
camaradas que él se había buscado ya de mucho antes.
618 Sinesio está aludiendo a un proverbio: «Más cobarde que una liebre
frigia» (Estrabón, I 2, 30; Corp. Paroem. Graec. II 359 1).
619 Asi interpretamos metaxp d' an diegoúmenoi (Garzya: «La gente,
trovandosi a parlare, ...). Los manuscritos V(Vat. gr. 1376, s. xiv) y Va (cf.
n. 616) omiten la partícula án (como también lo hacen abajo en la línea 24).
620 Cf., arriba, línea 10 y n. 614 (y, abajo, líneas 79 y 83). Téngase en
cuenta que esta carta debe de ser contemporánea del Elogio de la calvicie,
que habría sido escrito alrededor del 396.
621 Cf. Aristófanes, Pluto 37 (y Eurípides, Andrómaca 448).
622 //. XXIV 262.
200
SINESIO DE CIRENE
Entre éstos ni siquiera pone su empeño en ser un hombre, y
es que sería difícil: es un ladino 623 y el blanco al que mejor
apunta es el de parecer un hombre entre quienes realmente
lo son. Pero yo creo que lo divino, con total acierto, se ha
opuesto a sus proyectos.
Eran ya cuatro días los que nos habíamos pasado con las
armas a punto en vano, porque los enemigos aún se dedicaban
a asolar zonas más altas. Él, desestimando totalmente la
idea de que aquéllos fueran a presentarse, porque pensaba
que no se atreverían a atacar el interior del país, salió y, de
inmediato, provoca un desconcierto general. De la enferme-
dad ni acordarse (y hasta se burlaba de quienes habían
prestado oídos a aquello), y lo que dijo fue que él había
llegado de lejos, de no sé dónde, y que 1.0 habían llamado
para que combatiera allí en su auxilio y que por eso también
se habían salvado los territorios que pidieron su ayuda; y es
que los enemigos ni siquiera habían hecho una incursión,
espantados ante el rumor de la presencia de Juan. Siguió
diciendo que, después de dejar allí las cosas firmemente
asentadas, había corrido hacia los lugares conflictivos, donde
se podía esperar en cualquier momento el asalto de los
enemigos, siempre que su presencia pasara inadvertida y no
se divulgara su nombre. Es así que de inmediato provoca un
desconcierto general con su pretensión de interferir en el
mando del ejército y sosteniendo que, en breve, enseñaría el
arte de vencer. Gritaba: «¡Al frente!» 624, «¡A la línea!», y
623 Un «sofista», literalmente.
624 «Epi métóporm «Epi phálanga» kai «Kata tó kéras poly td plaisiomr.
Garzya traduce «'Di fronte!' 'In riga!' 'Aírala tutto quadrato!'». Las dos
primeras expresiones no son, al menos, las corrientes (epi metópou, eis
métópon, epi phálangos) y la última se entiende mal, pero creemos que
Sinesio las utiliza ex profeso (si es que no fueron así pronunciadas, literal-
CARTAS
201
«¡En el ala, amplia la formación en cuadro!», en una acuña- 50
ción de voces de mando cuyo empleo ignoraba. A algunos,
por eso, hasta les parecía que era alguien, celebraban incluso
aquel carácter suyo y muchos querían ser sus discípulos.
Pero, en aquel momento, estaba bien avanzada la tarde
y era la ocasión oportuna para un ataque. Descendimos,
pues, de la montaña y, cuando ya nos encontrábamos lejos,
cuatro jóvenes, vestidos a la manera indígena y gritando 55
todo lo que podían, vinieron corriendo a escape hacia nos-
otros, de modo que no hacía falta un adivino para darse
cuenta de que estaban aterrorizados ante los enemigos y se
apresuraban a ponerse a salvo entre nuestras armas. Y antes
incluso de oírles decir claramente que los enemigos ya estaban
cerca, vemos unas tristes figuras a caballo y, según me pa- 60
recio, a las órdenes del hambre, resueltas a morir con la
mayor presteza por los bienes que poseíamos.
Pues bien, nada más vernos y ser vistos, antes de llegar
al alcance de nuestras flechas, desmontaron, siguiendo su
costumbre, de los caballos e hicieron los preparativos habi-
tuales de un combate; y a mí me parecía buena idea imitar
a aquellos hombres, y es que el terreno era inadecuado para
la caballería625. Pero nuestro noble amigo afirmó que no 65
cometería un ultraje contra el arte de la equitación, sino que
la lucha la emprendería a caballo. ¿Y, entonces, qué? Pues
mente, por Juan), para insistir en la nula competencia del personaje eri el
campo militar. Las siguientes palabras de nuestro autor confirman (así nos
lo parece) esta hipótesis: Juan desconoce la utilización y el sentido de esas
órdenes que está «inventando». La traducción intenta reflejar lo que hemos
comentado.
625 Cf. Jenofonte, Helénicas III 4, 12.
202
SINESIO DE CIRENE
que tiró con fuerza del freno, le hizo dar la vuelta y huyó a
galope tendido 626, bañando en sangre 627 al caballo, a toda
rienda como iba, mientras utilizaba para aguijarlo cualquier
70 método: la fusta de continuo y los gritos de ¡arre! que
resonaban. Pero, en este punto, ya no era fácil determinar a
cuál de los dos había que aplaudir más, si al caballo o al
caballero. Pues el uno corría lo mismo cuesta abajo que
cuesta arriba y, tanto por sotos como por calveros, de una
sola acometida saltaba los hoyos y se elevaba por encima de
75 los ribazos; el otro se mantenía sobre su cabalgadura en
cualquier terreno y en ninguno resbaló de la silla. Sí, me
parece que hasta para los enemigos fue hermoso aquel es-
pectáculo: ¡de cuántos parecidos a éste habrían deseado ser
espectadores! Pero no, al menos por nuestra parte no pudie-
ron ver más, aunque, como es natural, nos desanimamos, al
haberse frustrado tanto y tanto nuestras esperanzas en aquel
peludo 628. Nos colocamos, pues, en orden de batalla para
so soportar un posible ataque, pero sin la pretensión de comen-
zar nosotros el combate. Y es que, incluso, por mucho que
fuera el coraje, uno desconfiaba del que estaba a su lado, en
vista de la muestra que habíamos tenido. Allí nada había
más vergonzoso que una melena 6M: cualquiera que la tuviese
parecía ser el que más probablemente nos iba a traicionar.
Sin embargo, esto mismo fue lo que les pasó a los enemigos,
85 pues, colocados también en orden de batalla, nos aguardaban,
626 Cf. Jenofonte, Anábasis I 8, 1.
627 Cf. Jenofonte, Ciropedia VII 1, 29.
628 Cf., arriba, líneas 10 y 27 y nn. 614 y 620.
629 Cf. n. anterior.
CARTAS
203
para defenderse en caso de que nos lanzáramos contra ellos.
Pero, como por ninguno de los dos bandos se intentaba
nada, primero ellos se dieron la vuelta y cogieron el camino
de la izquierda y, después, nosotros el opuesto, y sin más
prisas que en un paseo, a paso lento, para que no pareciera 90
una huida aquella retirada.
Luego, aun estando en aquella situación, procurábamos
enterarnos de dónde se encontraba Juan. Pero él en un
soplo había alcanzado Bombea y, a la manera de un ratón
de campo 63°, se había metido en aquella peña. Bombea 631 es
una montaña cavernosa en la que arte y naturaleza concu-
rrieron para hacer de ella un alcázar fortificadísimo. Ya 95
desde antaño goza de justa celebridad y algunos la compa-
raban con las «galerías subterráneas egipcias» 632. Hoy, es
cosa reconocida que supera a las murallas de cualquier otro
sitio, un lugar donde sólo el hombre más cuidadoso de sí
mismo que exista, por no decir, con demasiada rudeza, el
más cobarde (aunque sea el término apropiado), sólo un
hombre tal puede asentarse allí 633,mirando antes que nada
por su salvación. Y es que, cuando se entra, se parece a un loo
laberinto y atravesarlo es difícil, con lo que éste, sin más, ya
puede resultar un buen refugio para Juan.
630 El mys arouraíos ya es mencionado por Heródoto, II 141 y Babrio,
Fábulas 108 Crusius (cf. el rusticus mus de Horacio, Sátiras II 6, 80).
631 En la Cirenaica.
632 Aigyptíous... syringas: cf. Eliano, Historia de los animales VI 43.
633 Intentamos reflejar la construcción del original.
204
SINESIO DE CIRENE
105
AL MISMO 634
Desde drene a Alejandría, en el verano del 410
Un necio sería yo si no les estuviera muy agradecido a los
ciudadanos de Ptolemaida porque me consideran digno de
lo que ni siquiera yo mismo me considero. Pero no es el
hecho de si me están concediendo grandes responsabilidades
lo que conviene examinar, sino si yo soy capaz de asumirlas.
Pues el que un hombre consiga honores casi divinos es algo
5 de lo más gozoso, siempre que quien llegue a disfrutar de
ellos sea digno de obtenerlos635; pero, a quien está muy falto
de mérito, sólo se le ofrecen amargas esperanzas para el
futuro. Que no es nuevo este temor mío, sino que es muy
antiguo eso de «no vaya a encontrar honores entre los
hombres cometiendo alguna falta ante Dios» 63S.
10 Yo, cuando me reconozco a mí mismo, descubro mi
absoluta inferioridad para ponerme a la altura del ministerio
634 Esta carta, en la que Sinesio se expresa con total sinceridad ante su
aclamación como obispo, es de obligada referencia (cf. nuestra introducción
general, I. 9., en Sinesio de drene. Himnos. Tratados, Madrid, BCG, 1993)
a la hora de analizar el contraste entre las ideas filosóficas (cf., sobre todo,
líneas 75 ss.: preexistencia del alma, eternidad del universo, inmortalidad
pero no resurrección de la carne), la situación del nuevo metropolitano (por
ejemplo, el estar casado y tener hijos: líneas 62 ss.) y su responsabilidad
como dignatario eclesiástico. De su importancia es buena muestra el hecho
de que Nicéforo Calisto la incluya en su noticia sobre nuestro autor (Hist.
ecl. XIV 55).
635 No hemos mantenido el anacoluto del original.
636 Cf. Ibico, Fr. 310 Page (par theóTs/... ameipsó: para theón... epheúró
Sinesio).
CARTAS
205
sacerdotal. Y voy, pues, a conversar contigo 637 acerca de
estas inquietudes de mi alma: con ningún otro puedo hacerlo
mejor que con tu querida persona, que se ha criado conmigo.
Es lógico, entonces, que tú participes por igual de mis pre-
ocupaciones, y que de noche veles y durante el día638 consi- 15
deres de qué manera me puede sobrevenir el bien y de qué
manera puedo evitar el mal. Escucha, pues, cómo están mis
cosas, aunque la mayor parte de todo esto ya lo sepas.
He llevado una carga pequeña y me parece que la he
soportado bien hasta hoy: la filosofía. Y es por parecer que 20
yo a ésta en absoluto le falto por lo que he recibido las
alabanzas de algunos y se me cree digno de más altos menes-
teres por parte de quienes no saben discernir «una aptitud
del alma» 6M. Pero lo que temo es que, si por vanidad acepto
ese honor, pueda fallar en ambas cosas, al haber desdeñado
una y no haber alcanzado la dignidad de la otra. Sí, consi-
déralo de la siguiente forma. Yo siempre reparto mi tiempo
entre estas dos cosas, la diversión y el estudio: estudiando, 25
más que nada los temas divinos, me aislo, mientras que,
divirtiéndome, soy el más accesible 640. Pues ya sabes que,
cuando levanto la cabeza de los libros, me inclino hacia
cualquier tipo de diversión; de los afanes políticos, no obs-
tante, me aparto, tanto por mi carácter como por mi poca
práctica641. El sacerdote, en cambio, es preciso que sea un 30
637 Cf. n. 84.
638 Nyktór meth' héméran: cf. Hesíodo, Trabajos 176 s.
639 Es decir, una especial facultad o propensión anímica: cf. Plotino,
Enéadas VI 4, 11, 3 ss.
640 Cf. Platón, Banquete 197 e, Leyes 843 b; Juliano, Contra los
cínicos ignorantes VII 186 c, etc. (y cf., también, Plotino, Enéadas III 2,
15, 53 ss.).
641 O «por costumbre», «por hábito» (kai physei kal melétéi).
206
SINESIO DE CIRENE
hombre inspirado por la divinidad 642 y ante cualquier tipo
de diversión debe ser, igual que Dios, inflexible. Para que
cumpla con su compromiso lo vigilan miles de ojos, cuya
utilidad es nula o poca si no se trata de alguien ya predis-
puesto, sensato y que no se rinde ante ningún tipo de deleite.
35 Además, en todo lo concerniente a Dios no podría aislarse
sino que tendría que ser el más accesible a todos, un doctor
de la ley643 que proclama lo legislado. Y debe él solo asumir
los asuntos de todo el mundo M4; sí, los de todo el mundo ha
de asumirlos o, de lo contrario, incurrir en toda clase de
censuras. Así pues, ¿cómo no se precisaría un alma grande y
poderosísima para soportar tal montón de preocupaciones
40 sin ahogar en ellas al intelecto y sin permitir que se extinga
en el alma la parte divina, cuando son tan diversas las
ocupaciones que lo 645 distraen? Bien sé yo que algunos son
capaces de esto y los felicito por su carácter y considero que
ellos son verdaderamente esos «hombres divinos» 646 a quienes
no separa de Dios el hecho de estar muy mezclados en
45 asuntos humanos. Pero también sé que yo bajo a la ciudad
642 Así traducimos thespésion (Oarzya: «uomo superiore»),
643 No de la antigua ley de Moisés (cf. n. 55), sino de la nueva ley de
Cristo: cf. Eusebio, De laúd. Constant. 17.
644 Prágmata práttein hósapántes háma escribe Sinesio de una forma
muy enfática, difícilmente trasladable. Sobre los deberes del obispo en esa
época, cf. n. 336.
645 El mitón del original podría estar referido a ton noün de la línea 40,
pero más bien parece que Sinesio olvida el comienzo de la pregunta
(... eumegéthous psyches kal kratistes...) donde psychí ha de entenderse,
por metonimia, como hombre o individuo (de hecho en las líneas 40 s.
repite en tii psychii ... ten moíran ten theíarí).
646 Cf. Platón, Menón 99 d; Aristóteles, Ética a Nicómaco 1145 a
29.
CARTAS
207
y de la ciudad subo 647 envuelto en cosas que me arrastran
hacia lo terreno, cubierto de mancha 648, no podría decirse en
qué medida. Lo cierto es que, por estar conmigo desde hace
mucho esas máculas, cualquier partícula que me venga encima
conlleva un enorme incremento. No tengo fuerzas, «mis
entrañas» 649 no son robustas y no soy capaz de resistirme a so
lo de fuera 650 y disto mucho de poder soportar la angustia
que se origina al ser consciente de ello. Y cuantas veces se
me pregunte al respecto, no rehusaré decir con total franqueza
que el sacerdote debe estar absolutamente sin mancha y,
yendo aún más lejos, debe limpiar de toda mácula a los
demás.
También hay otra cosa que debo añadir en estas líneas 55
dirigidas a mi hermano, pues sin duda serán muchos los que
lean la carta651 y esto, por supuesto, lo he tenido muy
presente al dictarla, para que a todos les quede muy claro el
hecho de que, sea cual sea el resultado, ante Dios y ante los
hombres estoy sin culpa652, y no menos ante nuestro padre
Teófilo. Pues, si pongo lo mío en conocimiento de todos y a 6o
él le concedo que tome cualquier decisión respecto a mí,
¿cómo podría yo ser culpable?
A mí, fueron, en efecto, Dios, la ley y la sagrada mano de
Teófilo quienes me entregaron a mi mujer 653. Declaro, pues,
647 Enástei... ap'ásteos (Garzya: «sulla térra degli uomini e da essa...»):
Sinesio habla en H. I 58 s. de «los hombres presos de las cuitas de la
ciudad» (anthropon astymerímnón: un compuesto, al parecer, creado y
sólo utilizado por nuestro autor). Cf., también, ibid. 51-71.
648 Cf. n. 246.
649 Eurípides, Orestes 604.
650 Pros td ektós: cf. Epicteto, Enquiridión XXIX 7.
651 Cf. n. 567.
652 Cf., abajo, línea 98 y Hesíodo, Trabajos 827.
653 El matrimonio se celebró en Alejandría en el 403.
208
SINESIO DE CIRENE
públicamente y ante todos doy testimonio de que yo en
absoluto me separaré de ella y tampoco conviviré con ella a
65 escondidas como un adúltero (que lo uno no es piadoso y lo
otro no es legal), sino que mi deseo y mi ruego serán tener
muchísimos y buenos hijos. Esta es una cosa que no debe
ignorar el que tiene en sus manos mi consagración 654; que se
informe por los amigos de su compañero Pablo y de Dionisio,
70 quienes sé que fueron elegidos por el pueblo como delega-
dos. De lo siguiente, sin embargo, no hay necesidad de que
sea informado sino que sólo he de recordárselo. Hablaré con
mayor detención sobre esto, pues podría aceptarse que, en
comparación, todo lo demás carece de importancia. Es difícil,
por no decir de todo punto imposible, sacudirse las doctrinas
que han llegado a ser demostradas científicamente y sabes
75 también que, muchas veces, la filosofía choca de plano
contra esas otras doctrinas más divulgadas. Seguro que yo
nunca sostendré la creencia de que el origen del alma es
posterior al del cuerpo. No admitiré que al cosmos y a sus
partes les espera una destrucción conjunta. La tan traída y
llevada resurrección la considero algo sagrado e inefable y
80 bien lejos estoy de coincidir con las opiniones de las masa.
Pero es cierto que la mente filosófica, aunque está siempre
velando por la verdad, transige ante la necesidad de mentir.
•Y es que la relación entre la luz y la verdad es análoga a la
que existe entre la vista y la légaña655, en el momento en que
el ojo pueda recibir una luz excesiva que le haga mal. Lo
mismo que la oscuridad es más beneficiosa para quienes
654 Ton ky'rion tis cheirotonías: es decir, Teófilo, el patriarca de Alejan-
dría. Kyrios se utiliza, en general, como título de cortesía dado a personajes
importantes (emperadores, obispos, etc.). Para cheirotonía, cf. n. 343.
655 Cf. Sinesio, H. I 648; Dión 47 c.
CARTAS
209
tienen los ojos enfermos, así también acepto que para el
vulgo la mentira constituya un beneficio y un perjuicio la 85
verdad para quienes no son capaces de fijar la mirada en el
radiante brillo de la esencia. Si esto me lo consienten las
leyes del ministerio sagrado que voy a desempeñar, podría
ejercerlo de la siguiente manera: en privado me dedicaré a la
filosofía, pero en público contaré fábulas en mis enseñanzas 656
(aunque sin introducir cambios en lo que a cada cual se le
enseñó antes, sino dejando que todos persistan en sus con-
cepciones previas). Pero, si me dicen que el ministro debe 90
moverse en aquel otro sentido y hacer públicas sus creencias,
seré el primero en exponérselas a todos con claridad. Pues,
¿qué tiene que ver el vulgo con la filosofía? La verdad de lo
divino debe ser algo inefable, la masa necesita un procedi-
miento distinto. Una y mil veces más diré que el sabio, de no
haber absoluta necesidad, ni debe rebatir ni dejarse rebatir. 95
Si me llaman a este sagrado ministerio, no me resignaré
a sostener fingidamente unas doctrinas: de ello pongo a
Dios por testigo y también a los hombres. La verdad es algo
propio de Dios, ante quien deseo estar enteramente sin
culpa657. Esto es lo único en lo que no puedo disimular. Y
siendo como soy también un amante de las diversiones yo,
que desde niño fui acusado de estar loco por las armas y por
los caballos más allá de lo preciso, me apenaré, sí (¿pues 100
cómo soportar el espectáculo de mis queridísimos perros
ayunos de caza y mis arcos más que apolillados?), pero lo
resistiré si Dios me lo manda. Y, odiando como odio las
preocupaciones, sentiré dolor pero, aun así, sobrellevaré
pleititos 658 y asuntos en el cumplimiento de este ministerio,
656 Cf. Aristóteles, Metafísica 982 b 18 s. (y Sinesio, Dión 42 c).
657 Cf., arriba, líneas 58 ss., y n. 652.
658 Dikidíon: cf. Aristófanes, Caballeros 347, Avispas 511.
210
SINESIO DE CIRENE
por gravoso que sea, a satisfacción de Dios. Mis creencias
no las encubriré, ni habrá desacuerdo entre mis convicciones
y mi lengua. Pensando así y hablando así presiento que le
agrado a Dios. No quiero, por otra parte, que sobre mí se
haya concebido una cierta idea de que, sin que nadie me
conozca, he apañado la consagración. Pero, ya que el padre
no Teófilo, muy amado por Dios659, me ha dejado claro que
todo esto lo sabe y que está al tanto, que tome, pues,
respecto a mí la decisión que guste. O me dejará, sin duda,
que me quede en mi condición y a mi aire, dedicándome a la
filosofía, o no se reservará la potestad de su condición para
juzgarme en el futuro y tacharme del cuadro sacerdotal. En
comparación con esto, cualquier otra opinión es una tontería;
115 pues la verdad, bien lo sé, es la cosa más querida por Dios.
Y, lo juro por tu sagrada persona, más aún, por Dios
mismo, que es propicio a la verdad, estoy angustiado (¿pues
cómo no iba a estarlo cuando debo disponerme a pasar de
un modo de vida a otro?). Pero si, una vez que ha quedado
manifiesto todo lo que yo estimaba que no debía ocultarse,
aquél a quien Dios ha dado esa facultad aprueba mi ordena-
ción sacerdotal, me someteré a la necesidad y lo aceptaré
120 como una señal divina. Pues mi razonamiento es el siguiente:
si el emperador 660 o un malhadado augustal 661 me ordenara
algo, se me. castigaría por no obedecerlo; a Dios, sin embargo,
hay que obedecerlo por propia voluntad. Y, si Dios me
659 De nuevo el juego de palabras de C. 12, 10 (n. 111).
660 Basileús es el término empleado aquí por Sinesio, como en Real. 15
d (y cf. 19 c y nuestra n. 87).
661 El Augustal o prefecto de Egipto (cf. nn. 539 y 573) era el comandante
en jefe del ejército y estaba al frente de la administración, finanzas y
justicia. Con el tiempo, sin embargo, el título pasaría a ser meramente
honorífico.
CARTAS
211
admite como ministro suyo, también es cierto que, primor-
dialmente, hay que amar la verdad, lo más divino de todo, 125
y no ponerse a su servicio por la vía más opuesta, cual es la
de la mentira. Haz, pues, que todo esto lo sepan los canonis-
tas662 y se lo comuniquen a aquél663.
106
AL MISMO
Desde drene a Ficunte
Le pregunté al jovencito 664 si el silfio 665 lo habías cultivado
tú o era un regalo que habías recibido y del que quisiste que
662 Toüs scholastikoús: «abogados para asuntos eclesiásticos», sentido
que tiene el término en el Cod. can. eccl, Afr. (97 Hard.). Cf. Lampe (cit.
en n. 380), í. v. scholastikós 2,
6« A Teófilo.
664 El portador de la carta.
665 El silfio o laserpicio (cf. Catulo, VII 4, lasarpiciferis... Cyrenis) era
una planta umbelífera propia de la Cirenaica (cf. Heródoto, IV 169 y 192;
Teofrasto, Historia de las plantas III 2, 1; VI 3, 1 y 5, etc.; Punió,
Historia natural XIX 3, 15). Su exportación constituía una gran fuente de
riqueza para la tierra de Sinesio. Se le atribuían propiedades casi maravillosas
(cf. el provebio de Aristófanes, Pluto 925; y, abajo C. 134, 35 s.), su jugo,
ülásaron o lásar, se utilizaba en medicina (cf., p. e., Hipócrates, Dieta de
las enfermedades agudas 23) y también podía formar parte de la alimentación
de hombres y bestias (cf., p. e., Aristófanes, Aves 354). Para su identifi-
cación (asafétida, tapsia, ...), cf. J. M. Díaz Regañón, Teofrasto. Historia
de las plantas, Madrid, BCG, 1988, págs. 333 s., n. 32; y, en general, cf. D.
Roques, «Synésios de Cyréne et le Silphion de Cyrénaíque», Rev. Étud.
Grec. 97 (1984), 218 ss. Nada tienen que ver con esta planta las actuales del
género silphium de América del Norte.
212
SINESIO DE CIRENE
yo también tuviera parte. Y, en efecto, al enterarme de que
el jardincito, en el que tanto interés pones, había dado este
fruto además de otros muchos, mi alegría fue doble: por la
belleza de la planta y por la fama del lugar. Que explotes ese
fértilísimo terruño. Que ni tú te canses de regar tus queridí-
simos arriates ni ellos renuncien a seguir fructificando, para
que puedas tú beneficiarte y mandarme a mí todo lo que
produzcan las estaciones.
107
AL MISMO
Desde drene a Ficunte. Contemporánea de las C. 108 y 122
Un gracioso es lo que eres al impedirme que me provea
de armas cuando a los enemigos 666 ya los tenemos encima y
están haciendo botín de todo y pasan a cuchillo diariamente
a pueblos enteros, sin que nuestros soldados se dejen ver
siquiera. ¿Vas a decir ahora que a los particulares no les está
permitido 667 llevar armas, sino sólo morir, desde el momento
en que el estado trata con severidad a quien intenta salvarse?
Aunque, a falta de otras cosas, al menos sacaré la ganancia
de qüe séan las leyes las soberanas, y no esos diablos. ¿Y
cuánto crees que yo valoro ver de nuevo la paz y el tribunal
bien arreglado y al heraldo reclamando silencio? Ojalá mi
666 Los ausurianos. Son los momentos de la segunda gran invasión de
nómadas: cf. C. 108, 122 y 125.
667 De acuerdo con Garzya (ed. 1979, pág. 192, n. ad loe, y ed. 1989,
pág. 280, n. 1), aquí se alude a una disposición del emperador Valentiniano
I, del año 364: cf. Cod. Theod. XV 5, 1.
CARTAS
213
muerte se produzca en cuanto mi patria haya recobrado su
primitiva situación.
108
AL MISMO
Desde drene a Ficunte, después del otoño del 405
Yo me he hecho ya con trescientas lanzas y otros tantos
cuchillos, pero espadas de doble filo no había de antes más
de diez: entre nosotros no se forjan esas armas de hierro tan
largas. Pienso, sin embargo, que los cuchillos hieren con
mayor eficacia los cuerpos de los adversarios, así que éstos 5
serán los que utilicemos. Y si hay que utilizar mazas, también
tendremos: nuestros acebuches son buenos para eso 668. Al-
gunos poseen hachas de un solo filo, colgadas de la cintura
de cada uno, con las que golpearemos sus escudos para estar
al igual que aquéllos, dado que nosotros no tenemos armas
defensivas. El combate669 imagino que será mañana, pues
algunos enemigos se han encontrado ya con nuestros expío- 10
radores y los han perseguido «a todo correr» 670, pero, al
comprender que eran demasiado veloces para ser capturados,
les encargaron transmitirnos sus mejores deseos, siempre
que en adelante no viéramos la necesidad de andar por ahí
668 Cf., por ejemplo, Teofrasto, Historia de las plantas III 1, 6; IV 3,
1 ss.; V 3, 7.
665 Contra los ausurianos: cf. n. 666.
670 Jenofonte, Ciropedia 1 4, 23.
214
SINESIO DE CIRENE
buscando a todo hombre que penetrara en esas extensiones
de territorio. Y es que afirmaron que iban a esperarnos,
15 porque querían saber quiénes eran los que nos habíamos
atrevido a alejarnos de nuestra región a tantos días de
camino, con el fin de trabar batalla con unos enemigos que
viven al estilo de los nómadas y cuya disposición a la vida
civil es la misma que la nuestra ante una expedición militar.
Lo cierto es que mañana, con la ayuda de Dios, venceré a los
enemigos y, si es necesario, los venceré una vez más (aunque
mis palabras no quisieran ser fatídicas): a ti te encomiendo
20 el cuidado de mis hijos. A su tío le corresponde no echar en
olvido el hacerles este favor.
109
AL MISMO
. Desde drene a Ficunte
Ni asno ni mulo ni caballo tengo; están todos sueltos en
el prado, si no, me habría servido de ellos para acudir junto
a ti, que eres la persona más amada por mí. Querría, y
mucho, hasta ir a pie y quizá hubiera sido capaz, pero mis
allegados me dijeron que rio debía, no fuera a convertirme
5 en el hazmerreír de quienes me salieran al paso. Y es que a
éstos, sean quienes sean, mis parientes los consideran personas
tan enteramente sabias y con tanta sensatez como para que
cada uno de ellos pueda reflexionar mejor que yo sobre lo
que me conviene. ¡Tantos son los jueces de quienes nos
hacen depender los que nos obligan a vivir según las
CARTAS
215
apariencias 671 ! Se salieron con la suya no por sus advertencias
sino con métodos bastante violentos: cuando ya me iba, me
lo impidieron agarrándome del capotillo. ¿Qué me queda,
entonces, sino, en substitución mía, enviarte esta carta? Por
medio de ella te saludo y te pregunto qué llega de Ptolemaida
(las nuevas noticias que lógicamente tú traes de parte del
general) y, más que nada, qué son esos misteriosos rumores 15
que vienen de occidente m, pues sabes que me interesa mucho
el que haya sucedido así o no. Por tanto, si me mandas una
carta con todos estos detalles aclarados, me quedaré aquí
quieto; si no, también tú tendrás que reprenderme por haber
corrido en tu busca.
110
AL MISMO
Desde drene, en el 405
Quilas, el rufián, a quien es natural que muchos conozcan
por el lustre que ha alcanzado gracias a su oficio (pues
incluso Andrómaca, la actriz mímica 673, la más bella mujer
671 Así traducimos pros dóxan ten éxó. Cf . dóxa frente a alítheia en
Sinesio, Dión 55 a.
672 No se sabe con certeza a qué se refiere Sinesio (cf. también C. 120,
4). Se ha pensado en la derrota de Alarico en Pollenza (Pascua del 402), en
la victoria de Estilicón sobre Radagaiso en Fiésole (405-406) o en la
condena a muerte de Estilicón (408): cf. ed. Garzya, 1979, pág. 195, n. ad
loe, y ed. 1989, pág. 284, n. 1.
673 De la mala fama de las actrices mímicas, de las «cómicas» diríamos,
nos habla, por ejemplo, Plutarco, Sila 36 (acerca de los actores mímicos,
cf. Demóstenes, II 19).
216
SINESIO DE CIRENE
que floreció en nuestros tiempos, ha pertenecido a sus hues-
tes m), ése, después de haberse dedicado de joven a tan bella
5 ocupación, ha creído congruente con su anterior vida enve-
jecer ganando lustre en la escala militar. Pues bien, hace
poco que ha llegado tras haber obtenido del emperador 675 el
mando de los valerosísimos marcomanos 676 , quienes, siendo
como son ya de antes buenos soldados, lógicamente, al
ío encontrarse ahora también con un general a su medida,
exhibirán ante nosotros grandes y valerosos actos.
Él estuvo, por cierto, hablando con Siriano (lo conoces,
«uno de mis vecinos» 677, el médico) y Siriano me ha referido
en qué situación dejó éste la divina corte678. ¿Qué necesidad
hay, pues, de contarte por escrito otras cosas que incluso he
oído yo incidentalmente? Así y todo, lo que me hizo rebosar
de alegría cuando me enteré, eso quiero que también a ti te
15 regocije. Es lo siguiente:
El admirable679 Juan, para decirlo en pocas palabras,
vuelve a estar en las mismas circunstancias 680: la fortuna le
da generosamente en sus asuntos toda la generosidad de que
es capaz y hasta procura sobrepujarse a sí misma. A él, en
674 Phálangos en el original. Es evidente la ironía en todas estas líneas
acerca del lenón.
675 Cf. n. 660 (también abajo, en la línea 20).
676 Los marcomanos también son citados por Sinesio en Disc. II 300b.
Páralos equites Marcomanni, cf. ed. Garzya, 1979, pág. 195, ti. adloc. y
ed. 1989, pág. 285, n. 1.
677 Luciano, Iearomenipo 8.
«'« Cf. n. 24.
679 Cf. n. 297.
680 Este Juan era en ese momento, como lo había sido anteriormente en
el 401, comes sacrarum ¡argitionum, es decir, el encargado de custodiar las
sumas de dinero para las distribuciones (largitiones) que se le hacían al
pueblo. Cf. Zósimo, V 18, 8.
CARTAS
217
efecto, el emperador le presta oídos y, más aún, le ofrece su 20
buena disposición para que se sirva de ella en lo que necesite.
También Antíoco681, toda la influencia que puede ejercer, la
ejerce para su provecho; y esa influencia Antíoco la ejerce en
todo lo que Juan quiere. Por Antíoco debes entender no al
de Graciano, a ese homúnculo execrable 682, de lo más exqui-
sito en sus maneras pero de los más repugnante en sus
aspecto 683; sino al otro, a ese jovencito barrigón que tuvo 25
tanto prestigio ante Narsés el persa684 y siguió teniéndolo
después. Desde entonces hasta hoy lo que ha hecho la fortuna
es engrandecerlo. Y, estando así las cosas, es lógico que este
justísimo magistrado conserve su cargo entre nosotros «los
años de la corneja»685, siendo como es pariente de uno y
amigo íntimo del otro.
681 El Antíoco al que se refiere Sinesio (un neanískon según sus palabras)
fue el eunuco a quien se encomendó la tutela de Teodosio (el futuro
emperador Teodosio II), hijo de Arcadio. Dicha tutela le habría sido
confiada por el propio emperador o por el rey persa Isdigerda I, a quien
Arcadio había nombrado de primera instancia tutor de su hijo (Procopio,
Sobre la guerra de Persia 1 2, 7): cf. ed. Garzya, 1979, pág. 196, n. ad loe,
y ed. 1989, pág. 286, n. 4.
682 Seguimos a Garzya para traducir el hierón del original («maledetto»:
cf. lat. sacer).
683 Cf. Teofrasto, Caracteres 28, 4; Porfirio, Sobre la abstinencia III
20.
684 Quizá el padre de Isdigerda I, aunque también conocemos a otro
Narsés citado en Cod, Theod. VI 32, 1: cf. n. 681.
685 Alusión a la larga vida de la corneja según el testimonio de Hesíodo,
Fr. 304, 1 Merk.-West («nueve generaciones de hombres...»). Cf., también,
por ejemplo, Aristófanes, Aves 609 y Babrio, Fábulas 46, 9.
218 SINESIO DE CIRENE
111
AL MISMO
Desde drene a Ficunte. Contemporánea de la C. 55
¿Me preguntas acerca de Dioscorio 686 cuántos versos
recita687 cada día? Cincuenta. Los pronuncia sin pararse ni
repetir y sin detenerse para hacer memoria después de un
tiempo. Una vez que empieza a hablar, continúa ininterrum-
5 pidamente y el silencio significa el final de la recitación.
112
A TROILO
Los hombres no aman y elogian por los mismos motivos,
ni es una sola la facultad del alma que está asignada a ambas
inclinaciones: del sentimiento depende la amistad o la aver-
sión; con la capacidad crítica y racional del alma elogiamos
5 y censuramos.
686 Cf. C. 55 y n. 298.
687 Este sentido («recitar, declamar») ya lo tiene el verbo apangélló en
Gregorio Taumaturgo, Discurso panegírico a Orígenes 16. Para apangelía
de la línea 5, cf., por ejemplo, Eusebio, Hist. eccl. VI 2, 8 (pero, cf. Platón,
República 394 c).
CARTAS
219
113
A SU HERMANO
Desde drene a Ficunte, en el 396
¿Entonces, qué? ¿A esos malhadados 688 los estamos viendo
ir con resolución a la muerte por las pertenencias ajenas, por
no entregar ya a sus dueños cualquier cosa que hayan con-
seguido como botín; y nosotros, en cambio, en defensa de
nuestra tierra, de nuestros santuarios, de nuestras leyes y de
nuestras propiedades, con todo lo cual el tiempo nos ha 5
familiarizado más, no dejaremos de mirar por nosotros
mismos sino que vamos a seguir protegiendo nuestras vi-
das689? Así parecerá que no somos hombres. Yo, en todo
caso, debo enfrentarme a ellos como pueda y debo comprobar
quién es esta gente tan atrevida que pretende reírse de los
romanos 690, en la situación en que ahora se encuentran.
Pero, suele decirse, «mira que la camella, sarnosa y todo, es 10
capaz de llevar encima la carga de muchos asnos»691.
Con todo, veo que, en tales circunstancias, quienes mueren
son generalmente los que más estiman la vida, mientras que
siguen vivos los que menosprecian su vida. De éstos seré yo:
lucharé como si fuera a morir, y bien sé que subsistiré. Que 15
soy de ascendencia laconia692 y sé de aquella carta enviada
¡ . «88 Los ausurianos o los mácetas en la primera invasión de nómadas del
desierto, en el 395: cf. J. Desanges, Catalogue des tribus africaines de
l'antiquité classique a l'Ouest du NU, Dakar, 1962, págs. 152 y 259.
689 Cf. Tirteo, Fr. 6, 14 Adrados; Sófocles, Electro 980.
690 Romanos en sentido lato, como, por citar algún otro pasaje, en C.
31, 15 y Real. 15 d.
691 Cf. Diogeniano, V 81; Corp. Paroem. Graec. I 266 s.
m Cf. C. 41, 216, n. 202.
220
SINESIO DE CIRENE
por las autoridades a Leónidas: «Que luchen como si fueran
a caer muertos, y no caerán muertos» 693.
114
AL MISMO
Desde su hacienda a Ficunte
¿Entonces te extrañas de que tú, que habitas en la árida
Ficunte, estés tiritando y se te haya enmalecido la sangre?
De lo contrario, precisamente, es de lo que habría que
extrañarse: de que tu cuerpo aún fuera capaz de aguantar
ese bochorno de ahí. Pero si te vienes con nosotros puedes
5 ponerte mejor con la ayuda de Dios: te alejas de un aire
contaminado por los vapores palúdicos, te alejas de un agua
salina, tibia y totalmente estanca, que es lo mismo que decir
muerta. ¿Y, además, qué gusto hay en tirarse sobre la arena
de la playa, la única diversión que tenéis? Claro que, si no,
¿adónde vais a dirigiros? Aquí m, por el contrario, es posible
10 refugiarse a la sombra de un árbol (y si te desagrada, puedes
cambiar un árbol por otro árbol y un bosque entero por otro
bosque) y es posible cruzar un arroyuelo que a la vera fluye.
¡Qué cosa tan dulce el poniente cuando mueve con suavidad
las ramas! ¡Qué diversidad en los cantos de las aves, en el
color de las flores y en la vegetación del prado! Ló que allí
es trabajo del agricultor, aquí es regalo de la naturaleza:
693 De esta carta no hay otros testimonios.
694 Cf. Sinesio, Dión 56 a; C. 108, 6; 148, 7. Sinesio se inspira en
Platón, Fedro 229 a, 230 b (cf. Hermógenes, Sobre las formas de estilo
114).
CARTAS
221
todo es fragancia, aromas de una tierra sana. No es el antro 15
de las ninfas 695 lo que voy a elogiar, que para eso se necesita
a Teócrito 696. Algo vale, no obstante, incluso comparado
con esto.
115
AL MÉDICO TEODORO
Un bien necesario es la frugalidad. Cualquier otro podría
hasta burlarse de ella, pero a ti eso no te está permitido, ya
que te jactas de seguir a Hipócrates, el cual, en una definición,
afirmó: «la escasez es madre de la salud» 691 .
116
AHELIODORO
A Alejandría
Dice el rumor que es mucha tu influencia sobre quien en
la actualidad tiene el cargo de augustal 698 de Egipto, y dice
la verdad: sí, eso es lo más justo, dado que tú de tu influencia
695 Cf. Od. XIII 102 ss.; Porfirio, Antro de las Ninfas 4.
696 Cf. Teócrito, Idilios III 6 ss.
697 La cita también la leemos en Isidoro de Pelusio, Cartas III 192,
pero la atribución a Hipócrates es dudosa: cf., no obstante, Hipócrates,
Aforismos I 10 y II 44.
698 Cf. n. 661.
222
SINESIO DE CIRENE
te sirves honradamente. Pues bien, para que puedas sacar
provecho de tu carácter y de esa capacidad de influir, en
5 favor de lo que mi Eusebio necesita, escucha lo que va a
decirte699 y verás que te he recomendado a alguien que
también es orador700.
117
A AUXENCIO
Antes del 410
A una montaña o al oleaje del mar resonante m.
Homero conjura los males acarreados por una pelea; la
filosofía ni siquiera al principio les da entrada en el alma.
Pero nosotros estamos demasiados faltos de fuerza como
para filosofar, al menos por mi parte. Sin embargo, no
consideramos digno en absoluto comportarnos de forma
5 más vil que aquellos soldados por quienes fue compuesto
el poema. Pues bien, otra vez he de recurrir a Homero, que
en cierto lugar dice:
Comienza tú, que eres más joven m.
6« Cf. n. 296.
700 Rhétora en el original. Recuérdese que Heliodoro es un sofista, lo
que, en esta época, equivale a «rétor».
701 77. VI 347. El verso pertenece al pasaje en que Helena, ante Héctor,
insulta a París y dice que hubiera preferido morir (vv. 345-348) antes que
ver todos aquellos sucesos.
702 II. XXI 439. Son palabras de Posidón a Apolo.
CARTAS
223
Desde luego, ojalá no haya lucha; pero, si la hubiera, que
la comience el que es más joven (algo semejante es lo que
piensa Posidón cuando le concede la primera iniciativa a 10
un dios más joven 703). El más viejo no debe ser sino el
promotor de las acciones más nobles y lo más noble es la
concordia.
Que yo no soy únicamente más viejo que tú, sino viejo de
todo en todo 704, eso «sólo por mi piel ya está claro», como
dice Ferécides 705. Sobre mí recae, sin duda, la obligación de
la disculpa. Que si el que primero ha pecado debe ceder 15
primero y tú deseas que yo obre así, por amor a ti consiento
en ello; pues soy yo quien antes que tú ocasionó la disputa
y quien debe complacerte de inmediato si quieres 706.
118
ATROILO
Desde drene a Constantinopla, después del 405
Sí conocías al difunto 707 Maximino (pues estuvo por la
corte 708 con bastante frecuencia), sin duda también sabrás
que era un hombre honrado. Su hijo es mi primo segundo 709 ',
™3 Cf. //. XXI 440.
704 En realidad Sinesio tendría unos cuarenta años.
705 Cf. Sinesio, Calv. 85c y nuestra n. correspondiente.
706 Nuestra traducción se aparta bastante de la de Garzya («B giusto
che a compiacerti sia io che per primo ho cercato di accattivarmi la tua
persona»),
707 Aquí el término hérós se emplea con el mismo valor que makaríiés
(cf. n. 130), como ya en Heliodoro, VII 13.
708 Cf. n. 24.
709 Se trata de Diógenes: cf. C. 20, etc.
224
SINESIO DE CIRENE
que te entregará esta carta. Cualquier otro quizá lo respetará
por su buena fortuna (él es, en efecto, de los que han
5 desempeñado cargos no insignificantes), pero el filósofo
Troilo mirará el interior del joven y, a partir de ahí, lo
elogiará.
Está claro que también podrás ayudarlo a sobrellevar
sus actuales circunstancias. Y es que seguirá siendo ator-
mentado por delatores 7I°, esas malas excrecencias de Cirene,
a menos que tú no te revistas de coraje111.
En efecto, que convenzas a Antemio 712 o a cualquiera de
10 sus colegas a que hable en favor nuestro y de la verdad, eso
será por entero cosa tuya y tú te llevarás el mérito del hecho.
Así pues, te ruego que, por mediación de un solo hombre
y una sola gestión, procures librarnos de estas fieras tan
15 malignas. Que el éxito conseguido por quienes primero lo
intenten inducirán a muchos a querer igualarlos.
119
A TRIFÓN 713
Desde Cirene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 118
En relación con Diógenes, cualquier cosa que hagas de
las que constituyen tu innata manera de actuar, la habrás
710 Hypó endeiktdn: cf. el término, por ejemplo, en LXX, II Macabeos
4, 1. Cf. C. 49 y n. 276.
m II IX 231.
712 Cf. n. 274.
713 Ex gobernador de la Cirenaica. Precedió a Andronico en este cargo:
cf. C. 134, 20.
CARTAS
225
hecho sin que suponga novedad alguna, sino que sólo estarás
edificando sobre tus propios cimientos714. Resulta que es
cireneo, de esta ciudad que gracias a ti todavía existe. Pero
el bien debe hacerse no ya a la comunidad, sino incluso a
cada uno por separado. Qué es lo que Diógenes necesita de 5
ti, eso tú no debes leerlo en mi escrito sino oírselo decir; pues
no hay nada más elocuente que uno que haya sufrido.
A Marciano el filósofo, el que fue gobernador de Pafla-
gonia715, salúdalo de mi parte. Si algún poder tiene (y sospe-
cho que sí), que impida que este familiar mío, precisamente
mi propio primo716, sea víctima de esos delatores que van 10
calumniando717, esos diablos que están por toda nuestra
tierra. Con esta carta te lo confío como a un hijo. Tú y yo
somos dos hermanos y, contándolo a él, seremos tres.
120
A SU HERMANO
Los asclepíadas 718 a los que vomitan con dificultad les
mandan beber agua tibia, para que junto con ésta arrojen
714 Epoikodomon tols sautoü: cf. 1 Corintios 3, 12; Efesios 2, 22.
715 Cf. C. 101, 59 s. y n. 587. Las líneas 8-13 (desde Markianbn hasta
arithmoúmetha) figuran en el códice Av (Athous Vatopedinus 685) como
una carta distinta con el número 120 (rk'J. Garzya (ed. 1989, pág. 119, n.
2) piensa que quizá sea correcta esta división.
716 Autanépsion: Diógenes es exanépsios en C. 118, 3, y anépsios en C.
134, 15.
717 Sykophanton endeikton: cf. nn. 276 y 710.
718 Los hijos de Asclepio, es decir, los médicos: cf. Teognis, 432;
Platón, República 405 d.
226
SINESIO DE CIRENE
también todo lo que tengan asentado en el estómago. Así
pues, también yo quiero referirte esos nuevos rumores que
hace poco he traído 719 de la costa720, para que me los devuel-
5 vas muliplicados, añadiendo algo más que acaso puedas
conocer.
121
A ATANASIO, ADULTERADOR DEL VINO 721
Desde Ptolemaida, en el 412
Odiseo intentaba convencer a Polifemo para que lo dejara
salir de la cueva722. «Sí, soy mago y te podría ayudar opor-
tunamente en lo de ese amor marino con el que no te va
bien. Ten en cuenta que yo conozco conjuros, encantorios y
5 filtros de amor, a los que lógicamente no podrás resistirte,
ni un poquito, Galatea. Tú, tan sólo, consiente en mover la
719 Diakomísas: la corrección diakomistheísas (phémas kainás... d.) de
la ed. Aldina quizá debiera aceptarse (cf. el aparato critico de ed. Garzya,
1979, pág. 205, y ed. 1989, pág. 295, n. 1).
720 Este sentido de épeiros ya se documenta en el Periplo del Mar
Eritreo 38. De preferir la lectura ek tés hetéras Speirou de algunos códices
(A, C y otros), habría que traer a colación C. 109, 15 (y cf. n. 672).
721 Hydromiktés: aguar el vino (LXX, Isaías, 1, 22: «tus taberneros
mezclan el vino con agua», en las lamentaciones sobre Jerusalén) se consi-
deraba como un grave delito: cf. Juan, IV Ieiunator (patriarca de Cons-
tantinopla), De poeniíeníia 1 (y ed. Garzya, 1989, pág. 296, n. 1).
722 En el ditirambo Cíclope de Filóxeno de Citera (Fr. 5 Page)
Odiseo aprovechaba el amor del Cíclope por la Nereida para salvarse: cf.,
también, Teócrito, Idilios VI y XI; Luciano, Diálogos marinos 1.
CARTAS
227
puerta, mejor dicho, ese portón de piedra, que a mí me
parece que es todo un promontorio. Yo regresaré antes que
decir amén, tras haberme trabajado a la mocita... ¿Qué digo,
trabajado? Te la mostraré aquí, gracias a mis muchos hechi- 10
zos 723, convertida en una cordera: te rogará y se acercará
suplicando, y tú, con disimulo, te harás el desdeñoso. Pero,
entretanto, hay cierta cosa que me inquieta: que el tufo de
esos vellones le sea desagradable a una joven que es tan
delicada y se baña muchas veces al día. Será bueno, entonces,
que lo pongas todo en orden y lo limpies, y que friegues tu
casa y la perfumes; y todavía mejor que te procures guirnaldas 15
de hiedra y enredadera, con las que ceñir tu cabeza y la de
tu amada. Pero, ¿por qué te entretienes y no echas ya mano
a la puerta?».
Pues bien, ante todo esto Polifemo se carcajeó a más no
poder y se puso a aplaudir. Y Odiseo creyó que, de tanta 20
alegría, era incapaz de dominarse, ante la esperanza de
llegar a poseer a su amada. Pero él, acariciándole la barba m,
le dijo: «Nadie725, me parece que eres un hombrecillo de lo
más agudo y baqueteado en muchas empresas. Pero, mira,
invéntate otra artimaña, porque de aquí no te vas a escapar». 25
Lo cierto es que Odiseo (verdadera víctima como era de la
injusticia) procuraba no más que aprovecharse de su picardía;
pero a ti, que eres un Ciclope en tu audacia y un Sísifo en tus
intentos, te ha perseguido la justicia y te ha encarcelado la
ley, de las que tú ojalá nunca te burles. Pero si, en cualquier
723 Pollaís íynxi: el término íynx (el pájaro torcecuellos y, luego, rueda
mágica, hechizo) lo emplea Sinesio en Sueñ. 132 c (cf. también nuestra
nota ad loe).
724 El verbo hypogeneiázó aparece también en Sinesio, Egipc, 108 d.
725 Recuérdense las famosas palabras de Odiseo al Ciclope en Od. IX
366: «Nadie es mi nombre».
228
SINESIO DE C1RENE
30 caso, debes ser tú quien quede por encima de las leyes, no
seré yo, al menos, quien las quebrante rompiendo las puertas
del presidio. Y es que, si el gobierno estuviera en manos de
los sacerdotes, a ellos les correspondería castigar la maldad.
Es seguro que la cuchilla del estado purifica la ciudad tanto
como purifica el agua bendita que está a la entrada de los
templos.
35 Así también lo hemos aprendido de las gloriosas acciones de
los hombres de antaño 126 .
Así lo hacían ellos entonces por considerar conveniente
que fuera una misma persona la que suplicara por el bien
común y obrara de tal modo que pudiera ser de ayuda. En
efecto, sobre los egipcios y la raza de los hebreos durante
mucho tiempo reinaron sacerdotes 727. Pero, después de que
40 se disociaran los dos géneros dé vida, una se mostró como
propia de los sacerdotes y otra de los gobernantes: a unos se
les ha encomendado ocuparse de los asuntos públicos, a
otros, como yo, de las plegarias. Y a éstos la ley les prohibe
tenderle la mano a la justicia y condenar a muerte al más
criminal: ¿cómo se les podría dejar, entonces, tenderle la
mano a un malhechor contra la justicia? Yo, desde luego,
45 hago todo lo que me pertenece. Tanto en mi hogar como en
las ceremonias públicas 728 suplico que la justicia quede por
encima de la injusticia y que nuestra urbe sea purificada de
toda maldad, o, lo que es lo mismo, que el malvado perezca
de mala muerte 729, no sólo tú sino cualquier otro semejante
™ II. IX 524.
727 Cf. C. 41, 242 ss., y n, 207.
728 Cf. Jenofonte, Memorables 1 1, 2.
729 Cf. Aristófanes, Pluto 65; DemOstenes, 32, 6; Mateo, 21, 41.
CARTAS
229
a ti. Aquí, pues, tienes la muestra de cómo me hubiera
comportado en el caso de habérseme permitido hacer algo: 50
como no se me permite, te maldigo.
122
A SU HERMANO
Desde drene a Ficunte. Contemporánea de la C. 107
Toda clase de bienes les deseamos a los sacerdotes axu-
mitas 73°, porque, mientras los soldados permanecían escon-
didos en las grutas de las montañas con la pretensión de
salvar el pellejo, ellos convocaron a la población campesina
y, después de la ceremonia sagrada, la guiaron derecho
contra los enemigos y, a fuerza de plegarias, erigieron un
trofeo731 en Mirsinítide734. És una quebrada extensa y pro- 5
funda, cubierta toda ella por un bosque y, dado que ningún
ejército enemigo les había hecho frente, los bárbaros se
metieron con osadía en aquel terreno impracticable. ¡Pero
iban a toparse con uno de pelo en pecho733, con Fausto,
730 Axoumitón: pueblos del Oasis de Yalo (Audjila-Djalo) en el Desierto
Líbico: cf. ed. Garzya, 1989, pags. 289 s„ n. 1. Sobre la lectura Auxiditén
de algunos manuscritos (A, C y otros), cf. ibid.
731 Este monumento (trópaion) se levantaba en el lugar donde el enemigo
había vuelto las espaldas para huir (cf. tropé, trépó).
732 Mirsinítide o Valle del Mirto, una región de la Pentápolis.
733 Melampygou: literalmente, «de negras nalgas», lo que era señal de
hombría (cf. Arquíloco, Fr. 35 Adrados, luego empleado como proverbio).
230
SINESIO DE CIRENE
diácono del servicio sagrado! Éste fue el primero que, sin
10 armas, resistió el ataque de un hoplita: le atizó un golpe en
la sien con una piedra que llevaba en la mano, no para
arrojársela sino para lanzarse sobre él a puñetazos. Ya caído
lo desarmó y, después de éste, acabó con muchos más. Y
cualquier otro que en aquel entonces diera muestra de valen-
tía, a Fausto debe atribuirle el mérito de lo ocurrido, tanto
15 por lo que hizo como por las palabras que oportunamente
pronunció.
Yo a todos los que participaron en aquella empresa los
coronaría con el mayor placer y también proclamaría sus
nombres. Y es que fueron los primeros en acometer nobles
empresas y en demostrar a quienes estaban asustados que
aquéllos 734 no eran Coribantes 735 ni demonios servidores de
20 Rea, sino gente vulnerable y mortal como nosotros. Y si
también nosotros nos comportamos como hombres en tales
circunstancias, el segundo puesto no sería tampoco desdeña-
ble. Pero puede que hasta se nos concediera el primero si, en
vez de tendernos al acecho en una quebrada quince forrajea-
dores y salir de ahí bien parados, lucháramos en batalla
25 campal y con nuestras fuerzas bien visibles, ejército contra
ejército.
734 Los enemigos ausurianos.
735 Cf. Sinesio, Egipc. 116 b (y n. ad loe).
CARTAS
231
123
A TROILO
Desde drene a Constantinopla, en el 405
Aun cuando uno se olvide de los muertos en la mansión de
Hades,
yo, incluso allí, me acordaré de mi querido compañero m,
Homero escribió estos- versos, pero por el sentido no sé
si cuadra mejor que los diga Aquiles respecto a Patroclo o
que los diga yo respecto a ti, siendo como eres una persona
queridísima y bienhechora. Lo cierto es que yo (pongo por
testigo a Dios, a quien venera la filosofía) en el centro de mi
corazón llevo la imagen de tu sagrada y dulce alma y retumba
en mis oídos el admirable eco de tus sabias palabras. Después
de regresar de Egipto a mi patria, he leído todas juntas tus
cartas de dos años 737 y he derramado un caudal de lágrimas
sobre tus letras. No, no me alegraba por aquellas líneas con
las que podía disfrutar de ti, sino que me apenaba al remon-
tarme desde aquellas líneas hasta la pasada vida en común
contigo: ¡de qué amigo y, a la vez, padre, aun estando tú
vivo, me veía yo privado! Sin duda aceptaría yo de buena
gana conflictos más gravosos en favor de mi patria, a fin de
tener de nuevo una excusa para salir de viaje. ¿Acaso alguna
vez, padre legítimo donde los haya, volveré a verte? ¿Acaso
736 //. XXII 389 s.
737 Tras la embajada a Constantinopla (399-402), Sinesio volvió a Cirene
y, poco después, marchó hacia Alejandría donde residió dos años. Allí se
casó y nació su primer hijo.
232
SINESIO DE CIRENE
alguna vez volveré a abrazar tu sagrado cuerpo? ¿Acaso
volveré a participar de esas reuniones que gracias a ti son
benditas? Si la suerte, pues, me concede todo esto, demostraré
20 que no es una leyenda lo que se cuenta del tesalio Esón, de
quien afirman los poemas que rejuveneció y retornó a ser
mozo de viejo que era738.
124
A LA FILÓSOFA
Desde drene a Alejandría. Contemporánea de la C. 104 y de la 113
Aun cuando uno se olvide de los muertos en la mansión de
Hades,
yo, incluso allí, me acordaré 739
de la querida Hipatia. Yo, y es la verdad, envuelto como
estoy en los sufrimientos de mi patria, me siento a disgusto
en ella, porque lo único que veo cada día son armas enemigas
5 y hombres degollados como víctimas de sacrificio, y lo que
respiro es un aire contaminado a causa de la putrefacción de
los cadáveres, y lo que sospecho es que voy a sufrir algo
semejante, pues ¿quién abrigaría buenas esperanzas cuando
el cielo está todo enfoscado, invadido por la sombra de las
aves carroñeras? Pero, aun así, quiero a mi tierra. ¿Cuáles,
738 Medea, gracias a su amiga, rejuveneció a su suegro Esón, rey de
Yolco (en Tesalia): cf. Nosti, Fr. 7 Bernabé; y Ovidio, Metamorfosis VII
162 ss.
'» Cf. n. 736.
CARTAS
233
si no, podrían ser mis sentimientos, libio como soy y nacido 10
aquí y teniendo a la vista las venerables tumbas de mis
antepasados? Sólo por ti me parece que podré pasar por alto
a mi patria y emigrar, si se me presenta la ocasión.
125
A SU HERMANO
Desde drene a Ficunte. Contemporánea de la C. 107
Somos unos desdichados porque nuestra única posibilidad
es intercambiarnos noticias penosas. Y es que, fíjate, han
ocupado Batia740, han caído sobre Aprosilis, han incendiado
las eras, han devastado el territorio y han hecho esclavas a
las mujeres; con los hombres no hubo miramiento alguno.
Sin embargo, a los niños antes tenían la costumbre de
capturarlos vivos, pero ahora saben, creo yo, que su contin- 5
gente de fuerzas es corto como para asignarles a muchos la
vigilancia del botín y poder entablar con el resto una batalla
en caso de ataque. Pero ninguno de nosotros se irrita, sino
que permanecemos sentados en casa aguardando «la ayuda
de una higuera» m, o sea, a nuestros soldados, y lo único que
740 Los ausurianos: cf. n. 666. Las dos localidades mencionadas son
aldeas cercanas a Cirene.
741 Sykínen epikourían: es decir, floja, débil, como la madera de este
árbol: cf. Corp. Paroem. Graec. II 210, 4. Aristófanes (Lisístrata 110) y
Estratis (Fr. 57 Kassel-Austin) juegan con este proverbio al escribir
skytínén epikourían (también con una alusión obscena).
234
SINESIO DE CIRENE
10 sale de nuestra boca es su salario y sus ventajas en tiempos
de paz, como si lo que debiéramos hacer fuera querellarnos
con éstos y no defendernos de aquéllos. ¿No nos dejaremos
de tanta cháchara? ¿No vamos a ser nunca sensatos y a
reunir a los campesinos, a los labradores 742, para marchar
contra los enemigos en favor de nuestros hijos, de nuestras
esposas, de nuestra tierra y, si quieres, de nuestros propios
15 soldados? ¡Qué bien estaría, ya en época de paz, hablar de
todo esto, de cómo fuimos nosotros quienes les procuramos
el sustento y la salvación! Lo cierto es que yo he dictado esta
carta ya casi montándome en el caballo y que, de acuerdo
con las presentes circunstancias, me he hecho con tropas y
con jefes que las manden. Se me está reuniendo también en
20 Asusamante un numeroso grupo y les he comunicado a los
diostas que se encuentren conmigo en Cleopatra743. Y, cuando
ya me ponga en camino y corra la noticia de que hay una
joven milicia reunida en torno a mí, espero que sean muchos
más los voluntarios m. Llegarán, pues, de todos lados, los
25 mejores para tomar parte en una noble empresa, pero tam-
bién los más viles para arrebatar los despojos.
m Bolokópous («destripaterrones») no tiene aquí sentido peyorativo:
cf. C. 122, 3 s.
743 Asusamante era una propiedad de Sinesio cercana a Agémaco (cf.
C. 148, 57) y Ficunte. Los diostas y Cleopatra son, respectivamente, un
pueblo y una ciudad de Libia.
744 Toús aklé'tous: «voluntarios», individuos que engrosarán las filas
«sin ser llamados», como indica el término griego.
CARTAS
235
126
A ASCLEPIÓDOTO
Desde Ptolemaida, en el 412
¡Ay de mil Pero, ¿por qué ay de mí? Cosas mortales son las
{que hemos sufrido 745
El tercero de mis hijos, el que me quedaba, se me ha
ido 746. Pero, al menos, la convicción de que no es ni bueno
ni malo nada que no depende de nosotros 747, ésa todavía
subsiste en mí; es más, antaño no era sino algo aprendido,
ahora, en cambio, ha llegado a ser la convicción de un alma 5
curtida por las circunstancias. Hacía falta, pues, que el
embate del sufrimiento contra mí fuera aún más duro y, por
eso, el demonio que se encarga de dañar todo lo mío, planeó
de antemano el que ni siquiera tú, una persona amada, te
encontraras junto a mí. ¡Pero ojalá vengas alguna vez, amigo
extraordinario, afloradísimo y el más fiel de todos! Soy tes- 10
tigo del afecto que te tiene el admirable 748 Menelao. Por eso
con frecuencia me he pasado el día con él gustosamente,
porque se acordaba de ti con elogiosas palabras y, a pesar de
las muchas dificultades con su propia alma749 y con esos
745 Eurípides, Fr. 300 Nauck2.
™ Cf. n. 101. : :
747 Cf. Epicteto, Fr. 169 SchweighAuser; y Plotino, Enéadas I 4, 8,
18 ss.
™ Cf. n. 297.
749 Es decir, las dificultades u obstáculos que se encuentran al velar por
la edificación de la propia alma (polla tei psychei proskekophós: «pur
essendo tutto preso dalla cursa della sua anima», Garzya). Los manuscritos
236
SINESIO DE CIRENE
prebostes 750 que 751 sin cesar lo llevan derecho a Teuquira,
siempre estaba bien predispuesto hacia el gran Asclepiódoto
15 y continúa estándole agradecido a quien fue su benefactor
en cosas tan sumamente importantes.
Para que tengamos agua fresca, estoy buscando un cán-
taro o una tinaja de mármol. Cuanto más grande sea, tanto
mejor. La pondré en el río Asclepio y es que en su ribera
estoy construyendo un monasterio 752 y preparando los objetos
sagrados. ¡Que con el favor de Dios me aplique a ello!
127
A SU HERMANO
Desde Alejandría a Ficunte, en el 404. Posterior ala C. 29 y a la 30
Del escudo, el sapo, la serpiente y los laodicenses huye,
y del perro rabioso, y una vez más de los laodicenses1Si
Sin embargo, después del muy benévolo y culto Pentadio
es Eutalio de Laodicea754 quien ha recibido y posee las
Av y U ofrecen la lectura tychéi, que supone un claro intento de facilitar la
interpretación: «a pesar de sus muchos tropiezos con la fortuna».
750 Estos epítropoi podían ser los prepósitos o prebostes de un monasterio
existente en Teuquira: cf. ed. Garzya, 1979, pág. 215, n. ad loe.
751 La lectura de los manuscritos (t oudé \: la omiten Vat. gr. 1376 y
Vat. gr. 1125) es aquí inaceptable (hoi dé es la conjetura, con reservas, de
Pétau). La traducción sólo puede ser conjetural.
752 Un asketirion, monasterio o ermita (aunque es diferente de monas-
te'rion en Gregorio de Nacianzo, Discursos XLIII 62). Asketirion llama,
por ejemplo, Atanasio {Vida de Antonio 4) al lugar donde reside San
Antonio Abad.
753 Anth. Gr. App. V 47 Cougny.
754 Eutalio fue nombrado augustal en el 404, después de Pentadio: cf. C.
29 y 30.
CARTAS
237
credenciales 755 que para el estado simbolizan la prefectura
de Egipto. A este joven lo conoces porque puede calcularse
que estuvo en la corte 756 por la misma época que nosotros;
y lo cierto es que ni su manera de ser ni su apodo le
permitían pasar desapercibido. Oirías hablar de un tal «Car-
terista»757: no heredó de su padre este respetable mote, sino
que él mismo se lo buscó. Y es que, tras ser nombrado, creo,
gobernador de Lidia en tiempos de Rufino 758, estaba lleván-
dose y arramblando todo lo de los lidios y Rufino, indignado,
lo castigó con una multa de quince libras759 de oro y les
encargó a unos soldados a su servicio, a los que consideraba
los más valientes y leales, que le sacaran el dinero a la fuerza
y puntualmente lo devolvieran a las arcas del gobierno. Pues
bien, ¿en vista de ello qué hizo este Sísifo 760? Pero (y esto es
para no resultar yo demasiado falto de tacto volviendo a
referir algo que se ha pregonado a voces), sin duda ya has
escuchado lo del par de bolsas que preparó y que eran
mucho más parecidas entre sí que las yeguas de Eumelo761:
en una metió óbolos de bronce y en la otra estateras de
oro 762. Les enseñó ésta y escondió aquélla y, una vez que
contaron, pesaron y marcaron el oro con el sello oficial, las
cambió a escondidas y mandó en lugar de las estateras los
755 Así traducimos tas pinakidas, «las tablillas».
756 Cf. n. 24.
757 Ballantan: cf. balántion, «bolsa», en C. 4, 23.
758 Rufino fue prefecto de Oriente entre el 392 y el 395.
759 La libra alejandrina equivalía a 349, 33 gr., la romana a 323, 45 gr.:
cf. O'Caixaghan, Cortas..., pág. 34, n. a la carta I, 11 s.
760 A Eutalio se le llama aquí «Sísifo» por representar éste al criminal
astuto por excelencia: cf. C. 52, 13 y 121, 27.
761 Cf. //. II 764 s.
762 El óbolo de bronce tenía un valor ínfimo (seis óbolos de plata eran
una dracma). La estatera de oro valía veinte dracmas. Cf. n. 197.
238
SINESIO DE CIRENE
óbolos. ¡Y ellos habían certificado en un documento oficial
que tenían en su poder el oro y que iban a transportarlo!
Y desde entonces Dafnis fue el primero entre los pastores763.
Esto fue lo que elevó a Eutalio a una situación más
próspera. Y es que la risa no le dejaba a nadie montar en
cólera en nombre del Estado; al contrario, había un ansia
general de ver a aquel hombre, como si fuera el más extraor-
dinario prestidigitador de todos los tiempos. Incluso lo man-
daban llamar y él acudía en coche oficial con un pomposo
cortejo por medio de la ciudad, como todo un benefactor de
los romanos. También sé que esa miseria de hombre es un
charlatán mayor que los que forman corrillos en la antesala
del consejo. Y ése es el que ya mismo va a relevar en el cargo
a nuestro compañero Pentadio.
A UN OBISPO DEPUESTO DE SU SEDE POR NO HABER QUERIDO
! SUMARSE AL DOGMA DE ARRIO764
Desde Alejandría
Has rescatado, no descartado 765 , lo que eres. Pues cuando
uno ha sido borrado de la lista de los impíos, no por ello
763 Teócrito, Idilios VIII 92.
764 Quizá un prelado partidario de Juan Crisóstomo (cf. n. 397). Re-
cuérdese que los «juanistas» (cf. n. 398) fueron perseguidos: cf. O. Seeck,
«Studien zu Synesios», Philologus 52 (1893), 442-483; ed. Garzya, 1979,
pág. 218, n. ad loe, y ed. 1989, pág. 308 s., n. 1.
765 Intentamos reproducir, aunque imperfectamente, el juego parono-
CARTAS
239
queda entonces desposeído del trono de los piadosos. Acoge
favorablemente esta separación de Egipto y piensa que tam-
bién para ti ha gritado con fuerza el profeta: «¿Qué tienes
que ver tú con la tierra de Egipto para beber el agua del
Nilo?» 766. Y es que se trata de una nación que ya de antiguo
es enemiga de Dios y hostil a los santos Padres 767 '.
129
APILÉMENES
Desde Alejandría a Constantinopla, en el 403
Platón presenta a Sócrates, ya viejo, acercándose a su
predilecto para recomendarle lo siguiente: «No te extrañes
— le dice — de que igual que me costó comenzar, me cueste
también acabar» m. Esto mismo es lo que me parece que me
ha pasado contigo y con esta misma excusa debo justificarme, 5
no por haber suspendido mi correspondencia durante todo
este año (no sería digno afirmar esto, ni sería verdad), sino
mástico del texto griego: apélabes... ouk apébales («has recuperado, no
perdido...»).
766 LXX, Jeremías, 2, 18. El original griego dice toü pieTn hydór
Geon (Vulgata: ut bibas aquam turbidam). Este Geón, el Nilo (hebreo
ye'or), es uno de los cuatro ríos del paraíso en el apócrito Evangelio de
Bartolomé 63 (el río de los Filósofos, el Tigris y el Eufrates son los otros tres).
767 Patrásin hagíois: «padres» podrían ser aquí los apóstoles o las figuras
venerables en general del cristianismo, pero es preferible entender que
Sinesio se refiere en concreto a los llamados «Padres de la Iglesia» {hoi
patéres, ya desde la primera mitad del siglo iv).
768 Platón, Alcibíades 1 104 e.
240
SINESIO DE CIRENE
por haberte mandado mis cartas inútilmente, puesto que
todas ellas han venido devueltas a mis manos. Ahora te las
envío todas juntas. Me extiendo en este punto porque no
sólo te las entrego como si estuviera finiquitando un pago,
10 sino que también quiero darte un plus. Mira, «por el dios
de la amistad que nos une a ti y a mi» 769, bajé a la costa y
hablé con los remeros de Ficunte, «dejando a un lado la
afición a los caballos» 77°, con miras a poder mandarte tanto
mis cartas como.., pero no merece la pena hacer una lista de
las cosas que envié con intención de que las recibiera Pilé-
menes y que al final se quedaron en Alejandría por culpa de
15 una desafortunadísima navegación. Y por lo que a ti respecta
(aun siendo Pilémenes el más querido de los amigos que ahí
tengo), lo juro por tu honrosa distinción771, lo habría sopor-
tado mejor que por otros muchos y, mayormente, por el
admirable Proclo y por Trifón, los únicos que me saludan
por medio de las cartas que tú me has escrito.
20 En cualquier caso, envío a tu honrosa distinción diez
sueldos 772 de oro y a mi compañero Proclo 773, de acuerdo
con el divino Hesíodo 774, un tercio más de lo que me prestó.
La cosa fue así: estando yo de viaje, recibí de él sesenta
áureos 775 que necesitaba para el regreso por mar; él había
™> Cf. n. 280.
770 Aristófanes, Nubes 107. ;
■:: 771 Cf. n. 561.
772 Nomismata: cf. n. 378. ,¡
773 Cf. C. 5, 130 ss.
774 Cf. Hesíodo, Trabajos 349 s.
775 Chry sinos es sinónimo, aunque no frecuente, de nómisma (cf. n.
378): cf. O'Callaghan, Cartas..., c. 20, 4 y 36, 6; y, para otros sinónimos,
L. C. West-A. Ch. Johnson, Currency in Román and Byzantine Egypt,
Princeton, 1944, págs. 137 s.
CARTAS
241
escrito en el pagaré setenta y le devuelvo ochenta, pero 25
habrían sido muchos más aún si hubiese llegado a vosotros
mi primera carta y la nave con aquella carga de entonces.
Ahora resulta que, debido a ciertas circunstancias, he recalado
en Alejandría. Lo que yo pensaba era que la nave arribaría
a vuestro puerto, pero por culpa de vientos contrarios que
soplaban de Creta ha derrotado, salvándose por los pelos, 30
hacia el mar de Egipto, y eso sin darnos cuenta. ¿Qué os 776
hubiera impedido, lo mismo que coméis gallinas, comer
también avestruces 777?
Lo justo es que a mis enviados se les entregue el pagaré
de mano del admirabilísimo 778 padre Proclo, cuando él reciba
los ochenta áureos. Procura también que mi compañero
Troilo me mande cuanto antes aquello que él, precisamente, 35
recibió en su día, esos libros que tú le habías pasado: me
refiero al de Nicóstrato y al de Alejandro de Afrodisias 779. Si
gracias a tu sagrada distinción nuestros futuros gobernantes
se nos presentaran como amigos nuestros, estarías por tu
parte haciéndole, por medio de nosotros, a la filosofía todo
el bien que, según cree Platón780, es irrealizable cuando se la
desprecia.
776 Varios manuscritos ofrecen, en vez de hymas, la lectura hemás
(«...nos impedía, lo mismo que comemos...»).
777 Tas chersaías... strouthoús: «gorriones de tierra», denominación que
también leemos en Eliano, Historia de los animales XIV 13. Para las
avestruces de Libia, cf., por ejemplo, Aristóteles, Investigación sobre los
animales 616 b 5, Sobre las partes de los animales 697 b 14 s.; Plinio el
Viejo, Historia natural X 1.
778 Cf. n. 297.
779 Debe de ser Nicóstrato de Atenas, el platónico del siglo 11 d. C,
mejor que el sofista del mismo nombre y época. Alejandro de Afrodisias
es un célebre comentarista de Aristóteles de los siglos 11-111 d. C.
780 Cf. Platón, República 519 c, 535 c.
242
SINESIO DE CIRENE
130
A SIMPLICIO
Desde drene a Constantinopla, en el 405
Me saludó Cerealio781 en tu nombre y, con eso, le hiciste
el favor de que, durante cinco días, se me pasara desaperci-
bido lo canalla que era. La verdad es que nuestras ciudades
esperaban algo bueno de un hombre cuya amistad Simplicio,
más de una vez, nos había encarecido. Pero éste, en nada, ya
estaba haciendo recaer la vergüenza, no sobre ti (pues jamás
5 podría depender de otro tu reputación), sino sobre sí mismo,
sobre su cargo y, para no alargarme, sobre el Estado romano.
Es un sujeto que se vende a la menor sugerencia, que no se
preocupa de su reputación, negado para la guerra y vejatorio
en la paz, de la que, por cierto, ha disfrutado poquísimo,
pues apenas necesita tiempo para revolverlo y confundirlo
todo. Y es que, como si por imposición legal los bienes de
los soldados pertenecieran a sus comandantes, él se ha apo-
10 derado de lo que todos ellos poseían; a cambio, les ha con-
cedido la exención del servicio militar y el no estar sujetos a
la disciplina del ejército, y les ha permitido andar por donde
cada uno pensara que iba a encontrar alimento. Después de
obrar así con los de su tierra, dado que a los extranjeros no
les podía exigir tributo, el tributo se lo exigió a las ciudades
de éstos y, trasladando sus tropas, las movió hacia posiciones
781 Comandante militar (dux) de Libia entre los años 404 y 405: Sinesio,
Disc. II (Catástasis maior) 300 a (esta obra puede compararse en general
con la presente carta). Son los momentos de la segunda gran invasión
bárbara (cf. n. 666).
CARTAS
243
no más ventajosas sino más lucrativas: en efecto, las ciudades,
bajo el peso de aquella ocupación, pagaban el dinero. 15
De todo se enteraron rápidamente los mácetas 782 y la
noticia se ha transmitido 783 de estos semibárbaros a los
bárbaros:
Llegaron entonces como lo hacen hojas y flores en la
[primavera™.
¡Ay de esos jóvenes que hemos perdido! ¡Ay de esas
cosechas en las que en vano pusimos nuestras esperanzas! 20
Sembramos para el fuego enemigo. La riqueza de la mayor
parte de nosotros la constituían el ganado, las manadas de
camellas y los potros que se crían en los pastos 785. Todo ha
desaparecido, todo se lo han llevado. Me doy cuenta de que
me dejo arrastrar por el dolor, pero tú me perdonarás. Y es
que estoy detrás de las murallas, escribiéndote en una ciudad
sitiada: muchas veces al día veo antorchas y yo mismo las 25
enciendo y levanto para hacer señales a los demás. De
aquella caza que existía lejos de los pastos 786 y de la que en
782 Este étnico (cf. n. 688) no lo tenemos documentado tal cual en
ningún otro lugar, aunque sí nos hablan otros autores de Libyes... Máxyes
(Heródoto, IV 191), Mázoes (hoi Libyon nómades: Estéfano de Bizancio,
s. v., y Ptolomeo, IV 1, 10), Mazaces (Suetonio, Nerón 30), Maxitani
(Justino, XVIII 6), Macares (Coripo, Iohann. II 62 ss.).
783 Cf. C. 42, 57 s., n. 236.
784 Od. IX 51.
785 En hippois phorbási: cf. Aristóteles, Investigación sobre los ani-
males 604 a 22 (phorbádes hippoi); también, Eurípides, Bacantes 167, y
Platón, Leyes 666 e.
786 En su ed. de 1989 Garzya acepta la corrección katanomon (kata-
noon es la lectura de todos los códices excepto del Mon. gr. 476 (M), que
omite la palabra), propuesta por G. Chr. Hansen, «Zu Synesios Epist.
130», Philologus 131 (1987), 158.
244
SINESIO DE CIRENE
abundancia, principalmente gracias a ti, disfrutábamos antes,
de toda ella no queda nada; y lloramos al acordarnos 787
de aquella mocedad, aquel espíritu y aquellos sentimientos in.
Ahora, por el contrario, todo resuena con los cascos de los
3o caballos y los enemigos ocupan nuestra tierra, mientras yo,
apostado en una cortina del muro 789, lucho contra el sueño.
Con la lanza obtengo mi soma amasada, con la lanza
mi vino ismárico y bebo en la lanza apoyado190 '.
No sé si estas palabras le cuadran mejor a Arquíloco o a
35 mí. ¡Que perezca de mala muerte el malvado791 Cerealio, si
es que no ha perecido ya por mis maldiciones! Merecía
haber sido víctima de la tempestad que hubo hace poco. Y
es que, cuando vio en qué peligro se encontraba nuestra
región, renunció de una vez por todas a poner su confianza
en esta tierra y, tras haber embarcado el oro en cargueros de
40 dos mástiles 792, ahora lo mecen las olas en alta mar. Una lancha
nos trae sus cartas, en las que nos ordena hacer lo que,
precisamente, estamos haciendo: quedarnos dentro de las
murallas sin que nadie salte delante del foso ni avance
contra hombres que son invencibles; si no, él se declara
787 Cf. Esquilo, Persas 285.
788 Trímetro yámbico de autor desconocido.
789 Para estas líneas (y también, en concreto, para el término meso-
pyrgion), cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior) 303 c y n. 22.
750 Arquíloco, Fr. 2 Adrados. El ísmaro es un monte de Tracia en el
que se producía un vino elogiado ya en Od. IX 196 ss.
791 Cf. n. 789.
192 Cf. C. 5, 46 s. y n. 46.
CARTAS
245
exento de toda responsabilidad. Nos aconseja que establez-
camos cuatro turnos de guardia, como si nuestra única
esperanza consistiera en no dormir. Y es que él aparenta ser
un experto en este tipo de situaciones, a la manera de un 45
hombre avezado a los infortunios. Sin embargo, no ha
querido tomar parte con nosotros en estas calamidades: no,
no se mantiene firme junto alas almenas 793 , como yo, Sinesio,
el filósofo, sino junto al remo, él, el comandante.
Si de verdad deseas los poemas que me has pedido
(aunque, desde luego, yo soy consciente de que nada bueno 5o
hay en ellos, a no ser el tema), suplica, junto con los cireneos,
que descansen un poco las armas. Pues, tal como estamos
ahora, no hay manera de sacar los libros de las cajas.
131
A PILÉMENES
Desde drene a Constantinopla. Contemporánea de la C. 118
Debes entender que las definiciones geométricas son las
más verdaderas, desde el momento en que es propio del
resto de las ciencias hacer gala de poder recurrir, por poco
que sea, a la geometría para sus propias demostraciones.
Hay, por cierto, en ella un axioma que dice: «dos cosas 5
iguales a otra deben ser iguales entre sí» m. A ti ha sido el
793 Par' épalxin... hístatai: cf. Sinesio, Disc. II (Catástasis maior) 303 c
(par' épalxin sté'somai).
794 Cf. C. 93, 13 s., n. 519.
246
SINESIO DE CIRENE
carácter quien te ha hecho mi amigo; al admirable795 Dióge-
nes, además, la naturaleza. Ambos sois amigos de una misma
persona; es, por tanto, necesario que os enlacéis también
vosotros mutuamente, tal como lo estáis conmigo que me
hallo entre los dos. Así pues, os uno mutuamente por medio
10 de esta carta, gracias a la cual el admirable Diógenes se va
a confiar a tu venerable dignidad796 como a un amigo y, a
cambio, acogerá, bien lo sé, a mi Pilémenes (y, al decir
«mío», podría asegurar que ni te avergüenzo a ti ni me
avergüenzo yo). Que por mediación tuya él, además, va a
conseguir amigos que me estiman a mí, todos los que tienen
influencia y son serviciales, eso no sería justo que yo lo
pusiera en duda. Y amigos serviciales son los que él necesita
15 en este momento, más que nadie en ningún otro.
En efecto, su situación es, en pocas palabras, la siguiente.
Es un joven «franco y noble, animoso y afable» 797, como son
aquéllos a quienes Platón considera dignos de ser guardianes
de su estado. Y lo cierto es que ya ha servido en el ejército,
20 «aun siendo tan mozo» ™: apenas salido de la adolescencia
ejerció el mando sobre nuestras tropas, exponiéndose a
maliciosos testimonieros (que eso es lo que son algunos
ciudadanos cuando ven la buena fortuna de cualquiera). Él,
sin embargo, se mostró superior incluso a la envidia. Sobre
todo ello otros hablarían por extenso, pero nosotros parece
que somos iguales hasta en este detalle: a mí me cuesta
25 elogiar y a él ser elogiado. Así que, en resumen, él venció con
795 Cf. n. 297. Recuérdese que Diógenes era primo de Sinesio.
™ Cf. n. 127.
797 Cf. Platón, República 316 b, 375 e; Timeo 18 a; Diónde Prusa,
Discursos 151.
™ Demóstenes, XXI 78.
CARTAS
247
las armas a los enemigos de su patria y con la virtud a los
malvados que en ella viven. Y aun habiendo estado en el
poder desde joven, no se avergonzaba de su parentesco con
un filósofo.
A pesar de sus cualidades se encuentra en apuros, preci-
samente por el hecho de ser un hombre de bien. Y es que 30
toda persona honrada constituye un golpe de suerte 799 para
la gente de malas costumbres y a los malvados les llegan sus
ganancias de esa otra parte opuesta a ellos. Pues bien, cierto
delator, tras haber pretendido chantajearlo sin éxito, instruyó
un proceso contra él. Y como así no conseguía sacar ninguna
de sus improcedencias (que las leyes estaban de nuestro
lado), tomó otro giro y ahora convierte la causa privada en 35
pública presentando una denuncia que es más vieja que el
acusado 80°. Ha venido, pues, para precaverse de la citación
a juicio; y es que no se debe ceder ante las calumnias de un
criminal 801, ni perder los bienes del padre y de los abuelos de
uno además de ganarse una denigrante reputación. Para ello
necesita amigos sinceros, insobornables, sensatos, tal como
tú eres. A ti te tendrá (con la ayuda de Dios hay que decir 802)
por mediación mía y, por mediación tuya, a mis amigos y a
los tuyos. Y por todos los favores que cada uno de ellos le
haga, justo es que yo esté agradecido.
799 Cf. n. 557.
800 Es decir, se le acusaba de un delito cometido antes de que él naciera.
801 Literalmente: «un calumniador (cf. n. 276) criminal (asesino)».
802 Cf. Platón, Protágoras 317 b, etc.
248
SINESIO DE CIRENE
132
A SU HERMANO
Desde una fortaleza de la Pentápolis a Ficunte, en el 405.
Posterior a la C. 133
Que las mujeres chillen, se golpeen el pecho y se mesen
los cabellos cuando los enemigos se presentan o se anuncia
su llegada, se podría creer que es un mal menor. Aun así,
Platón también considera un mal el que no hagan como las
5 aves, que, para defender a sus polluelos, están dispuestas a
enfrentarse a cualquier enemigo más poderoso: cae, pues,
sobre el ser humano el descrédito de resultar el menos
valiente de todos los animales 803. Pero, que también tú
cometas la misma falta que ellas, que de noche te despiertes
10 aterrorizado y vayas diciendo a chillidos que el bárbaro ya
está a las mismas puertas de la fortaleza (tal es lo que me
han contado de ti), ¿cómo puede ya admitirse esto? Eso de
que un hermano mío sea un cobarde hasta me parece que no
puede ser así. Yo, desde luego, nada más despuntar el día,
15 salgo a caballo y voy lo más lejos posible, con ojos y oídos
muy atentos a todo lo relativo a esos cuatreros 804.
Y es que no se les debe llamar enemigos, sino bandidos
o ladrones o con cualquier otro nombre por el estilo y de lo
más deshonroso: a nadie que con ímpetu se les eche encima
le hacen frente, sino que sólo a los pusilánimes los degüellan
20 como a víctimas de sacrificio y luego los despojan. De
803 Cf. Platón, Leyes 814 b.
804 Se refiere a los ausurianos. El término apelátai («ladrones de ganado»)
designará luego a los ladrones en general, bandidos o mercenarios que
asolaban las fronteras orientales bizantinas.
CARTAS
249
noche con los mozos recorro la colina y les ofrezco a las
mujeres la posibilidad de dormir sin miedo alguno, sabiendo
que hay quienes velan por ellas. Están conmigo también
algunos soldados del cuerpo de los balagritas 805. Éstos, antes
de ser Cerealio 806 el comandante, eran arqueros de a caballo:
al entrar ése en el cargo, sus caballos fueron vendidos y se 25
convirtieron simplemente en arqueros. Pues bien, a mí me
sirven hasta sin caballos: necesitamos arqueros para proteger
los pozos y el río, ya que no tenemos agua dentro del
recinto. ¿Qué nos impedía, si no, sobrellevar el asedio distra-
yéndonos con el son de las flautas y con fiestas? Pero lo 30
cierto es que ahora, necesariamente, o vencemos en la batalla
o sucumbimos trabando combate con los enemigos, en vez
de morir de sed: ¿qué sería más miserable que esto último?
Así que hasta por fuerza tendríamos que ser valerosos.
Anímate, pues, tú también y llama a otros, y los dos caballos
del comandante, que son tan costosos de mantener y que se
alimentan gracias a nuestros impuestos, manda que te los 35
traigan.
Mayormente en estas circunstancias un caballo no es
una posesión inútil. Y es que correr, batir el campo y llevar
una noticia en el más breve tiempo posible, todo eso un
caballo es capaz de hacerlo fácilmente. Y si tú también
necesitas arqueros, llámalos y vendrán. Que los remeros de 40
Ficünte ni siquiera yo confío en que luchen a mi lado, como
tampoco mis jardineros. Lo que busco son pocos hombres,
pero que no desmientan esa condición de hombres. Y si doy
con algunos así (con la ayuda de Dios hay que decir 807), me
805 Cf. n. 615.
806 Cf. n. 781.
807 Cf. n. 802.
250
SINESIO DE CIRENE
llenaré de confianza. Pero, de tener que morir, me llega
entonces de la filosofía el apoyo de no considerar algo
45 terrible eso de abandonar este saquito de carne. Que delante
de mi mujer y de mi hijito 808 vaya a contener las lágrimas,
eso no lo garantizo en absoluto. ¡Lo que quisiera es que la
filosofía pudiera darme esa fuerza! Pero, ¡ojalá que nunca
tenga que hacer la prueba! ¡Nunca, Salvador nuestro! ¡Nunca,
Libertador nuestro! 809.
133
A OLIMPIO
Desde una fortaleza de la Pentápolis a Seleucia, a comienzos del
405
Ayer o antier, estando junto a los cónsules de hace poco,
uno de los cuales es Aristéneto 810 (a su colega en el cargo no
lo conozco), se me trajo una carta sellada y con el nombre de
tu sagrada persona escrito en el encabezamiento. Deduzco
5 que es de mucho tiempo atrás, porque estaba muy ápolillada
y descolorida la mayor parte de las letras. Te encarecería
que no me mandaras una sola carta al año, como si fuera
una imposición, y que no hicieras de nuestro queridísimo
808 Su primogénito tendría un año de edad (estamos en el 405) y los dos
gemelos no habrían nacido aún.
809 Sinesio emplea dos epítetos tradicionales de Zeus (cf sSter, ... o
eleuthérie: cf., por ejemplo, Píndaro, Olímpicas V 17, XII 1) para invocar
a Cristo, apoyado por supuesto en las ideas cristianas de Jesús como
dispensador de la salvación y la verdadera libertad.
810 Cónsul en el 404.
CARTAS
251
Siró su único portador, pues lo que pasa es que nada de lo
que encuentro en ellas está fresco sino rancio. Por tanto, haz 10
lo mismo que yo: no hay mensajero imperial que salga de la
ciudad, después de cambiar la cabalgadura que le proporciona
el estado, que no vea un poco aumentada la carga que lleva
a la espalda con misivas dirigidas a tu discreción811. Si todos
o algunos de ellos te las entregan, ¡benditos sean éstos que te
las entregan, por ser tan serviciales! Y, si no, tanto más
prudente serás tú no fiándote de quienes se merecen tu
desconfianza. Pero, a fin de no molestar en vano a mi 15
secretario dictándole cartas que no se te van a entregar,
merece la pena que yo sepa si las recibes.
En adelante, pues, me las arreglaré de otra manera y sólo
a Pedro se las confiaré. Pedro será, eso es lo que creo, quien
va a llevarte esta carta tras haberla recibido de esa sagrada
mano que medio entre nosotros 812. De hecho, yo se la estoy 20
mandando desde la Pentápolis a nuestra común maestra y
ella se la dará a quien quiera, y estoy seguro de que va a
querer entregársela al de mayor renombre. Y el caso es que
no sabemos, queridísimo y admirable813 amigo, si alguna
otra vez podremos saludarnos personalmente. Por la vileza
de los comandantes nuestra tierra está, sin lucha, en manos 25
de los enemigos 814 y sólo permanecemos sanos y salvos los
pocos que nos hemos metido en las defensas, mientras que
quienes se quedaron en las llanuras han sido degollados
como víctimas de sacrificio. Nuestro miedo es que, si el
asedio se prolonga, vayan a verse amenazadas por la sed
811 Logiótes como tratamiento honorífico («per la tua eloquenza»,
Garzya) ya aparece en Basilio de Cesárea, Cartas 1.
812 Hipatia.
813 Cf. n. 297.
814 Los ausurianos: cf. C. 132, 17 ss.
252
SINESIO DE CIRENE
muchas de las fortalezas. Por eso no respondía a tus preten-
30 siones acerca de aquellos regalos: es que no tuve tiempo por
estar con la atención puesta en una máquina de guerra815: la
estoy construyendo para que desde las torres podamos lanzar
a gran distancia piedras de peso considerable.
Además, te permito que me envíes regalos (pues debe
condescender Sinesio ante Olimpio), sin embargo que no
35 sean regalos lujosos (que ya con anterioridad critiqué el lujo
en los cuarteles para la tropa) sino útiles para el ejército:
arcos y flechas, pero flechas con sus regatoncitos. La verdad
es que arcos podría también comprarlos en otro sitio e
incluso podría reparar los que hay, pero flechas no es fácil
conseguirlas, al menos no las de calidad. Y es que las egipcias
tienen abultada la parte de los nudos y hundido el espacio
40 entre ellos, y es por eso que se desvían de su trayectoria: se
parecen a corredores que en el mismo arrancadero se traban
y tropiezan. Las vuestras, por el contrario, tienen una buena
longitud y son perfectamente redondas en forma de un
único cilindro, cosa que es primordial para que el tiro vaya
derecho.
45 Mándame de éstas, y también frenos de caballo que den
buen resultado. Realmente a ese caballo itálico, al que tanto
has elogiado con bellas palabras, me hubiera gustado mu-
chísimo verlo, porque, además, nos prometiste que sería
padre dé buenos potros. Sin embargo, en una postdata
escrita al pie de la carta, me encontré con que tuvo que
so quedarse en Seleucia, al haberse negado el patrón, por el
mal tiempo reinante, a transportar esa carga. Pero, como
815 Sobre el interés y la capacidad de Sinesio para las ciencias aplicadas,
cf. el A Peonio y la C. 15.
CARTAS
253
observé que ni el estilo era parecido al tuyo ni era tuya la
mano ni la precisión del trazo, pensé que no debías ignorar
este detalle. Y es que sería absurdo que ni tú ni yo nos
preocupáramos de conservar sano y salvo un caballo de esa
categoría.
134 :
A PILÉMENES
Desde su finca a Constantinopla, en el 405
He recibido la carta en la que de nuevo le reprochas a la
suerte el que sus planes respecto a ti no sean más benévolos.
Pero tú no debes hacer eso, queridísimo compañero, pues
no merece la pena reclamar tanto sino consolarse. Cuando
tal sea tu estado de ánimo, puedes venir a mí: encontrarás
un hogar fraterno. No soy rico, buen amigo, pero lo que tengo 5
es suficiente para Pilémenes y para mí. Además, si tú estás
aquí, quizá hasta vayamos a ser ricos. Otros con los mismos
recursos poseen una fortuna más que mediana, pero yo soy
mal administrador. Sin embargo, por ahora, y a pesar de mi
absoluta negligencia, me basta con mi patrimonio, que es
capaz de mantener a un filósofo. No creas que lo ocurrido
responde a algo ya previsto. Tú haz al respecto esto que te 10
digo y no otra cosa, a menos que mientras tanto te haya ido
un poco mejor y de nuevo pienses en levantar a Heraclea de
su postración 816.
816 Cf., en general, la C. 103.
254
SINESIO DE CIRENE
Por las presentes circunstancias 817 no he escrito las cartas
que tengo por costumbre; pero hace poco que les he escrito
a todos y le he entregado un paquete de cartas 818 a Diógenes
15 (Diógenes es mi primo). Si, después de buscarte, ha dado
contigo (y que te ha buscado lo sé con certeza), seguro que
también te ha entregado el paquete (pues a ti lo he dirigido).
Y, si no, pídele al patrón de la nave que te muestre al
muchacho, y, una vez que hayas recibido las cartas, repárte-
selas tú a todos. A algunos tengo mucho interés en que los
2o saludes de mi parte: al padre Proclo, a Trifón, que fue
nuestro gobernador819, y a Simplicio, buen hombre, buen
gobernante y amigo mío 820. Cuando le entregues la carta,
disfruta de esos momentos en que estés a su lado: bella cosa
es pasar el tiempo libre con un soldado poeta. Teníamos
grandes avestruces 821 capturadas en las cacerías durante la
época de paz, pero no nos fue posible mandártelas por mar,
25 infestada como se encuentra de armas enemigas; tampoco
pudimos meter en las naves algunas otras cosas que ya
estaban en la misma costa. El vino fue lo único que cargamos;
de aceite, ¡por tu honrada persona te lo juro!, no hemos
embarcado ni un cuartillo 822, al menos que yo sepa. Acepta,
817 Son los momentos de la segunda gran invasión de nómadas.
si» 'Cf., abajo, líneas 20 s. Se trata de las cartas 119 (a Trifón), 130 (a
Simplicio), 131 (a Pilémenes) y, también, de la 118 (a Troilo: cf. línea 3 de
la misma). La dirigida a Proclo la hemos perdido (la C. 70 es muy posterior).
819 Cf. n. 713.
820 Cf. n. 143. Simplicio había tenido el cargo de comes et magister
utriusque militiae per Orientem entre los años 396 y 398.
821 Strouthoús: cf. n. 777.
822 Sobre el vino de la Cirenaica, cf. Estrabón, XVII 3, 20 (y cf.
Heródoto, IV 199); sobre el aceite, Teofrasto, Historia de las plantas IV
3, 1, y Plinio el Viejo, Historia natural XVII 133. El kyathos («jarra,
copa»; «cuartillo» traducimos aquí) era en Atenas la duodécima parte de un
sextario.
CARTAS
255
pues, este poco de vino, unos sextarillos 823. Podrás retirarlos 30
dándole a Julio esta orden de entrega que adjunto a la carta
para que no se pierda.
También al padre Proclo le he escrito y le he enviado
esto mismo. Que reciba la carta de tu mano y de Julio el
vino. Al áureo Trifón le hemos preparado unos regalos no
triviales 824 (incluso en estos momentos debo emplear uno de
esos fríos recursos gorgianos 825): jugo de silfio en abundancia 35
(del de Bato 826, del que también tú has oído hablar) y el
mejor azafrán 827 (también lo produce Cirene, y muy bueno).
Sin embargo, me ha sido imposible enviárselo, al menos por
ahora. Podría, no obstante, mandarlo en otra nave, cuando
envíe, junto con todo ello, las avestruces y, a parte, eí aceite. 40
135
A SU HERMANO
Desde Cirene a Alejandría
Este Pemenio, el que te entrega la carta, fue enviado a
nosotros por Artabázaco 828, el que hace poco fue nuestro
823 En el original xestía, diminutivo de xéstes o sextarius, que equivalía
a 0,54 1. (aprox.).
824 Intentamos reproducir, aunque forzadamente, el juego de palabras
Tryphoni... tryphónta dóra («regalos refinados»).
825 Cf. C. 83, 4, n. 495.
826 Bato de Tera fue el fundador de Cirene (630 a. C): cf. Heródoto,
IV 155; PfNDARO, Píticas IV 5 ss.; Calímaco, Himnos II 65 ss.; y Sinesio,
H. III 38 s., Disc. II (Catástasis maior) 303 a; C. 41, 215 s., n. 202. El
proverbio Báttou sílphion («silfio de Bato», o sea, algo muy valioso) se lee
en Aristófanes, Pluto 925. Para el silfio, cf. n. 665.
827 Al respecto, cf. Teofrasto, Historia de las plantas VI 6, 5.
828 Quizá el armenio Arbazacius, favorito de Eudoxia, que aparece en
256
SINESIO DE CIRENE
gobernador, para que se encargara de todas las posesiones
de las que él había pasado a ser dueño en estos lugares. En
dicha comisión se mostró afable y moderadísimo. Y, en
realidad, ¿qué otro se habría comportado así en tales cir-
cunstancias? Por el poder que en aquel entonces ejercía
Pemenio ningún libio se veía agobiado. Una prueba evidente:
nuestras ciudades han sentido su marcha. Tú considéramelo
como a un amigo y con la deferencia que cabe esperar por su
bondad y honradez.
136
AL MISMO
Desde Anagirunte829 a Alejandría. Posterior a la C. 56
Ojalá saque yo de Atenas todo el beneficio que tú quieres,
de tal modo que me parezca que regreso de allí o que me he
vuelto un palmo y un dedo más sabio. Pero ya mismo puedo
darte una prueba de esta nueva sabiduría. El hecho es que te
estoy escribiendo «desde Anagirunte» 830 y he estado en Esfeto,
5 Tría, Cefisia y Falero 831. ¡Y que perezca832 de mala muerte el
malvado patrón de buque que me trajo aquí! Que la Atenas
Zósimo, V 25, 24. Seguramente fue gobernador de la Cirenaica alrededor
del 404, año de la muerte de la emperatriz: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 328,
n. 1. ,
829 Demo del Ática, cercano a Atenas,
830 Cf. Aristófanes, Lislstrata 67.
831 Las tres primeras localidades son demos del Ática y Falero es uno de
los puertos de Atenas.
832 Cf. n. 729. -
CARTAS
257
de hoy no tiene de venerable nada más que los nombres
famosos de sus lugares. Lo mismo que, «después de consu-
mirse la víctima», queda la piel como vestigio del ser vivo de
antaño 833, de idéntica manera, después de haber emigrado
de aquí la sabiduría, lo que les queda a los visitantes es 10
admirar la Academia, el Liceo y, «por Zeus» 834, el Pórtico
Pintado — el que dio nombre a la filosofía de Crisipo — que
ahora ya no está pintado, pues el procónsul retiró los pane-
les 835 en los que expuso su arte Polignoto de Tasos.
Sin duda, hoy día836, en nuestro tiempo, es Egipto el que 15
ha acogido y hace germinar la semilla de Hipatia. Atenas,
por su parte, la ciudad que antaño era hogar de sabios, en la
actualidad sólo merece 837 la veneración de los apicultores. Y
de ahí, entonces, lo de esa pareja de sabios plutarqueos 838,
que congregan a los jóvenes en los teatros no gracias a la
fama de su elocuencia, sino a los tarros de miel del Himeto 839. 20
833 Cf. Plutarco, Foción I 3.
834 Platón, Apología 35 d.
835 Cf. C. 56, 11 ss. y nn. 302 y 303. Crisipo fue discípulo de Zenón o
Cleantes (cf. Diógenes Laercio, VII 179) y dirigió la Estoa desde el 232 a.
C, aproximadamente, hasta su muerte, alrededor del 208.
836 En lugar de nyn se lee noün en el códice Ath. Ivir. 137 (I), corrección
que quizá sea oportuna (cf. ed. Garzya, 1989, pág. 330, n. 7). La traducción
quedaría así: «Sin duda, en nuestro tiempo es Egipto el que nutre el
intelecto, tras haber recibido la semilla de Hipatia».
837 En el original hay un anacoluto que no reflejamos.
838 Serían discípulos del entonces director de la Academia, Plutarco de
Atenas. Según Lacombrade (en su ed. de los Himnos, pág. XXII, n. 6)
Sinesio se está refiriendo, en concreto, a Hierio y Arquíades, hijo y yerno,
respectivamente, del citado neoplatónico.
839 Monte del Ática cuyas abejas (las Cecropias... apes de Virgilio,
Geórgicas IV 177, por ejemplo) eran célebres por la exquisita miel que
producían. Para otra visión de Atenas cf. Gregorio de Nacianzo, Discursos
XLIII 11 y 14 s.
258
SINESIO DE CIRENE
137
A HERCULIANO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399
Si de verdad el provecho que se obtenía de los errantes
viajes de Odiseo era, como afirmó Homero, «ver las ciudades
de muchos hombres y conocer su forma de pensar» 84°, y eso
aun habiendo arribado a las costas no de gente agradable
5 sino de Lestrígones y Ciclopes841, de seguro que el poema
habría celebrado maravillosamente este viaje tuyo y mío,
que nos ha permitido llegar a conocer por experiencia cosas
que, aunque la fama las contara, no se creerían. Y es que
hemos visto con nuestros propios ojos y escuchado con
nuestros propios oídos a la auténtica maestra 842 de los mis-
terios 843 de la filosofía. Y si incluso los quehaceres humanos
10 vinculan a quienes se tienen mutuo afecto, a nosotros, unidos
como estamos por el intelecto que es lo mejor de nosotros
mismos, es una ley divina la que nos exige estimarnos recí-
procamente. Y lo cierto es que yo, tras haber disfrutado del
trato personal contigo, ahora me figuro que, a pesar de que
te encuentras lejos, te estoy viendo, porque el recuerdo me
propone tu imagen reproducida por ese afecto y en mis
15 oídos retumba el eco maravillosamente dulce de tus sagradas
palabras. Si a ti no te pasa lo mismo, eres injusto conmigo;
pero, si te pasa, no estás haciendo nada del otro mundo: me
840 Cf. Od. 1 3.
841 Cf. Od. IX 105 ss., X 80 ss.
842 Hipatia.
843 El autor emplea el término orgia: cf. Sinesio, H. V 90.
CARTAS
259
estás pagando el afecto que me debes. Y cuando vuelvo la
vista hacia esa mutua unión nuestra en la filosofía, hacia esa
filosofía por la que tanto nos hemos fatigado, al llegar a este
punto de mi razonamiento, es a Dios como mediador a
quien atribuyo el que hayamos dado con el otro. 20
Sí, fue por una causa divina, y no por menos que eso,
por la que yo, Sinesio, que de ningún modo voy publicando
mis cosas y que, aunque me relaciono con muchísima gente,
estas relaciones las establezco por aquello de la comunicación
entre los hombres y considerando siempre a la filosofía
como lo más inexpresable que hay 844; fue, pues, por una
causa divina por la que con tanta presteza le descubrí mi
persona y todo lo mío a un hombre con quien apenas había 25
intercambiado palabra. Lo cierto es que, cuando ha habido
alguien ante quien tuviera que irme de la lengua manifestán-
dole cosas hasta ese momento desconocidas 845, llegué incluso
a olvidarme entonces de las sabias artes de Proteo 846 (que no
consistían ñiás que en convivir con los hombres no como si
fueran dioses sino ciudadanos). Pero, al haberme ocurrido
esto otro, y dado que no lo premedité sino que pasó de 30
una forma imprevista y repentina, yo considero a Dios el
inductor de esta peripecia y le rogaré que lleve a buen fin lo
que ha comenzado por mediación suya: ¡ojalá nos concediera
el poder filosofar juntos; y, si esto no, al menos filosofar sea
como fuere! Yo, desde luego, estoy que me muero por verter
en esta carta ciertas ideas que tengo en mente acerca de ese 35
844 Cf. Sinesio, Real. 31 d s., Dión 48 c ss. (cap. 9).
845 Exorchesámen ta téós anékpysta... epelathómén: cf., por ejemplo,
Luciano, De la danza 15 (ta apórréta); y Sinesio, Dión 40 d (exdrché-
sato... lathéín).
846 O sea, ni siquiera lo entretuvo con sofisterías: cf. Sinesio, Dión 44
a (y nuestra n. 46 allí), y C. 142, 2.
260
SINESIO DE CIRENE
tema que nos traía ocupados, sin embargo no lo haré. Y es
que tú alguna vez, si Dios quiere, podrías conversar acerca
de todo esto conmigo o con otros muchos más entendidos;
pero no está bien que yo confíe tales cosas a un pequeño
escrito. Pues el asunto de la carta no debe ser algo reservado,
40 sino que lo propiamente suyo es hablarle a cualquiera que dé
con ella847.
Que sigas bien y dedicado a la filosofía y que continúes
desenterrando ese ojo que está sepultado en nosotros 84S. Ten
en cuenta que el vivir rectamente fue señalado por los sabios 849
de la antigüedad como un empeño al que aplicarse, y lo fue
porque era, creo yo, un preludio de la sabiduría. «Pues a lo
45 impuro no le es lícito tocar lo puro», afirma la voz divina850.
La masa, por el contrario, también considera que la perfección
humana consiste en vivir rectamente, pero no con las miras
puestas en la sabiduría sino como un fin en sí mismo y por
sí mismo, con lo que no cree que el camino sea tal camino,
sino una meta en sí misma a la que uno debe apresurarse:
mal lo entienden. Y es que una irracional templanza y la
50 abstinencia de comer carne 851 son cosas que en gran medida
847 Es decir, el tema de una carta no pueden ser las cuestiones filosóficas,
no aptas para todo el mundo: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 332, n. 5. Este
carácter secreto (echémython es el término utilizado por Sinesio) de la
filosofía se remonta a las ideas de Pitágoras: cf. Plutarco, Numa 8
(echemythía); JAmblico, Vida de Pitágoras 6, 32.
848 Cf. Platón, República 533 d; Ploti.no, Enéadas I 6, 9, 25 ss. (y
Sinesio, H. I 648).
849 Para esos «sabios», cf. Sinesio, Dión 49 c; para «la masa» de la línea
46 (quizá los monjes cristianos), cf. ibid. 49 b s. Para recalcar el valor de la
sabiduría, en estas líneas (42-55) se juega con los términos phoréin (varias
veces), phronímón, phronoüntes, sóphrosyné, phroníseós.
850 Cf. C. 41, 262 s„ n. 212.
851 Cf., por el contrario, el tratado Sobre la abstinencia de Porfirio.
CARTAS
261
están consolidadas en un gran número de especies irracionales
por obra de la naturaleza. Pero no elogiamos ni a la corneja852
ni a ningún otro ser dotado de innata virtud, porque están
desprovistos de sabiduría. La vida de acuerdo con el intelecto
es el fin del hombre: en pos de ella vayamos, pidiéndole a
Dios una sabiduría divina y reuniendo nosotros mismos, 55
dentro de lo posible, la sabiduría de todas partes.
138
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399
He escuchado a uno de esos formidables oradores hacer
un elogio de la práctica epistolar853: el sofista había hecho de
esto el tema de muchos y extraordinarios discursos. Aparejaba
su encomio de muchas y distintas maneras, sobre todo a
partir del hecho de que una carta es capaz de servirles de 5
consuelo a los amantes desdichados, porque, en ausencia de
las personas, provoca la ilusión de que están presentes y,
también, por parecer que entabla una conversación 854 y con
ello satisface el anhelo del alma. Es por eso que aquél
852 Ejemplo de fidelidad y castidad: cf. LXX, Jeremías, 3, 2; Eliano,
Historia de los animales III 9 (y el Fisiólogo 27 Sbordone).
853 Esta carta es interesante como testimonio de la teoría epistolar
antigua (ed. Garzya, 1989, pág. 334, n. 1): cf. Ambrosio, Cartas 1 44, II 66
(y Gregorio de Nacianzo, Cartas 68, 1; 195, 3; 196, 3).
854 Cf. n. 84.
262
SINESIO DE CIRENE
sostenía que se debía ensalzar con himnos al inventor de
tales escritos y que era un don otorgado a los hombres no
10 por ningún hombre sino por la divinidad 855. Y lo cierto es que
yo disfruto de esta sagrada merced de la divinidad: si tengo
necesidad de hablar con alguien y no puedo hablar con él, le
escribo, ya que eso puedo hacerlo de inmediato y, en la
manera en que me es posible, estoy junto a él y disfruto de
esa persona querida.
Pero el caso es que tú, si mis palabras no resultan amar-
15 gas, a la vez que de lugar has cambiado de carácter. Y si
continúas separándote de quienes te han querido sin ningún
tipo de engaño ni hipocresía, estás imitando a las golondrinas,
que, cuando inmigran, se establecen entre chirridos en medio
de esa, diríamos, amistad que le brindan los hombres, pero,
sin embargo, emigran en silencio. Esto aún en el aspecto
humano: son los reproches propios de los hombres. Pero, si
20 gracias a la filosofía has unido lo que hasta ahora se encon-
traba distante y si «amado es lo hermoso y hermoso lo
amado» 856 (que ambas son una misma cosa se lo has oído
decir a la divinidad), ya no considero desdén tu silencio
respecto a mí; al contrario, me congratulo de que te dediques
a la filosofía, de que rechaces la mezquindad y de que lo
25 mejor de ti se asocie a las mejores cualidades que hay en mí.
¡Así quiero que seas tú, el mejor de los hombres, verdadero
hermano mío a quien tanto añoro!
853 Cf. Platón, Fedro 21 '4 c ss.
8S6 Proverbio (puede que máxima délfica) que ya figura en Teognis, 17:
cf., también, Eurípides, Bacantes 881, 901; Platón, Lisis 216 c, República
420 d {Corp. Paroem. Graec. II 219 s.).
CARTAS
263
139
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399
Si bien es cierto que es muy grande ese acicate de persua-
sión que hay en las líneas de una carta y si también lo es que
las imágenes de los sentimientos reflejados en ellas, aun
careciendo de esa simpatía857 y ese encanto que hay en el
vivo trato, infunden en los lectores un hechizo muy grande,
sin duda sería igualmente algo irresistible el contacto personal
cara a cara. Yo, al menos, cuando estaba a tu lado, quedaba 5
preso de esa dulce «Sirena de tus palabras» 858, Y en absoluto
me avergonzaría de decirte algo que es la pura verdad: para
mí sería más grato aún experimentar esto mismo por segunda
vez. Y es que la conciencia que se tiene de un bien presente
no puede ser como la de uno ausente para quien ya lo ha
experimentado: en aquel caso, el disfrute ininterrumpido va
eliminando la sensación de placer; en éste, la separación, 10
incluso momentánea, de los deleites ocasiona de inmediato
y de forma paralela el recuerdo punzante de esas cosas de las
que uno ya está efectivamente privado. De modo que ¡ojalá
vengas, queridísimo mío, y podamos entregarnos juntos a la
filosofía!: la obra que levantemos estará acorde con lo que
fue en sus inicios, para que así se muestre una belleza
perfecta, nacida de lo que es perfecto, y no truncada. Pero, 15
851 Sympátheia: «afinidad de sentimientos» (cf., por ejemplo, Sinesio,
Sueñ. 132 b y 136 d).
858 Cf. Plutarco, Mario 44, 6 (o sea, «el encanto o gracia de tus
palabras»).
264
SINESIO DE CIRENE
si nos viéramos apartados el uno del otro, cosa que debemos
suplicar que no ocurra, está claro que el perjuicio sería mío.
Pues a tu lado, que es donde la cultura medra entre multitu-
des, siempre habrá muchos semejantes a Sinesio, o incluso
mejores. Mi patria, por el contrario, aunque es mi patria y
la estimo, se ha encallecido, no sé de qué forma, de cara a la
20 filosofía. Es por eso que siento miedo al quedarme desvalido,
sin nadie que comparta mi arrebato filosófico. Pero, aun
admitiendo que alguien haya,
¿cómo podría yo, con todo, olvidarme del divino Odiseo?*59.
Aparte de con tu sagrada alma, ¿con qué otro pedernal me
frotaría860 yo para producir la centella de una luminosa
criatura del intelecto? ¿Quién sería, asimismo, capaz de pro-
25 vocar eficazmente, con todos sus medios, esa chispa861 que
está escondida y que desea permanecer oculta, para encender
y mostrar una llama resplandeciente? Sea como sea, ya
estemos juntos o lejos el uno del otro, ¡que Dios esté a
nuestro lado! Que, cuando Dios está al lado «todo lo impo-
sible es posible» 862. Que sigas bien y dedicado a la filosofía,
y «lo divino que hay en nosotros haz que se eleve hacia lo
30 divino que fue engendrado en primer lugar» 863. Sí, bella cosa
. 855 od. 1 65. .
860 Cf. Platón, República 435 a.
86> Cf. SINESIO, H. 561 ss. y n. 85 a estos versos.
862 Esquilo, Prometeo encadenado 904 (cf. Corp. Paroem. Graec. II
755, 7).
863 Cf. Porfirio, Vida de Plotino 2, 25 ss. (son las palabras de Plotino
in articulo mortis, como precisa abajo el mismo Sinesio). El término pró-
tógonon (cf. Sinesio, H. II 88: prótógonos= Dios-Hijo) no figura en las
líneas de Porfirio. Para las diferencias entre los dos textos, que atestiguan
CARTAS
265
es que mi carta entera exprese de mi parte a tu honrada
distinción864 lo que afirman que Plotino les dijo a los presen-
tes, a punto de despedir ya a su alma del cuerpo.
140
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399
De los amores, los que «van por el suelo» 865 y tienen
orígenes humanos son odiosos y fugaces, circunscritos tan
sólo, y casi tampoco, a la presencia del otro; los que, por el
contrario, son presididos por el dictamen de la divinidad
quien, de acuerdo con las divinas palabras de Platón S66, los
funde con los medios de que dispone y a los dos mutuos
enamorados los hace uno, estos amores sobrepujan cualquier 5
condición de tiempo y de lugar. Y es que nada impide que
dos almas deseosas la una de la otra concurran a un mismo
sitio en secretas reuniones y se enlacen. De esto es de lo que
debe depender nuestra amistad, a menos que estemos inten-
tando deshonrar nuestra crianza filosófica a fuerza de ape-
garnos a los sentidos y de no admitir la presencia del alma 10
mientras a aquéllos no los estimule el cuerpo llamando a su
puerta.
la disparidad de pensamiento entre estos dos autores, Plotino y Sinesio, cf.
ed. Garzya, 1989, pág. 32 s.
864 Cf. n. 771.
8« //. V442.
866 Cf. Platón, Banquete 192 d s.
266
SINESIO DE CIRENE
Así pues, ¿por qué te quejas a gritos y derramas en tus
cartas tantas lágrimas? Si es porque te compadeces de que
yo aún no sea filósofo, a pesar de parecerlo y de ir diciéndolo,
reconozco que hay verdad en tus lamentos; pero si es porque
un azar desconsiderado ha deshecho inicuamente nuestra
unión (y lo cierto es que éste es el propósito de tus cartas),
propio de mujeres y de niños sería apegarnos a estas cosas
con las que el demonio puede impedir el éxito de nuestros
proyectos. Yo le encarecería a esa sagrada persona, a Hercu-
liano, que mirara hacia arriba y se entregara por entero a la
contemplación de las esencias y el origen de lo mortal, tras
haber sobrepasado, ya de antiguo, las virtudes que están
orientadas hacia lo de aquí con el fin de ordenarlo todo. Y
es por esto que el saludo final de mi carta es «que seas muy
sabio», y no «adiós» ni «que sigas bien», que son más norma-
les 867. El que preside el actuar es el intelecto inferior, y no
aquel otro que yo creía depositado en ti.
» De todo ello te he hablado, y por extenso, en dos cartas
anteriores 868, pero ninguna de ellas te ha sido entregada por
quienes las recibieron de mi mano. Lo cierto es que ésta es
la quinta carta que te mando, ¡y ojalá que no lo sea también
en vano! Y no lo será en vano si, primero, se te entrega y,
después (y lo que es más importante), si te aconseja, te guía
y te persuade a cambiar el vigor del cuerpo por la fortaleza
del alma, no la que procede de la primera y terrenal tétrada
867 En vez de las fórmulas corrientes chaírein o eü práttein Sinesio
propone polla phronéin. Nuestro autor quizá esté recordando el comienzo
de la Carta III de Platón.
868 Quizá las C. 137 y 138 (y 145 para D. T. Runia, «Synesii Cyrenensis
Epistolae. Antonius Garzya recensuit», Vigiliae Christianae 40 [1986], 86-
91).
CARTAS
267
de las virtudes m, sino la que le es análoga en la tercera y
cuarta de éstas 870. Podrás alcanzarla cuando no te maravilles
de nada humano. Y en el caso de que aún no tengas clara la
distinción en lo dicho sobre cuáles son las virtudes primigenias 35
y cuáles las últimas, en el momento en que llegues a no
lamentarte por nada de aquí sino a despreciarlo todo, como
debe ser en justicia, entonces tendrás una pauta y un criterio
respecto a la consecución de las virtudes primeras. De esta
forma, el saludo «que seas muy sabio» volverá también a 40
aparecer en mis cartas.
«Que pases tu vida sano» 871, dispensándote la filosofía
una serena bonanza de espíritu, admirable 872 señor. Si la
filosofía sabe cuidar de esta impasibilidad y si las naturalezas
intermedias se mantienen en la moderación de las pasiones 873,
al exceso en las pasiones y a la fácil humillación ¿qué lugar
les asignaremos 874? ¿No será, acaso, lejos de la filosofía, en 45
la que hemos suplicado que tú te inicies 87S? Así que, tú que
eres el mejor de todos mis amigos, no te me muestres sino
como un amigo más que viril.
Toda mi familia me ha pedido que te salude en su
nombre. Recibe, pues, el saludo de todos ellos: cada uno, de
869 De la tetraktys de virtudes cardinales (andreía, phrónésis, sóphro-
syné, dikaiosyné) habla también Ev agrio Póntico en el proemio de su De
oratione (tetras en Clemente de Alejandría, Stromateis II 18).
870 Cf. Porfirio, Sententiae 32 (27, 28 y 29). Sobre este pasaje en
Miguel Pselo, cf. el articulo de R. Masullo citado en ed. Garzya, 1989,
pág. 340, n. 4.
871 Cf. C. 97, 8, y n. 547. ■■;,/!;
872 Axiágastos (cf. ya en Jenofonte, La república de los lacedemonios
X 2) aquí como tratamiento honorífico.
873 Apátheia/metriopátheia: cf. Sinesio, Dión 45 c.
874 Cf. Porfirio, Sententiae 32; Temistio, Discursos 22, 276 b.
875 Cf. C. 137, 8, y n. 843.
268
SINESIO DE CIRENE
50 por sí, derrama su alma en este saludo. Saluda tú en mi
nombre, por favor, al arquero de a caballo 876.
141
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399 : •
No te extrañes de que me sirva de un mismo portador
para dos cartas m, y, antes que nada, entérate de que tienes
que responder del delito que constituye tu inoportuno re-
proche, y disponte, por ello, a quedar harto de mi charlata-
nería; luego, pretendo también que mi segundo escrito cumpla
otra función. Y es que quiero pedirte aquella obrita en
5 yambos 878 en la que el escritor conversa con su alma. Y es que,
en un primer momento, creí poder reconstruirlo de memoria,
pero el peligro que ahora veo es que el revezo no se le
™ Olimpio: cf. C. 144, 20 s. (y 133, 33 ss.).
877 Para esta carta y la anterior.
878 Para Garzya se trata de un poema perdido «difficilmente identifica-
bile coll'Inno I» (ed. 1989, pág. 342, n. 2). Sin embargo, el v. 1 del himno
primero (age moi, psycháj...) y el contenido del mismo parece que se
acomodan bien a las palabras de Sinesio aquí («...en la que el escritor
conversa con su alma»), como opina Lacombrade (ed. Himnos, pág. 15 y
n. 4; y cf. nuestra introducción al H. I en el volumen 186 de la BCG Sinesio.
Himnos. Tratados, Madrid, 1993). La dificultad, no obstante, reside en el
en iámbois del texto (dado que el Himno I está compuesto en monómetros
anapésticos). Lacombrade (ibid.) la salva argumentando que los términos
tambos, iambéíon en la lengua del siglo iv d. C. ya habían perdido su
sentido técnico: cf. ya Ateneo, Banquete de ios sofistas VIII 355 a (donde
iambéíon es un tetrámetro anapéstico) y cf. también, abajo, C. 143, 46.
CARTAS
269
parezca en nada y que, si me tiro a escribirlo, use más la
inventiva que la memoria. Puede que sea peor o puede que
sea mejor. Aun así, no hay por qué parir dos veces el mismo
parto, existiendo la posibilidad de tener uno lo que ya ha 10
parido. Mándame, pues, una copia del cuaderno 879, hazlo en
el nombre de esa alma a la que el libro pretende aderezar;
pero cuanto antes y sin riesgos, o sea, por mediación de
personas que, con absoluta seguridad, me lo vayan a entregar.
Y es que será tanto como no haber hecho nada en absoluto
si incurres en cualquiera de estos dos errores: en el de
mandármelo demasiado tarde (pues llegará después de ha-
berme marchado) o en el de dárselo a alguien que no me 15
lo vaya a dar.
142
AL MISMO
Desde drene a Alejandría
A Odiseo reconocí yo al leer tu carta: muchas cosas me
llevaban a recordar a aquel héroe; Proteo, sin embargo, me
fue en ella irreconocible880. Y es que alguien como tú no es
inverosímil que llegue a tocar incluso a los semidioses. Yo,
por el contrario, que algunos alcances tengo y que me conozco
a mí mismo conforme al precepto délfico 881, censuro mi falta 5
879 Tetras {tetrádion: C. 143, 46): quatemio de papiro o pergamino
(cuatro hojas plegadas para hacer dieciséis páginas).
880 Cf. C. 137, 28, n. 846.
88« Cf. Platón, Fedro 229 e.
270
SINESIO DE CIRENE
de carácter y no reconozco afinidad mía alguna con los
héroes, excepto en lo de haber deseado imitar su reserva882,
cosas que, precisamente, tú me has hecho trizas, al estilo de
Menelao de Esparta883, de tal modo que te arriesgas a estar
próximo no ya a uno sólo, a Odiseo, sino a dos héroes
10 incluso 884. Pero así queda esto. Por tu parte, quejándote
como te quejas de tu nula predisposición a escribir, no es
justo que me reclames un aluvión de líneas que no harán
sino importunarte. Por eso, he reducido la extensión de esta
carta para que no te canses más por tener más lectura. «Que
pases tu vida sano» 885, con serena bonanza de espíritu 886,
admirable amigo 887, entregado a la filosofía que es la que
conduce nuestro caminar hacia lo divino.
15 Saluda al excelentísimo conde 88S: yo no me he permitido
a mí mismo saludarlo personalmente. De acuerdo con lo
que dice el poema, «comienza tú que eres más joven» 889, lo
justo es que el joven comience la guerra y la discordia; el
anciano, la amistad. Lo cierto es que él, para mí, es un
20 hombre digno de honra y de todo mérito, porque cultura y
882 Su taciturnidad o sus pocas palabras (echemythía): cf. n. 847.
883 Por el extenso relato del rey de Esparta en Od. IV 351 ss. (acerca de
su encuentro con Proteo), para responder a la pregunta de Telémaco, que
se interesaba por la suerte de su padre.
884 Es decir, la abundancia de cartas escritas por Sinesio a Herculiano
rebasa todo aquello que se pudiera contar de Odiseo y podría compararse
al relato de los sucesos acaecidos no a uno sino a una pareja de héroes.
885 Cf. C. 97, 8, yn. 547.
886 Cf. C. 140, 41 s., y 146, 31.
887 Cf. n. 872.
888 El conde Peonio, a quien está dirigido el opúsculo Sobre el regalo (y
para thaumásios, cf. n. 297: traducimos aquí «excelentísimo» en vez de
«admirable» para evitar la repetición).
889 Cf. C. 117, 7, n. 702.
CARTAS
271
milicia890, separadas como venían estando la una de la otra
por grandes barreras, él fue el único que en nuestro tiempo
supo conjugarlas, tras haber encontrado para estas dos acti-
vidades un antiguo parentesco. Y, aun siendo gallardo como
ningún militar lo ha sido nunca, huye de la fanfarronada
que, como uno «de los vecinos»891, siempre está cerca de la
gallardía. A éste, pues, aunque no le escriba852, lo amo y,
aunque no me encuentre a su servicio, lo honro. 25
143
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, entre el 393 y el 399
Ni mantienes, amigo mío, aquello que me prometiste de
no hacer notorio lo que debe estar oculto. Y es que he oído
yo a algunos que venían de estar contigo y que, después de
haberse acordado de ciertas expresiones, me pedían que les
revelara su significación. Yo, sin embargo, según mi manera 5
de proceder y en lo que respecta a ellos, ni me he atribuido
esos escritos ni he afirmado que ya los conociera. Desde
luego tú, querido compañero, ya no necesitas mis adverten-
cias, pues serían poca cosa para convencerte. Trata de con-
850 Armas y letras, diríamos. Con algunas variaciones, estas líneas se
repiten en Sinesio, A Peonio (el opúsculo Sobre el regalo citado en n. 888)
308 b s., en el comienzo del cap. 2 (cf. philosophían kai strateían frente a
paideían kai straíeian de la presente carta).
891 Cf. C. 110, 11 s., n. 677.
892 Cf., sin embargo, C. 98, 10 ss.
272
SINESIO DE CIRENE
seguir la carta del pitagórico Lisis a Hiparco 893 y, cuando
10 des con ella, hazme el favor de repasarla varias veces. Puede
que te arrepientas de todo corazón de tus indebidas manifes-
taciones 894. Pues «filosofar públicamente» (que así, más o
menos, lo dice Lisis en dialecto dórico 895) siempre origina
entre los hombres un gran desprecio por las cosas divinas. Y
es que recuerdo haber tenido relación, tanto en el pasado
como hace poco, con algunos individuos que, por haber
escuchado «atropelladamente» 896 unas frasecitas de cierta
15 gravedad ya creían no ser lo ignorantes que realmente eran
y, llenos de vanidad, mancillaban los dogmas divinos atribu-
yéndose la capacidad de enseñar aquello que no habían
tenido la fortuna de aprender.
Y, aun así, llevaban pegados a tres o cuatro admiradores,
20 que no eran más que obreros, al menos en el alma, y ni si-
quiera educados en los conocimientos primarios. Terrible
es, sí, y engañosa esta sabiduría de relumbrón que, entre
profanos, no retrocede ante nada y se arriesga irreflexiva-
mente a todo. Pues, ¿qué cosa podría haber más atrevida
que la ignorancia897? Cuando me encuentro con tales pedan-
tes, zánganos 898 que ni prestan oídos ni aspiran a los dictados
25 de la razón, abomino de este género de hombres y no en-
cuentro otro motivo para esa forma de vida suya que el
hecho de que, sin educación previa y antes de tiempo, desde
*' Pseudo-Lisis, Pythagoreor. ep. 3 (=HERcher, Epistol. 601-603,
sobre todo 603, 2 ss.).
894 Cf. n. 847.
893 Damosiai philosophén escribe Sinesio.
896 Cf. Favorino, Fr. 137 Barig. (Frínico, Ecl. 221).
897 Cf. Sinesio, Dión 52 c ss.
898 Cf. HEStoDO, Trabajos 304; Aristófanes, Avispas 1114; Platón,
República 552 c.
CARTAS
273
un principio se les haya considerado, seguramente por otros
iguales que ellos, dignos de enseñanzas superiores. Es por
todo esto que yo soy, y te pido que lo seas tú, guardián, y
bastante celoso, de los misterios 899 de la filosofía. Que, en 30
efecto, esto es algo que le cuadra a Herculiano, yo ya lo sé;
pero, si tú te has acercado a la filosofía misma de una
manera legítima, debes apartarte de la compañía de ésos que
se han criado fuera de sus dominios y que con sus pretensiones
adulteran la suprema dignidad de aquélla.
Por el dios de la amistad, tu protector900, te lo pido, no
des a leer esta carta a nadie. Pues, si lo haces, esos tipejos 35
aquí esbozados causarán molestia a quienes reconozcan en
sí mismos o en sus amigos las señas de identidad referidas.
A veces, esto de causar molestias es algo que demuestra
valor y se ajusta al carácter de la filosofía, pero sólo cuando
están presentes los interesados: por el contrario, escribir al
respecto parece cosa ruin. Sin embargo, las conversaciones 40
que Sinesio tiene consigo mismo, también las tiene con esa
valiosa alma tuya, la de su único amigo o, más bien, la de su
mejor amigo junto con otros dos. Y es que, para mí al
menos, fuera de esa tríada vuestra901 no hay nada humano
que sea valioso. Añadiéndome también yo, quizá llegue a
completar una tétrada de sagrada amistad. Pero entréguese
a un reverente silencio la naturaleza de esta tétrada902 homó-
nima de aquella otra de los primeros principios. 45
«w Cf. n. 843.
'"o PhiUas theón: cf. Philion en C. 51, 2 s.; 59, 7 s.; 103, 1 y 129, 10.
901 Seguramente, Herculiano, Olimpio (cf. n. 876) e Isidoro de Pelusio
(cf. n. 23 y C. 144, 19 s.).
902 Sobre la teatraktys pitagórica (1+2+3+4), cf. Carmen aureum 47 s.,
etc. (cf., también, n. 869). No parece probable que con archaí se refiera
Sinesio a las cuatro «raíces» o «elementos» de Empédocles, Fr. 6, 1 Diels-
274
SINESIO DE CIRENE
En el cuaderno de los yambos903 he encontrado al final
doce versos escritos como si fuera un único epigrama. Pues
bien, como lógicamente tú también los tendrás, entérate de
que ni forman una unidad ni son de un único autor, sino que
los ocho primeros, escritos con maestría poética, combinada
so con un cierto talante astronómico, son obra de tu amigo, y
los cuatro últimos sólo son propios de una poesía más de
entretenimiento y se trata de una composición antigua. Y
considero que a los ya difuntos es más impío robarles sus
palabras que sus vestidos (lo que se llama profanar tumbas).
«Que pases tu vida sano» 904, aspirando, de un modo puro
55 y respetuoso, a la filosofía. Prometo esperarte hasta el día
veinte de mesori905, después del cual, si Dios quiere, empren-
deré el camino. A ese amigo tan bueno 906 transmítele mis
mejores saludos: que yo lo quiero porque a ti te quiere
mucho.
Kranz (fuego, tierra, aire y agua). Además de la citada tetraktys, podrían
traerse a colación los cuatro eones de Valentín: cf. Ireneo, Contra las
herejías 11,1 (Abismo, Silencio, Intelecto, Verdad: «la primera y principal
tétrada pitagórica, raíz del universo»).
903 En toi tetradídi (cf. n. 879) ton iambeíón: se trata de los dos
epigramas, el primero de cuatro versos (dos dísticos) de Ptolomeo y el
segundo de ocho (cuatro dísticos) del propio Sinesio, incluidos al final del
tratado A Peonio (312 d y 313 b s.). Sobre el sentido del término iambewn,
cf. n. 878.
904 Cf. n. 547.
905 Mes del calendario alejandrino (julio-agosto).
906 Isidoro de Pelusio (cf. n. 901).
CARTAS
275
144
AL MISMO
Desde drene a Alejandría. Posterior a la C. 146
Febamón 907, el que te entrega la carta, es un buen hombre
y amigo mío y está siendo víctima de una injusticia. Por
tanto, lo justo es que le ayudes por todo esto: por mí, por su
carácter y por sus circunstancias. Y que así sea, pues parece
que él confía enormemente en nuestro mutuo afecto. Y es 5
que, necesitado de ti como estaba, ha recurrido a mí con la
seguridad de que, por mediación mía, llegará a ti. Y yo le he
prometido que tendrá a Herculiano por mediación de Sinesio
y que podrá vencer a sus perseguidores por mediación de la
sagrada y honorable persona de Herculiano.
Con respecto al conde 908 (me refiero al que obtuvo el
mando de la milicia de nuestra patria) me habías escrito por 10
medio de Ursicino y me pedías que nos pusiéramos de
acuerdo para que tus amigos, los que tuvieran posibilidad de
hacerlo, les enviaran cartas a aquél y al magistrado ordina-
rio 909 . En aquel momento, es cierto, di por buena tu intención,
pero después rechacé el asunto por estar fuera de lugar,
rendido como me hallaba a merced de la filosofía. Pero 15
ahora mis amigos, tanto civiles como militares, víctimas que
son de injusticias, me están forzando a que consienta en
asumir competencias políticas para las que sé que no he
907 Nombre frecuente en las cartas cristianas griegas del siglo v d. C.
908 Peonio (cf. n. 888).
909 Pros ton ordinárion árchonta: magistrado que se elegía al comienzo
de cada año (cf. Juan Malalas, Chronographia 13).
276
SINESIO DE CIRENE
nacido910, y ellos lo saben tanto como yo. Pero me están
forzando a que, por ellos, haga algo, aun contra mi voluntad.
Pues bien, a ti me remito ahora, si te parece bien que lo
20 haga. Salúdame a tu sagrado compañero, el diácono911, y
que se ejercite para plantarle cara a ese jinete912 rival suyo.
Toda mi familia te manda saludos, incluido también ahora
Isión913, cuyos relatos echabas tú de menos. Éste ha sido el
causante de que, por mi parte, haya habido una indigna y
nada filosófica petición de correspondencia a las autoridades,
después de habérmelo él solicitado tanto personalmente en
nombre de otros muchos, como por medio de unas cartas
25 que me entregó. También éste, por cierto, te va a esperar
hasta el día veinte que ya hemos fijado.
145
AL MISMO
Desde drene a Alejandría, alrededor del 395
Uno de mis esclavos ha huido, pero no uno de los que
heredé de mi padre ni de los que, de una manera u otra, sé
han criado conmigo, pues todos ellos, que han disfrutado de
una educación propia de hombres libres, antes me aman
como a un señor deseable que me temen como a su patrón
910 Esta carta debe ser anterior, por tanto, a la embajada a Constantinopla
del 399.
»" Isidoro de Pelusio (cf. n. 23 y C. 143, 42 y 56 s.).
"2 Olimpio: cf. C. 133, 33 ss., y 140, 50 s.
Cf. C. 99, 19 ss.
CARTAS
277
legal. Ha sido Filoromo (que así se llama el fugitivo), que 5
era un esclavo de mi sobrina, la hija de Amelio914, y que
pasó a ser mío por mediación de ella. Criado fuera de toda
norma y sin disciplina, no ha podido soportar un régimen
filosófico y espartano, y ahora, tras encontrar en sustitución
mía, a un amo alejandrino, está recorriendo Egipto con él.
Se trata de un tal Harpocración, que es guardia de la escolta
de Heracliano 915 y que tiene el cargo de «auxiliar del auxiliar» 10
(que así se cree que debe traducirse el término subadiuva)916.
Con él está Filoromo. Yo, desde luego, al menos por mi
parte, lo habría dejado ir con viento fresco, pues ¿qué lógica
hay en que el peor no eche en falta a los mejores y que, sin
embargo, quienes se reconocen mejores echen en falta al que
es peor? Pero el caso es que el alma de este miserable aún no 15
obedece tanto a la filosofía como para desdeñar a la gente
malquista y me ha instado a que envíe a algunos para que lo
traigan de nuevo a su presencia. Este servicio lo ha empren-
dido voluntariamente mi compañero Aitales y yo lo he
enviado confiando en que Dios lo guíe y prometiéndole
también una ayuda humana, la tuya. Ojalá esta carta se te 20
entregue. Lo que ocurra a partir de ahora, dado que ya
conoces el asunto, será cosa de Dios, de tu propia persona y
de Aitales.
914 Cf. C. 58, 3 y n. 305.
915 Heracliano fue comes Aegypti: cf. Cod. Theod. XI 24, 3 (30 de
septiembre del 395).
916 Táxin echón boethoi boethem: «que tiene la función de auxiliar al
auxiliar». El soubadíouba, lat. subadiuva, parece que era, por tanto, un
segundo asistente del tnagister officiorum (que era uno de los cargos más
importantes, algo así como un «ministro del interior»).
278
SINESIO DE CIRENE
146
AL MISMO
Desde drene a Alejandría. Anterior a la C. 144
Deseaba fortalecer tu sagrada alma a base de censurar
por medio de cartas lo vehemente de tu insistencia en man-
tener contacto conmigo, pero lo cierto es que mucho antes,
por ese hechizo917 que inunda tus cartas, yo mismo me
debilité, de modo que lo que soy ahora es justo lo que antes
5 criticaba que fueras tú. ¿Será entonces, el admirable 918 Her-
culiano el causante de grandes beneficios para mí al dejar así
a mi alma pendiente de él, tras hacerla bajar del alto trono
de la filosofía? Pienso yo que si los poetas maldicen a las
Sirenas no es por otro motivo sino porque atraen con la
ío dulzura de su voz a quien se fía de ellas y, luego, lo aniquilan.
He oído a cierto erudito919 explicar alegóricamente esta
leyenda: lo que se adivina detrás de las Sirenas es el ansia de
placeres, que van aniquilando poco a poco a quienes se han
rendido y se han visto embrujados por sus deleites. ¿Qué les
falta, entonces, para ser Sirenas a esos placeres originados
por tus cartas, por obra de las cuales yo abandono todo
15 pensamiento grave y paso a pertenecerle por completo a
Herculiano? Dios está de testigo de que no es una costumbre
propia de la práctica epistolar920 la que ha hecho que yo
917 Cf. Sinesio, Sueñ. 132 c y n. 22 ad loe.
"8 Cf. n. 297.
919 Heráclito, Alegorías de Homero 70; Clemente de Alejandría,
Protr. 12 (I 83, 9 ss. StAhlin).
920 Advierte Garzya (ed. 1989, pág. 352 s., n. 2) que en la carta privada
literaria, sobre todo en esta época, prima el deseo de la relación afectuosa
CARTAS
279
hable de esto y no de otra cosa, sólo para tener un tema del
que escribir. No, lo que ocurre es que, de las cartas que me
fueron entregadas por Ursicino (eran tres), la que tenía una
extensión intermedia me produjo, me infundió una viva
impresión en el alma y estoy tan abrumado por las lisonjas 20
de tu escrito que hasta siento vergüenza.
Tu hermano Ciro debía traerme una carta tuya acerca de
lo que me diste a conocer respecto al conde de la Pentápo-
lis 921 . Te estoy agradecido por tu intención de recomendarme
ante él, pero se te pasó por alto que mi empeño lo pongo en
filosofar y menosprecio cualquier honor si no está relacionado 25
con la filosofía. Lo cierto es que, gracias a Dios, no necesito
nada, pues ni cometo ni sufro injusticia. A aquél, sin duda,
le correpondía hacer algo en favor mío, pero no me corres-
ponde a mí pedírselo. Y, en efecto, si había necesidad de
recabar unas cartas de recomendación, se debía haber exigido
que me llegaran a mí922 (pues, de esta forma, se me habría
honrado) y no a otro en favor mío. 30
«Que pases tu vida sano»923, con serenidad de espíritu,
siguiendo de la manera más integra los pasos de la filosofía.
Dios es testigo de que todos los miembros de mi familia por
igual, niños, ancianos y mujeres, te saludan. Pero quizá tú
les tengas ojeriza a las mujeres, aunque sus sentimientos
hacia ti sean de amistad. Mira qué es lo que has hecho:
cuando yo estaba ya en camino me agarraste con fuerza y así
me retienes. Es verdad, entonces, que los egipcios eran unos 35
con el amigo lejano sobre el hecho de que exista o no necesidad real de una
correspondencia escrita.
921 Peonio (cf. n. 888).
922 Para entregarlas él mismo, que era el interesado, como ocurre con
Geroncio, por ejemplo, en C. 82 y 84-86.
923 Cf. n. 547 (y C. 142, 13).
280
SINESIO DE CIRENE
brujos y que Homero no miente en todo m, desde el momento
en que tú mismo me envías de Egipto unas cartas llenas de
hechizos 92S. A Helena, de cierto, el brebaje para olvidar sus
cuitas «se lo proporcionó Polidamna, esposa de Ton» 926:
4o pero a ti, ¿quién te ha dado ese dañoso veneno con el que
untaste tu carta antes de enviármela?
147
A JUAN 927
Desde Ptolemaida a un monasterio, alrededor del 408
Creo que eres más feliz de lo que uno puede desear tú
que, después de dejarnos a nosotros, pobres mortales,
vagando por entre la tiniebla en la pradera de Atem
y envueltos en cuitas terrenales, te alzaste por encima de
5 ellas y, a pesar de que aún te encontrabas en este mundo de
aquí, fuiste capaz de alejarte de él y alcanzar una vida
bienaventurada. A no ser, claro está, que Gano, que es
924 Expresión proverbial: cf. ya Solón, Fr. 21 Adrados (y Corp.
Paroem. Graec. II 128, 13, donde hay que añadir Ps. -Platón, De lo justo
374 b, como se advierte en ed. Garzya, 1979, pág. 258, n. ad loe.).
925 Cf. n. 917.
926 Od. IV 227 s. (y //. XXII 83; Alceo, Fr. 346, 3 Lobel-Page).
927 No puede identificársele con ninguno de los personajes de este
mismo nombre que han aparecido en el epistolario.
928 Empédocles, Fr. 121, 4 Diels-Kranz; cf. Sinesio, Egipc. 89 d y
Jerocles, In carm. aur. 54 ss.
CARTAS
281
amigo tuyo, al hablarme de ti y contarme tus cosas, crea que
lo que debe hacer es mentirme en algún detalle: ¡que el
afecto es un tremendo encubridor de la verdad! Lo cierto es
que este Gano nos comunicó que llevabas vida monástica y
que tu único motivo para venir a la ciudad 929 eran los libros,
y sólo los de contenido tocante a la teología. Afirma también
que tienes puesto el capotillo oscuro 930: no hubiera sido peor
de haber sido blanco, pues a una naturaleza de lo más
reluciente mejor le sentaría lo que es puro y luminoso a la
vista. Pero, si has aprobado el negro por emular a alguno de
los que te precedieron, también apruebo yo todo lo que se
realice por voluntad divina. Y es que la sola razón por la
que algo se realiza le da a su ejecutor la prueba de estar
obrando correctamente y la intención sin más ya tiene mérito.
Te felicito, pues, por haber alcanzado ese fin a cuya puerta,
desde hace tiempo y con mucha fatiga, me esfuerzo en
llamar. Tú súmate a mis ruegos para que yo alguna vez
pueda llegar y obtenga algún provecho de esos afanes que
nacen de la filosofía. ¡Así mi existencia no la habré consu-
mido yo inútilmente entre los libros! «Que pases tu vida
sano» en medio de la dicha931, admirable932 amigo.
929 Eis ten pólin: Constantinopla. Recuérdese que de eis ten pólin
derivará posteriormente el nombre Istanbul (Estambul).
930 El tribénion oscuro era de los monjes y el blanco de los filósofos: cf.
C. 154, 3 (tríbon).
931 Cf. C. 97, 8 y n. 547.
932 Cf. 297.
282
SINESIO DE CIRENE
148
A OLIMPIO 933
Desde su finca a Seleucia, en el 402-403
Falté a mi obligación de pagar los impuestos. ¿Y qué
podía hacer si ninguno de los griegos que se han asentado en
Libia quería mandar cargueros a vuestro mar 934? También a
ti te eximo de la contribución, que tampoco los sirios se
5 preocupan de arribar a los fondeaderos cireneos. E incluso
si esto ocurre alguna vez, se me podría pasar por alto, pues
no vivo cerca del mar ni vengo al puerto con frecuencia, sino
que habito en el extremo meridional de la Cirenaica935 y mis
vecinos son hombres como los que Odiseo trataba de encon-
trar cuando, después de llegar a ítaca, cogió el gobernalle
para conjurar la ira de Posidón de acuerdo con el oráculo:
10 ... unos hombres que no conocen el mar,
ni comen comida aderezada con sal9%.
Y no creas que es hablar por hablar esto de que ni
siquiera para la sal se interesan por el mar, ni pienses que,
por ello, comen sin sal la carne y todp lo que cuecen.
933 «L'Épitre 148, entre autres, est une piece d'anthologie, un modele
d'ecphrasis» (Lacombrade, ed. Himnos, pág. XXXV). Parece que Sinesio
tiene muy presente en toda esta carta el Euboico (Discursos VII) de Dión
de Prusa.
934 El llamado Mare Syriacum.
935 Cf. Sinesio, H. I SI ss. (y C. 114, 9). Para la expresión, que es
proverbial, cf. ya Od. I 23, y Corp. Paroem. Graec. I 411, 12.
936 Od. XI 122 s. (ycf. 119-125).
CARTAS
283
Tenemos, «¡por la sagrada Hestia»! 937 , tenemos sal de tierra 15
firme, sólo con recorrer hacia el sur una distancia menor de
la que, hacia el norte, nos separa del mar. La llamamos sal
de Amón 938. La produce y la oculta una piedra arenosa y,
cuando quitas esta especie de costra superpuesta, es fácil
remover el fondo con las manos o con azadas. Lo que se 20
extrae es una sal que es grata a la vista y al paladar. Pero de
ningún modo creas que es una ordinariez propia de charlatán
el explicarte los detalles de nuestra sal indígena: en mí, que
soy hombre de campo, no hay sitio para la vanidad.
Lo cierto es que tú me exiges que te informe de todo lo
que ocurre cerca de mí y que me concierne. Tendrás, por 25
tanto, que soportar una carta que hable por los codos para,
así, pagar la pena de tu intempestiva curiosidad. Aquello
que se produce lejos del entorno de uno es además difícil de
creer. Desde luego no es cosa sin importancia convencer a
un sirio de la existencia de una sal que se obtiene en tierra,
porque también yo aquí tengo problemas para responder
cuando se me pregunta acerca de naves, de velas y del mar.
Ya sabes que en cierta ocasión, cuando estudiaba filosofía
contigo 939, me puse a contemplar esto precisamente, el mar 30
y la gran laguna, profunda940, entre Faro y Canobo941. Una
937 ANTfFANES, Fr. 183 Kassel-Austin.
938 Sal gema: cf., por ejemplo, Dioscórides, De materia medica V 109;
Arriano, Anábasis III 4, 3.
939 En Alejandría, con su maestra Hipatia.
940 La laguna Mareótide. Por «profunda» traducimos lamyrán (lectura
de los manuscritos corregida por Pétau en halmyrán, «salada»); Garzya
traduce «...il gran lago, cosí vasto»: cf., al respecto, la información del
aparato crítico en ed. Garzya, 1979, pág. 261.
941 Canobo, Canopo o Canope (hoy Abu Kir), en la desembocadura
más occidental del Nilo (el brazo canópíco), era célebre por su templo de
Sarapis.
284
SINESIO DE CIRENE
nave estaba siendo remolcada, esta otra se dejaba llevar por
el viento y aquélla por los remos, y vosotros, por cierto, os
reíais de que yo la hubiera comparado con un ciempiés. La
disposición de ánimo de esta gente es la misma que la
35 nuestra cuando oímos hablar de las cosas de allende Tule942,
sea la que sea esta Tule que les da a quienes por allí han
pasado la posibilidad de mentir sin que nadie les pida cuentas
ni los refute. Pero los de aquí, al menos, aun en el caso de
que alguna vez admitan lo que se les dice respecto a las
naves o decidan reírse de todo ello, lo que por supuesto no
creen en absoluto es que el mar pueda proveer de alimentos
a los hombres, pues consideran que este privilegio sólo lo
40 tiene la madre tierra.
Yo, en cierta ocasión en que éstos con ademanes negaban
todo lo referente a los peces, cogí una vasija de arcilla, la
estrellé contra una piedra y les mostré lo que en abundancia
contenía: pescado de Egipto en salmuera. Dijeron ellos que
eran cuerpos de serpientes venenosas y, de un salto, se
45 dieron a la huida, sospechando que aquellas espinas no eran
menos nocivas que la ponzoña de los dientes viperinos. Uno
que era el más anciano y, al parecer, el más dotado de
inteligencia dijo que, desde luego, difícilmente se podía creer
que en el agua salada se produjera algo bueno y comestible,
dado que los manantiales de arroyos sanos y potables no
crían sino ranas y sanguijuelas, que ni siquiera un loco
so probaría.
942 Puede que Sinesio haya conocido Las cosas increíbles de allende
Tule de Antonio Diógenes. Tule era el límite septentrional del mundo, al
norte de las Islas Británicas (quizá Islandia o una de las Shetland).
CARTAS
285
Y lo que lógicamente ocurre es que ignoran todo esto.
Pues de noche no los despierta el oleaje encrespado 943
del mar, sino los relinchos de los caballos, el balido de las
cabras y las ovejas, el mugido del toro y, al caer los primeros
rayos del sol, el zumbido de las abejas, que, en cuanto al 55
deleite que produce, no le va a la zaga a música alguna.
Mira, ¿no te parece que estoy describiendo Agémaco 944, esta
finca en la que habito lejos de la ciudad, de los caminos, del
comercio y de los caracteres volubles? Aquí tengo tiempo
para filosofar y no lo tengo para hacer el mal. Entre todos
nosotros todas las reuniones son de amigos, relacionados 60
como estamos por la agricultura, los pastores, los rebaños y
la caza, en toda la variedad que se da en esta tierra (pues
para nosotros y para nuestros caballos la costumbre es no
obtener el alimento sin sudar). Desayunamos gachas, deli-
ciosísimas para comer y para beber, como las que le preparó
a Néstor Hecamede 945. Después de la dura fatiga esta mezcla
es nuestro lenitivo en la época estival. Pero además tenemos 65
tortas de trigo, frutos comestibles, unos cultivados y otros
silvestres, todos productos del país, también jugos de nuestra
excelente tierra, miel de abeja y leche de cabra (pues no
acostumbramos a ordeñar vacas). Y no contribuye menos a
la opulencia de nuestras mesas la caza con perros y caballos, 70
a la que no sé por qué Homero no calificó de «glorificadora
de hombres»946; ni tampoco sé por qué no dijo que esos
943 Fragmento de procedencia desconocida.
944 Propiedad de Sinesio cerca de Ficunte.
945 Cf. //. XI 624 (631 y 640).
946 Cf. //. I 490 («la asamblea glorificadora de hombres»), IV 225 («la
batalla glorificadora...»), etc.
286
SINESIO DE C1RENE
hombres que se dedicaban a ella eran «muy distinguidos» 947,
mientras que sí honró con este elogioso título a la asamblea,
que no produce más que homúnculos desvergonzados y muy
perversos, que nada saben de integridad sino sólo de ultrajes
75 y de tramar maldades. De éstos nos reímos también nosotros
siempre que se encuentran bajo nuestro propio techo, pues
el pelo se les eriza, fíjate, ante la carne de cacería recién
salida del horno. ¿Qué digo? ¿De cacería? Antes probarían el
veneno que una de nuestras comidas. Exigen, sin embargo,
so el vino más suave, la miel más densa, el aceite más refinado
y el trigo de mayor peso948, y ponderan sus respectivas
patrias: Chipre, un tal Himeto, Fenicia y el país bárbaro 949.
Nuestra tierra, aun quedando por debajo de éstas exclu-
sivamente en el producto señero de cada una de ellas, las
sobrepuja en todos los demás. O sea, tiene la preeminencia
del segundo puesto: también Peleo y Temístocles lo obtuvie-
85 ron y, en todo y por todo, fueron proclamados los mejores
de entre los griegos950. Y, en cualquier caso, aun admitiendo
que la miel de aquí sea peor que la del Himeto, es tal su
calidad que, cuando la hay, no se echa en falta el producto
extranjero. Con seguridad nuestro aceite es excelente, siempre
que la apreciación no dependa de jueces viciados. Y es que
»' Cf. //. IX 441, Od. VIII 390.
948 Para esta característica del trigo, cf. Plinio el Viejo, Historia natural
XVIII 12.
949 Chipre sigue produciendo y exportando un vino excelente. Para el
Himeto, cf. n. 839. Fenicia y Mauritania se llevaban la palma, respectivamente,
en la producción de aceite y grano. El término bárbaroi aquí, como en otros
lugares, se refiere a los habitantes de Mauritania y de África en general:
cf. ed. Garzya, 1979, pág. 264, n. ad loe, y ed. 1989, pág. 362, n. 14.
950 Para Peleo, cf. Píndaro, ístmicas VIII 27 ss., o Apolonio Romo,
IV 790 ss. Para Temístocles, cf. Heródoto, VIH 123 o Plutarco, Temís-
tocles 17.
CARTAS
287
éstos lo ponen en los platillos para medir su calidad por la
inclinación de la balanza, y al de menor peso lo consideran
de clase superior. Nosotros, por el contrario, no fabricamos
balanzas para el aceite, pero afirmamos que, si tuviéramos
que hacerlo, lo natural sería preferir el que más pesa. Sin
duda, ese aceite suyo, extraordinario y caro, por su nula
consistencia no es capaz de alimentar ni la llama de una
mecha, mientras que el de nuestra tierra, por ser tan fuerte
puede provocar todo un incendio y, cuando hay necesidad
de una lámpara, produce una luz artificial como la del día.
Es bueno para hacer engordar la masa y bueno para nutrir
los músculos de los gimnastas.
En nuestra región también contamos con una música
incomparable. Los agemaquetas tienen una pequeña lira
pastoril, muy sencilla y de fabricación propia, que posee un
sonido agradable y moderadamente viril, muy apta para
educar a los niños de la ciudad de Platón951. Lo cierto es que
no da todas las notas, ni está perfeccionada para adecuarse
a cada tono; son los que cantan quienes se avienen a la
simplicidad de sus cuerdas, pues no interpretan temas dema-
siado melódicos. Entre nosotros ya es algo hermoso para
una canción el elogio de un carnero semental o un perro
rabicorto que recibe elogios, y lo creo justo, por no temer a
las hienas y por hacer presa en la garganta de los lobos. Y no
menos resulta ser el cazador motivo de canto, ése que lléva
la paz a los pastos y nos regala con un espléndido festín de
carne. Tampoco es indigna de la lira la oveja que pare dos
crías 952 y alimenta a más corderos que años tiene. Y con
frecuencia entonamos himnos a la higuera y a la vid. Pero
951 Cf. Platón, República 399 d.
952 Cf. Aristóteles, Investigación sobre los animales 573 b 19 s. y 32.
288
SINESIO DE CIRENE
nada nos importa tanto como las súplicas, cualesquiera que
sean: cantamos además para pedir por el bien de los hombres,
las plantas y los rebaños.
115 También cuentas con esos antiguos cantos de estaciones
que existen entre nosotros y son patrimonio de la gente
pobre. El emperador, los amigos del emperador y los vaivenes
del destino, cosas de las que oímos hablar cuando estamos
reunidos, son simples nombres que, como llamas, se elevan
hasta las cumbres de la gloria y se extinguen: aquí todo eso
se silencia de una manera conveniente y a nuestros oídos no
120 los inquietan tales asuntos. Pues, que siempre hay un empe-
rador, eso es algo que quizá sepan todos con absoluta claridad
(de hecho se lo recuerdan cada año los recaudadores de
impuestos), pero quién es él, eso ya no está tan claro: que
entre nosotros hay quienes piensan que hasta hoy día sigue
reinando Agamenón, el Atrida, el que estuvo en Troya,
125 aquel varón ejemplar, pues desde niños éste es el nombre que
entre nosotros se ha transmitido como propiamente imperial.
También a Odiseo, un amigo de éste, lo mencionan nuestros
buenos pastores: un hombre calvo 953, pero hábil en tratar
cualquier asunto y en encontrar salida en medio de las
130 dificultades934. Se ríen sin reparos cuando hablan de él,
creyendo que al Ciclope lo dejaron ciego el año pasado y
que debajo del carnero salió el vejete, mientras aquel maldito
montaba guardia en la puerta pensando que el julo del
rebaño iba a la cola no por el peso de la carga que llevaba,
sino por su pesadumbre ante la desgracia del amo 955 .
«3 Qd. XVIII 354 s.
954 Cf. Esquilo, Prometeo 59 (y cf., por ejemplo, Sinesio, Elogio de ¡a
calvicie 67 a ss., cap. 5).
955 Cf. Od. IX 382 s., 433 s. Intentamos reproducir el juego de palabras
de la línea 133: achthómenon... synachthómenon.
CARTAS
289
Por medio de esta carta has estado un poco con nosotros
en espíritu. Has contemplado el campo, has visto la sencillez
de nuestra forma de vida. Dirás que es como la existencia 135
en tiempos de Noé, antes de que la justicia quedara esclavi-
zada.
149
AL MISMO
Aunque estés ausente, siempre te hallas conmigo en el
recuerdo. Y es que, aun en el caso de que lo quisiera firme-
mente, no puedo olvidarme de tu dulcísima alma y de tus
más que íntegras costumbres, hermano mío admirable en
todo 956. Pues nada podría ser más sagrado para mí que 5
abrazar de nuevo tu venerable957 persona. ¡Ojalá Dios me lo
conceda algún día! ¡Ojalá pueda verte y escuchar el gratísimo
eco de tus palabras! Sí, me has colmado de alegría con lo
que me has enviado (por cierto, lo he recibido todo), pero
mayor aún ha sido la pena que me has hecho sentir, porque
ahora mi único pensamiento es qué compañero he perdido
aun estando él vivo y yo también. Así que, ¡ojalá algún día
llegue el momento de nuestro reencuentro y Dios me depare 10
esta felicidad!
956 Recuérdese que la carta está dirigida a Olimpio. Adelphé, por tanto,
se utiliza como calificativo afectuoso (y cf. n. 297).
95' Sebasmían: cf. n. 383.
205. -19
290
SINESIO DE CIRENE
150
A PILÉMENES
Desde drene a Heraclea. Posterior a la C. 134 y a la 151
Hasta tu Heraclea ha oído hablar, creo yo, de este Ale-
jandro 958 que vive entre nosotros dedicado a la filosofía, un
hombre que por todas partes pasa con buena reputación.
Mudo es el hombre que no cubre a Heracles de palabras de
gloria959.
5 Su hijo, mi sobrino, te entregará esta carta: su pretensión
es emular a su padre no en el vestido sino en el espíritu. Es
así que está dispuesto a lanzarse contra unos malvados para,
a la manera de Heracles, dejar su ciudad limpia de todos
ellos. Tenía, pues, necesidad de Dios y de un Heracles, pero
no sólo de éstos, sino también de un Yolao que fuera su
aliado y su adlátere 960. A Dios, sin duda, se lo va a ganar con
10 los medios a su alcance: lo atraerá con una vida llena de
virtud y un espíritu piadoso. Es tu amistad, para que haga
las veces de Yolao, la que quiero procurarle por medio de
esta carta. Te comportarás con él lo mismo que conmigo. Y
si tratas a este joven como a un amigo, no podrás decir en
15 absoluto que soy un vil adulador961.
958 Cf. C. 46, 2.
939 Píndaro, Pítieas IX 87.
960 Cf. Hesíodo, Teogonia 316 ss., Escudo 74.
961 Cf. C. 82, 5 (y n. 492).
CARTAS
291
151
AL MISMO
Desde drene a Heraclea. Entre la C. 134 y la 150
¿Sigues dedicado, para mi dicha, a la filosofía? ¿Eres aún
aquel Pilémenes, que yo dejé, aquella alma recién iniciada962,
aquella semilla963 divina? Tengo miedo de todo el tiempo
que ha pasado desde aquel nacimiento 964 tuyo y más miedo
aún de que frecuentes tanto el ágora y de que te veas
envuelto en tal cantidad ya de sucesos y asuntos, no vaya a
ser que esto manche tu santísimo templo, tu sagrado intelec- 5
to, uno de los pocos a los que yo considero los más dignos
receptáculos de Dios. Bien sé que, antaño, elevé mis ruegos
por poder celebrar contigo los misterios 965 de la filosofía;
pero lo cierto es que luego, como tuvo más fuerza el amor a
tu patria966, rogué que, dondequiera que estuvieses, cultivaras
la filosofía dentro de tus posibilidades. Así pues, saludo 10
cariñosamente a tu querida persona, una y mil veces la
saludo yo cariñosamente, callado o hablando, escribiendo o
sin escribir.
562 Neotelés: neófita en la filosofía (cf. n. 965). El término, a partir del
siglo IV, designó a los recién bautizados y, en general, a los convertidos al
cristianismo.
563 Cf. C. 101, 33, n. 578.
9S4 En vez de la lectura tes apogenéseós, que recoge el texto de Garzya
(quien traduce: «Temo il tempo ch'é trascorso da quello sboccio», frente a
la interpretación «Abreise» de Fritz), la mayoría de los códices presentan
ton apb genéseós, que hemos preferido para nuestra traducción. Entendemos
que Sinesio se refiere al nacimiento de Pilémenes a la filosofía.
965 Sinesio emplea el término synorgiásai en consonancia con el neote-
lés de la línea 2 (n. 962).
966 Cf. C. 103, 1 ss.
292
SINESIO DE CIRENE
152
AL MISMO
Imagínate que yo estoy abrazando a Pilémenes, alma
con alma. Me faltan palabras con las que expresar qué
grande es el deseo de mi corazón; es más, ni siquiera puedo
averiguar qué sentimiento es éste que por ti abriga mi alma.
5 Hubo un hombre ducho en temas amorosos967, Platón el
ateniense, el hijo de Aristón, maestro en explicar, diestro en
indagar968 la naturaleza del amante, y también lo que éste
desea que haya entre él y su amado969. Aquél es, entonces,
quien debe tenerlo indagado y explicado en mi nombre. Lo
que desearía el amante, afirma él, es fundirse por el arte de
10 Hefesto y soldarse y que los dos se hicieran uno 97°.
153
AL MISMO
En todo el año me llega una sola carta tuya, como si
fuera el retorno de las estaciones el que me la trae. Pero lo
cierto es que quizá sea para mí este fruto más gustoso qué él
967 Cf. Platón, Banquete 193 e.
968 Intentamos reflejar en la traducción el paralelismo y la paronomasia
del original: eúkolos eipein eúporos heuréín (y cf. la línea 8: exeurekds...
eirékós).
969 «I suoi sentimenti e desideri circa l'amato» (Garzya).
9'° Cf. C. 140, 6, y n. 866.
CARTAS
293
que producen el ciclo de los meses y los agricultores con su
trabajo, y tú no estarías haciendo lo que debes si me privaras
de la alegría que gracias a ella siento. ¡Venga! Cambia de 5
forma de pensar y haz que yo tenga, al menos este año, una
buena cosecha de cartas.
154
A LA FILÓSOFA
Desde drene a Alejandría, en el 405
Este año he dado a luz dos libros: uno promovido por
Dios y el otro por la crítica de los hombres971. Y es que
algunos de los de capas blancas y también de los de oscuras 972
afirmaron que yo pecaba contra las leyes de la filosofía por
prestarle atención a la belleza del estilo y a la cadencia, y por
mi pretensión de decir algo de Homero y acerca de 5
las figuras retóricas: su idea es que el filósofo debe odiar la
literatura973 y ocuparse tan sólo de los temas divinos. Éstos
sí han llegado a ser contempladores de lo inteligible; a mí no
me es lícito, porque algo del ocio de mi vida lo destino a
depurar mi lengua y a que mis ideas resulten más agradables. 10
971 Respectivamente, sus tratados Sobre los sueños y Dión o sobre su
norma de vida. Sinesio le envía a su maestra una copia, una proékdosis (cf.
líneas 83 ss.), para que le dé su opinión.
972 Cf. C. 147, 10 ss., n. 930.
973 Debe ser un misólogos, alguien que odia las letras y la cultura
literaria (y no ya la dialéctica como en Platón, Laques 188 c). Para el
philólogos, cf. Sinesio, Dión 43 b.
294
SINESIO DE CIRENE
Me acusaron de servir sólo para componer puerilidades,
empujados por el hecho de que las Cinegéticas m, que no sé
cómo se esfumaron de mi casa, atrajeron extraordinariamente
a algunos jóvenes cuyo interés estaba puesto en ese encanto
propio del más puro helenismo m, y también empujados por
ciertas creaciones poéticas 976 muy cuidadas que evidenciaban
15 algo de esa «mano antigua», como solemos decir de las
estatuas.
Pero, de todos ésos que me acusan, los unos, cuya igno-
rancia es la guía de su atrevimiento 977, están siempre dis-
puestos, y más que nadie, a discutir sobre la divinidad (si te
encuentras con alguno de ellos, escucharás de inmediato los
20 silogismos menos silogísticos) y a quienes nada de esto nece-
sitan los inundan de palabrería, cosa que para ellos, creo yo,
es de particular importancia. Y es que de esa gente salen los
demagogos 978 que hay en nuestras ciudades, que es lo mismo
que decir «el cuerno de Amaltea» 979, algo que ellos, por
cierto, piensan que debe estar a su servicio. Sospecho que
reconocerás fácilmente a esta ralea, que desacredita un pro-
974 Cf. C. 101, 9, n. 569.
975 En el original Hellenismoü te kai cháritos. Por Hellenismós debe
entenderse el uso correcto de la lengua griega, el estilo griego puro o
también, en general, la cultural griega: cf. W. Jaeger, Early Christianity
and Greek Paideia= Cristianismo primitivo y paideia griega (trad. E. C.
Frost), México, 1965, pág. 13 s., n. 6.
976 Puede que Sinesio se refiera a composiciones juveniles de carácter
ligero (quizá anacreóntico: cf., asimismo, H. IX 2 s.).
977 Cf. C. 143, 23 s., n. 897.
978 Demodidáskaloi (término que sólo aparece en Sinesio): aquellos
que pretenden instruir al pueblo.
979 De la cabra Amaltea o «cuerno de la abundancia». La expresión se
convirtió en proverbial: cf. Focf lides, Fr. 7, 2 Adrados; Anacreonte,
Fr. 361 Lobel-Page; y Corp. Paroem. Graec. I 8, 9. s., 44 s.
CARTAS
295
pósito noble en sí mismo. Pretenden que yo me convierta en
discípulo suyo y aseguran que, en breve, revelaré cosas 25
acerca de Dios con la mayor desenvoltura y que seré capaz
de hablar días y noches seguidos.
Los otros, los de mejor apariencia, son unos sofistas
mucho más malhadados aún que los anteriores y lo que
desearían es tener la misma buena reputación, pero por 30
suerte para ellos ni siquiera son capaces de esto. Ya sabes tú
que algunos, por habérseles dejado desnudos en las oficinas
de impuestos980 o a consecuencia de una calamidad cual-
quiera, se ven inducidos, en el mediodía de su vida, a la
actividad filosófica, pero sin hacer otra cosa que jurar por
los dioses, por sí o por no, a la manera platónica: se les
anticiparía hasta su misma sombra a la hora de expresarse 35
como es debido. Y, sin embargo, su presunción es tremenda.
Sí, las cejas las llevan arqueadas, ¡uf, cómo las levantan!, en
la mano apoyan el mentón y, en todo lo demás, adoptan un
porte más majestuoso que las estatuas de Jenócrates981.
Éstos también pretenden imponer la ley que más les conviene,
la de que nadie que posea algún conocimiento valioso lo
haga patente, porque creen que los deja en evidencia cual-
quiera que sea filósofo y, además, sepa expresarse, conven- 40
cidos como están de que deberían esconderse bajo la máscara
de su presunción y aparentar que por dentro se hallan
repletos de sabiduría.
Estos son los dos grupos que me han acusado de haberles
prestado atención a cosas que no la merecen: los unos,
980 Logistérion: «tribunale tributario» (Garzya: cf. ed. 1989, pág. 372,
n. 6).
981 Cf. Diógenes Laercio, IV 6; Plutarco, Deberes del matrimonio
141 f.
296
SINESIO DE CIRENE
45 porque no parloteo como ellos; los otros, porque no tengo
cerrada la boca y no pongo, como dijo aquél, «un buey
sobre mi lengua» 982. Contra éstos escribí yo mi tratado 983 y
me opuse a la locuacidad de unos y al silencio de los otros.
En realidad, está dirigido, propiamente, contra éstos que se
callan y son unos envidiosos (de una forma muy adecuada^
¿no crees?), pero, sin embargo, ha encontrado la manera de
so arrastrar en su crítica también a aquellos otros 9S4. Y quiere
ser no menos una demostración que un elogio de la gran
sabiduría985. Y es que no sólo negué bajo juramento sus
acusaciones, sino que, para atribularlos aún más, no he
dejado de vanagloriarme. Cuando la obra pasa a examinar
qué género de vida debe elegirse, alaba entonces a la filosofía
como la elección más filosófica986: de qué tipo hay que
pensar que ésta debe ser, de eso podrás enterarte por el
55 libro. Al final se ha hecho también una defensa de mis
cajitas, porque también ellas han cargado con una acusación,
la de guardar libros no corregidos 987. ¡Que ni siquiera de eso
se han abstenido estos Telquines 988!
Si cada cosa está en el lugar que le corresponde, si todo
60 aparece en su momento oportuno, si el punto de partida es
el justo en cada uno de los temas previstos, y si el tratado se
982 Cf. Teoonis, 815; Esquilo, Agamenón 36 s. Esta expresión también
se hizo proverbial: Corp. Paroem. Graec. I 51, 25; II 332, 6.
983 El Dión: cf. n. 971.
984 Cf., por ejemplo, Dión 45 d ss. y 54 b ss. (caps. 7 y 12 ss.).
985 Polymatheias: «dell'alta cultura» (Garzya). Cf. ibid. 41d ss,
986 PMosophian... philosophótáten: Sinesio juega con el sentido etimo-
lógico del término («la elección más amante de la sabiduría»).
987 Cf. Dión 59 d (y ed. Garzya, 1989, pág. 708, n. 98).
988 Los calumniadores por antonomasia, a partir de Calímaco, Fr. 1 1
Pfeiffer.
CARTAS
297
divide en más capítulos, como esa divina obra, el Fedro, que
Platón dio a luz y que trata sobre todas las formas de la
belleza en conjunto; y si se ha procurado además que todo
converja en el único objetivo propuesto, si bajo esa relajada
exposición ha venido acaso a deslizarse una garantía de 65
credibilidad, y si de esa garantía se ha seguido, como ocurre
en tales casos, una prueba y también el resultado, todos
éstos serían dones del arte y de la naturaleza. A cualquiera
que esté ejercitado en descubrir algo y hasta un divino
semblante oculto bajo una apariencia muy vil (tal como
hacían en Atenas los artistas, al encerrar a Afrodita o a las 70
Gracias 989 o a otras diosas de similar belleza dentro de
estatuas de Silenos o Sátiros 990), a éste no se le escapará que
mi obra también revela muchas doctrinas sagradas que, sin
embargo, sí se les escaparán a otros bajo la sobrehaz de ser
cosas superfluas y por haber sido introducidas en el discurso
de una manera demasiado casual y podría parecer que in- 75
cluso tosca. Y es que de los enfriamientos que se producen
por causa de la luna son los enfermos de epilepsia los únicos
que se dan cuenta991 y, por su parte, el fulgor de los rebatos
ordenados por el intelecto únicamente lo reciben aquéllos
para quienes, teniendo como tienen sanos sus ojos intelec-
tuales, Dios enciende una luz afín a él m, que es el motivo de
que lo intelectual piense y lo inteligible sea pensado "3. De la 80
misma forma, esta luz de aquí pone en contacto a nuestra
vista con el color y, si suprimes la luz, aun cuando esté
989 Cf. Sinesio, Dión 42 b (y nuestra n. 34 allí).
990 Cf. Platón, Banquete 215 b; Jenofonte, Banquete IV 19.
991 Cf. Galeno, Sobre los días críticos 3.
992 Cf. Platón, República 509 b; JAmblico, Mist. egipc. 1 15, Protréptico
4; y, por ejemplo, Sinesio, H. I 126 ss., 375 s., 593 s.
993 Cf. Sinesio, H.W11 ss.
298
SINESIO DE CIRENE
presente el color, esa facultad que la vista posee en relación
con él queda ineficaz.
Sobre todo esto, pues, aguardaré a que des tu juicio. Si
decides que debe publicarse, la obra saldrá a la vez dirigida
85 a rétores y a filósofos: a unos los deleitará, a los otros les será
provechosa, siempre que no lo hayas tenido que tachar tú
que estás facultada para dar ese juicio. Si te parece que no
es digna de que los griegos le presten oídos y si también tú,
con Aristóteles por cierto, vas a anteponer la verdad a tu
amigo "4, una densa y profunda obscuridad la cubrirá y sus
90 palabras pasarán inadvertidas entre los hombres. Respecto
a la primera baste con lo dicho.
La otra995 fue Dios quien la encargó y examinó: es una
acción de gracias ofrendada a la substancia representativa996.
En ella se ha investigado sobre toda esa alma imaginativa997
y se han discutido algunas otras doctrinas que aún no habían
sido estudiadas por los filósofos griegos. ¿Y para qué exten-
95 derse al respecto? La obra en su totalidad fue compuesta en
una sola noche, o más bien, en lo que quedaba de aquella
noche durante la que tuve el sueño en el que vi que debía
escribirla. Hay pasajes en el tratado, quizá dos o tres, en los
que, como si yo fuera otro, he sido mi propio oyente junto
con los que allí estaban. Incluso ahora, cada vez que me
acerco a mi escrito, me encuentro en un maravilloso estado
de ánimo y, como dice el poema, una voz divina me en-
994 Cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco 1096 a 16 (y Platón, Fedón 91
c).
995 El tratado Sobre los sueños: cf. n. 971.
996 Phantasíikei physei: cf. Sobre los sueños 143 a (y ed. Garzya, 1989,
pág. 29). Sobre la phantasía (facultad representativa) y el phantastikdn
pneüma (espíritu representativo), cf. ibid. 135 b ss. (caps. S y 6).
997 Es decir, «su tutta la parte immaginativa dell'anima» (Garzya).
CARTAS
299
vuelve "8. Si tal sensación es sólo mía o esto podría ocurrirle
a cualquier otro, ya me informarás tú. Que de entre todos
los griegos tú eres, después de mí, la primera que lo va a leer.
Estas obras que te he mandado son de las que aún están
inéditas. Y, para que el número sea perfecto '", he adjuntado
el Sobre el regalo, escrito hace mucho tiempo, con ocasión
de la embajada, y dirigido a un hombre que gozaba de
influencia ante el emperador 100°. Algún provecho sacó tam-
bién la Pentápolis del opúsculo y del regalo.
155
A DOMICIANO ESCOLÁSTICO 1001
Con absoluta claridad, por los hechos mismos, he com-
prendido que tu admirable 1002 persona se alegra al hacer el
bien y desea tender la mano a quienes necesitan ayuda. Es
por esto mismo que acudo a ti, pensando dirigir (y así es el
dicho) «el caballo a la llanura» 1003. Y es ahora, más que
nunca, cuando debes demostrar, querido amigo, tu bondad,
tanto más cuanto más compasión merece ahora la persona
»'8 Cf. //. II 41.
Cf. Plutarco, Charlas de sobremesa 738 f; Ps.-Jámblico, Teología
aritmética 14 De Falco.
1000 El opúsculo A Peonio. Sobre el regalo, escrito en el 399, durante su
embajada en Constantinopla.
1001 El término scholastikós designa ya en el siglo m d. C. al «asesor
legal» y, propiamente, al «abogado» a partir del siglo IV.
1002 Cf. n. 297.
1003 Expresión proverbial ya en Luciano, El pescador 9 (y cf. Platón,
Teeteto 183 d): cf. Corp. Paroem. Graec. l 191, 12 (y II 35, 4 ss.).
300
SINESIO DE CIRENE
que va a beneficiarse de ella. Lo cierto es que se trata de una
mujer, una mujer con la desgracia de ser viuda y de ahí que
10 comparta con su hijo huérfano su sufrimiento. Quién es el
que la ha ofendido, en qué y cómo, de eso ella informará a
tu excelencia'004. Mira, pues, admirable 1005 amigo, cómo
socorrerla: hazlo porque es algo que está bien y que es digno
de ti, y hazlo también por mí. Y es que, además, yo tendré
parte contigo en lo que le ocurra a ésta, que es parienta mía
y ha sido criada entre nosotros de forma virtuosa bajo la
autoridad de una madre honesta.
156
AL MISMO 1006
La justicia necesita aliados y quienes la ayudan podrían
considerarse dichosos por colaborar con aquello que es
recto. Eres tú a quien he elegido como paladín de esta causa,
para que la defiendas con tu prudencia y tu saber hacer. Lo
mío no es sino ser un benefactor para todos los que estén
dentro de mis posibilidades. Dame tú el punto de partida.
Que así conocerás una amistad de la que ni tú vas a tener
queja ni nadie acaso se va a reír.
1004 Kalokagathía se utiliza como tratamiento a partir del siglo IV d. C:
cf., por ejemplo, Eusebio, Historia eclesiástica X 5, 10; Atanasio, Apología
de Constantino 32; O'Callaghan, Cartas..., pág. 37, carta 2, 6.
"»s Cf. n. 297.
ioo6 cf. ia n. 5 ¿e nuestra introducción a las Cartas.
DE SINESIO EL FILÓSOFO
A DIÓSCORO
ANOTACIONES AL LIBRO
DE DEMÓCRITO
INTRODUCCIÓN
De acuerdo con la tradición1, el filósofo Demócrito
viajó por Oriente y fue discípulo de los magos persas y
caldeos2. A través de los siglos perduró la fama de su
erudición, que abarcaba las ciencias ocultas de los sabios
orientales. Así, se le llegaron a atribuir ciertas obras sobre
magia y alquimia3 del «pitagórico» (según Suidas) Bolo de
Mendes (s. III a. C.) 4 y también bajo su nombre (Demócrito
«el mistagogo») circularon algunos tratados del s. IV de
nuestra era sobre esos mismos temas (Physiká kai mystiká),
cuya cremación, junto con la de otros libros similares, fue
ordenada por Diocleciano 5.
1 Atestiguada, por ejemplo, en DiCgenes Laercio, IX 34 s.
2 Clemente de Alejandría (Stromateis I 15, 69) nos da información al
respecto e incluso añade el dato de que Demócrito tradujo «la estela de
Ajicar»: cf. A. DfEz Macho (dir.), Apócrifos del Antiguo Testamento III,
Madrid, 1982, pág. 172.
3 Cf. Demócrito, Fr. 300 Diels-Kranz.
4 Bolo Democriteo o Bolo Demócrito, como él se hacía llamar.
5 Cf. Juan de Antioquía, Fr. 165 Müller (cit. en L. Gil, Censura en
el mundo antiguo, Madrid, 1985, pág. 228, n. 7).
304
SINESIO DE CIRENE
El escrito alquímico fragmentario que aquí presentamos
(Synesíou philosóphou pros Dióskoron eis ten bíblon Dé-
mokrítou, hos en scholíois), de autenticidad discutible, incluye
una introducción y un prólogo en forma de diálogo platónico
entre Sinesio el filósofo6 y Dióscoro (sacerdote de Sarapis
en Alejandría), a quien nuestro autor, supuestamente, dirige
estas líneas en respuesta a una carta. No conservamos las
anotaciones a la obra del Pseudo-Demócrito (esos Physika
kal mystiká ya mencionados) con las que continuaba este
escrito, según las palabras que leemos al final: «Con la
ayuda de Dios empezaré mi comentario».
El texto que, con levísimas variaciones, sigue GARZYA
(ed. 1989, págs. 801-821) y que nosotros traducimos es el de
M. BERTHELOT, Collection des anciens alchimistes grecs,
avec la collaboration de Ch.-EM. Ruelle, II, París, 1887,
págs. 56-69.
6 Con este nombre, «Sinesio el filósofo», se nos han transmitido dos
epigramas de la Antología Planudea, el 76 y el 79 (el 267 de esta misma
colección se le asigna a Sinesio «el escolástico»). El 79 no es sino el
hexámetro que podemos leer en la Carla 75. El 76, de dudosa autenticidad,
consiste también en un solo hexámetro y parece ser una inscripción que se
encontraría al pie de un grupo escultórico):
Los tres Tindáridas, Castor, Helena, Polideuces.
DE SINESIO EL FILÓSOFO A DIÓSCORO
ANOTACIONES AL LIBRO DE DEMÓCRITO
SINOPSIS
Introducción, I-II. — Palabras del filósofo: plantas, métodos,
nomenclatura, sólidos y líquidos, III-V. — La transmutación,
VI. — Los dos catálogos. El mercurio, VII. — El mercurio, VIII-
XI. — Otras substancias, XII-XIV. — Explicación de diversas ex-
presiones anteriores, XV-XVIII.
Sinesio el filósofo, con el beneplácito de Dios, saluda1 a
Dióscoro, sacerdote del gran Sarapis2 en Alejandría.
I. La carta que tú me enviaste acerca del libro del
divino Demócrito3 no la dejé olvidada, sino que me he
1 Con la fórmula usual en las cartas griegas, chaírein («alégrate»).
2 Sarapis o Serapis, dios egipcio identificado con Zeus, Hades, Dioniso
o Asclepio: cf. Plutarco, Sobre Isis y Osiris 361 e ss.
3 Los Physiká km mystiká del Pseüdo-Demócrito mencionados en la
introducción.
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SINESIO DE CIRENE
puesto a prueba a mí mismo con mucho empeño y esfuerzo
y he corrido a contestarte. Pues bien, lo que por el momento
nos proponemos es decir quién era aquel hombre, el filósofo
Demócrito, que vino de Abdera, un naturalista 4 que investigó
todo lo relativo a la naturaleza y escribió sobre la realidad
natural.
Abdera es una ciudad de Tracia y él fue un hombre
cultísimo que vino de allí y en Egipto se inició en los misterios
del gran Ostanes5 en el santuario de Menfis, al igual que
todos los sacerdotes egipcios. De éste tomó Demócrito su
punto de partida y escribió cuatro libros de tinturas 6: sobre
el oro, la plata, las piedras y la púrpura. Con lo de «tomó su
punto de partida» quiero decir que los escribió partiendo de
las ideas del gran Ostanes. Y es que fue éste el primero que
en sus escritos enunció: «la naturaleza se deleita con la
naturaleza», «la naturaleza domina a la naturaleza», «la
naturaleza vence a la naturaleza»7, etcétera.
4 Un physikós, como son denominados los filósofos jonios y otros
presocráticos: cf. Aristóteles, Física 184 b 17, etc.
5 Uno de los tres magos iranios (junto con Zoroastro e Histaspes): cf.
Taciano, Discurso contra los griegos 17, 1. Fue un teólogo de la corte de
Jerjes (Hostanes en Apuleyo, Apología 90, y Oslhanes en Punió, Historia
Natural XVIIII, XXX, etc.) que pasó por autor de tratados mágicos y
religiosos y libros de adivinación y alquimia de siglos posteriores. De la
cremación de gran parte de estos escritos en el siglos v (ca. 488) nos informa
Zacarías el. Escolástico en su Vida de Severo de Antioquía. Sobre este
personaje, cf. K. Preisendanz, «Ostanes», RE 182 (1942), 1610 ss.
6 Los Physika kai mystiká del Pseudo-Demócrito contienen pasajes y
fragmentos que tocan las materias tratadas en el primero, el segundo y el
cuarto de los cuatro libros aquí citados sobre «tinturas» (Bíblous téssaras
baphikás) o baños de diversas sustancias. Para el tema del tercero hemos de
recurrir a un tratado alquímico que se nos ha transmitido sobre la fabricación
del vidrio y las piedras preciosas: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 803, n. 3.
7 Pseudo-Demócrito, Fr. 17 Diels-Kranz. Cf., también, la obra as-
A DIÓSCORO
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II. Pues bien, nosotros debemos seguir las huellas del
filósofo 8 y conocer cuál era su pensamiento y cuál el orden
propio de su evolución. Que él, en efecto, compuso dos
catálogos, del blanco y del amarillo9, eso está claro para
nosotros. Primero catalogó los sólidos y luego los líquidos,
o sea lo acuoso, aunque ninguno de estos últimos10 tiene
utilidad en el Arte Y él mismo lo atestigua cuando, acerca
de Ostanes, dice que este hombre no empleaba las capas
aplicadas por los egipcios ni sus cocciones, sino que untaba
exteriormente la substancias y, por la acción del fuego,
conseguía que el preparado penetrara12. Afirmó también
que era costumbre de los persas hacerlo así. Lo que dice es
lo siguiente: «Si no reduces las substancias hasta lo más
sutil13, ni las analizas, ni las deshidratas, no obtendrás
nada».
III. Pues bien, vayamos a las palabras de nuestro hom-
bre y oigamos lo que él dice. Entre otras cosas, se habla
también del rapóntico14. Observa qué gran perspicacia la
suya: aludió a la planta para indicar la flor15, pues las
trológica (s. n a. C.) transmitida bajo los nombres de Nequepso-Petosiris
(Fr. 28, 4 RlESS).
8 Demócrito, el filósofo por antonomasia en los textos alquímicos.
9 De la tintura de plata y de oro.
10 Puede traerse a colación el hecho de que el término «elixir» («piedra
filosofal») procede, a través del bajo latín, del árabe al-'ikslr, «medicamento
seco, polvo para transmutar los metales, piedra filosofal»: cf. gr. xerón
(«seco») / xéríon («polvos curativos para las heridas»).
11 También por antonomasia, la alquimia.
12 Para estos procedimientos distintos, cf. ed. Garzya, 1989, pág. 804,
n. 7.
13 Lo más puro y fino, la «quinta esencia».
14 Póntion rhá: rapóntico, ruipóntico o ruibarbo póntico.
15 Es decir, el color o tinte: cf., abajo, n. 26.
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SINESIO DE CIRENE
plantas producen las flores. Y mencionó también el rapóntico
en cuanto que el Ponto 16 se surte del agua de los ríos y todos
los ríos desaguan en él ". Así pues, con dejarnos esto muy
claro, nos está significando la deshidratación, el oscureci-
miento 18 y la reducción hasta lo más sutil de los cuerpos, o
sea de las substancias.
III bis. Dice Dióscoro: «¿Y cómo pudo afirmar que se
nos ha impuesto el juramento de no revelárselo a nadie
abiertamente?»
— Bien dijo lo de «a nadie», esto es, a nadie de los no
iniciados. Y es que lo de «a nadie» no se refiere a cualquiera,
pues él mismo, cuando habló, lo hizo para los que estaban
iniciados y tenían, por tanto, ejercitada su mente.
IV. Fíjate, ahora, en lo que dijo en la introducción de
la Crisopeya19: «Mercurio obtenido del cinabrio20, criso-
cola21».
Dióscoro.— ¿También hay necesiddad de estas subs-
tancias?
SINESIO. — No, Dióscoro.
DIÓSCORO. — ¿De cuál, pues, hay necesidad?
— Ya lo has oído, pero óyelo otra vez. El análisis de los
cuerpos tiene como fin el que tú los analices y los hagas
16 Nótese el juego de palabras entre Póntion (rhá) y Pontos (Ponto
Euxino) / pontos.
17 Intentamos mantener la repetición de términos del original.
18 La oxidación o sulfuración.
19 O Fabricación de oro: cf„ abajo, caps. IV, VII, XVI, XVIII.
20 El cinabrio es sulfuro de mercurio y constituye la principal mena de
este metal.
21 En los textos griegos y latinos el término chrysókolla (de chrysós,
«oro» y kolláó, «soldar metales»), lat. chrysocolla, designa la malaquita o
el bórax (utilizado para facilitar la soldadura de los metales).
A DIÓSCORO
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líquidos, para que puedan fluir, oscurecerse 22 y ser reducidos
hasta lo más sutil. Esto es lo que se llama agua divina23, y
mercurio y crisocola y azufre natural. Existen también otras
cuantas denominaciones: el emblanquecimiento es calcinación
y la tintura en amarillo regeneración por el fuego. Unas
substancias, en efecto, se calcinan a sí mismas y otras se
regeneran a sí mismas por el fuego. El filósofo usa muchos
nombres 24 para llamarlas, unas veces en singular y otras en
plural, a fin de ejercitarnos y ver si somos inteligentes. Y es
que más abajo dice así: «Si eres inteligente y obras como está
escrito, serás dichoso, pues con este método vencerás la
pobreza, ese mal incurable». Es así como nos desvía y nos
aparta del vano error, hasta el punto de librarnos de esa
imagen aparente de la materia múltiple25.
Atiende a lo que dijo en la introducción del libro: «Tam-
bién yo he venido a Egipto para traer las cuestiones naturales,
de modo que desdeñéis la materia múltiple». «Naturales»
llama a los cuerpos sólidos. Y es que si éstos no son disueltos
por análisis y de nuevo se solidifican, no se podría llegar a la
consumación de la tarea.
22 Cf., arriba, n. 18.
23 Hydór theton, que, además de «agua divina» (adjetivo thetos) podría
significar «agua-azufre» (sustantivo theton): cf., a continuación, theton
ápyron (literalmente, «azufre no fundido, sin acendrar», es decir, en estado
natural). Quizá el autor esté jugando con los dos sentidos.
24 Alusión a la nomenclatura mística desconocida para los no iniciados.
Cf. ed. Garzya, 1989, pág. 807, n. 14, donde se dan varios ejemplos
(cinabrio = vapor sublimado de mercurio; goma = yema de huevo; cad-
mía = magnesia, etc.).
25 Tés polyflou phantasías: «dallímmaginazione della pluralitá delle
materie» (Garzya).
310
SINESIO DE CIRENE
V. Mira cómo se expresó para que comprendiéramos
que lo acuoso se saca de lo sólido, o sea la flor26: «Lo
contenido en los líquidos, azafrán cilicio y aristoloquia»,
etcétera. Al referirse de tal manera a las flores nos demostró
que lo acuoso se saca de lo sólido. Y, para convencernos de
que esto es así, después de haber dicho «orina incorrupta» 11 ,
añadió «agua de cal viva28, agua de potasa2', agua de hez30
y agua de alumbre», y al final dijo «leche de perra». Para
nosotros está claro que todo esto se tomó del acervo común,
pues entre los disolventes de los cuerpos agregó el agua de
natrón y el agua de hez. Mira cómo se expresó: «Éste es el
asunto tratado por la Crisopeya, ésas son las substancias
que transforman31 la materia y consiguen los metales y
producen los cuerpos resistentes al fuego. Y es que fuera de
esto no hay nada seguro. Así pues, si eres inteligente y obras
como está escrito, serás dichoso».
VI. DlóSC. — ¿Y cómo puedo captarlo con mi inteli-
gencia, filósofo? El método es lo que quiero aprender de ti.
Pues, en el caso de que siga lo que se ha dicho, no obtendré
de ello provecho alguno.
26 El término ánthos ya tiene el sentido de «brillo» o «color» en Teognis,
452; Platón, República 429 d, etc. En los textos alquímicos significa a
menudo, concretamente, la tintura.
27 Oüron áphthoron podría traducirse por «orina de niño» («pura»),
28 Asbéstou (se. titánou): literalmente «de (cal) que no se apaga». Cf.
también la expresión titanos zósa (Aecio, I 393).
29 Spodokrámbés: literalmente «de ceniza de col». La ceniza de com-
bustibles vegetales contiene carbonato de potasio.
30 El crémor tártaro.
31 De nuevo existe un juego de palabras entre los verbos metalloióó y
metalleúó (más abajo).
A DIÓSCORO
311
— Escucha, Dióscoro, sus palabras, aguza tu intelecto y
fíjate cómo se expresa: «Transmuta su naturaleza, pues la
naturaleza está dentro escondida».
— Sinesio, ¿de qué transmutación habla?
— Habla de la de los cuerpos n.
— ¿Y cómo te la transmutaré? ¿O cómo saco la naturaleza
fuera?
— Aguza tu intelecto, Dióscoro, y atiende a cómo se
expresa. Si, en efecto, la tratas como debes hacerlo, seguro
que sacas la naturaleza fuera. Tierra de Quíos 33 , «asterites» 34,
cadmia35 blanca, etcétera: observa qué gran perspicacia la
de este hombre, cómo todo a lo que aludió era blanco para
indicar el emblanquecimiento. Pues bien, lo que él quiere
decir, Dióscoro, es lo siguiente: mete esos cuerpos en mercurio
y límalos muy fino; toma luego más mercurio — que el
mercurio todo lo atrae hacia sí — , déjalo que se macere 36 tres
o cuatro días y mételo en una caldera colocada sobre un
rescoldo que no conserve un fuego vivo sino lento, que es la
«cerotacís» 31 '. Pues bien, mientras el fuego actúa se le adapta
a la caldera un instrumento de vidrio con forma de mamila,
aplicado por la parte de arriba, pero que quede con la
cabeza hacia abajo 38. Y el agua que ascienda por esa especie
32 Se sobreentiende «metálicos».
33 En otros textos alquímicos se identifica con el ocre:
34 Piedra preciosa desconocida (lat. asterites, asteria).
35 Se refiere a la magnesia, substancia de color blanco.
36 Traducimos por este término técnico (al igual que Garzya) el verbo
péssó.
37 La kérotakís es, primeramente, una plancha o paleta utilizada por los
pintores para poder emplear en caliente los colores diluidos en cera fundida
en una técnica similar a la pintura al encausto.
38 Se trata de un alambique.
312
SINESIO DE CIRENE
de mama, recógela, consérvala y haz que se corrompa. Esto
es lo que se llama agua divina 39 . En ello se cifra la transmu-
tación: por este procedimiento puedes sacar fuera la natura-
leza escondida en el interior. El nombre que recibe es disolu-
ción de los cuerpos. Cuando aquélla se corrompe, su nombre
es vinagre, vino rancio 40 u otros similares.
VIL Y para que te maravilles de la sabiduría de este
hombre, observa cómo hizo dos catálogos, de la Crisopeya
y de la Argiropeya, y, a su vez, dos líquidos, uno para el
amarillo y otro para el blanco, o sea para el oro y la plata,
y llamó al catálogo del oro Crisopeya y al de la plata
Argiropeya41.
DlóSC. — Muy bien hablaste, filósofo Sinesio. Mas, ¿qué
es lo primero del Arte, tinturar de blanco o de amarillo?
Sin. — De blanco antes.
DlóSC. — ¿Y por qué se refirió primero a la tintura en
amarillo?
—Porque el oro es más preciado que la plata.
—¿Y así debemos hacerlo, Sinesio?
— No, Dióscoro, sino ejercitar nuestro intelecto y nuestro
espíritu. De este modo se han dispuesto las cosas, escucha
sus palabras: «Me dirijo a vosotros como seres inteligentes y
así ejercito vuestro intelecto». Y, si quieres comprenderlo
cabalmente, atiende al hecho de que, en los dos catálogos,
antes que nada se ha colocado el mercurio, tanto en el
amarillo, o sea, el oro, como en el blanco, o sea la plata. Y
en el libro del oro dijo: «Mercurio obtenido del cinabrio»;
35 Cf. capít. IV y n. 23.
40 Así traducimos oXnos amendlos.
41 Cf. n. 6 y capít. II.
A DIÓSCORO
313
y en el de la plata dijo: «Mercurio obtenido del arsénico y la
sandáraca» 42, etcétera.
VIII. Dlósc. — Entonces el mercurio es de diversos
tipos.
Sin. — Sí, es de diversos tipos, aun siendo uno sólo.
Dlósc. — Y, si es uno sólo, ¿cómo es de diversos tipos?
SIN. — Pues sí, hay de diversos tipos y tiene un poder
grandísimo. ¿No has oído decir a Hermes 43: «La miel blanca44
y la miel amarilla»?
DlóSC. — Sí, lo he oído. Pero lo que quiero aprender,
Sinesio, es la puesta en práctica, enséñamela. En todo caso,
¿el mercurio puede asumir el aspecto de todo?
Sin. — Lo has captado, Dióscoro. Pues, como la cera
coge el color que se le aplica, así también el mercurio,
filósofo, lo blanquea todo y le saca a todo el alma45, lo cuece
refinándolo y lo absorbe. Estando, entonces, propiamente
predispuesto y poseyendo en sí mismo el principio húmedo
en su totalidad, tras experimentar la descomposición puede
cambiar totalmente los colores y se convierte en substancial,
mientras éstos sólo constituyen cualidades no substanciales.
O mejor, el mercurio, que constituye entonces algo no subs-
tancial, se convierte en mordiente por los tratamientos em-
pleados sobre los cuerpos y sus materias46.
42 Por el término hydrárgyros el autor entiende tanto el mercurio corrió
el arsénico gris o metálico: cf. capít. XVIII y ed. Garzya, 1989, pág. 809,
n. 19. La sandáraca es el rejalgar o sulfato de arsénico.
43 Hermes Trismegisto: cf. Dión 51 b.
44 O sea, el mercurio.
45 La substancia.
46 Estas nociones siguen de cerca las ideas del Timeo platónico: cf. ed.
Garzya, 1989, pág, 810 s., n. 21.
314
SINESIO DE CIRENE
IX. Dlósc. — ¿Y cuáles son estos cuerpos y sus mate-
rias?
Sin. — La tetrasomía47 y sus afines.
Dlósc. — ¿Y cuáles son sus afines?
Sin. — ¿Has oído decir que sus materias son sus almas?
Dlósc. — Y, entonces, ¿las materias son sus almas?
SIN. — Sí; pues, como el carpintero, cuando coge madera
y hace un sillón o un carro o cualquier otra cosa, sólo
trabaja con la materia, así también procede, filósofo, este
Arte cuando divide aquellos cuerpos. Escucha, Dióscoro: el
cantero alisa la piedra o la corta, con el fin de dejarla lista
para su empleo. Igualmente, también el carpintero corta la
madera y la alisa, de modo que se convierta en un sillón o un
carro; y en ninguna otra cosa pone el artesano su cuidado 48
sino sólo en la forma, pues ninguna otra cosa tiene sino
madera. Igualmente, también el bronce se convierte en estatua
o anillo o cualquier otro objeto, con sólo que el artesano
ponga su cuidado en la forma. Es así como también el
mercurio, tratado por nosotros, asume cualquier forma y,
una vez que queda fijado, según se ha dicho, en un cuerpo
constituido por la aleación de los cuatro elementos metálicos,
permanece firme e indeleble, dominante y dominado. Por
eso, también Pibequio 49 hablaba de que tenía muchas afini-
dades.
X. Dlósc. — Bien lo has resuelto, filósofo. Me has ins-
truido, filósofo. Pero, en efecto, quiero volver a las palabras
47 Aquí no se trata de los cuatro elementos, sino de los cuatro metales
imperfectos: cobre, estaño, hierro y plomo.
48 El autor emplea el verbo charízomai («a ninguna otra cosa le concede
su favor...»).
49 Nada seguro sabemos de este personaje. Su nombre varía en los
códices («Pebiquio», «Epibequio»).
A DIÓSCORO
315
de nuestro hombre y -conocer desde sus rudimentos lo que él
ha dicho de una manera ambigua. «Mercurio obtenido de
cinabrio»; todo tipo de mercurio, entonces, procede de cuer-
pos metálicos. Pero, ¿no mencionó él el cinabrio para dejar
claro que aquél se obtiene del cinabrio? Y, aun así, el cinabrio
es mercurio amarillo, mientras que éste, el mercurio, es
blanco.
Sin. — El mercurio es blanco en acto y resulta ser amarillo
en potencia50.
Diósc. — ¿Acaso no decía esto el filósofo: «Oh, natura-
lezas celestiales, creadoras de las naturalezas que, gracias a
las transmutaciones, vencéis a las naturalezas»?
Sin. — Sí, y por eso ha dicho: «Si no hay transmutación,
es imposible que se produzca lo que se espera, y en vano se
afanan quienes investigan sobre las materias si no indagan
también sobre las naturalezas de los cuerpos de la magnesia».
Y es que a quienes ponen por obra y por escrito estas
mismas palabras les está permitido hacer la configuración
de una manera u otra51. «Cuerpo de la magnesia», en efecto,
ha dicho, o sea mezcla de substancias52, y, por eso, más
abajo, en el capítulo introductorio de la obra sobre la fabri-
cación del oro53, añadió: «Toma mercurio y fíjalo con el
cuerpo de la magnesia».
XI. Diósc. — ¿Es, entonces, el mercurio el elemento
más preciado?
50 Se trata del mercurio libre y del mercurio combinado: cf. ed. Garzya,
1989, pág. 812, n. 24.
51 Schematizein: «... é lecito configurare indifferentemente piü soluzioni»
(Garzya).
52 Se trata de una aleación de varios metales: cf. ed. Garzya, 1989,
págs. 812 s., n. 25.
53 La Crisopeya arriba mencionada.
316
SINESIO DE CIRENE
Sin. — Sí, pues gracias a él el todo se disgrega y de nuevo
se recompone y la crisocola o «batraquio» 54 posibilita, gra-
dualmente, cada uno de los tratamientos. Se encuentra tam-
bién en las piedras verdes.
DlóSC — ¿Y qué podría ser la crisocola o «batraquio»?
¿Cuál sería el significado de «se encuentra también en las
piedras verdes»?
SIN. — Preciso es, entonces, que nosotros lo indaguemos.
Y debemos, antes que nada, conocer cuántas son las propie-
dades del color verde. Vamos, pues, a comenzar hablando
del hombre; que el hombre es el más preciado de todos los
seres de la tierra. En efecto, de uno que está pálido décimos
que se ha puesto verde y es evidente que, como el ocre,
cambia su aspecto, que pasa a ser dorado 55. Y aún más sirve
de ejemplo la cáscara del limón, que tiene el aspecto del
amarillo pálido. Más abajo el autor se ha referido también
al «arsénico amarillo» 5S, para indicar el aspecto de ese color
pálido.
XII. Para que veas con qué gran perspicacia ha dicho
particularmente esto, presta atención a cómo se expresa: «El
mercurio obtenido del cinabrio es el cuerpo metálico de la
magnesia». Luego añade la crisocola, el claudiano57 y el
54 Para la crisocola, cf., arriba, n. 21. El batráchion (que como planta
es el ranúnculo) recibe este nombre por su color verde similar al de la rañá
(bátrachos) y suele ser identificado también con la malaquita.
55 Así se quiere explicar el hecho de que la malaquita, con su color
verde, sirva en la fabricación del oro (cf. óchriázó, «ponerse amarillo, estar
pálido» / óchra, «ocre amarillo»).
56 El oropimente.
57 En la terminología mística de la alquimia el claudiano es un elemento
que se compone de diversos integrantes: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 807, n.
14.
A DIÓSCORO
317
arsénico. Introdujo de nuevo el nombre de lo masculino58
para distinguirlo de las substancias femeninas: después del
claudiano, el arsénico amarillo, poniendo así dos nombres
de substancias amarillas femeninas junto a dos masculinas a
continuación 59 . Es necesario, pues, que nosotros investigue-
mos y veamos qué significa esto. Me encuentro algo descon-
certado, Dióscoro: ahora descomponen el oro, luego vuelve
a tomar cadmia y luego «androdamante» 60. El «androda-
mante» y la cadmia son secos y así demuestra él la sequedad
de los cuerpos. Y, para dejarlo bien claro, añadió alumbre
descompuesto. Mira qué gran sabiduría la de este hombre,
al decir alumbre descompuesto, para que incluso las personas
sensatas 61 comprendieran su forma de enseñarles: quizá debía
convencer incluso a los no iniciados. Y, para que tu certeza
fuera mayor aún, introdujo inmediatamente el azufre natu-
ral62, que es el azufre no calcinado — al todo, o sea a las
especies desecadas, a ese todo que son los cuerpos convertidos
en uno sólo, lo llama más abajo azufre no calcinado — , y a
continuación se añade la pirita disuelta, sin confirmar — de
una manera, por tanto, imprecisa — la utilización de ninguno
de los otros cuerpos. Queda como algo seguro el hecho de
que las substancias restantes son secas. Y, al distinguirlas,
pasando de las secas a las acuosas, añade el minio63 del
Ponto. Minio ha dicho, pero del Ponto. Pues, si no hubiera
58 El arsénico es lo masculino (cf. arsénikon / ársen).
59 El mercurio (cinabrio) y la crisocola junto al claudiano y el arsénico.
60 La pirita, ya sea la amarilla, la arsenical (mispiquel) o la blanca
(marcasita).
61 Y no sólo los iniciados, se sobreentiende.
62 Cf., arriba, n. 23.
63 La sínopis es «la tierra de Sinope» (ciudad de Paflagonia, en el Ponto
Euxino), el minio o bermellón (cf. el término «sinopia»).
318
SINESIO DE CIRENE
agregado «del Ponto», no se hubiera hecho entender64. Para
confirmarlo, ha añadido agua natural de azufre, la que se
obtiene del azufre solo, la que es azufre.
XIII. DlóSC — Bien lo has resuelto, filósofo, pero
atiende a cómo se ha expresado: «En el caso de que, habién-
dolo disuelto con cal viva65, ...».
Sin. — Dióscoro, no prestas atención. La cal viva es
blanca y el agua que de ésta sale, la que de ella se obtiene, es
blanca y áspera; y el azufre, con el humo producto de su
calcinación, blanquea. Así pues, por mor de la claridad ha
introducido de inmediato el vapor de azufre. ¿No nos lo ha
dejado patente?
DlóSC. — Sí, bien has hablado. Y, a continuación, sóri66
amarillo, vitriolo67 amarillo y cinabrio68.
Sin. — ¿Amarillos el sóri y el vitriolo69? ¿Cómo? Tú no
ignoras que son verdes. Él lo ha dicho así, entonces, para
insinuar la reducción70 del cobre al estado metálico o su
búsqueda, o, más bien, la del Todo 71 a partir de la coloración.
Y, para confirmarlo de nuevo, al final agregó: «Tras quitar,
64 Cf., arriba, n. 16.
65 Cf., arriba, n. 28.
66 El sori es quizá la melanterita o melanteria (hidrosulfato natural de
hierro).
67 O caparrosa. El chálkanthon es sulfato de cobre.
68 Como variante de los manuscritos, en vez de «cinabrio» tenemos «sal
amoniacal».
69 Por oxidación en contacto con el aire su color se convierte en
amarillo: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 816, n. 35.
70 El término técnico es exíosis. Por «búsqueda» traducimos exkhneusis
(«indagación, rastreo»).
71 De esta oscura manera parece que se da a entender «la materia prima
de las transmutaciones metálicas (propiamente el 'molibdocalco' o el metal
de la magnesia)»: ed. Garzya, 1989, pág. 817, n. 36.
A DIÓSCORO
319
pues, el orín — lo que se llama la 'reducción' — y una vez que
se han aplicado entonces los líquidos, se produce la tintura
permanente en amarillo». Y es aquí, en realidad, donde se
demuestra la abundancia de recursos de nuestro hombre.
XIV. Mira, pues, cómo organizó de inmediato la expli-
cación al hacer uso de ella y decir: «Las substancias de los
líquidos son éstas: azafrán cilicio, aristoloquia, ñor de cártamo
y flor de murajes, los que tienen la flor azul». ¿Qué más
podía decir o enumerar, para convencernos72, sino flor de
murajes? En efecto, asómbrate conmigo: no dijo sólo «de mu-
rajes», sino también «flor». Con «murajes» nos indica el
hecho de ascender 73 el agua y, con «flor», el de ascender las
almas de estas plantas, o sea sus espíritus 74. Y es que, si esto
no es así, no hay nada seguro y los desdichados que en vano
se aventuran para su mal en los vaivenes de este piélago,
expuestos a muchas y penosas fatigas, quedarán frustados.
XV. DlóSC. — ¿Y por qué este pródigo filósofo y buen
maestro introdujo el rapóntico?
SIN. — Mira qué abundancia de recursos la de este hom-
bre. Se refirió propiamente al ruibarbo y, para convencernos,
introdujo «póntico». Pues, ¿qué filósofo no sabe que el
72 Literalmente: «para convencer a nuestros corazones».
73 Tenemos aquí un nuevo juego de palabras entre el término anagallts
(«murajes») y el verbo anágó (con anagógé se designa la «destilación» o
«sublimación»).
74 Con pneüma (las materias volátiles) se designa tanto lo que se da en
llamar la «flor» de los metales (la parte mas sutil de ellos que, por sublimación
o destilación, queda en lo más alto del alambique), como el «alma» de las
plantas. Existen, además, en el pasaje ciertos ecos de las ideas neoplatónicas
sobre la ascensión y caída de las almas: cf. ed. Garzya, 1989, pág. 817, n.
37.
320
SINESIO DE CIRENE
Ponto 75 se surte de los ríos que por todas partes lo rodean
con sus aguas?
DlóSC — Verdad es, Sinesio, lo que has expresado y
hoy me has henchido de gozo el alma. Y es que éstas no son
cosas mediocres. Ahora te pido que me instruyas en una
cosa más. ¿Por qué arriba dijo «vitriolo amarillo» y aquí, de
una manera imprecisa, añadió «con el vitriolo azul»?
SIN. — Pues estos términos, Dióscoro, indican las flores,
que resultan ser de color verde amarillento. Por tanto, dado
que el agua que va subiendo 76 necesita solidificarse, él añadió
de inmediato «goma de acanto». Luego añade «orina inco-
rrupta, agua de cal viva, agua de potasa, agua de alumbre,
agua de natrón, agua de arsénico y de azufre 77». Mira cómo
mencionó todas las substancias capaces de disolver y las que
pueden producir la dispersión, con el propósito evidente de
instruirnos en lo relativo al análisis de los cuerpos metálicos.
XVI. DlóSC. — Sí, has dicho bien. ¿Y cómo es que al
final ha dicho «leche de perra»? ¿Para demostrarte que el
Todo se saca de lo común78?
Sin. — Realmente lo has entendido, Dióscoro. Pero
atiende a cómo se expresa: «Éste es el asunto tratado por la
Crisopeya».
DlóSC. — ¿Cuál es el asunto?
SIN. — ¿Quién no sabe que todas las cosas son volátiles 79?
Y es que ni la leche 80 de asna ni la leche de perra pueden
75 Cf„ arriba, n. 16.
76 Por destilación.
77 Cf., arriba, cap. V.
78 Juego de palabras entre kynós («de perra») y koinós («común»;
pronunciado kinós).
79 El término griego es pheuktá.
80 «Leche» con el sentido simbólico frecuente en el lenguaje de los
A DIÓSCORO
321
resistir el fuego; pues la leche de asna, si la dejas depositada
en un lugar durante el suficiente número de días, se evapora.
Dlósc. — ¿Y qué quiere decir lo de: «Ésas son las subs-
tancias que transforman la materia y ésas las que producen
cuerpos resistentes al fuego, siendo éstos, como son, volátiles»;
y lo de: «Fuera de esto no hay nada seguro81»?
Sin. — Lo dice para que los desdichados 82 crean que esto
es verdad. Pero escucha qué palabras añade más adelante:
"Si eres inteligente y obras como está escrito (en vez de: «Si
eres sabio y decides con discernimiento el cálculo tal como
debe emplearse»), serás dichoso».
DlóSC. — ¿Y qué dijo en otro lugar?
SIN. — «Os hablo a vosotros que tenéis sentido. Es preciso,
pues, que nosotros ejercitemos nuestros espíritus 83 y que no
seamos engañados, a fin de poder escapar al incurable mal
de la pobreza y no seamos vencidos por ella ni caigamos
para nuestro infortunio en esa pobreza huera, quedándonos
frustrados. Debemos ejercitar nuestros espíritus y aguzar el
intelecto».
XVII. Dlósc. — ¿Y por qué añade «aplicar»?
Sin. — No está hablando de lo ya dicho antes 84, sino de
lo que hay que entender85. Él vuelve, pues, a decir que el
misterios egipcios e incluso en la química moderna: cf. ed. Garzya, 1989,
pág. 818 s., n. 41.
81 Cf., arriba, cap. V.
82 Así se alude a los no iniciados.
83 En el texto de Berthelot: «... que vosotros ejercitéis vuestros espíri-
tus...».
84 Cf., arriba, caps. IV y VIL
85 La lectura de las primeras palabras varía (Ou dialégei ta prolegómeno):
ou diá toülo légei... («no dice por eso...»); ou diá <phord> légei<para> ta
prolegómeno («no dice cosas diferentes de las ya dichas»; «no se contradice»).
Seguimos la interpretación de Garzya que acepta el texto de Berthelot.
322
SINESIO DE CIRENE
oro se trata por medio del coral de oro 86, la plata por medio
del oro, el cobre por medio del oro, y el plomo o el estaño
por medio del «molibdocalco» 87. Mira cómo él ha hecho que
nosotros subamos los escalones del Arte, sin pisar en falso ni
caer en el abismo de la ignorancia respecto de todo lo que
aquéllos 88 nos señalaron. Es mucha, en efecto, la sabiduría
de este hombre, pues, tras haber manifestado: «Baste con lo
dicho sobre el asunto propio de la Crisopeya», añade estas
palabras: «Bien, a continuación expongamos de manera
exhaustiva el tratado sobre la Argiropeya», para demostrarnos
que se trata de dos procedimientos distintos, que la argiropeya
tiene preferencia y primacía sobre todo lo demás y que sin
ésta nada se podrá conseguir.
XVIII. Escucha lo que dice además aquí: «El mercurio
obtenido del arsénico o del azufre o del albayalde o de la
magnesia o del antimonio itálico». Arriba, entonces, en la
Crisopeya: «Mercurio obtenido del cinabrio»; y aquí: «Mer-
curio obtenido del arsénico o del albayalde, etcétera».
DlóSC. — ¿Y cómo admite que el albayalde se convierte
en mercurio?
SIN. — Es que no ha dicho que saquemos mercurio del
albayalde, sino que sus palabras aluden al emblanquecimiento
de los cuerpos, o sea, a su retorno89. Pues aquí habló de
todas las substancias blancas y allí de las amarillas, para que
86 «Por medio de la aplicación», se sobreentiende. «Coral de oro» es un
nombre que reciben varios metales en los textos alquímicos.
87 Aleación de plomo y cobre.
88 Los maestros alquimistas de antaño.
89 Se sobreentiende: «a una forma común». El término griego es aná-
kampsis, que parece aludir al llamado «mercurio de los filósofos» (materia
prima metálica) o a una aleación que recibe el hombre de asem: el, ed.
Garzya, 1989, pág. 820, n. 45.
A DIÓSCORO
323
lo comprendiéramos. Mira cómo se expresa: «El cuerpo
metálico de la magnesia produce coral de oro»; y aquí:
«cuerpo metálico de la magnesia», el de la magnesia sólo o
del antimonio itálico.
Baste con lo que brevemente se os ha dicho. Lo necesario
es ejercitar de antemano el intelecto para reconocer la acti-
vidad de la naturaleza respecto de todo lo que se lleva a cabo
con la cooperación de Dios90. Preciso es, en efecto, que
vosotros sepáis que, primero, se debe macerar las especies y
conseguir, mediante fusiones, que las de color semejante
alcancen una sola coloración. Los dos mercurios 91 se con-
vierten así en substancias mercuriales y luego se separan en
la descomposición.
Con la ayuda de Dios empezaré mi comentario 92 .
90 Podrían rastrearse aquí ciertas ideas neoplatonizantes: cf. ed. Garzya,
1989, pág. 820, n. 46.
91 Hydrargyrízontai: «I due mercuri esercitano cosi la loro azione mer-
curizzante» (Garzya). Cf., arriba, n. 42.
52 Cf. la introducción al tratado.
ÍNDICE DE DESTINATARIOS
DE LAS CARTAS
Se indica el número de la carta.
A un amigo: 38.
Anastasio: 22, 40, 48, 79.
Anisio: 6, 14, 34, 59, 77, 78, 94.
Asclepiódoto: 126.
Atanasio: 121.
Aureliano: 31, 35, 47.
Auxencio: 60, 117.
Cirilo: 12.
Cledonio: 39.
Constante: 27.
Crises: 83.
Diógenes: 20, 23.
Domiciano: 155, 156.
Evoptio: 3, 5, 8, 18, 32, 33, 36,
45, 52-58, 65, 82, 84-87, 89,
92, 95, 104-111,113,114, 120,
122, 125, 127, 132, 135, 136.
Al gobernador: 21.
Heliodoro: 17, 25, 116.
Herculiano: 137-146.
A su hermana: 7.
Herodes: 19.
Hesiquio: 93.
Hipatia: 10, 15, 16, 46, 81, 124,
154.
Juan: 2, 43, 63, 64.
Juan, amigo de Sinesio: 147.
A un magistrado: 62.
Martirio: 19.
Nicandro: 1, 75.
A un obispo: 128.
A los obispos: 41, 42, 72.
Olimpio: 44, 96-99, 133, 148,
149.
Pedro: 13.
326
SINESIO DE CIRENE
Pentadio: 29, 30.
Pilémenes: 50, 61, 71, 74, 88,
100-103, 129, 131, 134, 150-
153.
A los presbíteros: 4, 11.
Proclo: 70.
Simplicio: 24, 28, 130.
Teodoro (quiza Teodosio): 7;
(médico) 115.
Teófilo: 9, 66-69, 76, 80, 90.
Teotimo: 49, 51.
Trifón: 119.
Troilo: 26, 73,91,112,118, 123.
Uranio: 37.
INDICE DE CONCEPTOS INCLUIDOS
EN A DIOS CORO
Se indica el capítulo. Se emplean paréntesis cuando no se trata
de menciones expresas, así como para remitir a las notas aclarato-
rias.
Agua de alumbre: V, XV.
Agua de arsénico: XV.
Agua de azufre: XII, XV.
Agua de cal viva: V, XV.
Agua de hez: V.
Agua de natrón: V, XV.
Agua de potasa: V, XV.
Agua divina: IV, VI.
(Alambique): VI (n. 38),
Albayalde: XVIII.
Aleación: IX.
Alma: VIII, IX, XIV (n. 74).
Alumbre: V, XII.
Amarillo: II, IV, VII, XI, XIII,
XVIII.
«Androdamante»: XII.
Antimonio itálico: XVIII.
Argiropeya: VII, XVII.
Aristoloquia: V, XIV.
Arsénico: VII, XI, XII, XVIII.
Arte (alquimia): II, VII, IX,
XVII.
«Asterites»: VI.
Azafrán cilicio: V, XIV.
Azufre: IV, XII, XIII, XVIII.
«Batraquio»: XI.
Blanco: II, VI, VII, XVIII.
Cadmia: VI, XII.
Cal viva: XIII.
Cártamo: XIV.
328
SINESIO DE CIRENE
Cera: VIII.
«Cerotacís»: VI.
Cinabrio: IV, VII, X, XII, XIII,
XVIII.
Claudiano: XII.
Cobre: XIII, XVII.
Cocciones, cocer: II, VIII.
Color, coloración: VIII, XI,
XIII, XV, XVIII.
Coral de oro: XVII, XVIII.
Crisocola: IV, X, XII.
Crisopeya: I, V, VII, (X), XVI,
XVII, XVIII.
Deshidratación, deshidratar: II,
III.
Disolución, disolventes, disolver:
V, VI, XV.
Estaño: XVII.
Flor: III, V (n. 26), XIV (n. 74),
XV.
Goma de acanto: XV.
Leche de asna: XVI.
Leche de perra: V, XVI.
Líquidos: I, IV, V, VIII, IX,
XIII, XIV.
Macerar: VI, XVIII.
Magnesia: X, XII, XVIII.
Materia: IV, V, VIII, X, XVI.
Mercurio: IV, VI-XII, XVIII.
(Mercurio de los filósofos):
XVIII (n. 89).
Metales: V, IX, X, XII, XV,
XVIII.
Miel: VIII.
Minio: XII.
«Molibdocalco»: XVII.
Mordiente: VIII.
Murajes: XIV.
Ocre: XI.
Orina incorrupta: V, XV.
Orín: XIII.
Oro: I, VII, XII, XVII.
(Oxidación): III (n. 18), IV.
Piedras: I, XI.
Pirita: XII.
Plata: I, VII, XVII.
Plomo: XVII.
Púrpura: I.
(Quinta esencia): II (n. 13), IV.
Rapóntico: III, XV.
Ruibarbo: XV.
Sandáraca: VII.
Solidificación, solidificar, sóli-
dos: I, IV, V, XV.
Sóri: XIII.
(Sulfuración): III (n. 18), IV.
Tetrasomía: VIII (IX).
Tierra de Quíos: VI.
Tinturas: I, IV, VII, XIII.
INDICE DE CONCEPTOS
329
Transmutación, transmutar: VI,
X.
Vapor de azufre: XIII.
Vinagre: VI.
Vino rancio: VI.
Vitriolo: XIII, XV.
Volátil: XIV (n. 74), XVI.
INDICE DE NOMBRES
Se incluyen también los patronímicos, los gentilicios y los
títulos de obras. De las Cartas (C.) se indica número y línea. En el
caso del escrito A Dióscoro (D.) se remite al capítulo. Como en el
índice anterior, se usan paréntesis cuando la mención no es expresa.
Por medio de guiones distinguimos los personajes del mismo nombre
(que son identificados en el propio texto o en las notas).
Abdera: D. I.
Ablabio: C. 61, 27.
Abraham: C. 41, 42.
Abrahamio: C. 99, 22.
Acacio: C. 55, 2.
Academia: 56, 11; 136, 11.
Adrastea: C. 5, 128.
Afrodita: C. 5, 233; 154, 70.
Agamenón: C. 148, 124.
Agatocles: C. 6, 7.
Agémaco: C. 148, 57.
Agemaquetas: C. 148, 100.
Agrigentino: C. 42, 18.
Aitales: C. 145, 19, 22.
Alejandría: C. 5, 12, 199; 21, 4;
66, 69, 235; 79, 88, etc.; D.
título.
Alejandro: C. 46, 2; 150, 2.
Alejandro de Afrodisias: C. 129,
37.
Alejandro de Cirene: C. 66, 303;
67, 2, 18, 42, 54.
Alejandro Magno: C. 52, 11.
Amalecitas: C. 4, 40.
Amaltea: C. 154, 23.
Amaranto: C. 5, 35, 49, 53, 65,
105, 152.
Amasis: C. 48, 1, 10.
332
SINESIO DE CIRENE
Amelio: C. 145, 6.
Aminciano: C. 27, 3.
Amón: C. 5, 236; 148, 16.
Amonio: C. (18, 1); 20, 5; 21, 3.
Ampelio: C. 80, 3.
Anagirunte: C. 136, 4.
Anastasio: destinatario de las C.
22, 40, 48 y 79; C. 79, 31, 115.
— C. 26, 2; 100, 1.
Andrómaca: C. 110, 3.
Andronico: C. 41, 63, 75, 77,
138, 160, 180, 209, 294, 331;
42, 1, etc.; 72, 1, etc.; 77, 3;
79, 3, etc.; 90, 1, 4.
Anisio: destinatario de las C. 6,
14, 34, 59, 77, 78 y 94; C. 59,
2; (94, 3).
Antemio: C. 49, 16; 51, 3, 4, 11;
73, 5, 29, 68; 75, 10; 79, 59.
70; 118, 9.
Antíoco: C. 110, 22.
— C. 110, 22.
Antonio: C. 76, 6, 11.
Apeles: C. 1, 19, 20.
Aprosilis: C. 125, 2.
Aquiles: C. 5, 114; 123, 4.
Árabes: C. 5, 96.
Arquíloco: C. 130, 34.
Argiropeya: D. VII, XVII.
Aristéneto: C. 133, 2.
Aristides: C. 101, 60.
Aristipo: C. 52, 20.
Aristón: C. 152, 6.
Aristóteles: C. 56, 10; 154, 88.
Arríanos: C. 66, (65), 145.
Arrio: C. 128, título.
Artabázaco: C. 135, 2.
Arte (alquimia): D. II, VII, IX,
XVII.
Ártemis: C. 41, 148.
Asclepíadas (médicos): C. 120,
1.
Asclepio: C. 126, 17.
Asclepiódoto: destinatario de la
C. 126; C. 126, 14.
Asfalio: C. 39, 3.
Asterio: C. 61, 2, 16, 31, 32.
Asusamante: C. 125, 19.
Atamante: C. 76, 2.
Atanasio: C. 5, 265; 16, 11.
— C. 32, 1.
— C. 66, 80.
— destinatario de la C. 121.
Ate: C. 147, 3.
Atenas: C. 54, 1; 56, 3, 6; 136, 1,
7, 16; 154, 70.
Atenienses: C. 93, 1; 152, 6.
Ático: C. 54, 4; 67, 17.
Atir: C. 33, 1.
Atrida: C. 148, 124.
Augustal: C. 105, 122.
Aureliano: destinatario de las
C. 31, 35 y 47; C. 61, 14.
Ausurianos: C. 41, 62, 69; (69,
5); 78, (6), 33; (108,11); (122,
4); (125, 2); (132, 17); (133,
21).
Auxencio: destinatario de las C.
60 y 117.
Axumitas: C. 122, 1.
INDICE DE NOMBRES
333
Áyax de Oileo: C. 5, 109, 113.
Áyax de Telamón: C. 52, 11.
Azario: C. 5, 191.
Babilonio: C. 42, 19.
Balagritas: C. 104, 12; 132, 23.
Bárbaros (mauritanos): C. 148,
81.
Basinúpolis: C. 67, 11.
Batia: C. 125, 2.
Bato: C. 134, 36.
Bendideo: C. 5, 1.
Berenice: C. 42, 1.
Bitinia: C. 66, 304; 67, 10, 21.
Bombea: C. 104, 92.
Canobo: C. 148, 31.
Cafarodita: C. 6, 9.
Cario: C. 79, 28.
Camas: C. 6, 1, 8; 14, 1.
Carnéades: C. 52, 19.
Carpatios: C. 38, 2; 53, 5.
Castricio: C. 33, 1.
Cécrope: C. 3, 20, 21.
Cefisia: C. 136, 5.
Cefrén: C. 42, 18.
Celesirios: C. 73, 11.
Cercope: C. 101, 51.
Cerealio: C. 130, 1, 35; 132, 24.
Cíbele: C. 3, 14.
Ciclope: C. 121, 27; 137, 5; 148,
130.
Cícones: C. 5, 246.
Cilicio: D. V, XIV.
Cinegéticas: C. 101, 9; 154, 12.
Cípride: C. 75, 3.
(Circumcelliones): C. 66, 284.
Cirenaica: C. (130, 37); 148, 7.
Cirene: C. 5, 13; 52, 19; 60, 11;
94, 1, 22; 95, 59; etc.
Cireneos: C. 26, 1; 66, 72; 119,
3; 130, 51; etc.
Cirilo: destinatario de la C. 12;
C. 12, 1.
Ciro: C. 146, 22.
Cledonio: destinatario de la C.
39.
Cleopatra: C. 125, 20.
Clinias: C. 79, 21, 61, 123.
Constante: destinatario de la C.
27.
Coribantes: C. 122, 18.
Cotis, Cotito: C. 43, 116; 45, 8.
Creta: C. 129, 30.
Cretenses: C. 94, 9.
Crises: destinatario de la C. 83;
C. 83, 3.
Crisipo: C. 136, 12.
Crisopeya: D. IV, V, VII (10),
XVI-XVIII.
Cristiano: C. 4, 25; 42, 4; 66,
171.
Cristo: C. 9, 4; 41, 55, 60; 42,
14, 22, 30, 32, 53, 71; 66, 74,
118.
Chipre: C. 148, 80.
Dafnis: C. 127, 25.
Dálmatas: C. 87, 2.
334
SINESIO DE CIRENE
Decelea: C. 79, 51.
Délfico: C. 142, 4.
Demócrito: D. I.
Derna: C. 66, 131, 189.
Diógenes: destinatario de las C.
20 y 23; C. (118, 3); 119, 1,5;
131, 6, 10; 134, 14.
— C. 99, 4.
(Dión): C. 154, 47.
Dionisio de Siracusa: C. 6, 7.
Dionisio: C. 27, 6.
— C. 65, 1.
— C. 105, 69.
Dios: C. 41, 42; 66, 174, 317;
105, 97, 98; etc.; D. XVIII.
Dioscúrides: C. 49, 3; 79, 84;
95, 68.
Dioscorio, Dióscoro: C. 5, 261;
55, 6; 111, 1.
Dióscoro: C. 66, 130, 137, 191,
etc.
— £>., título, etc.
Diostas: C. 125, 20.
Domiciano: destinatario de la
C. 155 y 156.
Dorios: C. 41, 215.
Eco: C. 46, 1.
Egipcios: C. 41, 243; 61, 1, 73,
11; 101, 23; 133, 39; 146, 35;
D. II, (XVII).
Egipto: C. 123, 9; 128, 3, 5; 136,
15; 145, 9; etc.; D. I, IV.
Emilio: C. 43, 10, 72, 149, 155;
52, 1.
Epimeteo: C. 5, 9.
Eritra: C. 53, 2.
Eritro: C. 66, 55, 88, 131.
Escila: C. 5, 39.
Esfeto: C. 136, 4.
Esón: C. 123, 20.
Esparta: C. 41, 215; 101, 29; 142,
8.
Espartano: C. 101, 58; 145, 7.
Espátalo: C. 43, 124, 130, 137.
Espíritu Santo: C. 66, 176; etc.
Esquines: C. 3, 1.
Estratonice: ¿(destinataria de la
C. 7)?; C. 75, 3.
Eucaristo: C. 101, 70.
Eumelo: C. 127, 18.
Eunomio: C. 4, 2.
Eurístenes: C. 41, 214.
Eusebio: C. 116, 4.
Eutalio: C. 127, 5, 26.
Evagrio: C. 79, 1, 78, 81.
Evoptio: destinatario de las C.
3, 5, 8, 18, etc. (v. Indice I);
C. 93, 12; (98, 12).
Ezequías: C. 42, 20.
Fálaris: C. 42, 18.
Falero: C. 136, 5;
Faos: C. 60, 5.
Farmuti: C. 13, 3.
Faros: C. 5, 2; (53, 8); 148, 30.
Fausto: C. 122, 9.
Feacios: C. 38, 4.
Febamón: C. 144, 1.
Feí/ro: C. 154, 63.
INDICE DE NOMBRES
335
Fenicia: C. 148, 81.
Fenicios: C. 73, 10.
Ficunte: C. 53, 1; 101, 1; 114, 1;
129, 11; 132, 40.
Filipo: C. 95, 95.
Filolao: C. 81, 16.
Filón: C. 66, 72.
— C. 66, 73.
Filoromo: C. 145, 5, 12.
Filósofo (Demócrito): D. II,
IV.
Focio: C. 61, 13.
Fortuna: C. 40, 6.
Frigio: C. 104, 16.
Galatea: C. 121, 5.
Gayo: C. 5, 265.
Genadio: C. 73, 58, 59 (80, 10).
Geón: C. 128, 5.
Geroncio: C. 82, 3; 83, 2; 84, 2;
85, 2; 86, 1.
Gorgiano: C. 83, 4; 134, 35.
Graciano: C. 110, 23.
Gracias: C. 154, 71.
Grecia: C. 96, 18; 101, 54.
Griegos: C, 1, 13; 5, 21; 51, 11;
148, 2; etc.
Harmonio: C. 3, 18.
Harpocración: C. 145, 10.
Hebreos: C. 41, 243; 121, 38.
Hecamede: C. 148, 64.
Hefesio: C. 152, 9.
Heladio: C. 95, 76.
Helena: C. 146, 38.
Heliodoro: destinatario de las
C. 17, 25 y 116.
Heraclea: C. 103, 5; 134, 12; 150,
1.
Heracles: C. 45, 7; 150, 3, 7/9.
Heracliano: C. 145, 10.
Herculiano: destinatario de las
C. 137-146; C. 140, 18; 143,
30; 144, 7, 8; 146, 6, 15.
Hermes: C. 45, 6; 101, 60; D.
VIII.
Herodes: destinatario de la C.
19; C. 3, 22; 35, 5.
Herón: C. 79, 43.
Hesíodo: C. 43, 14; 129, 22.
Hesiquio: C. (41, 174); 55, 10;
79, 90.
— destinatario de la C. 93.
Hestia: C. 148, 15.
Hicaria: C. 3, 26.
Hídrax: C. 66, 6, 87, 122.
Hierón: C. 51, 1, 2, 9.
Himeto: C. 136, 20; 148, 81, 87.
Hiparco: C. 143, 9.
Hipatia: destinataria de las C.
10, 15, 16, 46, 81, 124 y 154;
C. (5, 263); 124, 2; 136, 16;
(137, 8).
Hipócrates: C. 115, 2.
Homéridas: C. 5, 122.
Homero: C. 5, 107; 117, 1; 123,
3; 137, 1; 146, 36; 148, 71;
154, 4 (v. Ilíadá).
Hospitalario: C. 5, 132.
336
SINESIO DE CIRENE
Iglesia: C. 4, 5, 22, 23; 12, 1; 42,
51; etc.
Ilíada: C. 95, 26.
Isauria: C. 50, 2; 71, 2.
Isión: C. 99, 21; 144, 22.
Ismárico: C. 130, 33.
ftaca: C. 148, 8.
Itálico: C. 133, 146; Z). XVIII.
Jápeto: C. 5, 49.
Jasón: C. 66, 241.
Jenócrates: C. 154, 37.
Jerusalén: C. 41, 10; 42, 20.
Juan: destinatario de las C. 2,
43, 63 y 64; C. 43, 31, 101; 52,
1, 20; 104, 6, 16, 92, 101.
— C. 34, 1; 94, 13.
— C. 110, 17.
— destinatario de la C. 147.
Juan Crisóstomo: C. 67, 6.
Judas Iscariote: C. 41, 54.
Judíos: C. 5, 20, 73; 42, 25, 29.
Julio: C. 52, 20; 79, 29, 32; 95,
9, 43; 134, 30, 34.
Justicia: C. 43, 147; 52, 3; 95,
60.
Lacedemonios: C. 41, 147.
Lais: C. 3, 24, 25.
Lamponiano: C. 66, 241, 247.
Laodicea: C. 127, 5.
Laodicense: C. 127, 1, 2.
Lástenes: C. 95, 94.
Lemnias: C. 5, 234.
Leónidas: C. 113, 16.
Lestrígones: C. 137, 4.
Leucipo: C. 79, 64.
Libia: C. 5, 47; 43, 148; 73, 22;
92, 2; 95, 82; 101, 27; 148, 2.
Líbico, libios: C. 5, 216; 37, 4;
66, 7; 73, 12; 101, 5; 124, 10;
135, 6.
Liceo: C. 56, 12; 136, 1L
Lidia: C. 127, 10.
Lidios: C. 127, 12.
Lisias: C. 45, 5.
Lisipo: C. 1, 19, 20.
Lisis: C. 143, 8, 12.
Macabeo: C. 5, 98.
Mácetas: C. 130, 16.
Magno: C. 72, 31.
Marcelino: C. (41, 69); 62, 1.
Marciano: C. 101, 60; 119, 8.
Marco: C. 61, 29, 32.
Marcomanos: C. 110, 8.
(Mareótide): C. 148, 31.
Martirio: destinatario de la C.
19; C. 49, 14; 91, 9.
Mauritanos: v. Bárbaros.
Maximino: C. 79, 21, 60, 63,
123.
— C. 118, 1.
Menelao: C. 126, 10.
Menelao de Esparta: C. 142, 8.
Menfis: D. I.
Mesori: C. 143, 55.
Milesios: C. 81, 9.
Mírmex: C. 5, 2.
Mirsinítide: C. 122, 5.
ÍNDICE DE NOMBRES
337
Mosaica: C. 4, 15.
Musas: C. 99, 14.
Narsés: C. 110, 25.
Nauplio: C. 5, 197.
Neocles: C. 93, 1.
Néstor: C. 148, 64.
Nicandro: destinatario de las C.
1, 75; C. 75, 2, 11.
Niceo: C. 80, 3, 8, 11; 81, 16.
Nicóstrato: C, 129, 36.
Ninfas: C. 114, 15.
Niseos: C. 37, 6.
Noé: C. 148, 35.
Nono: C. 40, 9.
Odiseo: C. 45, 30; 52, 13; 121, 1,
20, 25; 137, 1; 142, 1, 9; 148,
8, 126.
Olbiatas: C. 76, 1, 17.
Olimpio: destinatario de las C.
44, 96-99, 133, 148 y 149; C.
133, 34.
Olinto: C. 95, 95.
Orion: C. 66, 56.
Ostanes: D. I, II.
Paflagonios: C. 119, 8.
Palebisca: C. 66, 5, 67, 87.
Panhelenio: C. 101, 65.
Pablo: C. 66, 13, 94, 130, 135,
etc.
— C. 105, 69.
Parasceve: C. 5, 74.
Patroclo: C. 123, 4.
Pedro: destinatario de la C. 13.
— C. 49, 1, 13.
— C. 133, 19.
Peleo: C. 148, 84.
Pemenio: C. 135, 1, 5.
Pentadio: destinatario de las C.
29 y 30; C. 127, 3, 32.
Pentápolis: C. 5, 57; 42, 1, 5;
49, 1, 20; 59, 3; 66, 6; 49, 1;
etc.
Pentapolitanos: C. 20, 2.
(Peonio): C. 142, 15; 144, 9; 146,
23.
Persas: C. 110, 25; D. II.
Pibequio: D. IX.
Pilato: C. 42, 25, 28.
Pilémenes: destinatario de las
C. 50, 61, 71, 74, 88, etc. (v.
Indice I); C. 74, 2; 88, 3, 8;
101, 7, 20; 103, 2, 21; etc.
Pitágoras: C. 100, 15.
Placidia: C. 61, 27.
Platón: C. 56, 10; 103, 28; 129,
1, 39; 131, 18; 132, 3; 140, 4;
152, 5; 154, 63 (v. Fedró).
Platónico: C. 154, 34.
Plotino: C. 139, 32.
Plutarqueos: C. 136, 18.
Polícrates: C. 48, 2.
Polidamna: C. 146, 39.
Pplifemo: C. 121, 1, 19.
Polignoto: C. 136, 14.
Ponto: C. 5, 248; 103, 15; D.
III, XII, XV.
Pórtico Pintado: C. 56, 12; 136,
11.
338
SINESIO DE CIRENE
Posidón: C. 5, 37; 117, 9; 148,
9.
Priapo: C. 5, 35.
Proclo: destinatario de la C. 70;
C. (5, 131); 129, 18, 21, 33;
134, 20, 32.
Proteo: C. 137, 28; 142, 2.
Ptolemaida: C. 4, 36; (41, 171);
42, 60; 62, 15; 66, 81, 163;
(67, 38); 79, 118; 105, 1; 109,
13.
Quilas: C. 110, 1.
Quintiano: C. 4, 3, 6, 10.
Quíos: D. VI.
Rea: C. 122, 19.
Romanos: C. 5, 210; 31, 15; 42,
27; 47, 1; etc.
Rufino: C. 127, 11, 12.
Sabacio: C. 60, 4, 11.
Safo: C. 3, 19.
(Sarabaites): 66, 284.
Sátiros: C. 154, 71.
Saúl: C. 4, 43.
Segundo: C. 98, 5.
Seleucia: C. 133, 50.
Semíramis: C. 5, 34.
Senaquerib: C. 42, 19.
Sicilia: C. 3, 26.
Siderio: C. 66, 61, 78, (83).
Silenos: C. 154, 71.
Simónides: C. 51, 1, 2, 7, 9.
Simplicio: destinatario de las C.
24, 28 y 130; C. 130, 3; 134,
20.
Sinesio: C. 16, 6; 43, 5, 100; 79,
116; 97, 12; 99, 16; etc.; D.,
título, etc. (v. Cinegéticas,
Dión, Sobre el regalo, Sobre
los sueños).
Sirenas: C. 45, 31; 139, 5; 146,
8, 11.
Siriano: C. 110, 11, 12.
Sirios: C. 5, 190; 23, 1; 61, 24;
73, 59; 148, 4, 27.
Siró: C. 133, 8.
Sísifo: C. 52, 13; 121, 27; 127,
16.
Sobre el regalo: C. 154, 106.
(Sobre los sueños): C. 154, 91.
Sócrates: C. 129, 1.
Sosenas: C. 40, 1, 9, 10; 102, 2.
Sosias: C. 3, 22.
Sotérico: C. 27, 5.
Tafosiris: C. 5, 39, 54.
Tasos: C. 136, 14.
Tauro: C. 31, 15.
Tauroscitas: C. 41, 147.
Telquines: C. 154, 58.
Temístocles: C. 93, 1, 11; 148,
84.
Teócrito: C. 114, 16.
Teodoro: (quizá Teodosio) des-
tinatario de la C. 7.
— destinatario de la C. 115.
— C. 18, 4; 20, 1; 21,1; 45, 2.
— C. 95, 76.
Teodosio: C. 5, 268.
— C. 75, 6.
INDICE DE NOMBRES
339
Teodosio II: C. Al, 26; (78, 27).
Teófilo: destinatario de las C.
9, 66-69, 76, 80 y 90; C. (12,
4); 105, 59, 62, 109.
Teotecno: C. 5, 265; 16, 10.
Teotimo: destinatario de las C.
49 y 51; C. 51, 6, 10; 99, 5.
Teuquira: C. 3, 13; 94, 2; 126,
13.
Tiberio Claudio: C. 42, 24.
Tibios: C. 3, 22.
Titanes: C. 41, 197.
Toante: C. 42, 48, 62, 76; 79,
13, 49, 62, 68, 74, 125.
Tono: C. 146, 39.
Tracia: C. 40, 5; 48, 6; 50, 6; 61,
5, 18; etc.
Tría: C. 136, 5.
Trifón: destinatario de la C. 119;
C. 129, 19; 134, 20, 34.
Troilo: destinatario de las C. 26,
73, 91, 112, 118 y 123; C. 49,
19; 73, 7; 118, 5; 129, 34.
Troya: C. 148, 124.
Tule: C. 148, 35.
Unigardas: C. 78, 2, 30.
Uranio: destinatario de la C.
37.
Ursicino: C. 144, 9; 146, 17.
«Vacantivos»: C. 66, 284.
Valente: C. 66, 63.
Yolao: C. 150, 9, 12.
Zenas: C. 79, 29.
Zenón: C. 56, 12.
Zeus: C. 136, 11.
Zósimo: C. 88, 6.
INDICE GENERAL
I. CARTAS
Págs.
Introducción 9
1. Breve recorrido por la epistolografía cristiana
griega hasta Sinesio 9
2. El corpus sinesiano 10
3. Su influencia 13
4. El texto de nuestra versión 14
Bibliografía 15
Cartas 19
ii. de sinesio el filósofo a dióscoro
Introducción 303
342 SINESIO DE CIRENE
Págs.
De Sinesio el filósofo a Dióscoro. Anotaciones
al libro de Demócrito 305
Indice de destinatarios de las cartas 325
ÍNDICE DE CONCEPTOS INCLUIDOS EN A Dióscoro. . . 327
Indice de nombres 331